Más libros de la semana de Literatura

“¿Cómo va a ser la montaña un dios?” de Eduardo Romero

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¿Cómo va a ser la montaña un dios?

¿Cómo va a ser la montaña un dios?

Romero, Eduardo

ISBN

978-84-18998-19-5

Editorial

Pepitas de calabaza

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«Y es que la razón occidental se ríe de las creencias de indios y negros. ¿Cómo va a ser la montaña un dios? Hagámosle un agujero y saquemos ese puto carbón»..

Eduardo Romero vuelve a las mesas de novedades con ¿Cómo va a ser la montaña un dios? (Pepitas de Calabaza, 2022), un texto híbrido, a caballo entre el ensayo histórico y sociológico, la novela, la crónica periodística y la memoria. Paco Cerdà definía hace unas semanas al autor como «un alquimista de la literatura de lo real». Y es que si hay algo de lo que no cabe duda, es de que este libro es pura literatura social. Un puzle de historias que se sienten, se huelen, se escuchan. Relatos reales, personajes humanos, sin idealizaciones, se suceden por estas páginas para dibujar un mapa del carbón trazado de Colombia a Asturies y para contar las historias de estas tierras y de sus gentes.

Colombia, La Alta Guajira. Sesenta y nueve mil hectáreas conforman Cerrejón, la mina de carbón a cielo abierto más grande de América Latina. La actividad extractivista va arrinconando a la agricultura, modificando los cauces de ríos, acaparando millones de litros de agua al día para extraer carbón en una región seca que alcanza en verano los 45ºC. «Cuando se trazó la vía, pasaba por lugares sagrados wayúu. ¿Con cuánta plata se compra el traslado de un cementerio?».

Colombia, Valle del Cauca, Puerto de Buenaventura. Cientos de trabajadores se desloman en las actividades portuarias. Contenedores llenos de café, azúcar, banano, carbón y cocaína llenan barcos que desatracan a diario de Buenaventura. Economías legales e ilegales se entrelazan con un objetivo común: acaparar tierras y asegurar rutas de mercancía. El narcoparamilitarismo vela por la simbiosis.

Asturies, Xixón, Puerto de El Musel. Buques graneleros procedentes de Buenaventura descargan carbón en una tierra minera con las minas cerradas, con el recuerdo reciente de la desindustrialización de sus cuencas, de su condena al vacío y al silencio. Trabajadores asturianos, o trabajadores colombianos, a los que les sale carbón de la nariz incluso tras días de descanso. «El carbón, con la pila de vueltas que da, muy barato tien que ser. A veces, mientras lo estibamos, dígome: si yo fuera una de esas piedras de carbón, acabaría mareáu».

Mientras tanto, Javier Orozco (sindicalista), Gustavo Mestre (militante antiparamilitarista), Yeni (auxiliar en una residencia) o Victoria (prostituta) miran al horizonte desde el Cerro de Santa Catalina y ven los barcos partir de Gijón, rumbo de vuelta a la Colombia que los vio nacer y los condenó a huir. Que los envió, por azar, a esta tierra también minera, ahora ahogada, de cuya historia del carbón ya solo quedan rastros de ceniza.

Natalia González Menéndez, Librería Cervantes(Oviedo)

“Tostonazo” de Santiago Lorenzo

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Tostonazo

Tostonazo

Lorenzo, Santiago

ISBN

978-84-19172-20-4

Editorial

Blackie Books

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Santiago Lorenzo es un autor a quien siempre adoraremos después de haber leído Los asquerosos, una novela que conquistó especialmente a quienes habitamos o nos toca muy de cerca la España vaciada, por su argumento, su ironía y su perfecto dominio del lenguaje.

Tostonazo nos vuelve a maravillar con su inconfundible estilo literario, rebusca de nuevo en los entresijos estilísticos y en el lenguaje, creando neologismos a partir del rescate de expresiones añejas para resituarlas en la actualidad.

También sigue el patrón de sus novelas anteriores Los millones, Los huerfanitos y Las ganas, poniendo en el foco del huracán a uno de esos protagonistas corrientes y anodinos en un maravilloso elogio de la mediocridad.

No obstante y a difeencia de sus novelas anteriores, Tostonazo da un giro radical e inesperado en el guion. Y es que el personaje principal, del que no conocemos ni el nombre, no deja de ser una simple excusa para hablarnos de los verdaderos protagonistas de su novela, Sixto y Pacomio, Pacomio y Sixto. A partir de ellos estructura la novela en dos partes, la primera centrada en los entresijos del mundo cinematográfico, mientras que la segunda en la vida de una pequeña ciudad de provincias. No hemos podido parar de preguntarnos mientras leíamos la novela si Santiago Lorenzo coquetea o no con la autoficción.

Pero lo importante es que, igual que sus lectoras y lectores hemos conocido a la “mochufa” de ‘Los asquerosos’, también nos hemos encontrado con muchos Sixtos y Pacomios, a los que Lorenzo radiografía como nadie.

Los Sixtos y Pacomios son esos tostonazos insoportables que pasan por nuestra vida. Sixto es ese típico enchufado, trepa, sin mérito ninguno, que de todo sabe pero no sabe de nada, capaz de meter la pata hasta destrozar cualquier proyecto en su torpe y soberbia creencia de que lo que hace es la octava maravilla del mundo. Y Pacomio es el patriota de bandera, el cuñado, el católico incoherente, el defensor de la historia desde la ignorancia.

Y es a través de los ellos como Lorenzo teje una doble trama donde se despacha a gusto contra el mundo del cine y de la política, todo tamizado a través de su particular filtro estilístico, ese que hace que no puedas soltar las páginas del libro hasta el final y que te diviertas y rías como siempre que lo lees.

Tostonazo es el antitostonazo del año. Leed a Santiago Lorenzo.

Bea Fernández, Sputnik (León)

 

 

 

“Mickey 7” de Edward Ashton

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Mickey7

Mickey7

Ashton, Edward

ISBN

978-84-450-1000-6

Editorial

Minotauro

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La identidad constituye, epistemológicamente hablando, un concepto aún en constante redefinición y debate. Atendiendo, empero, a su etimología, el término procede de la palabra latina “identitas”, la cual podría traducirse como “igual a uno mismo” o “ser uno mismo”, haciendo referencia al conjunto de atributos y cualidades inherentes a un individuo en particular, a la esencia misma que lo define y lo diferencia del resto de seres. Es el principio que nos permite nombrarnos y ser nombrados. La identidad es, pues, la conciencia que uno tiene de sí mismo, la individualidad, y lleva implícito otro concepto, el de alteridad, que entronca directamente con la identidad social y la capacidad de ponerse en los zapatos del otro.

La introducción es pertinente porque, en el fondo, lo que Edward Ashton delinea en su novela debut, “Mickey 7”, no es más que una certera indagación sobre el dilema del barco de Teseo, sobre el ego y el concepto mismo de identidad, a través del empleo de la clonación y sus ramificaciones éticas; es más, el autor va a llevar el propio concepto al límite, va a amasarlo con los tropos del transhumanismo (cuerpos desechables, digitalización de la conciencia…), y va a tratar de dilucidar cuán flexibles son sus fronteras y, finalmente, de dar respuesta a la pregunta de qué ocurre cuando el otro es tú mismo

Su aparente ligereza de pies, cimentada en torno a un núcleo temático sombrío y descorazonador, y levantada sobre un protagonista socarrón y optimista irredento y una suerte de doppelganger, no la exime de asestar aguijonazos cuando el autor lo cree conveniente. El primero de ellos, a los estados totalitarios que reducen al individuo a mera fuerza de trabajo y, en el caso que nos ocupa, a un conjunto de calorías que gestionar en una colonia situada en un planeta de inviernos permanentes, Nilfheim, que no tolera la vida humana. El fanatismo religioso, con su habitual dosis de intransigencia e intolerancia, ejemplificado en la novela a través de un culto que considera a los clones como poco más que animales sacrificables es, también, parte central de sus críticas a una sociedad deshumanizada que es inquietantemente similar a la nuestra. Ashton, como Lem o Ballard antes que a él, está mucho más interesado en las perversiones que la tecnología inicia en el individuo y la manera en la que afecta a nuestro comportamiento que en la tecnología en sí misma. El viaje hasta el planeta colonia y el devenir en el mismo sólo es el vehículo que usa el autor para hablar sobre las relaciones humanas e interespecies en ambientes aislados y extremos.

Así, en la novela, el protagonista, Mickey, es un prescindible, el puesto más, bajo en el estricto escalafón, casi feudal, de una colonia planetaria. Con aquella denominación, prescindible, se designa a un individuo que es llamado para efectuar los encargos más peligrosos, a menudo letales, pero necesarios para el funcionamiento de la colonia. Expuesto a los rigores de la radiación y el vacío, Mickey ha muerto y ha sido clonado en un útero artificial, con sus recuerdos intactos, hasta en seis ocasiones. A priori, este ciclo eterno de muerte y resurrección le asegura la inmortalidad, pero, cuando comienza el relato, el  protagonista va ya por su séptima iteración –Mickey7–, y el peso del estrés postraumático empieza a hacer mella en su psique. Su conciencia se desmorona, su sentido unitario del yo se deshace y se fragmenta.

Por diversos avatares de la trama, Mickey7 acaba viéndoselas con una versión posterior a sí mismo, Mickey8. De la lucha de identidades entre ambos, de su justificada necesidad de supervivencia en mitad de una naturaleza inmisericorde, del racionamiento y de los equívocos amorosos que surgen con el resto de habitantes de la colonia, nacen los momentos más brillantes de la novela. Ashton logra algo asombroso, ya que, aunque hace del protagonista y el antagonista el mismo individuo, convirtiéndolos en el núcleo de un conflicto cuyas ramificaciones y resolución, por inesperadas, son absolutamente satisfactorias, el lector acaba, por empatía y punto de vista, poniéndose de parte de Mickey7, aun cuando es el reflejo especular de Mickey8. Pero es que aquél es un tipo simpático, al que te llevarías de cañas, pero su octava iteración es, si me permiten el juego, total y absolutamente prescindible.

Sergio García, Librería Dorian (Huelva)

“Fiebre de carnaval” de Yuliana Ortiz Ruano

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Fiebre de carnaval

Fiebre de carnaval

Ortiz Ruano, Yuliana

ISBN

978-84-125309-3-3

Editorial

La Navaja Suiza Editores

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Esmeraldas (Ecuador) siempre ha sido una de las provincias olvidadas en aquel país; por negrxs, por pobres o por no compartir la idiosincrasia que quieren imponer desde los diferentes gobiernos. Por eso han optado en muchas ocasiones por contar(se) su propia Historia.

Ya lo hizo el gran Nelson Estupiñán y lo hace ahora Yuliana Ortiz con Fiebre de carnaval, un libro que transmite canto, música y poesía, gracias a los cuales la niña Ainhoa construye un ideal de familia protectora, plagada de mujeres resistentes ante los abusos sexuales o, simplemente, ante lo que se espera de ellas. Este texto huele a guayaba y a veces provoca ganas de bailar, pero el Carnaval también se acaba y toca volver a abrir los ojos hacia lo que sucede dentro o fuera de las casas.

Nuestra propuesta es mirar hacia esas calles que “son una fotografía quemándose para siempre”, porque no son sólo el fruto de la imaginación de Yuliana. En estos días Esmeraldas está ardiendo y casi nadie mira hacia allá.

Carmen Alquegui LanasLa Vorágine (Santander)

“Amor y morriña” de Theodor Kallifatides

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Amor y morriña

Amor y morriña

Kallifatides, Theodor

ISBN

978-84-19075-53-6

Editorial

Galaxia Gutenberg

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Qué consuelo podría encontrar un joven inmigrante griego en la lejana y fría Suecia, enfermo de nostalgia por su país, herido de amor y deseo apremiante por una mujer “prohibida” (casada, una hija), con dificultades económicas y un idioma que le limita para sobreponerse a la absoluta desolación. Christo poco puede hacer y se refugia en las charlas ocasionales con su compatriota, amigo y confidente Thanasis, con quien comparte una añoranza insalvable por su Grecia natal. Sus conversaciones, aunque aligeradas por un humor áspero y tierno a la vez, no pueden evitar el tono melancólico de quienes no han dejado de pertenecer a un lugar y no terminan de integrarse en otro. Y a solas, en su cuarto de estudiante, Christo busca a Cavafis, en cuya poesía siempre encuentra el verso certero, el bálsamo para su confusión constante. Una confusión que considera fatigosamente los recelos morales ante el deseo implacable de sus sentimientos; que se enfrenta al abismo de una lengua desconocida que no le permite definirse, protegerse y construirse a sí mismo, creándole la angustia y la inseguridad de quien camina desorientado y tremendamente vulnerable. A la par que se esfuerza sin éxito en desviar sus pensamientos de su amada Rania, intenta avanzar, también sin mucho éxito, en sus proyectos universitarios profundizando en Aristóteles y más concretamente en la Kátharsis.

A partir de ahí, su desasosiego existencial y emocional va barajando hipótesis espontáneas sobre la catarsis y la verdadera forma de redimirse: “tal vez la redención sea un paso más allá de la moral; tal vez sea la risa en los momentos verdaderamente difíciles; tal vez resulte ser una circunstancia, la circunstancia de estar con otros”…

Los consejos sensatos y bienintencionados, sin duda, de su amigo (de una vieja y entrañable sabiduría), no le ayudan en sus vacilaciones respecto a la ética dentro de sus circunstancias: conoce los límites entre el bien y el mal, por supuesto, sabe lo que debería no hacer, pero se haya tan poseído por el deseo, tan confundido con sus sentimientos, tan empequeñecido por no dominar un lenguaje nuevo, que constantemente juega con variaciones para su propia redención. Dentro de su caos interno, percibe de una manera tan dolorosamente iluminadora como secreta y audaz la insensatez de ir contra sí mismo, algo que ni le calma ni mucho menos le salva.

Y si, como dice en algún momento, la verdad es todo lo que sucede, y sucede que le duele la soledad y sucede que se ha enamorado y sucede que necesita palabras que tejan sus duelos y deseos, puede que al fin descubra que esa catarsis que busca en su forma y en su finalidad, sea sencillamente atender a la verdad, abandonar la ofuscada resistencia a lo que realmente le sucede.

Porque, irremediablemente, “lo imposible también tiene que existir”… Una novela con mucho amor, como indica el título, un amor arrebatado por la urgencia del deseo. Y de nuevo una novela vertebrada por el desarraigo y la añoranza. Una añoranza inevitable que no resta, sin embargo, el esfuerzo por ser acogido y acoger al nuevo país como propio, una vez se tiene la certeza de un imposible regreso. Y de nuevo, como no podía ser menos, una novela atravesada por una sensibilidad conmovedora, por una ternura que asoma casi en cada línea y un humor apacible, lúcido y hasta triste, si es esto posible.

Y lo es, porque es esta la última maravillosa novela de mi admiradísimo Theodor Kallifatides.

Olivia Lahoya Cuende, Librería Estudio (Miranda de Ebro, Burgos)

“El teatro de los hermanos Seagrave” de Joanna Quinn

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El teatro de los hermanos Seagrave

El teatro de los hermanos Seagrave

Quinn, Joanna

ISBN

978-84-18059-99-5

Editorial

Catedral

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El teatro de los hermanos Seagrave, de Joanna Quinn, narra la vida de tres hermanos en la Inglaterra rural durante la primera mitad del siglo XX, desde 1919 hasta mayo de 1945.

Los Seagrave son una familia poco corriente que reside en una hermosa mansión situada en la costa de Dorset, Chilcombe. Los niños crecen en un entorno bastante salvaje: disfrutan del campo, la playa y las olas del mar con una libertad inusual para la época. No reciben demasiada atención por parte de los adultos. Tanto sus padres como los sirvientes están tan absortos por los invitados que pululan siempre por la casa, que se olvidan de controlar a los niños. Sus padres, inmaduros y narcisistas, viven en una burbuja de lujos, fiestas y alcohol.

Los tres hermanos son como una tribu liderada por Christabel, la mayor, una chiquilla independiente, atrevida y aventurera. La segunda es Flossy, delicada y soñadora, y el más pequeño es Digby, que ya desde niño se verá beneficiado por una serie de privilegios reservados sólo a los varones, como vestir ropa cómoda o recibir una educación fuera de casa. Christabel, inteligente y autodidacta, adora leer y entretiene a sus hermanos con las obras de Shakespeare en su habitación favorita, una oscura y fría buhardilla que siempre representará la unión entre los tres. Un momento decisivo en su infancia será cuando aparece una ballena varada en la playa y Christabel decide construir un verdadero teatro con  los enormes huesos del animal. Con la ayuda de algunos amigos artistas de sus padres, y gracias a su desbordante imaginación, crean un lugar que marcará la vida de los niños para siempre y será un signo distintivo de Chilcombe durante muchos y felices años: el teatro de los huesos de ballena. En ese momento los tres hermanos están absolutamente compenetrados y adquieren seguridad en sí mismos.

Pero el tiempo pasa, los niños crecen y la vida idílica en Chilcome se ve afectada por los terribles acontecimientos que azotan Europa: el fascismo, la Segunda Guerra Mundial y la profunda y prolongada crisis económica. Los habitantes de la mansión van decidiendo qué papel asumirán en la historia de su país, y la casa se va vaciando. “Resulta extraño pensar que toda la gente que conocemos está ahora en nuevos e inesperados lugares. Es como si la guerra hubiese agitado el mundo como si fuera un par de dados y cada uno de nosotros hubiera salido disparado en una dirección diferente” (p. 259).

Cuando acabe la guerra todos habrán cambiado profundamente y Chilcombie tendrá que adaptarse a los nuevos  tiempos. Nada volverá a ser como antes.

Bajo la pluma de la escritora, Joanna Quinn, esta peculiar y excéntrica familia se convierte en el reflejo de una época de cambios radicales. En los años veinte y treinta, superados los horrores de la primera gran guerra mundial, en la clase alta británica todavía existía la ilusión de poder llevar una vida despreocupada, alejada de todo lo demás. Vivir de la renta familiar, derrochar el dinero heredado en objetos superfluos y deleitarse con eventos mundanos frívolos eran actos que durante un tiempo consiguieron llenar el vacío de su crisis existencial. Pero la borrachera duró poco. El terremoto que supuso la Segunda Guerra Mundial sacudió los cimientos de una clase acomodada destinada a desaparecer o, en todo caso, a evolucionar.

Toda la novela parece una obra de teatro muy bien construida, donde los actores, tanto los principales como los secundarios, van ganando en profundidad según avanza la narración. Algunos se pierden en el camino, porque no saben descifrar el papel que los nuevos tiempos les han asignado, o porque lo rechazan. Pero los demás van adquiriendo una personalidad cada vez más definida, enseñando al lector cuáles son los padres y las madres del mundo, tal y como nosotros y nosotras hemos podido conocerlo.

Chiara Delle Donne, Librería Diógenes (Alcalá de Henares, Madrid)

 

“14 de abril” de Paco Cerdà

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14 de abril

14 de abril

Cerdà, Paco

ISBN

978-84-19089-23-6

Editorial

Libros del Asteroide

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Todo en este libro parece modesto, humilde. El tono general, las historias de la gente común, la brevedad de los capítulos, incluso los momentos en los que se habla de los protagonistas de la Historia con mayúsculas. Alfonso XIII, Alcalá Zamora o Carrillo, por ejemplo, son retratados en su dimensión humana, en la aceptación de una derrota, en la firmeza de una actitud, esto es, rebajando la épica casi siempre ensordecedora de las grandes citas históricas para situarlos a la altura de los ojos. La misma cita de Walter Benjamin que abre el libro nos habla un poco del carácter discreto (virtud escasísima hoy día) de su autor, Paco Cerdà, algo que ennoblece su trabajo así como el resultado final: “No tengo nada que decir. Sólo que mostrar”.

La primera parte de esa cita, “Método de trabajo: montaje literario”, también nos resume qué es este libro: Una sucesión de escenas ordenadas por horas según la regla monástica (Prima, Tercia, Sexta…) donde se nos cuenta qué sucedió en España un 14 de abril de 1931. Sí, todos sabemos qué sucedió, la llegada de la República después de unas elecciones municipales, pero pocas veces nos habían contado los detalles con una mirada tan inteligente, tan viva, tan conmovedora y tan escéptica a la vez. El resultado es una narración vertiginosa, arrolladora. Tan pronto estamos en el Ayuntamiento de Eibar, como en un pueblo remoto de Galicia, como en Barcelona de la mano de Maciá, como en la Plaza Mayor de Salamanca acompañando a Unamuno, como en la Academia General Militar de Zaragoza dirigida por un tal Franco. Las visiones trágicas son innumerables: la huida del rey hacia Murcia, la muerte de un adolescente en una manifestación de mineros en Huelva, un parto en Cádiz, la tensión en las redacciones de los periódicos, en las cárceles, en los hogares. Y no faltan los detalles berlanguianos que tan bien nos retratan: el Abc como un Sálvame de la época organizando una encuesta popular a aspirante a Reina que ganó la futura esposa de Alfonso XIII, la inglesa de nombre teatral Victoria Eugenia Julia Ena de Battenberg, o la decapitación de una estatua del clásico Ramón Llull, que pasaba por allí…

Todo este mosaico, todo este gran cuadro panorámico viene precedido de un trabajo de documentación inmenso que abriría otro melón que es inevitable, al menos, comentar de pasada: la tensión entre Historia y Literatura (entre no ficción y ficción, y más allá, entre Ciencia y Arte), que, en nuestra opinión, no se excluyen sino que se complementan. Este trabajo hace bueno aquello que decía Américo Castro, “Los juicios históricos son verosímiles, no exactos”. No podemos dejar la responsabilidad del relato exclusivamente en manos de la Historia sino que necesitamos las grietas que abre la ficción, la imaginación, para respirar, para profundizar en la complejidad de los procesos. Y ese es el gran mérito de este libro, que con impecable rigor histórico y una alta sensibilidad para lo que se le escapa a la Historia, ensancha nuestra idea de lo que fue aquel 14 de abril, nos hace más conscientes como lectores y, quisiera pensar, nos acerca entre nosotros como ciudadanos.

Una última escena, tal vez una de las más tristes, puede resumir el destino de la República que comenzaba ese 14 de abril: Una instantánea del mítico fotógrafo Alfonso en la Puerta del Sol retrata a un militar enarbolando una bandera republicana, aupado por un grupo de civiles, casi casi como en una pintura de Delacroix. Ese mismo militar, Pedro Mohíno Díez, unos años después, en los primeros meses de la Guerra Civil, acabó fusilado, poco importa a estas alturas por quién.

 

Daniel Rosino, Librería Walden (Pamplona)

“El ala derecha” de Mircea Cartarescu

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El ala derecha

El ala derecha

Cartarescu, Mircea

ISBN

978-84-18668-69-2

Editorial

Impedimenta

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El ala derecha, el volumen que pone fin a la trilogía Cegador de Mircea Cartarescu, nos muestra a un escritor sublime, dueño absoluto de la cosmogonía que él mismo fue forjando desde hacía más de una década. Publicada en su país en el año 2007 (tras El ala izquierda en 1996 y El Cuerpo en 2002), ha sido recientemente traducida magistralmente por Marián Ochoa de Eribe para, cómo no, la editorial Impedimenta, casa del autor rumano en España.

Aquí, el increíble tour de force que gravita en torno al final del régimen comunista en su país durante finales de los años 80 llega a un punto de suntuosidad y elegancia literaria más que recomendables para todos aquellos lectores que aún no se hayan leído su obra culmen –de momento– Solenoide. De una u otra manera, aun sin serlo por numerosos motivos, podríamos señalar que es el peldaño previo a la considerada por muchos como “la Primera Gran Obra del siglo XXI”.

Cartarescu irá aguijoneando al lector durante las más de quinientas páginas con diversos registros ya conocidos por todos: uno el intimista y más hermético, ese mundo onírico narrado a quemarropa, como si lo infigurable fuese la verdad que contiene las demás verdades, que abarca toda la obra del autor; el otro reconocido como el de una verdadera alabanza de la memoria, sin importar siquiera la veracidad de las mismas, sin reparar en las leyes naturales de la literatura, dejando verdaderos hallazgos de prosa poética al alcance de muy pocos; y un tercero, revelado en las dos últimas partes de Cegador, y no menos importante, que se disfraza de un nudo gordiano entre su infancia, su juventud, el pasado narrado de sus padres, la caída del sistema, la inquietud por la ausencia de salvación ante un demiurgo que ignora que existimos.

Es en este último en el que encontramos a un Cartarescu mucho más resuelto a acercarse al lector ávido de recorrer la segunda mitad del siglo pasado a través de los ojos rumanos, de brindarnos en sus líneas los largos lamentos de una madre hastiada por hacer colas infinitas por un poco de comida, por la rabia de su padre, por el silencio de ese joven Mircea que permanece largamente como espectador ante la caída final. Nos señala también los miedos perpetuos del pequeño Mircisor, la oscuridad y la luz que también lo oscurece todo por su brillo desmesurado. La vida como un concepto imposible de comprender sin el otro mundo, ese que nos muestra cuando duerme, mientras se duerme o cuando despierta y sigue soñando.

Así, nosotros, lectores afortunados, viajamos en ese sueño que el maestro rumano nos regala, párrafo tras párrafo, asombrándonos con espacios kafkianos, con encuentros pynchonianos, y nos hace partícipes de un verdadero prodigio que ni con la mayor combinación de mutaciones genéticas nos podría ofrecer la propia naturaleza.

Es realmente tentador seguir dirimiendo y diseccionando todos los libros que yacen en este texto, argumentar que la literatura ha de disfrutarse por el simple hecho de la templanza en su belleza, de la destreza implacable de Cartarescu. Es muy tentador, ya digo, pero daría para muchos más folios y no ofrecería, por el contrario, ningún fundamente añadido a la grandeza de este libro porque, sin duda, es una de las obras generaciones de Centroeuropa.

Sólo me queda recomendar su lectura, hasta la última de sus frases.

Vicente Velasco Montoya, La Montaña Mágica (Cartagena, Murcia)