Más libros de la semana de Literatura

“Toma de tierra” de Bruno Galindo

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Toma de tierra

Toma de tierra

Galindo, Bruno

ISBN

978-84-17678-72-2

Editorial

LIBROS DEL K.O

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Hace unas semanas, cuando publicamos el “cuestionario librero” de Bruno Galindo, ya avisamos de que su Toma de tierra podría convertirse, cuando toque hacer balance, en uno de los mejores ensayos españoles de este año, pero queremos insistir, con algo más de espacio, porque estamos realmente ante un libro magistral, muy bien pensado, muy bien escrito, muy logrado. Sucede con él lo que con muchos libros escritos desde la pasión, desde la vocación: por mucho que hablen de temas ajenos, no hay nada más contagioso que el entusiasmo, y cuando te explican algo con tanta implicación, con tanta vinculación, con tanto amor… es difícil no sentir complicidad. Como además aquí se habla de música, que es un poco el idioma universal, lo que he sentido leyendo Toma de tierra es, simplemente, casi arrepentimiento por no haberme dedicado a la crítica de música, cuando lo cierto es que a los doce o trece años, cuando se deciden los destinos, no había nada en el mundo más importante para mí que ella, condicionado por REM, por Counting Crows, por el Calamaro de Honestidad brutal

Y eso, que me parece uno de los mejores elogios que se puede hacer de un libro (no basta con leerlo, querría haberlo vivido), es así a pesar de la desolación que produce el retrato de la situación actual de la industria musical (y, por añadidura, de sus pensadores y comentaristas). El libro, que, en otro gran acierto, desordena la cronología y va a saltos por el tiempo, traza sin embargo una panorámica magnífica de lo que ha sucedido en torno a la música en los últimos treinta y cinco años, y no sólo en España. Bruno Galindo, bonaerense de nacimiento pero en España desde muy joven, llegó a casi especializarse en la música más internacionalmente exitosa, en unos años en los que ese sintagma todavía significaba música de calidad: estamos hablando de U2 y no de Coldplay (Chris Martin es un exagerado “quiero y no puedo” ser Bono), de Björk y no de Jennifer López, de David Bowie y no de Justin Bieber, de los Red Hot Chili Peppers y no de esos italianos estrafalarios que ganaron Eurovisión. También sucede en España: hemos pasado de Christina Rosenvinge a Zahara, de Radio Futura a Vetusta Morla, de Enrique Morente a Soleá Morente… Él lo dice con más gracia: “Los Planetas son legendarios; Estopa no”. Y es que es difícil dejar de observar que algo se ha perdido, y da que pensar el hecho de que ese “cambio de canon”, esa relajación en la exigencia de talento verdadero, haya coincidido milimétricamente con el desplome del negocio: en cuanto llegaron los problemas económicos provocados por internet y la piratería, las productoras bajaron vertiginosamente el listón de calidad para intentar sobrevivir: no es un suceso que hable muy bien de nosotros. “Buscamos una épica dentro de una época que no la tiene”, dice Galindo. Parafraseando al clásico, “¿en qué momento se jodió la música?”.

Esas opiniones son mías, pero las de Galindo me parecen, en ese sentido, sencillamente consoladoras: es, sin más, que tiene buen gusto, tanto en las filias (“Luego vemos el concierto [de REM] desde nuestras butacas. Michael Stipe me impresiona de por vida. No he visto una figura más magnética sobre un escenario”) como en las fobias (Lenny Kravitz es “el tipo menos interesante y con menos que contar del rock mundial”). Una vez le dijo Charly García una cosa muy atinada: “la música que más te va a gustar en tu vida es la que escuchaste en tu juventud”, y eso es tal vez lo que me hace pensar así. Galindo tiene sus propias comprobaciones (“Operación Triunfo no sólo va a cambiar el paradigma estético del pop: sobrevivirá al gremio periodístico”) y razona su perspectiva, incomparablemente mejor informada, de un modo muy superior: “Todo estilo musical que aparece hoy será ridículo mañana. Dentro de un par de años nadie escuchará lo que se está haciendo ahora: da igual cuándo leas esto. Espérate a escuchar el trap dentro de unas temporadas: esas voces apitufadas darán la misma vergüenza que las baterías electrónicas de los 80. Desaparecen las músicas porque desaparecen los mundos en que las escuchamos. ¿Y qué pasa cuando acaba una música? Absolutamente nada. Por lo demás, puedes tener la seguridad de que será rescatada más adelante; normalmente en un ciclo de veinte años, que es lo que tardamos en querer volver a sentir algo que nos importó. Es el ciclo emocional del auge y del olvido. Nada desaparece eternamente”.

Ese párrafo puede servir para dar el tono de lo que Toma de tierra tiene de reflexión. Pero aparte está su experiencia, sus viajes, sus entrevistas, su trabajo de promotor, sus propios conciertos con Le Voyeur. El libro tiene algo de autobiografía fragmentaria, unas memorias hechas casi exclusivamente de retales relacionados con la música. Dado que ésta ha sido lo más importante de su vida, es una buena forma de ir al grano: prescindamos de casi todo lo demás, y vayamos al corazón de nuestro corazón, hablemos de lo que más nos enciende, y hablemos además con hondura, con poesía (“Existe la idea de que dejas de escuchar música cuando te haces mayor. Yo creo que son los problemas los que te alejan de la música. No es menos cierto que en esas mismas situaciones la música te saca adelante”).

Son cientos los músicos que desfilan por estas páginas, tantos que hacen que el defecto principal del libro sea que carezca de un índice onomástico. Y Galindo tiene además un consejo buenísimo para aspirantes a periodistas: “Nunca esperes a que te llamen para darte trabajo: ve tú con algo”. Y ve otro mal síntoma en “el uso de los teléfonos móviles como nuevos mecheros” en los conciertos: totalmente de acuerdo, pero pasado el tiempo es necesario reconocer que aquello de sacar los mecheros en las canciones melancólicas era una fenomenal horterada…

Estaríamos, en fin, muchas horas comentando Toma de tierra, las mismas horas que os recomendamos que invirtáis en recorrerlo. Cualquier lector remotamente interesado en la música encontrará en este testimonio muchísimas cosas de su interés. Es un libro que apela a la curiosidad (el motor más importante de la vida), a la pasión, a la búsqueda de belleza y trascendencia, no sólo en forma de melodías sino de viajes, de experiencias, de literatura (hay un encuentro con Fogwill que más bien quita las ganas de leerlo, una visita a la casa parisina de Arrabal…).

Toma de tierra, en fin, es un verdadero banquete, con un menú agridulce: años de juventud, boyantes y frenéticos, y años de madurez, desteñidos y decadentes, no por lo personal sino por el panorama presente. Hay que mudarse a un barrio más barato, hay que vender la colección de discos… pero la lección final, acaso inconsciente, es formidable: no hay ni un solo momento de arrepentimiento en el libro, en ningún momento se reniega de las decisiones profesionales tomadas, nunca maldice a la música por haberse degradado y haber dificultado su futuro, este hoy. Al contrario: Toma de tierra es un libro de amor, de reivindicación, de fe en la buena música. Y es por ello un libro poderoso, lleno de talento, vida y verdad, un libro que se lee con adicción.

Juan Marqués, ‘Las Librerías Recomiendan

 

 

 

 

 

“Abre los ojos” de Pepa Blanes

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ABRE LOS OJOS

ABRE LOS OJOS

BLANES,PEPA

ISBN

978-84-947897-5-5

Editorial

FUERA DE RUTA EDITORIAL

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RESEÑA DE ABRE LOS OJOS, de PEPA BLANES

Escrita por

Carmen Juan y Sara J. Trigueros, de la Librería 80 Mundos (Alicante)

 

  1. INT. NOCHE. ESCALERAS TRANVÍA SUBTERRÁNEO.

Las libreras han salido de la librería con la última publicación de Fuera de Ruta en la mano. Ojean la publicación mientras las escaleras mecánicas bajan. Leen las notas biográficas. A Pepa Blanes la conocen de sobra. A las ilustradoras también, pero aun así pasan las páginas para comprobar que, incluso fuera —todavía— de contexto, merecen la pena. No se describen. Da igual, porque vais a terminar comprando el libro.

La combinación entre Pepa Blanes y Fuera de Ruta prometía y cumple. Abre los ojos se sale del formato físico habitual de los libros publicados por esta editorial valenciana, aunque no tanto de los libros sobre cine. Edición en tapa dura con diez ilustraciones, una por capítulo, realizadas por cinco artistas visuales cuyo reconocimiento es incuestionable. También se sale, en cierta manera, de lo que estamos acostumbradas a leer en ese pequeño pero cuidadísimo catálogo del que ya forman parte Fernando Peinado, Johannes Bröckers, Alberto Vizcaíno, Rodolphe Christin y Noam Chomsky, que por cierto aparece citado en numerosas ocasiones en el presente ensayo.

 

TÍTULO: TODO ES UN PROBLEMA DE CLASE

  1. EXT. NOCHE. SUBURBIOS DE UNA CIUDAD CUALQUIERA.

Las libreras llegan al destino. Cine de verano. De barrio. En él hay reunido un grupo heterogéneo: personas de diversas edades, razas, clases y preferencias afectivas. El espacio está completo, pero una mujer las reconoce.

MUJER

Pasad, aquí cabemos todas.

Aunque no todo fuera un problema de clase, que lo es, desde luego se puede —y se debe— abordar, para Pepa Blanes, desde un punto de vista interseccional. Si bien la mayoría de los capítulos aparece la clase trabajadora, a las problemáticas inherentes a la misma le va sumando distintas marginalidades. Y lo hace desde la autocrítica, poniendo en el punto de mira, v. gr., tanto el empoderamiento como las limitaciones de la clase obrera desde el comienzo, en el capítulo titulado «De la choni a la madre sin futuro». ¿Es, pues, lo que consideramos el éxito tal cosa o se trata, más bien, de la repetición de las mismas estructuras que se vienen criticando desde hace décadas? Aplíquese esta pregunta a cuestiones de género. O de raza. Para cuando terminen con esto, si les gustó, piensen, o anoten como lectura recomendada, Hombres (blancos) cabreados (Barlin Libros, 2019).

No obstante, aunque esté siempre presente, el discurso no se agota ahí. Si «Hollywood le dice a la gente cuál es la reacción que hay que tener ante un cuerpo trans», como apunta en «La representación trans en el cine», será, pues, crucial, si no vital, reflexionar sobre la proyección negativa del colectivo cuando no hay ningún otro referente. En el capítulo mencionado, se hace un revisionado del cine de los últimos treinta años, quizá porque es en ésos donde es más fácil encontrar películas en las que estos referentes no sean abucheables, dignos de lástima o terminen bajo tierra. No en vano, la autora cierra afirmando que «una vida no precaria también es posible entre las personas trans».

Que el cine pertenece a Occidente queda muy claro en «Así aprendimos la importancia de las estatuas» y «Orientalismo en el cine», centrados en la percepción del otro: la autopercepción en el primer caso, en tanto que individuos incapaces de acceder a los espacios de poder, y la percepción que nosotros realizamos de ellos en el segundo capítulo, como refleja la archiconocida y lacrimógena Slumdog Millionaire. La inoculación en las masas de la idea de quién es el enemigo se retrata de forma magistral en «De El Rey León a James Bond», la saga basada en los libros de este agente secreto que, a su vez, se centra en la dicotomía bien/mal articulada como un nosotros/ellos (o, mejor, nosotros versus ellos). James Bond podría resumir la política internacional de occidente de al menos el último medio siglo, pero también dialoga bien con «El cine que le gustaría a Marx». Aquí encontramos un ellos, pero no un nosotros, por lo que a través de filmes como Parásitos asistimos a la atomización de una clase obrera que nunca ha dejado de estar presente.

Para cerrar de forma circular, diremos que también hay interseccionalidad en «La sonoridad en Tomates verdes fritos», que por cierto tiene una de las frases más brillantes del libro: «el debate académico se soluciona con decisiones pragmáticas».

 

TÍTULO: SESIÓN GOLFA

  1. EXT. MADRUGADA. BARRIO OBRERO.

Acaba la película. Las libreras regresan a casa caminando. No hay peligro. O, si lo hay, lo conocen, y eso hace que se sientan más seguras.

En 2021 la sesión golfa forma parte del imaginario, que no de la realidad. Sin embargo, lo que Pepa Blanes nos propone en este ensayo es que abramos los ojos y consumamos el producto audiovisual leyéndolo —como es— un espejo de lo real. Revisen, pues, la generosa filmografía que aparece al final del volumen, pero con atención total.

Y una cosa más. El debate académico se soluciona con decisiones pragmáticas. No dejen de repetírselo.

 

CRÉDITOS

El trabajo bien hecho debe estar reconocido.

 

Prólogo, epílogo e ilustraciones:

María Guerra

Paula Ortiz

Cristina Jiménez

Elisa Ancori

Sara Bellés

Laura Rico

Ilu Ros

 

Equipo técnico (Diseño de cubierta, asesoramiento lingüístico y maquetación):

Modesto Granados

Carmen Pardo

Laura Rico

 

Edición:

Fuera de Ruta

 

Esta reseña:

Carmen Juan y Sara J. Trigueros, Librería 80 Mundos (Alicante)

 

 

“Los montes antiguos” de Enrique Andrés Ruiz

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Los montes antiguos

Los montes antiguos

Andrés Ruiz, Enrique

ISBN

978-84-18838-07-1

Editorial

Periférica

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No sabría decir si este libro es una novela o un ensayo o una memoria o un largo poema en prosa. Será un poco de todo, lo más seguro, pero no es eso de lo que nos apetece hablar. Lo que salta a la vista, desde muy al principio, es que está atravesado por una especie de seriedad, no sabría cómo decirlo, no me refiero a una falta de sentido del humor, que lo tiene (poco, pero lo tiene) sino a una total y contundente ausencia de frivolidad, que hace que las vidas difíciles de verdad de las gentes, mujeres y hombres, en su mayor parte sencillas, humildes, que aquí se cuentan despierten en nosotros un profundo respeto. Es esto, las vidas de estas gentes y la manera de contárnoslas, de escribirlas, lo que sostiene y lo que da sentido a Los montes antiguos.

El narrador, un trasunto del propio escritor, suponemos, recibe de parte de Ramón -amigo de su padre, hombre severo y sabio a su manera, y uno de los personajes centrales del relato-, en su mismo lecho de muerte, el encargo de contar la historia de aquel rincón de Soria: “Ponle voz a todo eso que se ha quedado mudo, reseco. Yo te doy las palabras; tú tienes que poner la voz”. Y con este ruego, que más bien parece instituir un destino, lo que construye Enrique Andrés Ruiz es una auténtica Historia Universal de Valonsadero, un monte cerca de Soria capital, y de las gentes que allí vivieron, padecieron y, como exige la naturaleza (o cuando se cruza, amarga, la historia), finalmente murieron. Y lo hace, además, con una escritura propia, atenta a cada rincón del paisaje, a cada silencio de sus habitantes, siempre delicada, siempre firme también, con un oído muy fino para el habla de la tierra, de la que parece nacer directamente, como un árbol, tan rica en expresiones y palabras ya perdidas, con un aliento poético sostenido (no en vano el autor tiene varios poemarios en Pre-Textos): “De las palabras queda un roce en el aire, la piel de la voz. Se pierde al escribirlas.”

Y son tantos los temas que aquí se tratan, fiel reflejo de una época más compleja de lo que pensamos (a menudo se abusa de simplificar el pasado, haciendo, de paso, un flaco favor al presente), que constituyen un mundo en sí mismo, un mundo que ya no existiría de no ser porque el autor asume con lealtad la tarea de transmitirlo, de invocarlo: las cosechas, los animales, las fincas (Las Cobatillas o La Ginastera, auténticos paraísos perdidos), el paso del tiempo, los exilios interiores, la memoria familiar, el viejo comercio, las fiestas, como la Saca por San Juan (los caballistas y sus “camisas blancas, pegadas al torso, henchidas de aire en los costados, como jarcias abombadas”), la Guerra Civil, el poder y la piedad, los atavismos y la locura, el olvido y la muerte siempre en primer plano, y la libertad, sí, una libertad distinta y antigua. Una libertad como la que demuestra Ramón, al final de su vida, acatando ese momento con una mezcla de aceptación, madurez y despojamiento, con estas palabras: “Mira, yo a mis años… me doy por terminado”. ¿O es que existe una libertad más seria y más emocionante que ésta?

Daniel Rosino, Librería Walden (Pamplona)

“Lo de dentro fuera” de Mariano Peyrou

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Lo de dentro fuera

Lo de dentro fuera

Peyrou, Mariano

ISBN

978-84-18342-48-6

Editorial

Editorial Sexto Piso

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“¿Quién quiere leer un libro normal?”, se preguntaba en 2019 un personaje de esa novela maravillosa que es Los nombres de las cosas, una de las mejores novelas en español de un año donde uno de los mejores nuevos libros de poemas en nuestro idioma fue Posibilidades en la sombra, del mismo autor. Aquellos dos libros geniales dialogaban de algún modo extraño, y es verdad que no eran “normales”, pero eso es porque los libros de Mariano Peyrou confían en el lector, se salen a conciencia de lo trillado y se animan a ser “arriesgados” o “poco convencionales” o, mejor, a fundar en sí mismos nuevos sistemas de sentidos que encuentran enseguida una buena complicidad en los lectores atentos. No hace falta un gran esfuerzo intelectual: hace falta dejarse llevar, entonarse, comprender que al entrar en cada libro no debemos relajarnos, dando por supuesto que estamos entrando a algo ya conocido, con presupuestos universales… sino que tal vez estamos abriendo una puerta a reflexiones que, sin salirse en absoluto de la “realidad”, juegan con ella, la reordenan, extraen de ella significados originalísimos y estimulantes, y a menudo muy divertidos.

También hay que entrar con ese espíritu en Lo de dentro fuera, la nueva novela de Peyrou, donde hay veinte páginas iniciales de pura familiarización con su nueva propuesta: enseguida, sin embargo, situamos a los personajes del asunto (fundamentalmente tres: la narradora, “el tipo” y Sergio), nos acostumbramos a las digresiones (estupendas) sobre la historia de la Iglesia y sus encíclicas, adivinamos quién habla y dónde y cuándo en cada momento, interrumpiéndose a veces el discurso de “el tipo” por la desconfiada reacción que ese mismo discurso tiene en Sergio cuando la protagonista se lo cuenta, y viajando por la memoria personal de ella con constantes flash-backs y alusiones a episodios o fantasías de la infancia o de la juventud, en un tratamiento del tiempo que, para entendernos, recuerda al que asumió Juan Bonilla en Totalidad sexual del cosmos, pero esta vez no es cronológico sino que va dando brincos retrospectivos por el calendario personal y privado de la narradora, tanto el exterior, el que compartió con todos, como el íntimo, el único.

La novela empieza muy alto, y sin embargo va de menos a más: cada vez va a mejor, cada vez atrapa con más fuerza y se va afinando en sus intenciones, sus aciertos, su capacidad de encandilar. “Mi lengua materna es el silencio”, afirma la protagonista, actriz de teatro, que, a pesar de haber sufrido en el pasado una agresión por parte de un novio, considera que “la mayor violencia del mundo es sentir que nadie nunca va a poder entenderte”. El esfuerzo que hace el triángulo de personajes para entenderse mutuamente es tan profundo como creativo, y da pie a reflexiones parciales que flirtean con el absurdo pero que siempre llegan a tierra firme, a conclusiones que tal vez no sean “certeras” pero que sí son exactas y locuaces en el idioma particular que cada uno ha ido creando. “Cuantas más cosas se entienden / menos se entiende el mundo”, se leía en Posibilidades en la sombra, y aquí asistimos también a una pequeña batalla entre la realidad objetiva y la sensibilidad íntima de cada cual, una pugna sin consecuencias dramáticas entre la verdad y las verdades, entre lo que hay y lo que vemos, entre lo de dentro y lo de fuera. Las ficciones son hijas de la realidad, dependen totalmente de ella: los sueños, las fantasías, las equivocaciones, las buenas ideas, la memoria… son reales en un sentido literal, aunque casi nunca respondan a lo que hubo, a lo que se dio, a lo que ocurrió…, que son cosas que vamos inventando, alterando… entendiendo.

Cada vez más seguro y llegando cada vez más lejos, Mariano Peyrou va convirtiéndose en un escritor insustituible, dueño de un estilo único. Tiene razón Sara Mesa al afirmar que nadie escribe como él: esa gracia, esa agudeza, esa sensibilidad tan incisiva en aspectos poco evidentes, esas estructuras… son ya inconfundibles y sería una temeridad tratar de imitarlas. Como creador de mundos privados dentro de este mundo nuestro, Peyrou es un maestro cuyos libros crean adicción. Lo de dentro fuera es una muestra estupenda de ello.

Juan Marqués, ‘Las Librerías Recomiendan

 

“Azucre” de Bibiana Candia

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Azucre

Azucre

Candia Becerra, Bibiana

ISBN

978-84-17386-82-5

Editorial

Pepitas de calabaza

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Azucre es la primera incursión en la novela de la coruñesa Bibiana Candia, editada por Pepitas de Calabaza. Como poeta ha publicado La rueda del hámster (2012) y Los trapecistas no tenemos novio (2016) y como cuentista la colección de relatos El pie de Kafka (2016). Colabora habitualmente con Jot Down, Letras Libres y The Objective.

Orestes Veiga, uno de los protagonista de la novela, decide emigrar a Cuba en busca de una vida mejor. A finales del siglo XIX Galicia está acosada por el hambre, la enfermedad, la penuria y la única salida para los jóvenes de Azucre parece ser viajar al nuevo mundo para conquistar unas condiciones laborales de las que carecen en su tierra natal.

Orestes Veiga no existió, sino que es un personaje de ficción creado por la escritora. Pero es precisamente esa no existencia histórica la que lo convierte en un sujeto trascendente, prototípico, que encarna todos los reveses que acuciarán a los jóvenes migrantes, ilusionados e ilusos a partes iguales, cuyo romanticismo es arrojado por la borda desde el mismo momento en el que el barco que cruzará el océano pliega velas en busca de vientos propicios. Y es que, tal y como reza el refrán cubano citado en la novela, “con sangre se hace el azúcar”.

Urbano Feijóo de Sotomayor, también gallego, empresario y traficante de esclavos afincado en la isla, tiene una feliz idea: reducir los costes laborales de la mano de obra procedente de los jornaleros negros sustituyéndolos por compatriotas en su empresa azucarera. El experimento de Feijóo se convertirá en un auténtico crimen. Buena parte de los 1700 jóvenes arribados a la isla, como decíamos anteriormente, ilusionados e ilusos a partes iguales, fallece en sus instalaciones. Y cuando quiebra la empresa del despiadado empresario, quien sí que existió, el resto de la mano de obra es cedida a otras empresas que les impondrán jornadas draconianas, aún más intensas y perentorias que las precedentes.

Azucre, tal y como indica Juan Tallón, “es un viaje al horror, y tan bien contado que no quieres abandonarlo”. Un viaje hipnótico, evocador, que denuncia e informa, que recupera un pasado oscuro de nuestra historia, y que nos introduce de lleno en el terrorífico mundo de los imperialismos y las conquistas territoriales decimonónicas. En resumen, un infierno como el de Dante, o como el de El corazón de las tinieblas, que te dejará sin respiración y que devorarás de principio a fin de una tacada.

Rafa G. Rivas, Sputnik librería café (León)

“Lejos de Egipto” de André Aciman

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Lejos de Egipto

Lejos de Egipto

Aciman, André

ISBN

978-84-17977-75-7

Editorial

Libros del Asteroide

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Hacía mucho tiempo que no releía un libro nada más acabarlo, pero las ganas de no desprenderme de Alejandría y de esta peculiar familia me perdieron y todavía estoy embelesada por su lectura.

Si por algo es envolvente este libro es por el reflejo de una vida ya perdida en Alejandría, el ambiente de sus calles, la multiculturalidad, las religiones, los olores y sabores, las tardes en el cine y los veranos en la playa de Mandara, los barrios y sus comerciantes… Y los días de reclusión a oscuras, de tertulias con la familia al completo, desayunos, comidas, tés y cenas, provocadas por los diferentes conflictos que acabarán en la Gran Revolución de Nasser, que hará que tarde o temprano todos tengan que huir del país.

Son una numerosa familia de judíos sefardís que van recalando en diferentes países para acabar, temporalmente, en Egipto. Tres generaciones del clan de Aciman, quien, con sumo cariño no exento de humor, va desgranando sus encuentros y desencuentros, idilios, excesos, amistades, éxitos y fracasos profesionales, huidas precipitadas y celebraciones. Los personajes son tan dispares… el tío Vily, patriarca, fascista, mujeriego, espía para los italianos y finalmente inglés; la bisabuela centenaria que vigila a todos; las dos abuelas, amigas y vecinas con maridos enfrentados y hablando en el olvidado ladino; la deseada tía Flora, exiliada alemana y profesora de música; las amistades en Egipto, y todo el elenco del servicio de musulmanes que trabajan en las diferentes casas. Y por supuesto la madre, Gigi, sorda y sólida como una roca.

Es un texto tan cálido y evocador que merece varias lecturas para poder imburse plenamente de aquel lejano Egipto.

Maider Díaz Ameabe, Librería Chundarata (Pamplona)

“Tres truenos” de Marina Closs

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Tres truenos

Tres truenos

Closs, Marina

ISBN

978-84-123036-7-4

Editorial

Editorial Tránsito

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En un contexto de supersticiones, que siempre son más opresoras para las mujeres, una joven de la comunidad mbyá guaraní da a luz gemelos, algo que, según las antiguas creencias del lugar, delata que ha sido adúltera…; una muchacha alemana llega a Misiones (Argentina), a través de Brasil, desde su Alemania natal, y lo hace acompañada de su hermano, que es mucho más consciente que ella de que conviene mantener en estricto secreto la relación incestuosa que los une; una joven estudiante que se gana la vida cosiendo vestidos para espectáculos de danza comienza a descubrir cuánto la motivan determinadas prácticas sexuales algo llamativas e incluso peligrosas…: ésos son los tres lados de un triángulo literario en el que lo que importa es que el centro está ocupado por la buena escritura, por esa prosa estupenda escrita en un lenguaje que es el nuestro pero que es distinto, y que nos hace recordar que un mismo idioma puede tener sabores muy diferentes.

Es en la primera historia, sobre todas, en la que Marina Closs (Misiones, 1990) se luce como nueva gran estilista, y en la que, apoyada en la etnia de la narradora, se permite unas audacias sintácticas preciosas, riquísimas, extremas pero no forzadas (“Yo era sí mujer”…)…, aparte de brochazos de buena poesía (“Cuando pasa un camión, en el monte, el corazón de un niño da un salto”). Pero la calidad se sostiene a lo largo de todo el libro, y comprende las tres historias, que son, en principio, absolutamente independientes unas de otras pero que, yuxtapuestas, forman un tríptico con sentido único (o con varios “sentidos únicos”, valga la contradicción). No son, pues, tres cuentos, sino que es una novela, pues como tal se presenta (y recordemos que una novela es todo aquello cuyo/a autor/a defienda como tal, sin líneas rojas, sin límites teóricos, con toda la más rabiosa libertad que se pueda).

Si la primera historia es de represión y castigo, y la última de experimentación con el propio cuerpo, la segunda es de desamparo, de desarraigo, y también de cierta liberación femenina a la hora de confesar secretos. Hay, así, cierta progresión en cuanto a lo dueñas que de su vida son las protagonistas, pero en todos los casos sobrevuela la sombra del desencanto, de la frustración, y sobre todo de la inseguridad: todas son vulnerables, en distinto grado, y por uno u otro motivo todas sufren algún tipo de esclavitud, todas anhelan otra cosa, ninguna es independiente. Eso sí: “Yo quiero estar viva. Es mi necesidad”, afirma la muchacha indígena de la primera pieza del libro, y también que “estoy viva por asombro”. En cuanto a la otra mirada, la masculina, relativamente ausente en este libro, sucede por ejemplo que “cuando los hombres no están enamorados, son un asco”.

El título general enciende la luz de la intención del libro, o al menos ayuda a aclararlo. Al margen de lo radicales o lo traumáticas que puedan ser las experiencias de las tres narradoras, todas tienen una fuerza personal y una voluntad comparables a la fuerza de la propia narración. En la naturaleza los truenos llegan después de la luz, pero aquí es un poco al revés: estas tres poderosas historias traen consigo tres fogonazos que iluminan tres posibles vivencias, menos o más recientes, de la historia de las mujeres en Argentina.

Juan Marqués, ‘Las Librerías Recomiendan

“Queridos niños” de David Trueba

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Queridos niños

Queridos niños

Trueba, David

ISBN

978-84-339-9930-6

Editorial

Editorial Anagrama

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Si con Saber perder (2008), lo que aprendimos es a aceptar que la felicidad es compatible con la pérdida, con Queridos niños, la nueva novela de David Trueba, lo que vamos a aprender y aceptar es que nunca ganaremos.

El argumento tiene todos los ingredientes para resultar atractivo a simple vista: se acercan las elecciones y el partido con el pasado (y el presente) más corrupto del país se presenta con una candidata madura pero inexperta en el manejo de los tiempos de la política. Asistiremos a un recorrido por toda la geografía española siguiendo los pasos de Basilio, que se incorpora al equipo del partido como asesor de los discursos de Amelia, siempre en la delgada línea entre la cruda sinceridad y la muralla desde donde las palabras de los demás no duelen.

La brillantez de este texto no reside en un novedoso planteamiento o en unos personajes nunca vistos, sino en la llamada a la conciencia que supone, sin ser un libro moralizante, que pretenda que elijas un bando. Todos somos queridos niños porque todos necesitamos confiar en que alguien nos salvará y nos guiará por el camino que es mejor para nosotros. Todo para los niños pero aún más para nosotros.

Creemos saber cómo funciona la trastienda del poder político, pero al final el engaño y la corrupción sólo cambian de gama cromática para acabar difuminándose en un engrudo formado por las cientos de certezas que creemos dominar y que no son más que débiles espasmos que nos provocamos para insuflar vida a nuestro decadente activismo mental.

Trueba ofrece en su texto el ritmo de quien escribe para que el libro se deslice por tus ojos como una película, de esas sin grandes efectos especiales pero en las que te sumerges sin importar si tocas o no el fondo.

Y en esto el autor maneja con soltura no sólo la reflexión sobre el funcionamiento del sistema político y, sobre todo, de la arquitectura de una campaña electoral, sino también las fórmulas literarias que, como si de una llave maestra se tratara, abren las puertas de la curiosidad y del disfrute. Literatura directa, rápida, certera, ante la que asientes con la cabeza en silencio.

Queridos niños no es una nana que nos sirva de preámbulo al sueño protector, sino el cruel y necesario canto de los primeros pájaros de la mañana que nos hacen abrir los ojos a un mundo que, lamentablemente, tiene los mismos defectos de ayer.

Cristina ContrerasLa Montaña Mágica (Cartagena, Murcia)