Cuestionario librero 71: Ángel Gracia

El “cuestionario librero” se convierte por primera vez (que sepamos) en un regalo de cumpleaños, pues mañana alcanza los 51 años el poeta, novelista, columnista y librero Ángel Gracia (Zaragoza, 1970), aquel que nos enseñara para siempre (en un poema de Arar) que “el mundo está bien hecho porque lo hizo mi padre”. Sergio del […]

Por en Entrevista

El “cuestionario librero” se convierte por primera vez (que sepamos) en un regalo de cumpleaños, pues mañana alcanza los 51 años el poeta, novelista, columnista y librero Ángel Gracia (Zaragoza, 1970), aquel que nos enseñara para siempre (en un poema de Arar) que “el mundo está bien hecho porque lo hizo mi padre”. Sergio del Molino escribe sobre él en La España vacía (ver página 242), y a una de esas regiones más tenazmente deshabitadas, el Maestrazgo aragonés, dedica Gracia su última nouvelle, de precioso título, El silencio y su canción, en la que un joven madrileño sin mucha experiencia del campo acompaña a José Antonio Labordeta en el rodaje de la serie de televisión Un país en la mochila (“Labordeta no se da por vencido. Es un hombre escéptico pero nunca cínico. Alberga esperanza. Irradia fe”…). Lo que también sabemos de una forma definitiva, absoluta, irreductible, es que jamás podremos agradecer lo suficiente a Ángel Gracia su poema “Monte perdido”, del Libro de los ibones: “¿Dónde estamos / cuando estamos solos? // ¿Quién escucha / lo que decimos a Dios? // Si la soledad arde / en su fuente, si el silencio / asola la boca, / ¿quién nos hará temblar?”… Quedamos con Ángel Gracia en la plaza de San Felipe de Zaragoza, donde estaba la Torre Nueva, y allí le entregamos el cuestionario librero, con última pregunta del escritor Miguel Ángel Ortiz Albero (uno de los dedicatarios, por cierto, de El silencio y su canción).

[Fotografía: Ángel Gracia, en Zaragoza, 4 de enero de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

El maravilloso viaje del pequeño Nils, de Selma Lagerloff. Me lo regaló mi madre cuando enfermé de varicela a los diez años. Me fascinó la visión del mundo desde la perspectiva de un ganso salvaje. Yo también necesitaba huir urgentemente de la realidad, como mi amigo Nils.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Claus o Lucas (o los dos). Primero para saber qué significa tener un hermano (soy hijo único). Son unos supervivientes, unos superhéroes del siglo XX que crean su propia ética de resistencia. Pero sobre todo porque son criaturas de Agota Kristof, una de las escritoras más perturbadoras (y hay unas cuantas) que encuentro en mi biblioteca.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Continúo con la misma ilusión que tenía cuando era joven y buscaba un libro que me conmoviera o me perturbara de algún modo. Me entusiasma llevarme a casa las novedades de mis autores preferidos, recién llegadas a la librería. Sigo en redes sociales las opiniones de libreros, incluso los que no son de mi ciudad.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Adoro las colecciones Letras Hispánicas y Letras Universales, de Editorial Cátedra. Incluso colecciono esas ediciones en tapa dura. Un día hice un cálculo aproximado y solo había leído un diez por ciento de esos títulos. Mi sueño sería poder leerlos todos.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Diario de un hombre engañado, una obra maestra de Pierre Drieu LaRochelle. Esta colección de relatos la publicó Bruguera en 1981, pero no ha habido reedición, que yo sepa. Ofrezco mi propia traducción a la editorial que le interese.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Subrayo y anoto a lápiz. Luego, cuando releo el libro, analizo irónicamente la banalidad de esos pálidos trazos. Me gusta hacer expurgos ocasionales en mi biblioteca, que, por otro lado, está siempre en venta. Interesados, envíen mensaje por privado, aunque ya me quedan pocas primeras ediciones.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Mi modelo de librero es Pepito Fernández, de Librería Antígona (Zaragoza). Lo sabe todo sobre la naturaleza humana. De libros también sabe bastante. Fui su empleado hace veinte años y escuché cosas que nadie creería. Se me acaba de ocurrir que yo debería escribir una novela sobre Antígona. Bueno, mejor que la escriba Pepito.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

La personalidad del librero, sean cuales sean sus pasiones, obsesiones y omisiones.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios), y un libro reciente.

Un clásico: El libro de horas, de Rainer Maria Rilke, en la edición de Pregunta Ediciones (2020), con traducción de Fernando J. Palacios León. Un libro muy próximo: El estado natural de las cosas, de Alejandro Morellón. Lo publicará Candaya en marzo de 2021 y es una de los mejores colecciones de relatos que he leído. No en vano ganó el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. Obra maestra.

[Y la pregunta 10 la lanza el poeta, narrador, ensayista y artista multidisciplinar Miguel Ángel Ortiz Albero:]

“Afirma tu querido Thomas Bernhard que el pueblo de los poetas se ha convertido en un paisaje de portadores impasibles de documentos, de pulcros custodios de archivos que caminan sobre un asfalto que revienta, alejados de la vida misma y pensando tan sólo en sus obras completas. ¿Cuál es, poeta, tu lugar? ¿Un terreno, todavía, de exaltación y revuelta?”
Thomas Bernhard es Muhammad Ali. Una bestia. Un artista golpeador, como anhelaban los surrealistas. Durante un tiempo, lo llevé (a Bernhard) siempre en la cabeza y terminó por aplastármela. Él se podía permitir odiar y burlarse del poder. Yo, bastante tengo con sobrevivir e ir publicando mis libricos. No tengo la potencia ni la altura artística para luchar contra el sistema literario. Las miserias y los laureles de los demás no me interesan más allá de las bromas en un bar.
Yo no tengo ningún lugar en la poesía. Mi lugar está en mi casa, con mi familia. Ten en cuenta que tenemos dos niños pequeños, así que ahora mismo estoy en el corazón mismo de la vida palpitante. La literatura no es nada sin la vida.
Pero por no esquivar completamente la pregunta, te diré que doy por terminada la expresión poética que he desarrollado durante los cuatros libros de poesía que he publicado hasta ahora. Llevo mucho tiempo buscando otras formas poéticas que  conecten mi escritura con la realidad y den respuesta a mis ansiedades vitales. De momento, no las he encontrado y dudo que pueda hacerlo. Seguramente no volveré a publicar poesía, algo que ya sé que apenas le importa a nadie, pero a mí tampoco. Es más, me provoca un alivio prodigioso.