Más libros de la semana de Literatura

“Da dolor” de Pilar Adón

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DA DOLOR

DA DOLOR

Adón Pilar

ISBN

978-84-120475-6-1

Editorial

LA BELLA VARSOVIA

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Pilar Adón (Madrid, 1971) es una escritora polifacética y una excelente traductora, autora de novelas como Las efímeras (Galaxia Gutenberg, 2015), tan buena como asfixiante, de relatos que beben de la mejor tradición anglosajona, como los recogidos en El mes más cruel (Impedimenta 2010) o en La vida sumergida (Galaxia Gutenberg, 2017: reseñados por mí misma para ‘Las Librerías Recomiendan’), y traductora a nuestra lengua de autoras imprescindibles como Penelope Fitzgerald, Iris Murdoch o Barbara Baynton. Es una mujer menuda con cara de duendecilla traviesa y con una conversación fascinante y plena de profundidad. Es licenciada en Derecho y especialista en Legislación Medioambiental y es, además, poeta.

Pilar poeta ha publicado con La Bella Varsovia La hija del cazador (2011), Mente animal (2014), Las órdenes (2018 [: reseñado también en ‘LLR’]) y, estos días, Da dolor, un poemario sólido y duro: pétreo, y sin embargo dinámico; lleno de dolor y de añoranza: de rabia pero, también, finalmente, de aceptación. Un libro que es su título y que para recomendarlo me ha obligado a la introducción sobre los quehaceres intelectuales de la autora (también ensayista, por cierto) porque no me parece posible disfrutarlo sin entender que Pilar Adón es una duenda que trabaja con las palabras y que con ellas siente y explica, dice, nos dice, y se dice; que con ellas busca explicación a lo inexplicable y crea sentido(s) para cobijarse y ofrecernos apoyo.

Da dolor es un libro duro (sé que me repito) no solo por el contenido de los poemas (un contenido que solo intuimos sintiéndolos como propios) sino por lo árido (“Aridez” se titula uno de los poemas de la primera parte) del lenguaje y por la multitud de referencias soterradas que atesora. Es un libro complejo desde el propio título, que requiere varias lecturas en varios momentos porque se superponen capas diversas que, además, se mueven en el tiempo. ¿Qué es lo que da (no produce, no causa, no origina: da) dolor? ¿Qué dolor da? ¿Dónde duele? Todas estas dudas surgidas de la originalidad del título tienen múltiples respuestas en los poemas de este libro, veintiocho poemas distribuidos en tres o cinco partes (depende de cómo se mire) que hacen alusión a fenómenos geológicos (orogénesis, deformación, plegamiento) y, simultáneamente temporales (lo de antes, durante, lo de después), formando un todo sólido (vuelvo a saber que me repito), unitario, que queda cerrado antes de que la erosión de quien lee, de quien escribe, se inicie.

La primera parte del libro (consideraré que son tres), reúne doce poemas previos a la aparición del dolor-montaña escarpada. Son poemas ajenos a lo que sucederá que unas veces reivindican ese tiempo anterior (¿el de la infancia?, ¿el de la inocencia?, ¿el del desconocimiento?) y, otras, presienten. Así, al final del primer poema la poeta reivindica su derecho al recuerdo:

“Dejadme recordar. Mirar atrás

no puede ser un pecado tan grande.

La memoria de una esposa, la memoria

de la humanidad entera.

Mi padre me llamaba Pilu.

Mi madre, ratona.

Aunque ellos no se acuerden.”

 

Mientras que en el sexto nos advierte:

“TODOS LLORAMOS a alguien. A todos nos llega

la hora.

O, como decía mi abuela,

el que no tenga que espere.”

 

La segunda parte, la que encarna el dolor, lleva por título “Deformación (durante)” y contiene siete poemas transitados por el miedo y la rabia, por el desconcierto, la incertidumbre y, también, la solicitud de ayuda, la petición de apoyo, el deseo de que nada sea como es. En esta parte se encuentra el poema más corto del libro:

“ESO ESPIRITUAL QUE VES es mi pena.”

Hay en estos poemas referencias explícitas a la enfermedad, no a una enfermedad, sino a la enfermedad (“Alimentadoras. Oferentes de sodio, potasio,/antibióticos” leemos en “Ladera 1”), a las obligaciones del papel asumido (“Es mi misión querer./Tomar la temperatura de 34 con 6./Repartir sobrecitos de azúcar,/desdoblada. Ardiendo-yo.”  Encontramos en “Ladera 2”), a la rabia como negación (“Que los cestos nuevos dejarán de serlo/y la fruta recién traída irá pudriéndose./¿Cómo entenderlo, doctor?¿Qué aprender?” nos dice la autora en el poema titulado “Hospitalidad”). Es esta la parte central, la más dura, la del presente que se impone. La de la soledad. La de la negación en la palabra y la aceptación en el acto. Una parte para leer muy despacio y respirar profundo.

La tercera parte lleva por título “Plegamiento (lo de después)” y consta de cinco poemas, a los que se añaden otros cuatro en una coda o epílogo que nos interpela directamente. La rabia permanece en el después, se hace fuerte y se ensaña contra la palabra que no sirve, que no cura, que no evita y contra la propia autora que en el poema “LECTOR QUE ASUMES…” nos advierte:

“LECTOR QUE ASUMES estos versos,

has de saber que su autora es una bestia innoble

que no puede callarse. Que escribe

sobre entrañas y personas decentes,

y despierta cada día dentro de una cabeza

derramada en chirrido.

Que entrega

y delata a los que más quiere,

sin borrar nada, perder nada,

midiendo el valor de una vida

por los libros leídos,

libros escritos.

Su nula dignidad

y su poca ética.”

 

Y una cosa hay de cierta en esta advertencia: Pilar Adón es una bestia. Y lo es porque es capaz de trasmutar lo descarnado en palabra, de nombrar el miedo, la soledad, el sueño, el recuerdo, el vértigo. Una bestia porque escarba hasta dejarse los dedos y lograr que del interior de la materia pétrea brote el agua.

Lean este libro. “Da dolor”, sí, y nos da la vida porque nos devuelve la palabra y el agua inicial. El poemario se cierra con un poema titulado “Oceanus”. Lean a la bestia. No digo más.

Izaskun Legarza Negrín, Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife)

“La España del silencio” de Borja Cardelús y Muñoz-Seca

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La España del silencio. Novelas del mundo rural y la naturaleza

La España del silencio. Novelas del mundo rural y la naturaleza

Borja Cardelús y Muñoz-Seca

ISBN

978-84-17954-92-5

Editorial

Almuzara

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Yo conocí “la España del silencio”, la de las noches frías y oscuras, aquella en la que el ladrido del perro, el canto del gallo en el corral o el tañer de las campanas, se escuchaban a kilómetros de distancia y en la que el ruido de los motores no era frecuente.

Una España de costumbres milenarias y de una agricultura y ganadería de subsistencia en la que nada era superfluo y en la que nada se desaprovechaba.

Esa España, a la que hoy denominamos “España vacía”, no sólo esta perdiendo población, sino que también pierde tradiciones, cultura popular y un vocabulario que durante generaciones ha servido para nombrar con precisión accidentes geográficos, animales y plantas, herramientas o labores: regajo, portillo, torvisco, orza, agavillarse, son algunas de esas palabras que van cayendo en el desuso.

La pluma de Miguel Delibes retrató con detalle, autenticidad y dulzura la áspera campiña de su Castilla natal y Borja Cardelús hace lo propio en estas seis novelas recopiladas en un solo volumen: La España del silencio.

Borja Cardelús ha recorrido España de punta a punta, como escritor y director de cine documental, ha vivido y convivido con sus pobladores y le han hecho participe de esa honda sabiduría que les ha permitido extraer los recursos necesarios para sobrevivir mediante la caza, la pesca, la recolección y las labores del campo, en definitiva, el aprovechamiento integral de la naturaleza de un modo sostenible.

Seis historias con protagonistas como el viejo y solitario lobo, Ciriaco el “alimañero”, o el último pastor trashumante, entre otros, nos trasladan a las marismas, la dehesa, las agrestes sierras o los campos de labor, rindiendo un homenaje a la España rural, “el salvajerío ibérico”, como denomina el autor a las tierras en las que el latido de la naturaleza, todavía, marca el ritmo del ser humano.

Un libro con el que Borja Cardelús cumple con la responsabilidad de evitar que ese gran acervo cultural y natural no se pierda, y además lo hace de un modo magistral, con historias que no dejarán indiferente al lector.

Ángel Sáez Carretero, Librería Patagonia (Valencia)

“En esta casa” de Alberto Conejero

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En esta casa

En esta casa

Conejero, Alberto

ISBN

978-84-121526-0-9

Editorial

Letraversal

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De la poesía se podría decir exactamente lo que Alberto Conejero (Vilches, Jaén, 1978) dice de sí mismo: “yo soy aquello / que aún no existe y sin embargo / me aguarda desde siempre / confiando”. La poesía no existe: es una quimera, un horizonte, un ideal al que apenas nadie se ha aproximado: lo que hacemos es buscarla, arañarla, y a eso lo llamamos “poesía”, como si ese proceso se hubiera culminado. Igual que los viajeros dicen que la meta está en el camino, en la poesía el tesoro está en la búsqueda, el tesoro es el mapa. No sabemos qué podría haber más allá.

Por otra parte, quienes al final merecen ser deslumbrados son aquellos que más lo han anhelado. En ese sentido el dramaturgo, poeta y crítico Alberto Conejero parece infatigable, incluso iluso en su desproporcionado afán de vida y de plenitud (desproporcionado en cuanto a que la vida no suele poder estar a la altura de ciertas exigencias). En su primer libro, Si descubres un incendio, se recordaban con explícita nostalgia “los días en que el amor estuvo / y nosotros con él en esta casa”. No sé si es de estas tres últimas palabras de donde procede el título de su segundo poemario, publicado a comienzos de 2020 como primer título de la nueva editorial malagueña Letra Versal, pero ya se apuntaba allí una decepción, el reverso de lo que fue perfecto, la herida que sigue a la alegría con naturalidad perfecta. Nadie debería declarar una guerra sin tener asumido que la puede perder, y la guerra que, en cierto sentido, Conejero parece haber declarado a la realidad (o cuando menos a cierta realidad) es una guerra perdida, una guerra ideal. Para empezar las guerras con la memoria de otras guerras (“Vais comprendiendo qué significa julio / qué significa España”…, dicen los primeros versos de En esta casa), pero también con el tiempo, con el desamor, con la indiferencia universal ante las cosas relevantes, o con uno mismo y con sus contradicciones.

Y sin embargo, y eso es lo que importa, el balance de la poesía de Conejero, al menos hasta hoy, con sus dos primeros libros, no es en absoluto amargo. Es, como mucho, melancólico, pero alguien definió la melancolía como “la alegría por estar triste”. Simbólico pero cercano, Conejero va levantando una poesía observadora, hipersensible y llena de buenas citas que dejan una sensación de serenidad laboriosa, de conformidad rebelde, si se pueden admitir esas paradojas. Entre la obediencia ante las cosas inevitables y la oposición a las injusticias evitables, su palabra retumba desde tiempos muy anteriores a él mismo, consciente de la Historia y de la cultura, testigo de la tradición y, en cierto modo, su continuador, su prolongación. Y en la balanza, sin ignorar las agresiones del tiempo o de los otros, vence la gratitud, como cuando dice (en un arrebato muy “lorenzolivaniano”) que “no es esta sombra / derrota de la luz sino su indicio”.

[Juan Marqués, para ‘Las Librerías Recomiendan‘]

 

“El hijo culebra” de Ángela Álvarez Sáez

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El hijo culebra

El hijo culebra

Álvarez Sáez, Ángela

ISBN

978-84-121675-0-4

Editorial

InLimbo Ediciones

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Sucede algo llamativo: en los últimos años es muy fácil observar cómo muchas/os editoras/es, muchos/as libreros/as, utilizan como infalible argumento de venta el hecho de que el lector va a pasarlo mal leyendo el libro que le recomiendan. “Este libro es como un puñetazo en el estómago”, llegó uno a escuchar a un editor en la Feria del Libro, y el potencial cliente, en vez de pasar de largo, agradeciendo el “chivatazo”, compró el libro inmediatamente, impaciente al parecer por recibir esa paliza. Uno entiende que hay géneros a los que les conviene presumir de “estremecedores”, “sobrecogedores”… o testimonios personales en los que predomina lo doloroso, por pura definición, pero a la vez considero que no es un síntoma halagüeño el hecho de que hayamos concluido que lo “terrible”, lo “impactante”, lo que “no te va a dejar dormir”… atraen tanto a tanto público. Lo que debería ser disuasorio es más bien un señuelo: extraño. Quienes somos tan ingenuos que pensamos que la realidad es en general un poco más amable, menos amenazante, o que al menos no responde exclusivamente a una perspectiva o incluso a una ideología pesimista, tenebrosa, feísta, luctuosa… miramos con desconfianza ese fenómeno, casi como algo preocupante. Aunque habría argumentos de consuelo: en Islandia se produce un asesinato cada año y medio, y sin embargo, si uno lee literatura negra islandesa, parece que mueren descuartizadas varias personas cada mañana. Tal vez esa búsqueda del dolor en las páginas es prueba de que “al otro lado del espejo”, aquí fuera, en el mundo no escrito… las cosas van mejor de lo que esos mismos ingenuos diríamos que van.

Ahora bien, por otro lado es fácil entender que hay libros que no admiten suavizantes, “libros sin paliativos”, como escuché a otro editor. Si una poeta como la todavía joven y a la vez ya veterana Ángela Álvarez Sáez (Madrid, 1981) ha decidido escribir un libro monográfico sobre la gestación subrogada, y lo hace claramente desde la oposición frontal, entonces el libro difícilmente podría ser muy jovial. Es principalmente poesía, sin duda, pero en realidad El hijo culebra es también un libro híbrido, hecho de materiales heterogéneos, con diarios (de ficción) de la gestante, partes claramente narrativas y, sí, series de poemas de extensión irregular, monólogos ajenos donde, sin embargo, reconocemos la voz de la poeta, pero lo que al cabo se levanta aquí es algo así como una novela en verso:

 

Por la noche saltan los perros
la cancela. Buscan alimento.
Yo me ofrezco, pero me rechazan.
Husmean. Babean sobre mi cuerpo.
Bajan al río y vuelven
con algo a lo que cuidar.

 

Por otro lado, éste es el primer título de una nueva editorial, la albaceteña InLimbo. En ‘Las Librerías Recomiendan’ somos, por definición, muy amigos de las nuevas editoriales, de los proyectos valientes, de las propuestas audaces. La crisis universal del Covid-19 ha coincidido con la irrupción de algunos nuevos sellos, que han nacido, como el niño del libro, en mal momento, y se han visto perjudicadas desde su misma aparición. Algunas otras son de poesía, como Cielo Eléctrico, en Madrid, o Letra Versal, en Málaga: iremos hablando de ellas. De momento saludamos el primer libro de InLimbo, y aplaudimos el acierto de su primer título, un libro poderoso, convincente y de valor duradero.

[Juan Marqués, para ‘Las Librerías Recomiendan’]

“Los árboles que nos quedan” de Ramón Andrés

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LOS ÁRBOLES QUE NOS QUEDAN

LOS ÁRBOLES QUE NOS QUEDAN

ANDRÉS, RAMÓN

ISBN

978-84-9002-155-2

Editorial

HIPERION

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No confinado ya en su domicilio de Pamplona, sino felizmente recluido en la Librería Walden, y muy concretamente en su cuidada sección de poesía, Daniel Rosino protagoniza el regreso más esperado del Estado de Alarma con una nueva vídeo-reseña en la que, como remate, recita uno de los poemas de su libro recomendado, Los árboles que nos quedan, de Ramón Andrés, publicado por la veteranísima editorial Hiperión.

Para ver la vídeo-reseña, pincha aquí.

 

 

“Gente normal” de Sally Rooney

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Gente normal

Gente normal

Rooney, Sally

ISBN

978-84-397-3631-8

Editorial

LITERATURA RANDOM HOUSE

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Como recomendación prioritaria elegimos Gente normal, la segunda novela de la escritora irlandesa Sally Rooney, tras la exitosa Conversaciones entre amigos. Es un libro que llegó hace unos meses traducido a España, pero en Reino Unido ya estaba siendo un éxito de ventas, sobre todo entre los llamados millenials, porque nos presenta un proyecto muy realista y fiel.

La autora ha sabido interpretar los códigos de esta época actual y ha conseguido que los jóvenes lean, que eso sí que puede considerarse como un fenómeno literario. Realmente el argumento de la novela no tiene nada de extraordinario: habla de la historia de amor de dos jóvenes, llamados Connell y Marianne. Nos sitúa en un colegio de un pueblo irlandés y su relación es complicada porque la madre de Connell es la asistenta de la madre de Marianne. Pero es un detalle al que no se le da mucha importancia porque lo que prima en el libro son sus relaciones, cómo se pelean, se reconcilian, se vuelven a pelear o cómo siguen juntos aún al llegar a la universidad.

Cronológicamente ambientada en “el Brexit”, un aspecto en el que se centra y que llama la atención es el tema de las preocupaciones y las realidades que afectan a los protagonistas, la diferencia de clases, el peso de la familia sobre cada uno.

Lo elijo como recomendación principal, entre todos los libros aparecidos en 2020, porque es un libro que me ha dado la impresión de que sabe exponer el tránsito desde la juventud a la madurez en una situación post-crisis, y que además captura una gran cantidad de referencias de nuestro tiempo y las muestra con naturalidad.

Patricia Alonso, Librería Bibabuk (Almería)

“Lo que lee un editor” de Javier Castro Flórez

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LO QUE LEE UN EDITOR

LO QUE LEE UN EDITOR

JAVIER CASTRO

ISBN

978-84-948480-7-0

Editorial

MICROMEGAS EDICIONES

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Esto no es una compilación de reseñas literarias, sino una reunión de cosas relacionadas con los libros. La enjundia está en qué libros y en qué cosas. Javier Castro Flórez fue galerista en Cáceres y es galerista, coleccionista, editor y gestor cultural en Murcia. Creó y dirige la Fundación Newcastle, que realiza exposiciones en las paredes de una casa de muñecas de la marca Chaves modelo Newcastle 38061, de 34 x 40 x 75 cm., que tiene varias plantas. Las obras están en suelos y paredes. Son, ésa es su naturaleza, pequeñas (según qué, según para quién). Después y durante la fundación fue la editorial. Castro es persona de reglas, se diría que se divierte especialmente con esa parte de los juegos. Por eso Newcastle Ediciones tiene por norma que los libros cuesten unos 6 u 8 euros; son también pequeños. Y por eso cuando decidió escribir artículos en la separata de literaturas varias de un diario local quiso que las palabras de cada texto fueran exactamente seiscientas treinta y seis, las que tenía por puro azar el primero que escribió. A Castro le han pasado mil cosas, escucharle es un parque de atracciones, es como para algunos ver una película de Sorrentino: a los diez minutos ya has visto unas cuantas cosas bárbaras y te frotas las manos sabiendo que falta por lo menos hora y media de película. También sucede con Castro que llega un momento que piensas: no puede ser, por favor, pare usted. Pero con regocijo lo piensas.

El editor de Lo que lee un editor investiga concienzudamente a cada una de las personas que va a publicar y les trata como estrellas, desde el fanatismo. Además, lleva siempre que camina por la calle, siempre que va a sitios, un libro en las manos. Lo recuerda Antonio Ubero en el prólogo, y lo cuenta también el editor en un capítulo especialmente emotivo, hacia el final (el único que se publicó en otro medio) cuando relata los tres días en que ni siquiera un libro le acompañaba, en que dejó de ser lector para ser actor. Y es un editor que como dije al inicio no escribe reseñas. Hacia la mitad del libro nos explica que él tiene claro que sus textos no serán crítica literaria, sino que hará lo que él denomina un “Cernuda en Grecia”. Cuenta en el artículo sobre Joan Didion que asistió a una mesa redonda en el Museo Ramón Gaya (conózcanlo) que llevaba por título “El altar de muertos”, y en la que intervenía Soren Peñalver (conózcanle). Dijo el poeta murciano que su charla sería sobre Cernuda y Grecia, para explicar a continuación que Cernuda nunca había pisado Grecia, y que sin embargo él si lo había hecho y que allí había leído al sevillano. Y que de eso iba a hablar. Y según cuenta Castro, aquello fue magistral. Y era Cernuda y era Grecia. Pues así nos habla este editor de los libros que lee, pasea y pastorea: incidiendo en toda la vida que rodea a cada lectura y hablando, desde cualquier lugar, de la pasión que le despiertan quienes los escribieron. En realidad, éste es un librito de amor a los libros sobre todo por lo que los libros tienen de vida, y por la vida que colinda con los cuatro bordes de sus cubiertas. Lo que elije su autor es lo que le gusta, de la literatura y un poco de la existencia.

Les copio como cierre un fragmento. Castro cuenta cómo fue la fiesta de despedida de uno de los compañeros de su trabajo. Cuando ya se iba, el autor le dijo que disfrutara de su campo, y “Carlos me contestó que dejara los libros, que siempre iba con uno a todos lados cuando no valen nada más que para encender fuego. La gente se rio y yo también, porque pensé que tenía razón, que los libros dan luz y calor como si encendieran un fuego. Lo que pasa es que no de parrilla ni hoguera: es un fuego de interior, que uno lleva dentro”.

Javier García Clavel, Librería Atenea (Murcia)

 

“Canciones tristes que te alegran el día” de Miguel Mena

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Canciones tristes que te alegran el día

Canciones tristes que te alegran el día

Mena Hierro, Miguel

ISBN

978-84-17532-34-5

Editorial

Pregunta Ediciones

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No sabemos en qué fase de la llamada “desescalada” andarán por el Pirineo aragonés, pero nos alegra mucho que, sea la que sea, permita una vídeo-reseña como la que nos envía nuestro amigo Antonio Chéliz, de La General (Aínsa, Huesca), que se ha desconfinado por todo lo alto (literalmente, a la vista del pico que tiene detrás…) para hablarnos de Canciones tristes que te alegran el día de Miguel Mena (Pregunta).

La montaña, un manso rumiante y las flores fueron las primeras en oír la vídeo-recomendación, que ahora ya puedes ver y escuchar también tú pinchando aquí:

Mi película – Pequeño