Más libros de la semana de Literatura

“Manifiesto por la lectura” de Irene Vallejo

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Manifiesto por la lectura

Manifiesto por la lectura

Vallejo, Irene

ISBN

978-84-18436-36-9

Editorial

Siruela

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El librero Antonio Chéliz, de La General (Aínsa), nos envía una de sus originalísimas vídeo-reseñas para hablar del “Manifiesto por la lectura” de Irene Vallejo (Siruela).

“Este manifiesto de Irene Vallejo es un libro de amor verdadero. […] Lo recomiendo como el regalo de Navidad perfecto para cualquiera que tengo más de once años”…

Puedes ver la video-reseña aquí.

 

“Los libros de Terramar” de Ursula K. Le Guin

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Los libros de Terramar. Edición completa ilustrada

Los libros de Terramar. Edición completa ilustrada

Le Guin, Ursula K.

ISBN

978-84-450-0861-4

Editorial

Minotauro

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Aquel que conoce el nombre verdadero de las cosas tiene poder sobre ellas. Este axioma, de hondura insondable, impregna por completo todo el corpus narrativo que conforma la saga de Terramar. Aquí, en el salvaje y hermoso archipiélago parido por Ursula K. Le Guin, todo posee un nombre designado desde el primer día de la Creación, inextricablemente unido a su ser como un tatuaje dibujado en el hueso.

De aquí se extrae una vieja enseñanza, más vigente que nunca en estos tiempos de bulos y posverdad: la palabra (y por extensión, el número) como el acto de creación y, a un tiempo, de destrucción, definitivo. Es decir, la literatura como el rasgo diferenciador del ser humano con respecto al resto de criaturas, el vehículo a través del cual nuestra civilización ha codificado su pensamiento y ha expresado de manera tangible sus deseos de trascendencia. Desde que el primer homínido pintó la silueta de su mano en la superficie rocosa de una cueva, o desde que el primer escriba sumerio cinceló el cuneiforme en una tablilla de arcilla, somos, y siempre seremos, la suma de nuestras historias.

La pluma es más poderosa que la bomba de hidrógeno.

A partir de esta semilla, Terramar crece y se ramifica y se convierte en una historia que es brillante a todos los niveles. Una saga que se erige, junto con El Señor de los Anillos, como el clavo dorado de la literatura fantástica de todos los tiempos. Terramar es, en definitiva, un triunfo de las letras, un legado que recogieron las generaciones posteriores de escritores, los cuales enriquecieron un género aupados sobre los hombros de gigantes.

Terramar es épica, oscura y violenta. Es íntima, féerica y sensible. En ella caben desde el silencio de los primeros bosques hasta el estruendo crepitante del último dragón. Sus personajes poseen la misma fuerza casi totémica de los héroes y los demonios de las epopeyas mitológicas. Gavilán es una creación inmortal, como pueden serlo Frodo, Gandalf o Aragorn. A través de sus ojos, de su auge y caída como mago legendario, de sus sacrificios y triunfos, asistimos al devenir infausto y a las luchas que desgarran el archipiélago.

Comparada con el resto de su obra, donde la fantasía y lo sobrenatural no son más que un susurro apagado, un latido distante, en Terramar Le Guin nos ofrece una saga donde lo fantástico grita como una alarma enloquecida, cae como un diluvio cálido y eterno. Clama con la métrica precisa de un conjuro, te empapa con el clamor salvaje de los imperios en liza, o con los versos tristes de la canción de un bardo. Y es esta una canción antigua y poderosa, de contralto, que bebe directamente de las mismas fuentes de las que nacen las leyendas, y cuyas endechas no serían ajenas a ser narradas alrededor de una hoguera por un pastor de la edad de bronce. Destila la sabiduría del primer contador de cuentos y la fascinación del primer humano que levantó la mirada a las estrellas.

Somos la suma de nuestras historias…

Yo he estado allí, he sentido el invierno frío a orillas del Mar Interior, he susurrado palabras de poder en las altas torres de Roke, y he sangrado triunfante sobre las cenizas de razzias kargas.

A veces, durante algunas mañanas de verano, cuando huelo la costa, aún creo que sigo allí, que el viento me trae la voz implorante de alguien pronunciando mi nombre verdadero.

Sergio García, Librería Dorian (Huelva)

“Elástico de sombra” de Juan Cárdenas

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Elástico de sombra

Elástico de sombra

Cárdenas, Juan

ISBN

978-84-17517-52-6

Editorial

Editorial Sexto Piso

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Vamos, si se me permite, a dejarnos de tonterías e ir al grano: muchos de los que leemos literatura de una forma probablemente ya no tan compulsiva y omnívora como antaño, pero sí igual de indagadora, de curiosa o, desde luego, de sedienta…, lo hacemos en busca de todo eso que las novelas de Juan Cárdenas nos van a regalar de un modo seguro. Y eso es así porque la sensación es que las novelas de Cárdenas no es que cuenten cosas, que también, sino que hacen cosas, ejecutan cosas, son cosas nuevas, organismos vivos y autónomos, libres.

Hace tres años, reseñando por aquí su penúltima obra maestra, El diablo de las provincias, ya repasamos apresuradamente la trayectoria narrativa del colombiano, y no vamos a volver a ello: sólo anunciar algo ya casi consabido, y es que su nuevo relato, este Elástico de sombra, es otro de esos textos que enaltecen no sólo la narrativa sino el gesto mismo de escribir. Quien escribe esto cumplió los críticos cuarenta años hace unas pocas semanas, y ya ha empezado, en efecto, a desconfiar un tanto de lo novelístico, a mirar un poco de reojo la sección de ficción de nuestras librerías… pero, como para darme una oportuna colleja y llamarme al orden, llega esta breve novela para recordarme que hay zonas de la realidad (y no confundamos lo real con lo visible) a las que sólo la mejor imaginación, la mejor fabulación, la mejor novela puede llegar. Cárdenas podría haber escrito un vibrante ensayo sobre el mismo tema de este libro, un estudio monográfico sobre ese arrinconado arte marcial, la esgrima con machete, prácticamente extinguido en la zona del Cauca, y que tiene algo de baile y algo de magia, algo de ceremonia y algo de brujería, y que en algún momento, en el corazón más frondoso de las selvas, pudo ser crucial para decidir batallas, cuando hombres aparatosamente armados, sin tiempo para darse cuenta de que habían muerto, caían ante fantasmagóricos negros desnudos que aparecían de la nada, literalmente de la nada, surgidos de sí mismos, hechos de aire, rápidos como la luz de sus filos… pero hubiera faltado algo esencial, que es el rodeo, lo indirecto, la sugerencia, el decorado, el contexto, y con todo ello una verdad vertiginosamente más profunda que la superficial verdad de la realidad. En este caso, además, la necesidad de la narración, de la literatura, viene dada por los propios enigmas de lo que quiere ser expresado: aquellos macheteros eran los descendientes de los africanos que, como esclavos, habían llegado en barcos conducidos por los ascendientes de esos que morían sin ver a sus verdugos, delgados como ramas, silenciosos como charcos. Si hay que poner esas sabidurías antiguas al servicio de la reparación y de la justicia, se ponen, pero esos bailarines de la cuchilla eran hombres de paz, hombres, de hecho, indolentes, despaciosos, cordiales… y es en esas situaciones donde Cárdenas nos los presenta, ya ancianos y cansados, un tanto desubicados y aturdidos, de vuelta ya de todo, dando vueltas a sus sombreros como si fueran volantes de un vehículo, contando historias de aparecidos y mirando con nostalgia las montañas, donde acaso vivan también unas mitológicas mujeres macheteras…

El presente de esos viejos guerreros de retirada se funde en Elástico de sombra con un pasado que acaba envolviendo todo, un solapamiento de tiempos propio de la poesía que aquí se hace prosa magistral, y que además se mete con coraje en los asuntos de la pura actualidad colombiana, con las reivindicaciones de las provincias indígenas para protegerse de la codicia oficial, asuntos sobre los que no tenemos ni idea pero en los que nos fiamos plenamente de la perspectiva del autor. No diremos mucho más, porque esta reseña quiere ser una invitación a la lectura, no una tertulia con quienes ya se encuentran “en el secreto”. Y puede que haya alguien que ande por ahí escribiendo un español más sabroso y rico que el que Cárdenas vierte en sus narraciones, pero yo, hoy por hoy, no lo conozco (y qué bochornoso y sonrojante fue leer hace unas semanas a un insolvente crítico español, incansable en sus tropiezos, “perdonar la vida” a Cárdenas por su novela, protestando por que nos llegue rebosante de léxico “exótico”, “americanismos” o “colombianismos”… Sería como quejarse de que en fin, la paella está bastante rica, sí, pero lo malo es que lleva arroz…).

Con el permiso (es un decir…) del autor y de Sexto Piso, copiamos un fragmento: la novela no trata específicamente sobre la esclavitud, pero esta pequeña digresión, o este “flash-back” necesario, pueden dar fe de qué tipo de literatura, colérica y alegre a la vez, enérgica y sublime, andamos hablando:

… “el veterano machetero vio desfilar ante sus ojos en pocos segundos una historia de siglos y siglos: sus antepasados, los que sobrevivieron a la travesía del infame barco donde los trajeron apeñuscados, ensalchichados dos meses con el culo del vecino en la cara, dos meses en alta mar, sin poder siquiera mirar a dónde o por qué camino te estaban llevando, a oscuras en las bodegas junto al resto de la carga comercial, comiendo los desperdicios de los desperdicios que producía el barco, cagando allí mismito, tratando de descifrar las lenguas de tus compañeros de infortunio capturados en los cuatro rincones de África; difícil llevar la cuenta de los vivos, mucho más difícil saber cuántos no consiguieron superar la prueba y fueron arrojados por la borda, pero que fuimos muchos nadie lo duda, millones y millones de personas que, una vez a bordo del barco, nos convertíamos, gracias a la extraña macumba económica de los blancos, en “negros”, sin más alma que la de la mercancía, el alma sin alma que tienen las cosas encantadas por el hechizo del mercado, manejando sabiamente por la mano invisible blanca que mueve todas las manos pardas, brujería más eficaz no se han podido inventar, no señor. Luego nos vendieron en mercados, en plazas públicas, en subastas, como animales de carga y, así, de poquitos, a punta de garrote, perrero, castigo, socavón y latigazo, a muchos nos fueron quitando el idioma, los recuerdos. Se empeñaron en borrarnos cualquier rastro del espíritu que traíamos en el viaje, a muchos nos encartaron con unos apellidos que eran en realidad los apellidos de nuestros propietarios, como si no les hubiera bastado con marcarnos el pellejo a hierro candente. ¿Pero saben qué? ?Saben qué, señoras y señoritos? No pudieron borrarlo todo. No pudieron sencillamente porque no se puede borrar nada, en realidad nada se borra. Todo queda marcado. No hay olvido. Todo deja un rastro, más si se trata de un crimen de semejante tamaño. Ya pueden hacerse los zurrumbáticos y mirar para un ladito, como si la cosa no tuviera que ver con ustedes, pero aquí estamos nosotros, como cuerpos del delito. Cuerpos que, a pesar de todo, siguen sabiendo, sí, claro, porque borraron mucho, pero a nosotros nos quedaron las marcas”…

Juan Marqués, para ‘Las Librerías Recomiendan‘.

 

“Una mujer” de Annie Ernaux

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Una mujer

Una mujer

Ernaux, Annie

ISBN

978-84-121753-1-8

Editorial

Editorial Cabaret Voltaire

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León Vela, librero en Cálamo (Zaragoza), nos habla de Una mujer de Annie Ernaux (Cabaret Voltaire), y lo hace así:

“Desde la librería Cálamo de Zaragoza queremos recomendaros Una mujer, de la escritora francesa Annie Ernaux, publicada por Cabaret Voltaire y traducida por Lydia Vázquez Jiménez. Se trata de una obra publicada en 1987 y, como Una madre de Alejandro Palomas, o Paula de Isabel Allende, o más recientemente Madres e hijos de Theodor Kallifatides…, es un homenaje a la figura de su madre. Es un relato intimista, autobiográfico –Ernaux es la reina de la “autoficción”–, y en él se despliega todo un cuaderno de bitácora vital, desde los orígenes, relaciones, posiciones sociales, luchas… para intentar clarificar y dejar constancia de ese amor a su madre, que lamentablemente muere “con los nombres borrados”, como dice la propia Ernaux.

Hay muchos fragmentos inolvidables en el libro, palabras magistrales y definitivas que hacen grande a este pequeño texto, pequeño en número de páginas, pero de una gran intensidad. Una mujer es un texto recomendabilísimo para estos días extraños, en los que necesitamos cariños y cuidados especiales. No dejéis de leer y sobre todo cuidaos, o, mejor, no dejéis de cuidaros y leed”.

[Y aquí la versión original, en vídeo-reseña:]

 

 

“Madrid” de Andrés Trapiello

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Madrid

Madrid

Trapiello, Andrés

ISBN

978-84-233-5819-9

Editorial

Ediciones Destino

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Este libro podría pasar perfectamente por uno más de los episodios del Salón de los Pasos Perdidos, o por uno de sus ensayos generales (El Rastro, por ejemplo), o de los recopilatorios de artículos, o de las novelas o, incluso, de los poemarios del autor, porque, en cierta forma, este libro los contiene a todos, de la misma manera que la ciudad de Madrid acoge por igual a todo el que llega.

Está claro que este es un libro sobre Madrid, sobre el Madrid que ha conocido y vivido su autor, pero también sobre su pequeña o gran historia, es decir, que todo gira alrededor de la ciudad, pero el mérito de Trapiello está en que lo convierte en el Madrid de todos, donde todos nos sentimos convocados y donde redescubrimos una ciudad que también podría ser la nuestra a pesar de no haber vivido nunca allí. Son dos los hilos que teje Trapiello para contarnos Madrid: por un lado su propia vida, los motivos que le llevan hasta allí, la búsqueda de su lugar en la ciudad y su enraizamiento definitivo. Es ahí cuando Trapiello brilla, cuando recuerda, cuando despliega su capacidad observadora y la trae al texto con delicadeza y humor, como ocurre con sus primeros trabajos, los años de la “movida” (impagable su foto con chupa de cuero), su particular crisis de los treinta y su vida familiar, o las recepciones institucionales (con un irónico retrato de Umbral en dos líneas o la visión espectral de un solitario Alberti ), sus primeros libros o sus inicios como editor, primero en Trieste y más tarde en La Veleta. Sentimos especial emoción con esos mínimos destellos de su amistad con Ramón Gaya y que guardamos como lo que son, un tesoro. A este hilo narrativo biográfico (ajeno, dicho sea de paso, a esos estériles debates sobre la autoficción) hay que sumar el retrato mismo que hace de la ciudad en su deambular cotidiano. Quienes hemos leído con anterioridad a Trapiello sabemos bien de sus dotes como paisajista, en este caso urbano. Su capacidad para la descripción parece ilimitada, y no nos cansamos de leer estos paisajes porque siempre nos parecen nuevos, como recién pintados: los cielos de Madrid, los edificios, las plazas, las gentes. Interpreta cada detalle con una precisión extraordinaria, como si la realidad no fuese capaz de velarle ningún secreto.

Por otro lado, la Historia de Madrid propiamente dicha. No es que Trapiello se ponga la toga académica, ni mucho menos, sino que en un libro como este se imponen ciertas acotaciones complementarias e ineludibles de carácter histórico y así lo asume el autor. Ni le quitan naturalidad a la narración ni se indigestan, al contrario, funcionan como contrapunto y nos parecen necesarias si queremos entender el devenir de la ciudad: sus orígenes, sus costumbres, calles y barrios, los reyes, ministros y arquitectos que la han configurado, los pintores, escritores y cronistas que la han mostrado (de entre todos sobresale Galdós pero también Cervantes, Baroja o Solana por citar algunos de sus predilectos), sus épocas luminosas y las más oscuras (vuelve varias veces sobre la Guerra Civil, tema que conoce bien como demostró en el memorable Las Armas y las Letras), o espacios emblemáticos como el Prado o el Rastro o las afueras.

Pero el libro no termina ahí, sino con un amplio apéndice de treinta breves capítulos, “Retales Madrileños” los llama, impresionistas, rápidos, de frase corta (raro en él), como si tuviese ganas de acabar y no supiese cómo, pero que sirven como un catálogo desde donde poder ampliar la vista o subrayar algún aspecto ya dicho (divertidísimo el dedicado a Mesonero Romanos o de justicia poética el de Clara Campoamor). Y todo ello ilustrado con más de 350 imágenes, pinturas, portadas de libros y papeles varios, fotografías (nuestra preferida, la de los mendigos esperando la desinfección: pág. 467) que hacen de este libro un sincero homenaje a una ciudad a la que estamos deseando poder ir, para regresar.

Daniel Rosino, Librería Walden (Pamplona)

“Conspiraciones desde la entropía” de Vicente Velasco Montoya

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Conspiraciones desde la entropía

Conspiraciones desde la entropía

Velasco Montoya, Vicente

ISBN

978-84-121675-2-8

Editorial

InLimbo Ediciones

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A la gente de verdad, a poco que uno tenga algo de experiencia o de instinto, se la reconoce a doscientos metros. Es verdad que entre Madrid y Cartagena hay, en realidad, cuatrocientos cincuenta kilómetros, pero es lo mismo: ya se nota que Vicente Velasco Montoya es un tipo íntegro. Y no lo digo porque Velasco sea de hecho librero, en La Montaña Mágica, y esté asociado a Cegal (siendo, por tanto, uno de los más de mil doscientos jefes que tiene el autor de esta reseña…), sino por el tono de los textos que él mismo escribe, o del color de sus vídeo-recomendaciones o sobre todo, ahora, a la vista y la lectura de este libro de poemas que nos llega.

Conspiraciones desde la entropía es un libro derrotado, y sin embargo, a su modo, vitalista. La derrota es natural, porque es la de la batalla contra el tiempo, la del fin de las cosas que despertaron y gritaron y latieron, la del cambio definitivo de mirada… Pero el vitalismo es vibrante, porque es el de la rebeldía, una insumisión no frente a lo ya perdido, irreversible, sino frente a lo que se avecina, impreciso. El resumen extremo del libro sería algo así como: “Bueno, las cosas son así, pero vamos a ver qué se puede hacer ahora”. Y la respuesta del poeta no es alegre, pero sí sabia, tanto que, de hecho, incluso recurre a la ciencia (el primer texto de cada una de las seis secciones es una lección de Física avanzada: física contra el fiasco).

El libro, pues, tiene algo de manual de supervivencia, no en alta montaña (mágica), sino en el laberinto del callejero y, sobre todo, nel mezzo del cammin di nostra vita… El colchón de la memoria no amortigua el frío del porvenir, pero reconforta pensar que, “en definitiva, la vida es cosa nuestra”: “Cuando ya no habite estos días / reposad en noches como ésta. / Quizás me veáis pasear / entre la calima, fracción / a fracción, molécula / y átomo, palabra / letra, voz”…

Hay afán de mucha más verdad y de más vida en estas Conspiraciones. Hay anhelos y hasta ansiedades que se corresponden con las ganas o la necesidad de vivir más, no sólo más tiempo sino más alto o más hondo, una búsqueda apremiante de motivos que motiven antes de que sea noche cerrada. Hay raíces y hay certezas y hay mitos y mitomanías y melodías amadas y compañeros de viaje. Hay, en fin, afinidad con lo genuino y apetito de lo que es, “y lo que es duerme siempre con nosotros”.

Juan Marqués, para ‘Las Librerías Recomiendan

“Breve historia del marcapáginas” de Massimo Gatta

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Breve historia del marcapáginas

Breve historia del marcapáginas

Gatta, Massimo / Arranz, David Felipe

ISBN

978-84-17425-53-1

Editorial

Fórcola Ediciones

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Qué decir de este breve y elegante ensayo del napolitano Massimo Gatta sobre ese objeto tan útil y a la vez tan ignorado como es el marcapáginas, según la RAE ese “utensilio, normalmente plano, que sirve para señalar una página, por lo general aquella donde se interrumpió la lectura de un libro”. Pues bien, ese “utensilio” cobra vida en las palabras de Gatta, se convierte en testigo del tiempo y de la cultura humana en tanto que ha acompañado la lectura de varias generaciones.

Comienza así un breve repaso de la historia de la lectura, en este caso de la lectura interrumpida, y descubrimos que el marcapáginas es tan antiguo como el objeto al que complementa, ambos son una unidad indisoluble, sólo que aquel ha adoptado a lo largo de su historia múltiples formas provenientes de los orígenes más insospechados, siendo siempre reflejo fiel de la personalidad del propio lector en cuyas manos se encuentra el libro. Encontramos así pequeños objetos que pudieron realizar la función de marcapáginas hallados en Egipto y datados en el s. VI d.C.; tiras de pergamino utilizadas por los monjes de los monasterios medievales en los scriptoria para marcar las páginas que copiaban; cintas de seda cosidas a la parte alta del libro para facilitar la lectura y que fueron muy empleadas en el siglo XVI; las encantadoras manecillas que aparecían dibujadas en los márgenes de los manuscritos antiguos –muy profusamente en España– entre los siglos XII y XVIII… Llegamos así a mediados del siglo XIX, momento en el cual el marcapáginas llegó a convertirse en un objeto muy preciado y elaborado, poniéndose incluso de moda entre las damas victorianas que lo utilizaban para marcar sus lecturas, además de convertirse en un objeto muy recurrente para regalar a amigos y conocidos en ocasiones señaladas tales como cumpleaños o aniversarios de todo tipo. Ya en el siglo XX, vemos cómo el marcapáginas deja de estar unido al libro para empezar a fabricarse de forma independiente, normalmente en papel o cartón, llegando a ser utilizado por numerosas empresas con fines comerciales, con imágenes de femme fatale, coloridas, perfumadas, exquisitas. Posteriormente llegarían los marcapáginas de otros materiales: metal, madera, plata… algunos tan bellos –como poco prácticos a veces– que los libreros de viejo comenzaron a reservar una sección específica en sus catálogos para estos objetos. El viaje histórico llega hasta los tiempos actuales, los tiempos del pósit y los marcadores digitales.

En esta historia encontramos de todo: los famosos marcapáginas de Antonio Magliabechi a base de lonchas de salami que horrorizaban a algunos bibliófilos como Marino Parenti, que lo llegó a describir como “el hombre más sucio y descuidado de su tiempo, y también el más erudito”; el marcapáginas de lana que usaba la reina Isabel de Inglaterra; incluso algunas críticas a la antaño extendida costumbre de algunos de introducir hojas vegetales entre las páginas de un libro que, según explica Ricardo de Bury en su Filobiblión, “empiezan por dilatar las junturas ordinarias del libro y al cabo, (…) se pudren dentro de él”.

La estupenda edición de este libro llevada a cabo por la editorial Fórcola incluye, muy acertadamente, numerosas láminas de pinturas –principalmente de los siglos XV y XVI– cuyo denominador común son los marcapáginas que aparecen señalando lecturas a medio hacer, que en algunos casos no son más que la feliz conjunción de unos dedos humanos, y que el autor va resaltando y describiendo a lo largo del texto. Completan este curioso ensayo un documentado aparato de notas, una muy útil bibliografía para las mentes más inquietas y, como no podía ser de otro modo, un oportuno marcapáginas ilustrado.

Nos hallamos, por tanto, ante un bello texto que es a la vez una reivindicación de este objeto que nos sugiere, nos invita, por su propia razón de ser, a la lectura pausada, introspectiva, sin prisa, como apunta David Felipe Arranz en el prólogo al texto, algo que hoy día, en tiempos de urgencias e inmediateces, supone un acto casi revolucionario. Bravo, pues, una vez más, por apuestas editoriales como ésta.

Ester Vallejo, Librería Jurídica Lex Nova (Madrid)

“Kara y Yara en la tormenta de la historia”, de Alek Popov

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Kara y Yara en la tormenta de la historia

Kara y Yara en la tormenta de la historia

Popov, Alek

ISBN

978-84-16537-78-5

Editorial

Hoja de Lata Editorial

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Kara y Yara en la tormenta de la historia, de Alek Popov, es una novela inteligente, mordaz y divertida, muy divertida.

Las gemelas Kara y Yara son dos jóvenes búlgaras de origen burgués que se unen a la lucha partisana durante la Segunda Guerra Mundial después de estafar a sus propios padres con un falso rescate (y pintar un erecto miembro viril en un cuadro del zar).
A partir de ahí, se van sucediendo una serie de situaciones absurdas y muy divertidas. Por momentos recuerda a escenas de los Monty Python que, a través de situaciones aparentemente surrealistas, consiguen acercarse irónicamente a la cruda realidad mejor que nadie.

Se lee del tirón, casi como una novela de aventuras. Y te ríes mucho. Y cuando decimos mucho, queremos decir mucho.

Valientes editores los de Hoja de Lata, que han tenido a bien publicar este NOVELÓN (así, con mayúsculas) políticamente incorrecto y que (advertencia importante) no es apto para comunistas recalcitrantes o fundamentalistas del “Partido” sin sentido del humor. ¡Ay! Si Stalin levantara la cabeza, sé yo de dos que iban directos al Gulag.

En definitiva, uno de los mejores libros que hemos leído en los últimos meses y con el que nos hemos reído como hacía tiempo que no hacíamos.

Muy recomendable.

Verónica Piñera Magdalena y Oriol Díez Mata, La Revoltosa (Gijón)