Más libros de la semana de Literatura

“Un lector” de George Steiner

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Un lector

Un lector

Steiner, George

ISBN

978-84-18245-68-8

Editorial

Siruela

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Se cumple un año de la muerte de George Steiner y la editorial Siruela publica bajo el título de Un lector una selección que el propio Steiner hizo de lo que él pensaba que eran sus mejores ensayos hasta los ochenta. Hace un año moría también Harold Bloom y en todas partes se aludía a la muerte de la erudición. Una extraña y terrible saga se terminaba con dos de los principales examinadores del mito.

Así como el mito modela y crea la realidad que está por venir, ciertos pensadores, en su interpretación del pasado, nos muestran unas llaves que abren un poco más adelante las despensas del futuro. El crítico, o más bien el lector crítico; o más bien el caso que Steiner representa y que parece difícil de definir, si es tan afilado y tan agudo como él lo fue, probablemente esté escribiendo lo que ha de venir con las herramientas que le ofrece su presente. Existe un peligro, sin embargo, en el método de retroceder ante un cuadro, un texto, y, ya que estamos, ante el mundo: Steiner lo ejemplifica en estas páginas con el caso de la semiótica francesa. Puede tener este método la intención de perpetuarse, de convertir la mirada individual en juicio universal. En ese error incurriría Bloom en algunos de sus libros.

Hay un paralelismo, con ciertas distancias, entre dos libros originales y problemáticos que son La ansiedad de la influencia de Bloom y En el castillo de Barba Azul de Steiner (del que se incluye un ensayo en el final de Un lector). Son estos, dos libros que comparten la audacia de la juventud. Si bien el Castillo de Barba Azul queda en algunas de sus páginas superado por la tecnología y la velocidad del presente, es un texto que podría medirse con las Inquisiciones de Borges, tanto por su erudición como por su espíritu de ensayar; porque el ensayo, y esto puede parecer muy obvio, ensaya. Conviene recordar estos dos libros, que corresponden a los inicios de ambos autores, porque a pesar de haber sido nombrados los más altos eruditos de su tiempo, hubo un momento en que la Academia se enfadó mucho con ellos. Aún hoy lo sigue haciendo, y es comprensible, porque a uno no le gusta que le despierten de la siesta.

Steiner fue muy consciente de lo subjetivo de la crítica, de lo voluble de esta, y también de la importancia de que estuviera sostenida hasta el final por el estilo. Ese estilo, que produce siempre pensamiento original, se apoyó en su caso en una erudición que abarcaba todas las cosas humanas. Leyendo los más de treinta ensayos que componen este libro uno piensa que qué más puede querer un escritor que no ser actual, que qué felicidad ir a destiempo. Y qué felicidad hacerlo también intempestivamente, porque las líneas de investigación que siguió Steiner son asintóticas, dan vueltas y vueltas sin llegar a tocar nunca la curva plenamente. Steiner, que murió con la dignidad de ciertos filósofos, nos recuerda que cuando la muerte de los oráculos, lenta y progresiva durante el Imperio Romano, la lectura del futuro en las tripas de animales o en los ojos de los peces fue sustituida por otras formas de pronóstico. Si bien la adivinación vivió sus momentos bajos, esta no desapareció. Steiner fue consciente de esto, sabiendo que con él no se terminaban los libros.

Miguel Rodríguez, Santos Ochoa (Salamanca)

“Almanaque de la intemperie” de José Luis Rodríguez García

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Almanaque de la intemperie

Almanaque de la intemperie

Rodríguez García, José Luis

ISBN

978-84-121120-6-1

Editorial

papeles mínimos ediciones

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Los alumnos que, allá en torno al 2000, rondábamos la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza nos colábamos más de una vez, en plan “oyente” o con espíritu polizón, en las clases de José Luis Rodríguez García (León, 1949), pues, aparte de su fama como profesor, era el autor de poemas que veinte años atrás, con la intermediación de Gabriel Sopeña, se habían convertido en canciones míticas en la ciudad. A mí, por generación, me decía más “Debes saberlo” que “Cass”, me impresionaba más “la alquimia de los diccionarios” que “la última estrofa de Dylan”, aunque hoy, releyendo Tan sólo infiernos sobre la hierba (el libro de 1981 donde estaba el poema “Cass”), confirmo que allí estaba ya todo lo que hoy sigue funcionando, menos juvenil, más descarnado, pero igual de poderoso y significativo, en Almanaque de la intemperie. Entre el primer libro citado (que no fue exactamente el primero de su obra) y el que comentamos hoy (que, seguramente, no es el último), los lectores habituales de Rodríguez García hemos encontrado verdaderos hitos de la buena poesía, como las primeras páginas de su novela Manos negras, o aquella certeza de que “hasta enfermar es hermoso en esta vida” (en un poema de Luz de Géminis), o aquella declaración de que “odié hasta lo increíble hablar de mí mismo” (algo tan poco de moda en la literatura…) en el Elogio de la melancolía

Llegados a 1993, y a su libro En la noche más transparente, comprendía que “Llego a la edad / en que recordar es solemne. / Ahora tiene el pánico / sentido. / Esperada aflicción para mí: soñé ser marinero y amigo, / o lagarto bajo un sol magnífico, / pero soy, tan apenas, quien evoca / lo que quiso ser”… Ése ha sido el tono desde entonces (y el que había sido hasta entonces, en realidad, en sus poemas de más juventud): escamado con la inflexibilidad del paso del tiempo y con las  cosas del capitalismo (no era raro que fuera un repartidor de cocacolas quien atropellara a “la chica más guapa de la ciudad”), soñador incurable, buscador de ternura (“Acaso el espacio más amado por los hombres”, según se aventuraba en otro poema de Los ojos verdes del búho), oscilando entre la gloria y el existencialismo… sus poemas han sido siempre de una extraña regularidad en forma (que no en extensión) y sobre todo en tono: los versos parecen ser el resultado de la nostalgia de lo nunca sucedido, del estupor producido por lo que quedará para siempre pendiente de ser realizado, una mezcla de imaginación y anhelo, con mucha evocación de ciudades como sinécdoque de todo lo evocable, de amores imposibles o aun indeseables, de aventuras y de tesoros a medio enterrar. A veces se extravía en la cultura (todos sus libros rebosan alusiones a filósofos, escritores, músicos…), como ancla segura para ir intentando entender la propia vida, y lo aparentemente autobiográfico, tímidamente consignado, muy intermitentemente dicho, funciona ante todo como un impulso eficaz para seguir fantaseando. Un pequeño vistazo a la realidad multiplica las ganas de seguir inventando.

En este nuevo libro, editado de forma virtuosa por Papeles Mínimos, volvemos a los poemas más bien extensos, anafóricos, digresivos, acumulativos, enumerativos a veces, liberados y, sobre todo, liberadores. Alguien podría leer aquí un ensayo de claudicación o de despedida por parte de alguien que “va llegando a una edad”, pero lo cierto es que Rodríguez García siempre escribió sobre estas cosas, y siempre lo hizo de este modo. Siempre hubo un poso de amargura que queda amortiguado con una mirada a los tejados, siempre hubo insatisfacción y no sé si alegría, pero sí desde luego la obviedad de que la vida sigue (y qué bonito que el último poema de este libro se titule “Penúltimo poema”, anunciando un futuro tan incierto como probable), aunque siempre se tuvo muy en cuenta la muerte. En este libro, además, el autor se apunta al famoso “tema de España” (insólito en su poesía, si no me equivoco), con un poema ambiguo pero más bien duro, y vuelve a haber poemas de amor difuso, “monólogos” de personajes inventados, una rectificación del mundo y una confirmación de la vida, el buen propósito de perseverar, que no de perdurar.

La obra poética de José Luis Rodríguez García es una de las más originales, libres y constantes que conocemos, el fruto de una insistencia, de una ilusión que, precisamente, se ve reforzada al verse escrita: su poesía no es la constatación de una felicidad, sino felicidad en sí misma por el simple hecho de poder decirse, desarrollarse, desplegarse, toda una vida paralela que calienta o consuela o completa la vida bipolar, magia y tristeza, que tenemos por aquí.

Juan Marqués, ‘Las Librerías Recomiendan

 

“Soñó con la chica que robaba un caballo” de Sabina Urraca

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Soñó con la chica que robaba un caballo

Soñó con la chica que robaba un caballo

Urraca, Sabina

ISBN

978-84-8381-263-1

Editorial

Lengua de Trapo

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Sabina Urraca inaugura los nuevos Episodios Nacionales bajo la batuta de Lengua de Trapo con un fresco sobre los atentados de Atocha y la brecha que se abrió en nuestra sociedad. Desde la distancia de una residencia de estudiantes, las dos protagonistas se ven envueltas en todo un torbellino político que no esperaban. Su despertar sexual y social se ve ennegrecido por una nube de desgracia y cuerpos en las vías filmados por las cámaras televisivas y manifestaciones con lazos negros frente a la sede del Partido Popular.

Años después, la protagonista reconstruye los hechos desde su memoria tras recibir un mensaje que aviva todos los huecos que había en su memoria. Y es que esta novela trata, precisamente, de todos esos vacíos que dejan los grandes acontecimientos de la historia nacional, de cómo se construye y reconstruye una memoria personal cuando el momento histórico es de tal envergadura que no tienen cabida las pequeñas historias personales. Todo ello, por supuesto, envuelto con todos los elementos de la educación sentimental de una época, con banda sonora de Belle & Sebastian y los Soñadores de Bertolucci de fondo.

NachoGonzalo y AlfonsoTipos Infames (Madrid)

“Hamnet” de Maggie O’Farrell

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Hamnet

Hamnet

O'Farrell, Maggie

ISBN

978-84-17977-58-0

Editorial

Libros del Asteroide

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Esther Gómez, de Moito Conto (La Coruña), nos manda una fenomenal vídeo-reseña sobre Hamnet (Libros del Asteroide), de Maggie O’Farrell, uno de nuestros libros favoritos esta temporada.

Si quieres ver y escuchar a nuestra librera Esther, pulsa aquí:  Vídeo

“Desde la librería Moito Conto, de A Coruña, queremos recomendaros hoy la lectura del último libro de la escritora Maggie O’Farrell, en el que se narra la vida de la familia de Shakespeare. A partir de la enfermedad y la muerte de uno de sus hijos, la escritora irlandesa nos introduce en una historia de ficción muy entretenida, que lleva a través de dos hilos temporales en los que conoceremos mucho sobre la mujer y los hijos del poeta y dramaturgo. […]

Está llena la novela de detalles, es sumamente sensorial, los personajes evolucionan maravillosamente, y hay escenas muy teatrales, por ejemplo sobre la peste negra, aunque no es un libro sobre la peste.

Está muy bien traducida por Concha Cardeñoso. Estamos en el siglo XVI, pero tanto la autora como la traductora consiguen que nos emocionemos y nos conmovamos como si estuviésemos viviendo los acontecimientos.

Es un libro que recomendamos muchísimo en la librería, y que está gustando mucho a un público muy amplio. Una novela publicada por Libros del Asteroide que no podéis dejar de leer”…

 

“Trigo limpio” de Juan Manuel Gil

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Trigo limpio

Trigo limpio

Gil, Juan Manuel

ISBN

978-84-322-3791-1

Editorial

Seix Barral

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Sobre el confuso magma de la memoria

En la autoficción el escritor no dice necesariamente la verdad, aunque hable de sí mismo. Siendo el narrador Juan Manuel Gil, es evidente, y lo aclara en más de una ocasión, que «no es conveniente confundir narrador y autor», aunque ambos se llamen del mismo modo, se dediquen a lo mismo y hayan escrito los mismos libros, con idéntico resultado. Estamos pues ante una fabulación que Juan Manuel Gil desarrolla, en ocasiones como si fuera una investigación policiaca, sobre tres personajes: Huáscar, Simón y él mismo. Y así nos encontramos dentro de una búsqueda imposible de la verdad y la memoria, en la que Huáscar es un personaje-mito que alimenta la imaginación de un grupo de niños de El Alquián, un barrio junto al aeropuerto de Almería. Simón es uno de los miembros del grupo, junto al propio Juan Manuel Gil, el del fallo multiorgánico y el del síncope, que así se denominan en la novela dos de los amigos de infancia. Porque la novela está contada en un tono desenfadado, en ocasiones humorístico, lejos de la acidez y autocrítica que derramaba su anterior novela, Un hombre bajo el agua.

Trigo limpio gravita sobre la búsqueda de ese antiguo amigo de infancia, Simón, que abandona el barrio y cuyo destino es la excusa que nos conducirá hasta las páginas finales. Porque si ésa es la excusa, el motivo principal no parece ser otro que indagar en la función de la memoria y cómo la construimos y deformamos, con materiales no siempre fiables. Desentrañar la fragilidad del yo es el motivo último de la búsqueda, exponiéndose Juan Manuel Gil a un agitado ejercicio de introspección en ese confuso magma de recuerdos con el que todos intentamos mantener en pie nuestra identidad.

Y ese viaje se desarrolla en un barrio tan aparentemente ajeno a la literatura como El Alquián, que no es Barcelona ni Nueva York, bien armadas de una sólida historia literaria. Pero la infancia es ese lugar mítico desde el que construimos nuestra vida, esté en la Gran Vía, la Quinta Avenida, las Ramblas o en El Alquián.

Léanla, no se arrepentirán. Merecido Premio Biblioteca Breve 2021 para Trigo limpio.

Isidoro Salvador Villanueva, Librería Metáfora (Roquetas de Mar, Almería)

“Tienes que mirar” de Anna Starobinets

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Tienes que mirar

Tienes que mirar

Starobinets, Anna

ISBN

978-84-17553-90-6

Editorial

Impedimenta

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“Una cosa es inventar historias de miedo y otra muy distinta es convertirse en la protagonista de un cuento de terror. Dudé mucho tiempo si merecía la pena escribir este libro. Es demasiado personal. Demasiado real. No es literatura”.

Así se inicia el nuevo libro de Anna Starobinets que ha publicado la editorial Impedimenta con traducción de Viktoria Lefterova y Enrique Maldonado. Así, con una declaración tan sincera como falsa porque, como la propia autora reconoce en el siguiente párrafo, “este libro no trata solo de mi pérdida personal (…) Este libro habla de la humanidad y de la falta de humanidad en general” y, añado, este libro es literatura, porque la autora es escritora y porque la literatura, como suele afirmar mi admirada Marta Sanz, no sólo refleja el mundo sino que pretende cambiarlo. Y precisamente cambiar el mundo, modificar aunque sea la conducta de una persona, mover a la reflexión, es una de las pretensiones de este texto, duro y simultáneamente tierno, que nos ofrece Starobinets.

“Tienes que mirar”, con su título imperativo que cobra razón en el texto y más allá de él, es un libro en el que la excelente escritora rusa cuenta su experiencia en un embarazo deseado que se convierte en una tortura desde la décimosexta semana, por la confirmación de una malformación fetal que no da oportunidades a la vida, y por la terrible elección que debe hacer la madre entre abortar tardía y dolorosamente o parir, de forma inducida y también dolorosa, a un niño que como máximo sobrevivirá veinticuatro horas. Pero no es sólo eso porque la autora, a partir de su historia personal de terror, realiza una disección crítica de numerosas cuestiones que tienen que ver con la sanidad pública y la privada, con el maltrato psicológico a las mujeres, con la deshumanización, con los foros de internet y los troles que se dedican a boicotear cualquier atisbo de sentimiento sincero en las redes, con el papel de la religión y sus imposiciones sociales incluso a las no creyentes, con la soledad y el aislamiento frente a profesionales tan eficientes como fríos, con el duelo y sus etapas, con los miedos.

Hay en este libro, que se lee sin respiro, una certera crítica al sistema de sanidad pública de Rusia, calificado de “país subdesarrollado” por la autora frente al hospital berlinés en el que termina su travesía de horrores que, por desgracia, quienes hemos tenido experiencias similares podemos equiparar con el maltrato médico ejercido por una parte de la sanidad española. Pero hay más, mucho más, porque a través de la disección periodística de los errores y horrores padecidos Starobinets deja entrever una apasionada reivindicación de la vida y de la palabra, de la conexión entre mujeres, de la sinceridad en la familia, de la literatura como compromiso y posibilidad de cambio porque “lo único que sé hacer es escribir. No tengo ninguna otra habilidad para cambiar el mundo”.

Anna Starobinets ha escrito magníficos libros de ciencia ficción y nos ofrece ahora un libro de vida real, vivida y fechada: “Tienes que mirar” es un libro de denuncia. Y es literatura. Literatura comprometida con la vida, con la palabra, con la posibilidad de cambio, con la necesidad de mirar, aunque no nos guste. Un libro para leer y compartir, para reflexionar en grupo, para hablar y gritar, para saber que no estamos solas y que la maternidad, el aborto, la gestación y todo lo que tenga que ver con nuestros cuerpos es nuestro y ningún foro de internet, ningún grupo de “profesionales”, ningún colectivo académico tiene derecho a responsabilizarnos, a culpabilizarnos, a estigmatizarnos.

Izaskun Legarza Negrín, Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife)

“Neuromante” de William Gibson

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Neuromante nº 01/03

Neuromante nº 01/03

Gibson, William

ISBN

978-84-450-0940-6

Editorial

Minotauro

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El ciberespacio. La red. El mar de datos que lo llamaban en la Ghost in the Shell de Mamoru Oshii.
El ciberespacio. Es muy probable que, en alguna parte del mundo, alguien pronuncie la palabra sin saber que la acuñó William Gibson en su relato “Johnny Mnemonic”.
En este paisaje de información pura, inimaginablemente más complejo que nuestra actual internet, las fronteras físicas de teclado y ratón han desaparecido, sustituidas por conexiones directas a través de implantes craneales. Un universo virtual regido por leyes propias, donde todo se mide por el ancho de banda. Un macrocosmos estridente que se mueve a ritmo de synthwave y la velocidad de un haz de fotones.
Y mientras el ciberespacio brilla y crece, en Neuromante el mundo real se agria y se pudre. Un cadáver desnudo donde la humanidad languidece y trapichea como pixeles muertos recorriendo un monitor obsoleto. Una carroña dominada por las megacorporaciones zaibatsu, empresas de alcance planetario, que han instaurado regímenes totalitarios bajo un espejismo tecnológico.
Compra. Consume. Vuelve a comprar.
Frente a ellas tenemos a los cowboys, como el protagonista de la novela, individuos de mentalidad contestataria, que surfean el ciberespacio en pos de la creación de una conciencia global compartida, libre del yugo de las corporaciones.
Pero Neuromante no se detiene ahí, y el autor también nos habla de temas ya clásicos de la ciencia ficción. En este caso de la invasión del cuerpo mediante prótesis cibernéticas e implantes, y la del cerebro a través de interfaces CPU-mente y neuroinjertos. Se diluye así la esencia humana en pos de un híbrido cromado, un cyborg que nos acerca un paso más al transhumanismo y a la singularidad, y nos aleja, a un tiempo, de la caverna.
Y Neuromante es, también, en última instancia, la historia de una inteligencia artificial, Wintermute, con anhelos de trascendencia y divinidad. Una voz surgida del propio flujo de datos del ciberespacio, una Venus nacida, ping a ping, de la espuma virtual de un océano de información.
Neuromante es una novela extraña por su fuerza visionaria, y ardua por el carácter hermético de sus postulados. Gibson maneja una objetividad casi quirúrgica, una suerte de método científico aplicado con fines literarios. Toma ideas y las lleva hasta sus últimas consecuencias, y produce una sobrecarga sensorial en el lector que es casi un mal viaje de LSD.
Como artefacto novelesco, Neuromante posee una imaginación apabullante, y da muestras del genio literario que hay detrás. Un pavoroso ejercicio de anticipación, que funciona con la precisión de los transistores de un microprocesador y que, como la mejor ciencia ficción, usa el futuro para hablarnos de nuestro presente.

Bienvenidos al Invierno Mudo.

Sergio García, Librería Dorian (Huelva)

“Azufre” de Pepe Cervera

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Azufre

Azufre

Cervera, Pepe

ISBN

978-84-122911-9-3

Editorial

Tres Hermanas

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-Tom, dime la verdad
-¿Qué verdad?
-¿Qué ha ocurrido con los finales felices?
Con esta cita de Ray Bradbury se cierra Azufre, el nuevo libro del escritor valenciano Pepe Cervera, recién publicado por la editorial Tres Hermanas. Cita que da cuenta del tono del libro en su totalidad: siete cuentos largos y profundos que vienen a trazar el mapa de la relación con su padre.  Y es que… ¿acaso hay finales felices cuando se ha abierto semejante brecha de dolor?
Decía el otro día el escritor Ernesto Calabuig que este libro es toda una aventura espiritual. Creo que no hay mejor manera de definirlo. Una aventura de emoción abisal para su autor y para los lectores que se adentren allá donde el texto quiera llevarlos.
Como en los buenos libros, el lector inevitablemente añadirá sus propios recuerdos o cicatrices, participando del mismo viaje, doloroso y liberador, que emprendió Pepe Cervera al meterse hasta los codos en su materia más sensible.
En su boca (pues aparece el propio Cervera como personaje) o en la de otros, el autor describe una relación dañina desde su origen que todavía hoy le hace preguntarse cómo pudo ser y por qué tuvo que ser así. Todo el libro es esta búsqueda de respuestas, esta confusión y turbación a la que nos sumamos como lectores.
Pepe nunca diría de sí mismo que es escritor, más bien un tipo que intenta escribir libros en un zulo de su garaje, al más puro estilo Cheever. Es, sin embargo, autor de otros cinco libros de cuentos y un poemario de juventud. De todos ellos, creo que es éste el que mejor refleja lo que pareciera que Pepe ha estado buscando en la literatura. Y, como los buenos escritores, nos emociona, nos llena de congoja y nos maravilla, todo al mismo tiempo.
Almudena Amador, Llibreria Ramon Llull (Valencia)