Cuestionario librero 100: Almudena Sánchez

Hoy, 11 de mayo, el día en que se cumple exactamente un año de la publicación de nuestro primer “cuestionario librero”, protagonizado por Marta Sanz, llegamos al número 100. Y lo hacemos visitando a la escritora Almudena Sánchez (Palma de Mallorca, 1985), que acaba de poner sobre nuestras mesas un libro extraordinario, un Fármaco que […]

Por en Entrevista

Hoy, 11 de mayo, el día en que se cumple exactamente un año de la publicación de nuestro primer “cuestionario librero”, protagonizado por Marta Sanz, llegamos al número 100. Y lo hacemos visitando a la escritora Almudena Sánchez (Palma de Mallorca, 1985), que acaba de poner sobre nuestras mesas un libro extraordinario, un Fármaco que nos ha impactado de verdad y que nos parece un libro importante. Ya nos gustaron en 2016 los diez cuentos de La acústica de los iglús, su ópera prima, que alcanzó un notable éxito en forma de reimpresiones, pero el libro de hoy es muy distinto. Volviendo la mirada hacia sí misma en un libro sin ficción, narrativa sin novelerías, Sánchez se enfrenta al “gran filete de la realidad” ofreciéndonos una especie de diario de la depresión que sufrió, con capítulos en presente y con reveladores regresos a una infancia no feliz (y “la infancia es lo contrario al paso del tiempo”), dando cuenta de algunas pesadillas significativas y “retuiteando” algunas citas literarias pertinentes. Como si todavía arrastrase con ella esa rueda de bicicleta que se le enganchó de niña, la autora nos cuenta que “vivir con depresión es vivir con un muerto a cuestas. Conversar con él. Ducharte con él”… Se abusa del concepto de “honestidad” en literatura, pero aquí hay un libro realmente honesto, valiente, escrito con más instinto que cálculo, confesional pero no impúdico, íntimo pero muy elegante, y con final más o menos tranquilizador, no por lo blando sino por lo firme, no por lo relamido sino por la química: “Estoy en contra de Walt Disney y muy a favor de las farmacias”. Toda la luz del martes cae sobre la bonita plaza de Olavide, y allí quedamos con una sonriente Almudena Sánchez, que muy amablemente recoge nuestro “cuestionario librero número 100”, culminado con una pregunta de Izaskun Legarza Negrín, de la Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife).

[Fotografía: Almudena Sánchez, en Madrid, 29 de abril de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Si nos remontamos muy atrás, os diría que cualquiera de ‘Los Cinco’ de Enid Blyton o incluso los tebeos locos de Ibáñez o Escobar. Tirando más adelante, hubo un libro que me descuadró y sigue haciéndolo que es Cartas a un joven poeta de Rilke y La montaña mágica de Thomas Mann. Este último tardé cuatro años en leérmelo, pero mereció muchísimo la pena.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

A Lucette, de la novela Ada o el Ardor. Es un personaje secundario memorable. “Lucette era como la joven heroína de Ah, cette Line (una novela popular), una macedonia de intuición, estupidez, ingenuidad y astucia”… “Lucette derramando lágrimas inexplicables […] había corrido a refugiarse en sus propios brazos de alas malvas”.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Tiene muchísimo peso la decisión del librero/a. De hecho, me fío más de sus recomendaciones que de mí misma. Cuando un librero/a habla me dejo llevar. Sus recomendaciones son como ríos que nunca sabes a dónde te van a llevar.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Me da vergüenza, pero muchas: Los pazos de Ulloa, La conciencia de Zeno, Crimen y Castigo… En fin, voy a parar ya de nombrar lecturas imprescindibles porque vaya panorama. Las leeré todas: necesito veranos largos y tranquilos.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Hay un libro que ojalá parpadeara para que lo vieran, que es 88 sueños, de Juan Eduardo Cirlot. Y Viaje a la oscuridad, de Jean Rhys. Además, se me ocurre un capricho: que los relatos de Djuna Barnes estuvieran deliciosamente editados en un solo volumen. Todos juntos, elegantes y potentes como son.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Gastarme lo que no tengo es un vicio habitual. Y subrayo, doblo páginas, duermo con los libros, los acaricio para que se me pegue algo, les doy hasta besos.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Honesto/a, alternativo/a y empático/a.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Frescura, un buen fondo, que me saluden al entrar, que me respondan a las preguntas sobre libros o literatura con sabiduría y naturalidad de libreros/as… que lleguen a ser mis amigos/as (que suele ocurrir).

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios) y un libro reciente.

Me viene directamente a la mente un libro que ha publicado la Editorial Tránsito hace unos días que se titula La loca de la puerta de al lado, de Alda Merini. Es una maravilla que reivindica la locura como elemento purificador.

Y el clásico: Las olas, de Virginia Woolf. Lo acabo de releer y cuánta experimentación y barbaridad poética hay en esas doscientas y pico páginas.

[Y la pregunta 10 la lanza Izaskun Legarza Negrín, de la Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife):]

Hola, Almudena. Nos conocimos en El Médano, donde espero que volvamos a coincidir. Me ha gustado muchísimo tu Fármaco, tal vez porque sé bien de qué hablas. Y mi pregunta es: ¿no te parece necesario algún tipo de enajenación mental, de distorsión de la realidad, para seguir creando en estos tiempos inhumanos? Y, por otro lado, ¿crees que se puede escribir honestamente sin “destapar la infancia”?          

Me parece que la creación se basa en un motivo: en que no nos gustan las cosas como son; en que nos falta énfasis, vida, corazón, libertad (pero la libertad real, no el concepto envenenado actual de salir a tomar una caña), salvajismo, trance, belleza, ganas de comerse el Planeta Tierra. Nos falta infancia. Y curación por todas partes. Por tanto, sí, en mi caso esa cantidad de cosas genera en mí un delirio que trato de poner en orden mediante la escritura. Me pregunto, constantemente, por qué existe tanta norma, asco y deshumanización. Y de ahí, creo, surge Fármaco. Mi último libro es un delirio que explosiona.
En cuanto a la siguiente pregunta: la infancia es nuestro horizonte. Es imposible no recordarla y nos impregna a cada rato su recuerdo: cuando estamos perdidos, que suele ser bastante habitual en este mundo raro, no somos más que niñxs metidos en cuerpos adultos.