Más libros de la semana de Literatura

“La piel” de Sergio del Molino

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La piel

La piel

del Molino, Sergio

ISBN

978-84-204-3892-4

Editorial

ALFAGUARA

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Nuestro amigo Antonio Chéliz, librero en La General (Aínsa, Huesca), continúa enviando vídeo-reseñas desde lugares envidiables. Esta vez nos habla desde Puyarruego, con el Parque Nacional de Ordesa al fondo, y lo hace de La piel, de Sergio del Molino, recién editado por Alfaguara. Y, hablando de Ordesa, es curioso que comprobar que, Patria aparte, los tres grandes fenómenos editoriales de los últimos años (esto es, la aludida Ordesa de Vilas, El infinito en un junco de Vallejo y La España vacía, del mismo autor reseñado hoy) llegaron, como la vídeo-recomendación de hoy, desde tierras aragonesas, lo cual anotamos, por supuesto, sólo como curiosidad.
Para escuchar la vídeo-reseña (y admirar las vistas), pincha aquí.

“Flota” de Anne Carson

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Flota

Flota

Carson, Anne

ISBN

978-84-120833-0-9

Editorial

Cielo Eléctrico

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En ‘Las Librerías Recomiendan’ estamos absolutamente persuadidos de que el trabajo de las librerías consiste también en visibilizar, difundir y defender proyectos arriesgados, siempre que, obviamente, estén construidos sobre el buen criterio. La semana pasada comentamos aquí los dos primeros libros de dos nuevas editoriales: la albaceteña InLimbo y la malagueña Letra Versal, y hoy queremos reflexionar sobre el primer libro de la madrileña Cielo Eléctrico, un proyecto casi temerario cuya publicación coincidió fatalmente con el inicio de la crisis mundial producida por el coronavirus, y cuya promoción y “vida” natural, nos tememos, puede quedar por tanto seriamente perjudicada. Esta Flota de la helenista canadiense Anne Carson no debería pasar inadvertida, por varios motivos, aunque a la vez es completamente obvio que no es una obra que pueda salir al paso de todas/os las/os lectoras/es, sino que busca gente afín, lectores iniciados en la autora, personas inquietas o con una perspectiva de la literatura especialmente compleja (y compleja no quiere decir superior o avanzada, simplemente eso, compleja, en el sentido de sofisticada, o interdisciplinar, o retorcida…).

Para empezar, urge ya explicar que lo que tenemos aquí es una caja o un estuche de plástico en el que se agavillan, sueltos, hojas y cuadernillos independientes de diferente extensión. Incluso las guardas del libro o las páginas de créditos van por libre, de modo que el resultado es algo más que esos “veintidós cuadernillos” que ofrecía la edición original, Float, presentada de forma idéntica, aunque aquí se añade, además, un cuadernillo específico que recoge los textos originales (sobre los que trabajaron los poetas Jordi Doce y Andrés Catalán, eficaces responsables de la traducción). En cuanto al contenido, hay de todo, hasta el punto de que sólo incurriendo en un acto de reducción intelectual lo colocamos en nuestra sección de poesía, pues no hay otro espacio en las librerías o en esta página para acoger una obra que contiene ensayos, aforismos, conferencias, apuntes sueltos (con tachones incluidos, aunque no hay textos “manuscritos”), traducciones, versiones de Eurípides, listas, pequeñas prosas (nunca exactamente narrativas), pequeñas piezas dialogadas… Es decir que, excepto (felizmente) imágenes, dibujos, fotografías, cualquier tipo de material audiovisual…, aquí se recogen todas las variedades de la escritura, pero nadie debería buscar en esta tremenda y frondosa variedad textual un sentido unitario, como no sea muy abstracto y general, pues no se trata de un “proyecto” con un solo sentido, sino que más bien, pensamos, Carson ha querido insinuar con este desorden el inmenso (y probablemente fenomenal) desorden general en el que se ha convertido todo.

Flota es, así, un libro (aunque, dada su presentación y su variedad, lo de “libro” habría que ponerlo así, entre comillas) que recomendamos a todas/os aquellas/os que hayan concluido que la literatura es un proyecto quimérico, un ideal inalcanzable, y que por lo tanto ya no queda sino expresar esa certeza en forma de deliberado exceso, de puro caos, de dispersión y fragmentos. Podemos pensar que hay una enorme falta de humildad en un asunto como éste (ya Nox, francamente, nos hizo desconfiar ante la falta de mesura de la autora, viendo en aquel aparatoso libro un homenaje familiar privado difícilmente compartible, y donde la supuesta emoción, bastante forzada, se disolvía por completo en la espesura literaria…), pero también podemos intuir que lo que aquí se nos ofrece, con mucha mejor puntería y un tono mucho más acertado, por más común, es toda una filosofía literaria, una invitación a meditar sobre los objetivos y los límites de la palabra, de los géneros, del propio libro entendido como metonimia de la cultura. Desencuadernando este libro se desencuaderna la literatura y se desencuaderna la tradición, lo heredado, que así, paradójicamente, se hace más leve, más cercano, extraído de los mamotretos y ofrecido en hojas volanderas. La literatura revela todo su poder comunicativo a través de cada época colectiva, sí, pero eso no nos debe hacer olvidar que la literatura son momentos, arrebatos de inspiración, tardes de trabajo, apuntes espontáneos, conferencias, esquemas para una clase, aforismos, una carta… Y en una época como la nuestra, con tanto ruido, tantas distracciones, tanta palabrería superficial, la reunión de todas estas piezas literarias, tan diferentes y casi incompatibles, parece sugerir una intuición en la que late una esperanza: no olvidemos que todo es uno, que hay una unidad secreta en todo lo valioso, que hay que saber discernir, encontrar y aislar los textos realmente significativos para que perduren.

Juan Marqués, para ‘Las Librerías Recomiendan’

“Hiperbóreas. Antología de poetisas nórdicas”, de Francisco J. Uriz

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Hiperbóreas

Hiperbóreas

AA.VV.

ISBN

978-84-948649-5-7

Editorial

Erial Ediciones

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El poeta, dramaturgo, memorialista y, ante todo, traductor zaragozano Francisco J. Uriz es algo así como el embajador de la literatura escandinava en España (y viceversa), y sería difícil explicar la importancia de la ya veteranísima carrera literaria de Uriz a no-lectores de poesía, porque no sólo se trata del abrumador volumen de páginas que ha vertido desde el sueco, el noruego, el finlandés y el danés al español (para el islandés siempre ha recurrido a ayudantes), sino de la importancia decisiva de muchos de esos textos. Hemos leído en sus versiones, y entre otras decenas de posibles ejemplos, el teatro y los ensayos de August Strindberg o las novelas de Per Olov Enquist, pero ha sido la poesía lo que más le ha ocupado. Listar aquí los apellidos de todas/os las/os poetas nórdicas/os que ha traducido sobrepasaría ya la extensión estipulada para esta reseña, pero insisto en que, más que el impresionante caudal de producción, importa que entre ese trabajo está la poesía de Nordbrandt, Tranströmer, Espmark, Christensen, Martinson, Forssell, Ekelöf, Andersson… Gracias a Uriz llevan décadas siendo leídos en España, y sería posible rastrear cómo esa literatura llegada del frío ha condicionado en parte la poesía escrita por algunos de los mejores poetas de las últimas generaciones españolas.

Ya en su crucial volumen de Poesía nórdica (Premio Nacional de Traduccción) Uriz recogió, naturalmente, a muchas poetas, y después ha publicado libros completos de Sonia Akesson, la ya citada Inger Christensen (cuyo Alfabeto, no nos cansaremos de repetirlo, es uno de los libros más hermosos y logrados que conocemos), Marta Tikkanen, Maria Wine o Lina Ekdahl. Y todas ellas están ahora en Hiperbóreas, la nueva antología poética que Uriz nos ofrece, y en la que convoca sólo a mujeres de todos aquellos países y de los últimos ciento treinta años, desde Edith Södergran (ya bien conocida en España gracias a Encontraste un alma) hasta autoras como Jenny Wrangborg, nacida en 1984.

Uriz divide el libro en secciones temáticas y, como hace siempre, enfatiza la poesía que en los años sesenta se consagró a denunciar determinadas averías de la realidad: la guerra de Vietnam, diversoso colonialismos o el hecho de que Suecia fuese una potencia en la fabricación y venta de armas. Uriz siempre ha declarado una enorme afinidad (que se comprueba en su propia poesía) hacia esa literatura comprometida, a veces de pancarta, muy involucrada en lo social. También las mujeres, desde luego, participaron muy activamente de aquello, pero Uriz sabe encontrar los poemas en los que late, además, una denuncia tácita y doméstica bajo la denuncia más obvia y colectiva, y en las que algunas autoras, como la finlandesa Anita Wikman, desliza una protesta de signo feminista en un poema principalmente pacifista: “Eso es lo que he oído contar, hermana, / y el desprecio del hombre y la inquietud en estos tiempos / son como gritos de socorro dirigidos a mí, y tengo que salir, / tengo que dejar los suelos menos brillantes / porque tengo que salir a buscar la verdad / porque en parte somos responsables, hermana, / de todo lo que ocurre en el mundo”.

La islandesa Ingibjörg Haraldsdóttir es más ácida y directa: “Cuando todo está dicho / cuando los problemas del mundo han sido / pesados, medidos y resueltos / cuando los ojos se han mirado / y estrechado las manos / en momentos solemnes // llega siempre una mujer / que recoge la mesa / barre el suelo y abre las ventanas / para ahuyentar el humo de los cigarrillos. // No falla”.

Con todo, no son sólo temas específicamente femeninos o feministas los que aquí comparecen, pues la poesía no entiende bien de esas cosas, no distingue: el amor, el paso del tiempo, la muerte, el paisaje o la memoria, teñido todo frecuentemente de ese particularísimo humor nórdico que nos encanta a tantos, son temas principales del libro por ser temas comunes y universales, inevitables. Pero claro que lo que más impresiona son algunos poemas sobre la violencia contra la mujer, sobre el sometimiento, la anulación, la opresión, los condicionamientos profundos… e impresionan incluso cuando estos últimos son formulados desde la aceptación por parte de la implicada, como en un poema de la finlandesa Eeva Kilpi: “Dime si molesto, / dijo él al entrar, / porque me marcharía inmediatamente. // No sólo molestas, / contesté, / pones patas arriba toda mi existencia. / Bienvenido”.

Juan Marques, para ‘Las Librerías Recomiendan

“Da dolor” de Pilar Adón

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DA DOLOR

DA DOLOR

Adón Pilar

ISBN

978-84-120475-6-1

Editorial

LA BELLA VARSOVIA

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Pilar Adón (Madrid, 1971) es una escritora polifacética y una excelente traductora, autora de novelas como Las efímeras (Galaxia Gutenberg, 2015), tan buena como asfixiante, de relatos que beben de la mejor tradición anglosajona, como los recogidos en El mes más cruel (Impedimenta 2010) o en La vida sumergida (Galaxia Gutenberg, 2017: reseñados por mí misma para ‘Las Librerías Recomiendan’), y traductora a nuestra lengua de autoras imprescindibles como Penelope Fitzgerald, Iris Murdoch o Barbara Baynton. Es una mujer menuda con cara de duendecilla traviesa y con una conversación fascinante y plena de profundidad. Es licenciada en Derecho y especialista en Legislación Medioambiental y es, además, poeta.

Pilar poeta ha publicado con La Bella Varsovia La hija del cazador (2011), Mente animal (2014), Las órdenes (2018 [: reseñado también en ‘LLR’]) y, estos días, Da dolor, un poemario sólido y duro: pétreo, y sin embargo dinámico; lleno de dolor y de añoranza: de rabia pero, también, finalmente, de aceptación. Un libro que es su título y que para recomendarlo me ha obligado a la introducción sobre los quehaceres intelectuales de la autora (también ensayista, por cierto) porque no me parece posible disfrutarlo sin entender que Pilar Adón es una duenda que trabaja con las palabras y que con ellas siente y explica, dice, nos dice, y se dice; que con ellas busca explicación a lo inexplicable y crea sentido(s) para cobijarse y ofrecernos apoyo.

Da dolor es un libro duro (sé que me repito) no solo por el contenido de los poemas (un contenido que solo intuimos sintiéndolos como propios) sino por lo árido (“Aridez” se titula uno de los poemas de la primera parte) del lenguaje y por la multitud de referencias soterradas que atesora. Es un libro complejo desde el propio título, que requiere varias lecturas en varios momentos porque se superponen capas diversas que, además, se mueven en el tiempo. ¿Qué es lo que da (no produce, no causa, no origina: da) dolor? ¿Qué dolor da? ¿Dónde duele? Todas estas dudas surgidas de la originalidad del título tienen múltiples respuestas en los poemas de este libro, veintiocho poemas distribuidos en tres o cinco partes (depende de cómo se mire) que hacen alusión a fenómenos geológicos (orogénesis, deformación, plegamiento) y, simultáneamente temporales (lo de antes, durante, lo de después), formando un todo sólido (vuelvo a saber que me repito), unitario, que queda cerrado antes de que la erosión de quien lee, de quien escribe, se inicie.

La primera parte del libro (consideraré que son tres), reúne doce poemas previos a la aparición del dolor-montaña escarpada. Son poemas ajenos a lo que sucederá que unas veces reivindican ese tiempo anterior (¿el de la infancia?, ¿el de la inocencia?, ¿el del desconocimiento?) y, otras, presienten. Así, al final del primer poema la poeta reivindica su derecho al recuerdo:

“Dejadme recordar. Mirar atrás

no puede ser un pecado tan grande.

La memoria de una esposa, la memoria

de la humanidad entera.

Mi padre me llamaba Pilu.

Mi madre, ratona.

Aunque ellos no se acuerden.”

 

Mientras que en el sexto nos advierte:

“TODOS LLORAMOS a alguien. A todos nos llega

la hora.

O, como decía mi abuela,

el que no tenga que espere.”

 

La segunda parte, la que encarna el dolor, lleva por título “Deformación (durante)” y contiene siete poemas transitados por el miedo y la rabia, por el desconcierto, la incertidumbre y, también, la solicitud de ayuda, la petición de apoyo, el deseo de que nada sea como es. En esta parte se encuentra el poema más corto del libro:

“ESO ESPIRITUAL QUE VES es mi pena.”

Hay en estos poemas referencias explícitas a la enfermedad, no a una enfermedad, sino a la enfermedad (“Alimentadoras. Oferentes de sodio, potasio,/antibióticos” leemos en “Ladera 1”), a las obligaciones del papel asumido (“Es mi misión querer./Tomar la temperatura de 34 con 6./Repartir sobrecitos de azúcar,/desdoblada. Ardiendo-yo.”  Encontramos en “Ladera 2”), a la rabia como negación (“Que los cestos nuevos dejarán de serlo/y la fruta recién traída irá pudriéndose./¿Cómo entenderlo, doctor?¿Qué aprender?” nos dice la autora en el poema titulado “Hospitalidad”). Es esta la parte central, la más dura, la del presente que se impone. La de la soledad. La de la negación en la palabra y la aceptación en el acto. Una parte para leer muy despacio y respirar profundo.

La tercera parte lleva por título “Plegamiento (lo de después)” y consta de cinco poemas, a los que se añaden otros cuatro en una coda o epílogo que nos interpela directamente. La rabia permanece en el después, se hace fuerte y se ensaña contra la palabra que no sirve, que no cura, que no evita y contra la propia autora que en el poema “LECTOR QUE ASUMES…” nos advierte:

“LECTOR QUE ASUMES estos versos,

has de saber que su autora es una bestia innoble

que no puede callarse. Que escribe

sobre entrañas y personas decentes,

y despierta cada día dentro de una cabeza

derramada en chirrido.

Que entrega

y delata a los que más quiere,

sin borrar nada, perder nada,

midiendo el valor de una vida

por los libros leídos,

libros escritos.

Su nula dignidad

y su poca ética.”

 

Y una cosa hay de cierta en esta advertencia: Pilar Adón es una bestia. Y lo es porque es capaz de trasmutar lo descarnado en palabra, de nombrar el miedo, la soledad, el sueño, el recuerdo, el vértigo. Una bestia porque escarba hasta dejarse los dedos y lograr que del interior de la materia pétrea brote el agua.

Lean este libro. “Da dolor”, sí, y nos da la vida porque nos devuelve la palabra y el agua inicial. El poemario se cierra con un poema titulado “Oceanus”. Lean a la bestia. No digo más.

Izaskun Legarza Negrín, Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife)

“La España del silencio” de Borja Cardelús y Muñoz-Seca

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La España del silencio. Novelas del mundo rural y la naturaleza

La España del silencio. Novelas del mundo rural y la naturaleza

Borja Cardelús y Muñoz-Seca

ISBN

978-84-17954-92-5

Editorial

Almuzara

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Yo conocí “la España del silencio”, la de las noches frías y oscuras, aquella en la que el ladrido del perro, el canto del gallo en el corral o el tañer de las campanas, se escuchaban a kilómetros de distancia y en la que el ruido de los motores no era frecuente.

Una España de costumbres milenarias y de una agricultura y ganadería de subsistencia en la que nada era superfluo y en la que nada se desaprovechaba.

Esa España, a la que hoy denominamos “España vacía”, no sólo esta perdiendo población, sino que también pierde tradiciones, cultura popular y un vocabulario que durante generaciones ha servido para nombrar con precisión accidentes geográficos, animales y plantas, herramientas o labores: regajo, portillo, torvisco, orza, agavillarse, son algunas de esas palabras que van cayendo en el desuso.

La pluma de Miguel Delibes retrató con detalle, autenticidad y dulzura la áspera campiña de su Castilla natal y Borja Cardelús hace lo propio en estas seis novelas recopiladas en un solo volumen: La España del silencio.

Borja Cardelús ha recorrido España de punta a punta, como escritor y director de cine documental, ha vivido y convivido con sus pobladores y le han hecho participe de esa honda sabiduría que les ha permitido extraer los recursos necesarios para sobrevivir mediante la caza, la pesca, la recolección y las labores del campo, en definitiva, el aprovechamiento integral de la naturaleza de un modo sostenible.

Seis historias con protagonistas como el viejo y solitario lobo, Ciriaco el “alimañero”, o el último pastor trashumante, entre otros, nos trasladan a las marismas, la dehesa, las agrestes sierras o los campos de labor, rindiendo un homenaje a la España rural, “el salvajerío ibérico”, como denomina el autor a las tierras en las que el latido de la naturaleza, todavía, marca el ritmo del ser humano.

Un libro con el que Borja Cardelús cumple con la responsabilidad de evitar que ese gran acervo cultural y natural no se pierda, y además lo hace de un modo magistral, con historias que no dejarán indiferente al lector.

Ángel Sáez Carretero, Librería Patagonia (Valencia)

“En esta casa” de Alberto Conejero

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En esta casa

En esta casa

Conejero, Alberto

ISBN

978-84-121526-0-9

Editorial

Letraversal

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De la poesía se podría decir exactamente lo que Alberto Conejero (Vilches, Jaén, 1978) dice de sí mismo: “yo soy aquello / que aún no existe y sin embargo / me aguarda desde siempre / confiando”. La poesía no existe: es una quimera, un horizonte, un ideal al que apenas nadie se ha aproximado: lo que hacemos es buscarla, arañarla, y a eso lo llamamos “poesía”, como si ese proceso se hubiera culminado. Igual que los viajeros dicen que la meta está en el camino, en la poesía el tesoro está en la búsqueda, el tesoro es el mapa. No sabemos qué podría haber más allá.

Por otra parte, quienes al final merecen ser deslumbrados son aquellos que más lo han anhelado. En ese sentido el dramaturgo, poeta y crítico Alberto Conejero parece infatigable, incluso iluso en su desproporcionado afán de vida y de plenitud (desproporcionado en cuanto a que la vida no suele poder estar a la altura de ciertas exigencias). En su primer libro, Si descubres un incendio, se recordaban con explícita nostalgia “los días en que el amor estuvo / y nosotros con él en esta casa”. No sé si es de estas tres últimas palabras de donde procede el título de su segundo poemario, publicado a comienzos de 2020 como primer título de la nueva editorial malagueña Letra Versal, pero ya se apuntaba allí una decepción, el reverso de lo que fue perfecto, la herida que sigue a la alegría con naturalidad perfecta. Nadie debería declarar una guerra sin tener asumido que la puede perder, y la guerra que, en cierto sentido, Conejero parece haber declarado a la realidad (o cuando menos a cierta realidad) es una guerra perdida, una guerra ideal. Para empezar las guerras con la memoria de otras guerras (“Vais comprendiendo qué significa julio / qué significa España”…, dicen los primeros versos de En esta casa), pero también con el tiempo, con el desamor, con la indiferencia universal ante las cosas relevantes, o con uno mismo y con sus contradicciones.

Y sin embargo, y eso es lo que importa, el balance de la poesía de Conejero, al menos hasta hoy, con sus dos primeros libros, no es en absoluto amargo. Es, como mucho, melancólico, pero alguien definió la melancolía como “la alegría por estar triste”. Simbólico pero cercano, Conejero va levantando una poesía observadora, hipersensible y llena de buenas citas que dejan una sensación de serenidad laboriosa, de conformidad rebelde, si se pueden admitir esas paradojas. Entre la obediencia ante las cosas inevitables y la oposición a las injusticias evitables, su palabra retumba desde tiempos muy anteriores a él mismo, consciente de la Historia y de la cultura, testigo de la tradición y, en cierto modo, su continuador, su prolongación. Y en la balanza, sin ignorar las agresiones del tiempo o de los otros, vence la gratitud, como cuando dice (en un arrebato muy “lorenzolivaniano”) que “no es esta sombra / derrota de la luz sino su indicio”.

[Juan Marqués, para ‘Las Librerías Recomiendan‘]

 

“El hijo culebra” de Ángela Álvarez Sáez

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El hijo culebra

El hijo culebra

Álvarez Sáez, Ángela

ISBN

978-84-121675-0-4

Editorial

InLimbo Ediciones

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Sucede algo llamativo: en los últimos años es muy fácil observar cómo muchas/os editoras/es, muchos/as libreros/as, utilizan como infalible argumento de venta el hecho de que el lector va a pasarlo mal leyendo el libro que le recomiendan. “Este libro es como un puñetazo en el estómago”, llegó uno a escuchar a un editor en la Feria del Libro, y el potencial cliente, en vez de pasar de largo, agradeciendo el “chivatazo”, compró el libro inmediatamente, impaciente al parecer por recibir esa paliza. Uno entiende que hay géneros a los que les conviene presumir de “estremecedores”, “sobrecogedores”… o testimonios personales en los que predomina lo doloroso, por pura definición, pero a la vez considero que no es un síntoma halagüeño el hecho de que hayamos concluido que lo “terrible”, lo “impactante”, lo que “no te va a dejar dormir”… atraen tanto a tanto público. Lo que debería ser disuasorio es más bien un señuelo: extraño. Quienes somos tan ingenuos que pensamos que la realidad es en general un poco más amable, menos amenazante, o que al menos no responde exclusivamente a una perspectiva o incluso a una ideología pesimista, tenebrosa, feísta, luctuosa… miramos con desconfianza ese fenómeno, casi como algo preocupante. Aunque habría argumentos de consuelo: en Islandia se produce un asesinato cada año y medio, y sin embargo, si uno lee literatura negra islandesa, parece que mueren descuartizadas varias personas cada mañana. Tal vez esa búsqueda del dolor en las páginas es prueba de que “al otro lado del espejo”, aquí fuera, en el mundo no escrito… las cosas van mejor de lo que esos mismos ingenuos diríamos que van.

Ahora bien, por otro lado es fácil entender que hay libros que no admiten suavizantes, “libros sin paliativos”, como escuché a otro editor. Si una poeta como la todavía joven y a la vez ya veterana Ángela Álvarez Sáez (Madrid, 1981) ha decidido escribir un libro monográfico sobre la gestación subrogada, y lo hace claramente desde la oposición frontal, entonces el libro difícilmente podría ser muy jovial. Es principalmente poesía, sin duda, pero en realidad El hijo culebra es también un libro híbrido, hecho de materiales heterogéneos, con diarios (de ficción) de la gestante, partes claramente narrativas y, sí, series de poemas de extensión irregular, monólogos ajenos donde, sin embargo, reconocemos la voz de la poeta, pero lo que al cabo se levanta aquí es algo así como una novela en verso:

 

Por la noche saltan los perros
la cancela. Buscan alimento.
Yo me ofrezco, pero me rechazan.
Husmean. Babean sobre mi cuerpo.
Bajan al río y vuelven
con algo a lo que cuidar.

 

Por otro lado, éste es el primer título de una nueva editorial, la albaceteña InLimbo. En ‘Las Librerías Recomiendan’ somos, por definición, muy amigos de las nuevas editoriales, de los proyectos valientes, de las propuestas audaces. La crisis universal del Covid-19 ha coincidido con la irrupción de algunos nuevos sellos, que han nacido, como el niño del libro, en mal momento, y se han visto perjudicadas desde su misma aparición. Algunas otras son de poesía, como Cielo Eléctrico, en Madrid, o Letra Versal, en Málaga: iremos hablando de ellas. De momento saludamos el primer libro de InLimbo, y aplaudimos el acierto de su primer título, un libro poderoso, convincente y de valor duradero.

[Juan Marqués, para ‘Las Librerías Recomiendan’]

“Los árboles que nos quedan” de Ramón Andrés

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LOS ÁRBOLES QUE NOS QUEDAN

LOS ÁRBOLES QUE NOS QUEDAN

ANDRÉS, RAMÓN

ISBN

978-84-9002-155-2

Editorial

HIPERION

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No confinado ya en su domicilio de Pamplona, sino felizmente recluido en la Librería Walden, y muy concretamente en su cuidada sección de poesía, Daniel Rosino protagoniza el regreso más esperado del Estado de Alarma con una nueva vídeo-reseña en la que, como remate, recita uno de los poemas de su libro recomendado, Los árboles que nos quedan, de Ramón Andrés, publicado por la veteranísima editorial Hiperión.

Para ver la vídeo-reseña, pincha aquí.