Más libros de la semana de Literatura

“Pensilvania” de Juan Aparicio Belmonte

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Pensilvania

Pensilvania

Aparicio Belmonte, Juan

ISBN

978-84-19207-51-7

Editorial

Siruela

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Pensilvania, la última y más personal novela de Juan Aparicio Belmonte, se adentra en la Transición española, en la Movida madrileña y en nuestros días; en los hospitales, en las oficinas y en los funerales, en los libros y en las clases de escritura. Mientras el lector se divierte con las vicisitudes hospitalarias, laborales y amorosas del narrador, transitamos entre el paso y el peso del tiempo creando un retrato conmovedor, con grandes dosis de humor, sobre el mundo que nos rodea, sobre los afectos que quedan por el camino de la vida y que regresan inesperadamente con otra cara.

Partiendo de su estancia en Norteamérica en la adolescencia y la evocación de Rebecca, la mujer que le acogió, como factor desencadenante de sus recuerdos y vivencias, nos encontramos ante una novela deliciosa donde se dan cita la necesidad de encontrar un sitio en el mundo, el fanatismo religioso, el amor, la escritura creativa, y que consolida a Aparicio Belmonte como un narrador único en el panorama de la literatura actual.

Librería Fábula (Alcorcón, Madrid)

“Las manos tan pequeñas” de Marina Sanmartín

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Las manos tan pequeñas

Las manos tan pequeñas

Sanmartín, Marina

ISBN

978-84-9139-750-2

Editorial

HarperCollins

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Las manos tan pequeñas, la última novela de Marina Sanmartín, nos lleva de viaje al corazón de Japón para envolvernos en el inexplicable asesinato de una joven promesa de la danza, cuyo cadáver aparece mutilado sin –aparentemente– ningún tipo de explicación.

A partir de ahí la autora irá narrando los hechos previos a este descubrimiento, de tal manera que el lector avanzará a su vez en la resolución del caso pero, a diferencia de otras novelas de este género, no encontraremos rudos policías siguiendo pistas ni largos interrogatorios en comisarías inhóspitas hasta altas horas de la madrugada. Las manos tan pequeñas respira por sí misma fuera de estereotipos. El misterio se irá resolviendo a través  de amistosas charlas entre dos de los personajes principales de esta historia, conversaciones pausadas en cómodos sofás, con vistas espectaculares del centro de Tokio, degustando deliciosas muestras de la gastronomía japonesa y arropadas por las lánguidas notas del saxo de John Coltrane. Todo un lujo.

Marina Sanmartín maneja los tiempos de la novela con elegancia, llevándonos del presente al pasado inmediato y avanzando poco a poco en la historia, así como en la descripción de cada personaje. Porque lo mejor de la novela, sin duda, son sus personajes. Personajes creíbles, bien construidos y alejados de patrones ya establecidos. Olivia Galván, la protagonista, quizá más libre y dueña de su vida de lo que a priori pudiera parecer, por sí sola daría de sí para un análisis más profundo e incluso, ¿por qué no?, para otro libro.

Pero al margen de estas cuestiones, y sin ponernos demasiado serios, podemos decir que Las manos tan pequeñas es una novela muy entretenida, en la que se nota la pasión de la autora por lo que hace, por lo que cuenta. Su experiencia japonesa, su amor por la novela negra y por las historias bien contadas. Es un pequeño placer, en este caso confesable, dedicar un tiempo a la lectura reposada de esta trama sencilla de personajes complejos, que viven la experiencia con el desconcierto inevitable que conlleva pero sin caer en dramatismos injustificados ni efectistas. Sobriedad, elegancia en los detalles, contención… y, de fondo, esa ciudad increíble, protagonista absoluta de esta historia, Tokio, plagada de turistas que la convierten en un escenario más de este mundo globalizado y reproducido hasta el infinito que habitamos; pero también una ciudad con personalidad propia, con espacios aún vivos que preservan su milenaria tradición, el gusto por el detalle, por el cuidado exquisito y el respeto al paso del tiempo, que deja huella en todo lo que nos rodea: una ciudad en donde la prisa no tiene cabida. Una ciudad también que, como todas, puede llevarnos a añorar la propia porque, como felizmente expresa la autora, «existen todas las ciudades y la nuestra». Y no cabe más que añadir.

Libreros, lectores, leed y recomendad Las manos tan pequeñas pues es un entretenimiento absoluto, lo cual, creemos, ya es mucho.

Ester Vallejo, Librería Lex Nova (Madrid)

“Canto fenicio” de Juan de Dios García

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CANTO FENICIO

CANTO FENICIO

DE DIOS GARCIA, JUAN

ISBN

978-84-124677-7-2

Editorial

CHAMAN EDICIONES

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Leer Canto fenicio (Chamán Ediciones, 2022) es un verdadero ejercicio de exploración, probo sin duda del que es el cuarto libro de poemas del autor cartagenero Juan de Dios García. Al terminar un primera lectura del mismo la primera impresión es que nos hemos encontrado ante un libro minuciosamente ordenado, tanto texto a texto como parte a parte, pues, como buen navegante (y cabe destacarlo así), el poeta sabe el rumbo exacto, su punto de destino, pero ni él ni nosotros acabaremos nunca de presagiar, por muchas lecturas que hagamos, el deleite, la ofrenda, que recibimos tras cada lectura. Y escribo estas líneas tras tres lecturas, cada viaje más concienzudo y cada puerto al que atracamos resulta diferente.

Extraña virtud en estos tiempos que corren. Puedo dar fe de ello.

Porque Juan de Dios García nos invita cálidamente a dejarnos guiar por las aguas cercanas de su hábito diario en la primera de las tres partes. En la segunda nos alejamos de la costa reconocible y recorremos sus recuerdos de juventud, las raíces del propio canto que aún era sólo una idea, las frases/versos/oleajes inesperados que sólo él conoce bien. Y en la tercera, ya ávidos y prendados de lo vivido, llegamos al final y el poeta nos mira directamente a la cara y nos pregunta: “¿Eres capaz de recorrer el mismo trayecto que yo?”, “Te has reconocido en alguno de estos pasajes, ¿verdad?” o “Sé que estás mareado por el oleaje. ¡No disimules, imbécil!”.

“Los hombres púrpura”, “Nudo de rizo” y “Pueblo errante” son los nombres de cada uno de los trayectos en este Canto fenicio. En el primero nos encontramos con textos como Talasocracia o Cala Cortina, en los que nos transmite ese deseo aún latente de amor por lo imposible, por la redención. El padre y el mar, la creación y el pasado. “El mundo se reinventa en una ola de sangre.”, nos dice, para decirnos la verdad absoluta de este viaje en Estado de la embarcación: “Tu patria no son tus huellas. Si acaso, el alfabeto de con que las marcas”. Demasiado sabe este poeta y no quiere polizones estúpidos a bordo. Así llegamos, con levedad, a Ondas, uno de esos textos que una y otra vez te sorprenden. Ya estamos en pleno viaje y no hay vuelta atrás porque “no hay caminata por donde no pise fantasmas”…

Y nos vemos arrojados a “Nudo de rizo”, la segunda parte, que cada vez que la leo se me viene a la cabeza la melodía desgarradora del Helter Skelter de The Beatles. Estamos en el tobogán de la marea, del canto, de la juventud, de las tribus, de la Generación del 75 (“Estamos hechos de velocidad, pero eso no era la literatura / No puede uno elevarse sin ensuciarse las manos…”), de las bandas, de la música, del éxtasis de la juventud, porque “Aquí no va a comenzar nada, ni falta que hace”. Hemos puesto nuestro destino en las manos del nihilismo, pero sí,  es divertido, no importa las veces que lo leas, que pongas los textos del revés, que encuentres mensajes perturbadores porque sólo lo serán porque los necesitas. O calidez y llanto, porque sí. Sin más razones que la digna inspiración del creador de este viaje literario.

Llega el final de todo viaje. Todos lo sabemos. Él mejor que nadie, y en “Pueblo errante” nos deja en puerto seguro, pero nos señala con la mirada, nos interpela, nos reta a volver: “Me haré un caldo con los huesos de esta civilización”.

Yo quiero estar con él cuando llegue el momento, por ello os invito encarecidamente a no dejar este libro pasar de largo. Hay viajes que te eligen.

Vicente Velasco Montoya, La Montaña Mágica (Cartagena, Murcia)

“Diario íntimo” de Juan Ramón Jiménez

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Diario íntimo

Diario íntimo

Jiménez, Juan Ramón

ISBN

978-84-18239-53-3

Editorial

Athenaica Ediciones

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Diario íntimo, Juan Ramón Jiménez, Athenaica, 2022.

Desde la primera entrada de este breve diario, apenas un mes, a finales de octubre de 1903, en tres o cuatro palabras que le obsesionaban por entonces: el alma, la felicidad, la tristeza, los negros presentimientos, ya revela su autor el tono general del texto, así como de las poesías que escribiera en aquella época, la de Arias Tristes. Juan Ramón Jiménez tenía 21 años, vivía de manera transitoria en Madrid, y estaba recién dado de alta (por no decir expulsado) de un ingreso de varios meses en el Sanatorio del Rosario, donde uno no sabe a ciencia cierta si pudo recuperarse algo de sus neurastenias o si, por el contrario, intensificó ese mal.

No hay duda de que este documento es valioso para conocer al Juan Ramón Jiménez de aquellos años, para ver con quién se relacionaba (por aquí desfilan nombres importantes como Giner de los Ríos, Rubén Darío o los hermanos Machado, entre otros), para saber mejor las circunstancias en las que escribe las melancólicas cancioncillas de Arias Tristes, hechas como de un cansancio de vivir peligrosamente contagioso, hechas también de una extrema sensibilidad para el movimiento de la luz, sus parpadeos, los atardeceres y la noche como una amenaza o una ausencia. También la obsesión, a partes iguales, por los amores imposibles (sus historias con las monjitas del sanatorio son inquietantes) y por la muerte, presencia constante en todo lo que escribe en esta etapa y sobre la que llega a anotar, para nuestro estremecimiento: “No sé lo que tengo. Pero he pensado con cariño en la muerte”.

Además, casi sin quererlo, nos retrata la vida de la burguesía liberal en el Madrid de principios de siglo, donde cuajan ideas filosóficas (estupenda es la imagen, el acto en sí, de JRJ acudiendo de oyente a las clases de Simarro sobre Descartes o Spinoza), artísticas o políticas que determinarán el primer tercio del siglo XX. Esto es lo que más nos ha gustado de este diario, por lo demás irregular, escrito como a saltos, no sé si como a desgana a medida que pasan los días. Bien mirado la sensación es que JRJ no está cómodo en el registro, siendo él, no ya un poeta fino y pausado en esos momentos, sino un buen prosista, como constatan algunos textos que se incluyen en los apéndices (un gran trabajo de la editora, por ejemplo incluyendo un poema inédito, “Lirio-azul”) donde hay cartas, artículos para la revista Helios o retratos de trazo firme e implacable. Decíamos que pudo no sentirse cómodo en el formato, también a la vista del facsímil incluido en esta edición, pues empieza con una caligrafía preciosa, reglada, moldeada con mucha atención pero evoluciona al cabo de unas semanas hacia otra apresurada, con algunos tachones, inclinada como a punto de caerse.

Mención aparte merece la edición de Athenaica, bien compuesta, que incluye bastante documentación adicional, cosas curiosas como fotos de la época, muchas de Juan Ramón, claro, pero también de otros tantos que entran y salen en estas páginas (Valle-Inclán, Sawa, Benavente, la madre del poeta, algún amor…); portadas de libros entre las que nos descubren el título evocador y parisino de La caravana pasa de Rubén Darío; de un puñado de retratos de Sorolla, uno de ellos del pálido Spinoza; e, incluso, escondida en una de la notas a pie de página algo que ignorábamos y que bien podría haber cambiado la historia de la literatura española: el primer apellido original de Rafael Cansinos Assens era Cansino y él, como queriendo eludir ese destino de fatiga crónica, le añadió una providencial “s”.

Y luego está, por último, el amor sincero de JRJ por los libros. Lo vemos pasear de librerías por la Puerta del Sol y Alcalá, y compartir ejemplares y lecturas y descubrimientos con sus amigos (“Yo leo los libros muy lentamente”, nos dice), a quienes siempre se los devuelve “limpios, con presteza” y nos emociona la ilusión, que podemos entender tan bien, con que recibe libros nuevos mientras escribe: “Los he abierto todos con mucho cariño, después de lavarme y perfumarme bien las manos”.

Daniel Rosino, Librería Walden (Pamplona)

“El mal del chamán” de Jacek Hugo-Bader

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El mal del chamán

El mal del chamán

Hugo-Bader, Jacek

ISBN

978-84-17496-59-3

Editorial

La Caja Books

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Existe una fina línea que separa el escepticismo cartesiano de la credulidad, el dogma del debate. A veces, es el puro deseo de creer el que hace traspasarla; las más de las veces es el golpe súbito y certero de una tragedia que se ceba en una vida empecinada en convertir el error en una constante física más.

Jacek Hugo-Bader deambula a lo largo de la mentada línea con afán funambulista, sin caer en la parodia o el tremendismo, sin erigirse en juez, como un viajero incansable más, empapado de la misma trágica épica de Pasternak y empecinado, él también, en hacer llegar al lector occidental toda la fuerza mitológica de una realidad, la del chamanismo, que no ha trascendido las fronteras de la Siberia que la vio nacer.

Porque esta línea no pertenece sólo al ámbito de la fe, también es frontera geográfica: la agreste linde que separa Rusia de las viejas estepas heladas del norte, de las carreteras anónimas que cruzan pueblos humildes y mutantes y donde aún existe una inexplicable añoranza de tiempos estalinistas. Tuvanos, yakutos, jakasios, buriatos…la semblanza indígena de esta vasta región, violenta y hermosa, es riquísima, compleja y multifacética, su pasado se hunde en las ancestrales costumbres ritualistas anteriores a la invasión mongola, tendiendo un puente con los primeros pobladores de Denisova. Es la Rusia silenciada y barrida bajo la alfombra, la Rusia de los desposeídos, de aquellos responsables de contar su propia historia, frente al grupo que la controla.

Alcanza El mal del chamán de esta forma uno de los triunfos de la literatura: dar voz a quien no la tiene, aunque sea en este caso voces en permanente liza contra el delirio y el tiempo que acorrala. Hugo-Bader impone aquí su lúcida mirada sobre una cultura asfixiada por la marginalidad, una vida subalterna, sacrificial y desamparada, grupos humanos perpetuantes de una profesión que es casi un estigma en el marco de un régimen hondamente retrógrado y represor.

Es éste un relato fraguado a base de miradas y umbrales. El eje que lo vertebra, esto es, las entrevistas y encuentros con chamanes de las distintas regiones de Siberia, acaba apoderándose del mismo. Tal es la potencia de las historias que se narran y el carisma de quienes la protagonizan. Toda su dramaturgia es rito. Ceremonias donde los tambores, el humo y los cánticos incesantes buscan la intervención de los espíritus e introducir en el cerebro un estado alterado de conciencia, un ruido blanco cuyo único objetivo no es otro que la potenciación del efecto placebo y la perpetuación de un sentido del arraigo a través de una liturgia comunitariamente reconocida.

 

Sergio García, Librería Dorian (Huelva)

“Desde el otro lado” de Bernardo Atxaga

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Desde el otro lado

Desde el otro lado

Atxaga, Bernardo

ISBN

978-84-204-6130-4

Editorial

ALFAGUARA

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El último libro de Bernardo Atxaga, Desde el otro lado, consta de cuatro relatos en los que el autor vasco aborda el tema de la muerte. Son historias pequeñas, íntimas y emotivas en las que libera su voz narrativa por completo, dejándola fluir por territorios conocidos pero tomando formas para él inexploradas hasta ahora.

En el primer relato, un pájaro, un grupo de ardillas, una serpiente y una oca reciben la llamada imperativa de la naturaleza que los impulsa a acudir a Obaba (un lugar emblemático del imaginario de Atxaga) para presenciar la dolorosa historia de dos hermanos marcados por el rechazo, la soledad y el luto. En el segundo, el protagonista emprende una especie de viaje lisérgico donde se mezclan personas y hechos de su pasado con un confuso presente. En el tercero asistimos a una delirante conferencia en el cementerio de Obaba-Ugarte, donde el Doctor Mortimer y Parko escenifican una disputa para demostrar las ventajas de la muerte frente a la vida, “aunque la segunda goce de mayor prestigio”. En el cuarto y último relato, un búho sabio y sigiloso colabora con la policía de Reno (Nevada, oeste de Estados Unidos) para atrapar a un asesino fanático religioso.

Los cuatro cuentos tienen en común una narración que se acerca a lo absurdo. Animales que reflexionan o conversan y seres que no son de este mundo protagonizan historias absolutamente humanas, porque nos hablan de las miserias de nuestras vidas y de la inevitabilidad de la muerte. El humor parece correr por estas líneas espontáneamente, como si no fuera un mero recurso literario, y no impide ver la profundidad del pensamiento que hay detrás: una meditación sutil sobre la relatividad del bien y el mal.

Siempre desde el compromiso con la vida y desde la sinceridad, Atxaga nos regala un libro francamente divertido sobre algo muy serio, una hazaña que sólo pueden lograr pocos escritores a través de su madurez vital e dominio del lenguaje.

 

Chiara Delle Donne, Librería Diógenes (Alcalá de Henares, Madrid)

“Mamut” de Eva Baltasar

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Mamut

Mamut

Baltasar, Eva

ISBN

978-84-7329-322-8

Editorial

CLUB EDITOR 1959

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Si  quieren ahorrarse algunas sesiones de psicólogo y el enganche al diacepán para afrontar la ansiedad generalizada en la que vivimos, les recomiendo a Eva Baltasar. En su nuevo libro, Mamut, editado por Club Editor en catalán, idioma en el que escribe la autora, y en castellano por Random House en traducción de Nicole d’Amonville, dice la autora que “un cuerpo puede contener un océano helado en cuyo fondo de irreparable abundancia todo duerme apresado”. Pues bien, todo Mamut es una propuesta para romper a dentelladas  y zarpazos ese hielo que impide la vida consciente y sin culpa.

El argumento del libro se explica sencillamente, sin embargo el abismo al que nos lleva es hondo y profundo, también desgarrador. Una mujer joven responde al malestar vital causado por unas condiciones laborales de explotación y por la vacuidad e inercia diaria en las que habita, queriendo gestar un hijo; no con el propósito de ser madre, sino con la idea de que el cuerpo quede ensartado de vida.

La capacidad de construcción de imágenes de Eva Baltasar para hacernos sentir y seguir a su personaje es el de una poeta precisa y poderosa. Una cinceladora de palabras. Basta su descripción de los animales enjaulados en un zoológico, basta la frase “en su interior los animales no vivían, se pudrían”, para que comprendamos la necesidad del personaje.

En Mamut encontramos un texto breve, dividido en tres capítulos que dan cuenta de la evolución del personaje, lo acompañamos de la ciudad a una masía aislada en donde la única compañía es un pastor y donde la mujer sin nombre, como todas las de Eva Baltasar, entrará en un mundo salvaje, brutal, violento y cruel. No existe la mitificación del territorio, la naturaleza descrita no es vegetal, es animal. Es sucia, huele a cordero. En palabras del personaje: “No soy yo, he retrocedido más de un peldaño en una coordenada que carece de un nombre particular”. Y, contrariamente a lo que pudiéramos pensar, es en esta animalidad, en este tiempo arcaico, donde la protagonista se despoja, prescinde de lo innecesario, logra amarse a sí misma. Es en este margen donde es dueña y señora de su propia vida.

Este libro forma un tríptico con sus anteriores novelas, Permafrost y Boulder, cuyas bisagras son unos personajes femeninos libres de todo estereotipo, complejos y que no se conforman con la inercia acelerada de la insatisfacción a la que oponen la fuerza de la libertad absoluta, la potencia del sexo y del cuerpo, el tránsito de caminos propios.

La respuesta final del personaje de Mamut de Eva Baltasar es de una radicalidad extrema, personal (y diría que revolucionaria), que nos impele a repensar la vida, a definirla, a considerar a quién pertenece, qué vida merece ser vivida y cómo vivirla. Eva Baltasar es una gran escritora que nos provoca, nos altera, nos siembra para deshacer el hielo y sumergirnos en donde todo duerme apresado.

De sus textos no salimos indemnes. Y es de lo que se trata, ¿o no?

 

Mónica Bernat, Librería Noviembre (Benicásim, Castellón)

“Supersaurio” de Meryem El Mehdati

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Supersaurio

Supersaurio

El Mehdati, Meryem

ISBN

978-84-18187-77-3

Editorial

Blackie Books

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Meryem El Mehdati, autora residente en Puerto Rico (en la isla de Gran Canaria), escribe su primera novela, Supersaurio, después de graduarse y “masterizarse”, con una amplia experiencia en fanfiction a sus espaldas y tras haber publicado un relato en El Gran Libro de Satán. ¡Y  qué primera novela!

Como saben, o pueden saber con mucha facilidad tecleando el título en el obligatorio Google, la novela cuenta la historia de una chica que accede a un trabajo de becaria en las oficinas de una gran cadena de supermercados de nombre ficticio “Supersaurio” y que cualquier habitante de Canarias identificará inmediatamente. ¡Qué aburrimiento!, se dirán. Pero no. Supersaurio no sólo es una novela divertida escrita con un fino sentido del humor, de ese que te dibuja una sonrisa en la boca y te hace un nudo en el pecho, sino que es una novela bien estructurada, interesante, profunda y muy, pero que muy inteligente.

La novela está protagonizada por una joven de 25-27 años (transcurren tres años de vida en esas oficinas que se narran en tres capítulos) que, pese a su excelente formación académica, no encuentra trabajo y termina aceptando un contrato de becaria con un sueldo claramente insuficiente para convertirse en una mujer capaz de automantenerse. La joven se llama Meryem, aunque casi nadie pronuncia ni escribe bien su nombre, y nos cuenta su historia en entradas de diario en las que figuran mes y año, con  fanfiction y conversaciones de grupos de WhatsApp intercaladas. La joven vive en Puerto Rico (Gran Canaria) y tiene que realizar diariamente un largo trayecto de ida y vuelta en guaguas impuntuales y de poca frecuencia para llegar a su trabajo y encontrarse con una jefa que la odia y a la que odia:

“Preferiría tirarme contra un coche en marcha antes que hacer las paces o limar asperezas con Yolanda. Nací en los 90 y crecí en los 00. He sobrevivido a muchas cosas horribles: los pantalones de tiro bajo, la supuesta gordura de Kate Winslet, las cejas ultrafinas. A esto también sobreviviré” (p. 17).

¿Autoficción, otra vez? Yo no lo diría. ¿Ficción representativa de una generación de chicas de la ultraperiferia? Eso se acerca más, pero tampoco. Ficción, sí, con carga crítica de profundidad.

Con un ritmo fluctuante que traduce a la perfección las situaciones o estados de ánimo de la protagonista y un vocabulario amplísimo, sabiamente manejado para crear frases que rozan lo poético (“Antes creí que crecer y hacerse adulto consistía en alcanzar algún tipo de paz interior que acabaría con la incomodidad y la zozobra que a veces se mudan a vivir a mi estómago”: p. 185) o diálogos plenos de oralidad.

Supersaurio es, para mí, un extraordinario ejemplo de la excelente teoría que desarrolla Remedios Zafra en El entusiasmo (Premio de Ensayo Anagrama, 2017).

Un ejemplo de novela comprometida en la que se reflejan muchos de los problemas que, desgraciadamente, caracterizan a la sociedad contemporánea. A la global, a la española, a la canaria. Temas como la precariedad laboral (no olvidemos que existen contratos de profesorado universitario por debajo de los mil euros), el machismo imperante en las calles y los entornos laborales (el camarero que te coge la mano, el jefe que te llama bonita, el colega que no entiende por qué no tienes hijos…), el racismo y la xenofobia cotidianos (¡cómo vas a ser española con ese nombre!, ¿qué comen en tu país? ¿y  por qué no bebes?…); el paternalismo y el desprecio a la gente joven pese a su híper formación, las desigualdades sociales que crecen, las carencias más que evidentes del transporte público en estas islas que se denominaron ¿afortunadas?; la turistificación, acompañada de la construcción desaforada, del deterioro del paisaje, de la humillación a los habitantes locales. La locura, a la que todo parece abocar(nos).

Lean Supersaurio en plan jajá, qué graciosa es esta chica. Y reléanlo pensando. (Si quieren, claro). Para mí ha sido toda una experiencia (positiva), incluso aceptando el reto lordiano (por Audre Lorde) de la sección de agradecimientos. Y suscribo:

“Soy canaria. No sólo tengo el acento más sexy de toda España según varias encuestas, también poseo un tremendo umbral de tolerancia ante las adversidades” (pp. 25-26).

¡Gracias, Meryem, por esta novela! ¡Cuánto la he disfrutado!

Izaskun Legarza Negrín, Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife)