Más libros de la semana de Literatura

“La cultura, querido Robinson” de Guillermo Busutil

Avatar for Los Libreros Recomiendan Por    |

La cultura, querido Robinson

La cultura, querido Robinson

Busutil, Guillermo

ISBN

978-84-17425-40-1

Editorial

Fórcola Ediciones

Mas información

Si colocáramos seguidos en el suelo todos los libros que han pasado por las manos de Guillermo Busutil, podrían dar varias veces la vuelta al mundo, pero no tanto en un sentido físico como, sobre todo, simbólico. Es lo que tienen las bibliotecas: el universo en una habitación. Y este libro en el que Busutil acaba de recopilar muchas de sus columnas en La Opinión de Málaga tiene también mucho de biblioteca personal, y algo de hemeroteca, y de fonoteca, y de filmoteca, y de libro de viajes, y de celebración de la amistad, y todo ello, sin apenas rastro de nostalgia, acaba componiendo una especie de autobiografía o, cuando menos, autorretrato involuntario. Por eso no es exagerado el título que él o su editor han colocado al frente del volumen: la cultura no es algo abstracto y solemne e inalcanzable o inabordable… La cultura, para nosotros, es simplemente la vida. Ortega y Gasset afirmaba que los seres humanos no tenemos naturaleza, sino que tenemos cultura, o, mejor, que la naturaleza específica del hombre es la cultura, y eso afecta incluso a las personas no cultas o directamente analfabetas. Pero para las personas cultas es imposible separar un concepto de otro.

Sucede siempre, y Antonio Muñoz Molina lo explica perfectamente en su prólogo: cuando uno reúne los textos dispersos que ha ido escribiendo aquí y allá a lo largo de los años, se encuentra con que esa recopilación esboza o incluso alza toda una teoría literaria, una perspectiva cultural, eso que se llama “una mirada”, una filosofía particular que a veces, por involuntaria, por inconsciente, sorprende incluso al interesado. Aquí también puede contemplarse con nitidez la peculiar perspectiva de Busutil, con la que ya estábamos familiarizados sus lectores habituales, pero que queda apuntalada con la lectura seguida, con su publicación conjunta. Puede parecer una superstición, pero los libros no sólo reúnen las cosas sino que las redondean, casi se diría que las completan. Y esa peculiar perspectiva cultural de Busutil, a la que aludíamos hace dos líneas, está construida fundamentalmente sobre la alegría, sobre el puro gozo de descubrir, de reflexionar, de crecer. El gozo que produce gozar, por decirlo con una tautología.

Hemos hablado de lectura seguida, pero el libro también admite “picoteos”, “merodeos”, saltos atrás o adelante, para los impacientes que quieran llegar a la sección de cine, o para quienes tengan prisa por leer el “Manifiesto cultural” con el que se cierra el libro. Lo importante es leerlo entero, y quien lo haga encontrará por todos lados esa capacidad del periodista malagueño para decir certeramente las cosas, a menudo en forma aforística. Hay entrevistas, semblanzas de amigos fallecidos, balances de catálogos, recuerdos, bromas, homenajes a librerías o, claro, muchas lecturas. E incluso hay un recuerdo a nuestro Congreso de Librerías de 2018, donde Busutil moderó perfectamente un memorable diálogo entre Alfonso Guerra y Paco Puche (y qué difícil es siempre verse en medio de dos personas tan ingeniosas). Y todo con buen humor, sin participar de esa línea gruñona, tan habitual, de observar los fenómenos culturales. Y sin pesimismo o alarmas excesivas, aunque sí se es consciente de las amenazas, de los cambios, de ciertos empobrecimientos generales.

Es éste, pues, un libro muy especial, Busutil en estado puro, con su ingenio y su erudición, con su memoria y sus ganas de seguir. Habiendo tantas cosas que celebrar en la cultura, también en el futuro, Busutil no pierde el tiempo con lamentos. Y ésa es toda una lección, acaso la principal del autor, la más importante y fácil de compartir. Con la cultura, sencillamente, ya estamos salvados.

“La chica salvaje” de Delia Owens

Avatar for Librería Santos Ochoa Por    |

La chica salvaje

La chica salvaje

Owens, Delia

ISBN

978-84-17743-37-6

Editorial

Atico de los Libros

Mas información

Este libro comienza por el análisis y conocimiento de su propia autora, Delia Owens, quien después de graduarse en Biología en la Universidad de Georgia toma la decisión de mudarse a trabajar en África, en un parque natural de Zambia, para ejercer su profesión. Su carrera le da un valor añadido fundamental a esta obra, que se desarrolla en nuestra querida y cada vez mas débil naturaleza.

La chica salvaje está escrita por la pluma de alguien que ama profundamente la naturaleza y hace depender de ella a su protagonista, Kya, en Carolina del Norte. Kya fue abandonada por todos sus familiares desde muy pequeña y vive en medio del bosque como quien podría vivir en medio de la ciudad sin dinero ni comida, pero crecer en medio de la naturaleza es muy distinto, pues somos parte de ella.

La novela narra la historia de esa pequeña niña hasta su edad madura, con la tristeza del abandono de los seres que la tendrían que haber cuidado pero con el cariño de aquellos que puedes encontrar de manera inesperada y que te ayudan a amar y a crecer y a avanzar en la vida. Es una novela para quienes aman la naturaleza, suavemente descrita, esa naturaleza a la pertenecemos y que estamos perdiendo.

Nelly Gonçalves Figueira, Librería Santos Ochoa (Barcelona)

“Diario austral” de Antonio Rivero Taravillo

Avatar for Los Libreros Recomiendan Por    |

Diario austral

Diario austral

Rivero Taravillo, Antonio

ISBN

978-84-17594-39-8

Editorial

La Línea del Horizonte Ediciones

Mas información

Ahora que hemos entrado en una frondosa temporada de fiestas literarias, de eventos y celebraciones librescas, nos apetece recordar que hay pocas cosas más fáciles en esta vida que montarse una fiesta del libro: basta con elegir un buen título (los libreros podemos ayudarte a ello), hacerse con un sofá suficientemente cómodo (los suecos, que hoy mismo demostrarán que saben mucho de premios literarios, también entienden de muebles) y ya: la juerga puede comenzar.

Con los viajes ocurre algo parecido, aunque admitimos que no es lo mismo, no es lo mismo… Pero que un buen libro de viajes puede ser un fantástico sucedáneo de ese mismo viaje es asimismo algo bastante convincente, y que de hecho está bastante bien documentado en la historia de la literatura, sobre todo en lo que se refiere a las expediciones, cuando viajar significaba algo más que dejarse trasladar de un sitio a otro… Lo que acaba de publicar el activo escritor melillense-sevillano Antonio Rivero Taravillo no es exactamente un libro, sino, explícitamente, un cuaderno de viaje, una libreta de notas, la que le acompañó en su viaje de 2010 por Argentina. Está bien que se publique en una bonita colección de La Línea del Horizonte titulada “Cuadernos de Horizonte”, porque es, en efecto, un diario, no un libro elaborado o completado posteriormente sino el resultado de transcribir las notas “del natural”, los apuntes, las improvisaciones, decoradas con alguna oportuna fotografía. Y es exactamente lo que quiere ser: no una guía de Argentina sino lo que dice su subtítulo: una “Crónica de un viaje a la Argentina”.

Tiene gracia que el traductor, novelista, poeta, biógrafo y crítico Rivero Taravillo haya recurrido a la tercera persona, algo bastante insólito en un diario, y también nos gusta que haya trufado con esbozos de poemas sus notas, pues eso refuerza la impresión de que aquí se ha volcado directamente, sin demasiado procesado posterior, lo apuntado sobre el terreno, lo inspirado por el contacto directo, inmediato, con los paisajes que contempla o las calles que pasea o los chuletones que se atiza. Y si ese terreno es Buenos Aires podemos tener bastante bibliografía a mano, bastantes cosas leídas, una cierta idea de la ciudad y de su historia y de sus peculiaridades… Pero si el viajero no se queda en la ciudad sino que se sube al Iguazú o se baja a Ushuaia, la cosa adquiere mayor interés, como si la sublime fuerza de la naturaleza encontrase su correspondencia en la modesta fuerza de lo que se dice.

Curioso, culto, indagador, melancólico, enamoradizo (¿acaso demasiado?), solitario e ingenioso, el “falso” personaje que ha engendrado Rivero Taravillo para su viaje argentino parece haberse propuesto, ante todo, no fatigar al lector con datos superfluos o informaciones de Wikipedia: él, como es de rigor en la literatura de viajes, ha preferido aplicar su mirada, esa sólo suya, ver lo que sólo él podía ver desde su sensibilidad o sus manías. Hasta la orografía es diferente según quien la mire, y lo objetivo, sea eso lo que sea, lo dejamos para las (magníficas) guías de Lonely Planet. Esto de aquí es literatura, en este caso no sólo estratégicamente breve sino deliberadamente leve, casi eso que ahora se llama ‘casual’, pero a la vez duradera.

En una bonita e impecable edición sin erratas, sin apenas descuidos (Juan Gelman no murió en 1984, como se dice en página 74, sino treinta años más tarde), Rivero Taravillo va del museo al descampado, de la librería de viejo a la pre-Antártida, de la Quilmes a la Pampa, de la pulpería al fin del mundo. Más apegado a Pizarnik que a Maradona, más observador que intrépido, preguntón pero también introvertido, Rivero Taravillo aboceta aquí sus días argentinos durante esos mismos días, y la impresión es ésa, la de la inmediatez, la de la implicación, la de la inmersión, la de cierto “asombro”, por usar un sustantivo al que él recurre significativamente. Y al cabo, claro, lo de siempre en estos libros personales: tenemos ante todo un paisaje interior, un autorretrato con glaciares.

“La herencia”, de Vigdis Hjorth

Avatar for Numax Por    |

La herencia

La herencia

Hjorth, Vigdis

ISBN

978-84-17651-78-7

Editorial

Nórdica Libros

Mas información

Desde la distancia que le da estar fuera de esa célula caníbal que es la familia, Vigdis Hjorth abre su carne, disecciona y tritura su intimidad, para ofrecérnosla en forma de cuchillos, con los que hurgar más profundamente en las heridas. Atravesando años, sombras y distancia, reúne fuerzas para encontrar las palabras que le fueron largamente negadas, y la amargura contenida desborda las páginas, inundando a las criaturas que por allí se mueven, vibrantes, presas de miedo y deseo, atrapadas en sus contradicciones.

La hija desobediente no existe ya como tal, fue extirpada hace mucho tiempo, para evitar que infectase a otros miembros de la familia. Convocada como observadora muda para el ritual de la herencia, desde el momento en que sus pies crucen nuevamente el umbral de la puerta, deberá volver a someterse o precipitarse hacia delante arrastrando a todos a su paso.

En este minucioso relato de violencia estructural ejercida sobre (y entre) mujeres, literatura y realidad se funden sin distinciones, no hay bordes, diríamos que la invocación de algo tan visceral e íntimo solo puede salir a la luz arrugado y congestionado, extraído directamente de las entrañas de la autora. Sin embargo su literatura se presenta tersa y penetrante, y su voz tanto tiempo callada, resuena firme en nuestras cabezas.

Mariña de Toro Cuns, Librería Numax (Santiago de Compostela)

“Desierto sonoro” de Valeria Luiselli

Avatar for Librería de Mujeres Por    |

Desierto sonoro

Desierto sonoro

Luiselli, Valeria

ISBN

978-84-17517-51-9

Editorial

SEXTO PISO

Mas información

(De por qué y cómo me leí Desierto sonoro)

El pasado mes de agosto la editorial Sexto Piso, una de esas editoriales contexteras que me anima a seguir luchando, envió a la librería una galerada (copia no venal, sin corregir, etcétera) de Desierto sonoro, la última obra de Valeria Luiselli. Mi admiración, adicción, por las obras (tanto novelas como ensayos) de la escritora mexicana me impulsaron a sumergirme de inmediato en la lectura y la experiencia superó, debo reconocerlo, todas mis expectativas. De hecho, apenas terminada la primera lectura de las casi quinientas páginas de la novela, sin articular palabra, sin plantearme nada que no fuera releerla, me levanté, estiré las piernas, me fumé un cigarro relajado, cogí afilador y lápiz, encendí un flexo adecuado y me senté a empezar de nuevo. La segunda lectura fue nocturna y silenciosa y fue, especialmente, asombrada. (Definitivamente, no logro comprender a quienes, sabiendo y pudiendo hacerlo, no leen).

Pasados algunos días volví a la carga. Me pertreché para la ocasión de todo el utillaje que consideré imprescindible para la tercera (que no definitiva) lectura: lápiz y afilador, creyones (la influencia francesa en esta isla) de seis colores, una libreta de hojas blancas, dos bolígrafos, un mapa detallado de “la iunai”, el móvil con internet activo y té negro. Empecé entonces la nueva lectura, el estudio, la disección, buscando todas las referencias literarias (muchas), cada pueblo mencionado, cada canción, cada palabra desconocida, cada cifra. No salgo de mi asombro durante las horas que permanezco en el análisis y es que, como saben quienes frecuentan esta página, solo la escritura que obliga a quien lee a participar me interesa, y Desierto sonoro es un claro ejemplo de este tipo de escritura que me convierte en sujeta “proactiva” y no me deja al margen adivinando la historia.

(De por qué recomiendo la lectura de esta obra)

Tras las lecturas hechas, si recomiendo este libro es, obviamente, porque me ha gustado, y mucho. Pero eso nada dice del texto y en nada contribuye a que ustedes lo lean. En consecuencia, y negándome a llenar esta “reseña” de frases aplicables a cualquier novela de cierta calidad (argumentos de venta suelen poner los catálogos que nos llegan), intentaré, en la medida de mis posibilidades, explicarles por qué considero que leer Desierto sonoro es una buena opción.

Considero que hay que leer este libro porque el título incita a hacerlo. Porque nos provoca confusión, porque nos lleva de manera automática al desierto de Sonora, porque choca con el concepto de desierto generalmente asociado al silencio, porque es provocador, porque parece contradictorio y porque, pese a lo dicho, es un título que se corresponde con exactitud casi matemática al contenido del libro. Y es que los desiertos son muchos y no todos geográficos, y la vida está repleta de desiertos, y de sonidos y ecos.

Considero que hay que leerlo porque los elementos con los que se urde la historia son tan cercanos, tan conocidos, tan aparentemente inocuos como lo es nuestro transitar la vida. Luiselli nos presenta a dos adultos, él y ella, que son pareja; un coche expresamente comprado (de segunda mano) para el viaje que se inicia; dos niños, ella y él, que son hijos de cada adulto pero no de ambos. Nos presenta siete cajas, algunas vacías, otras llenas o en proceso. Nos presenta cintas de música y cuentos grabados (maravilloso el papel que cobra El señor de las moscas) y un enorme mapa del territorio que van a cruzar saliendo de Nueva York. Nos presenta dos proyectos de vida y tres miedos, muchos instrumentos de grabación y una polaroid. Y con estos mimbres y un amplísimo vocabulario del español con más hablantes y menos reconocimiento, nos cuenta una historia sin mayúsculas y con verdad.

Considero que hay que leer Desierto sonoro, porque con los ingredientes antedichos Luiselli fabrica un extraordinario combinado, un artefacto literario (novela, ¿por qué no?) que se yergue sobre cuatro partes, trece capítulos, siete cajas, veinticuatro fotos (la polaroid, ya saben), ciento cuarenta y tres subapartados con elegías incluidas y muchas, muchísimas vidas. Y el artefacto se sostiene, mantiene el ritmo, nos introduce en múltiples laberintos, nos acompaña y nos muestra, describe y explica tantas realidades que se convierte, porque lo es, en un mundo: el nuestro.

Y es que, en definitiva, Desierto sonoro merece ser leído porque Valeria Luiselli nos muestra, con precisión de relojera, los engranajes de parte del mundo que vivimos, obligándonos a realizar un viaje que no es solo desplazamiento espacial (ningún viaje lo es), sino salto temporal y reflexión individual (si se lee en solitario) sobre la vida propia y ajena, individual y colectiva, oficial y secreta. Porque nos regala múltiples espejos para pensar las relaciones de pareja y la manera en la que nacen, crecen y. Para sopesar la importancia de las lenguas maternas y la manera en que se acallan con la excusa de la normalidad o normatividad. Para meditar sobre el gravísimo problema de las personas (y particularmente de las niñas y niños) que migran hacia Estados Unidos en busca de un refugio que solo de manera excepcional consiguen. Para aceptar que conocemos los horrores de viajar en “La Bestia” y no hacemos nada. Para reconocer el plus de violencia que sufrimos como mujeres, en todo el mundo, y en todas las situaciones. Para mirar y mirarnos, reconocer la burocracia insaciable, la infancia sacrificada, las grietas abiertas entre lo urbano y lo rural. Espejo, espejos, para pensar y pensarnos.

El viaje, no uno concreto, sino el que de una manera u otra todas, todos, hacemos. El viaje de la vida se recoge en este Desierto sonoro que, por si fuera poco, la escritora narra en dos voces que actúan como cámaras, como puntos de vista, como enfoques que nos obligan a ver el panorama completo sin dejarnos opción para apartar la mirada. Y esos puntos de vista están justificados y agradecidos, porque la autora no se esconde, no imita, no juega con quien la lee sino que, muy al contrario, ofrece todas las herramientas para que la sepamos (muchas son, por eso, las citas y referencias de la novela).

(Y en cualquier caso…)

Ninguna lectura es obligatoria, ni debe serlo, a mi juicio. Todo lo dicho puede suprimirse porque para gustos colores y etcétera. Por mi parte, si la vida me lo permite, les aseguro que volveré a leer Desierto sonoro porque nada me hace tan feliz como el asombro que me cuestiona y me empuja.

Gracias a la autora por el texto y a la editorial por su apuesta.

Gracias a la vida, que me ha dejado leerlo.

Izaskun Legarza Negrín, Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife)