Más libros de la semana de Literatura

“Guayacanal” de William Ospina

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Guayacanal

Guayacanal

Ospina, William

ISBN

978-84-397-3699-8

Editorial

LITERATURA RANDOM HOUSE

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Nos llega una nueva remesa de libros a nuestra pequeña librería, la abrimos y vamos vaciándola ejemplar a ejemplar. Enseguida nos llama la atención este título. No conocemos al autor, no sabemos nada de él, pero lo separamos del resto de libros. Se trata de Guayacanal de William Ospina. Empezamos a leerlo y… sorpresa.
Desde el principio nos atrapa su escritura, nos embauca una narración que nos hace dudar si se trata de una autobiografía o es mera ficción. Aún, finalizado el libro, andamos en esa duda.
El protagonista, que parece ser el propio autor, inicia o, mejor dicho, quiere iniciar una vez más un viaje hacia las altas tierras que acogieron a sus abuelos cuando emigraron en busca de una mejor vida.
Estamos en Colombia, en las difíciles, agrestes y empinadas cumbres del altiplano. Terrenos duros poco aptos para el laboreo, aldeas perdidas en las inmensidades solitarias. Allí, ahí, es donde sus abuelos inician una nueva vida.
Ospina sube a esas tierras, encuentra esas aldeas donde las voces de los antiguos le cuentan viejas historias de desprendimientos de personas y animales rodando hasta el caudaloso río del fondo del barranco. Historias de amores y casamientos, historias de música fiestera en las pocas ocasiones señaladas. Historias de santería y asesinatos.
¿Es Ospina el protagonista o es todo ficción? No lo sabemos. ¿Quiénes son entonces esas personas que aparecen en las fotos? ¿No son acaso sus abuelos, él con semblante adusto y ella seria, pero segura de sí misma? ¿No son acaso sus tíos y sus pequeñines sobrinos quienes aparecen retratados en día de fiesta, disfrutando de uno de los escasos días sin trabajo?
Tanto nos ha sorprendido y gustado William Ospina que ya tenemos preparada sobre nuestra mesilla de noche otra obra suya.
Pura literatura. El goce de la lectura.

Rodrigo Gallero Galván, Librería Machado (Coín, Málaga)

“La sirena negra” de Emilia Pardo Bazán

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La sirena negra

La sirena negra

Pardo Bazán, Emilia

ISBN

978-84-18440-09-0

Editorial

Nocturna Ediciones

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Tras salir de una representación teatral donde, según se nos dice, se ha reflexionado sobre “la alegría de vivir”, Gaspar de Montenegro, un joven adinerado, solitario y (como adelantaba su nombre) un poquito cenizo, comienza (o continúa) una meditación más o menos profunda al respecto, una valoración general sobre el sentido de la vida que le lleva a enfatizar su pequeña fobia social, a enfrentarse con su rígida hermana, a espantar pretendientas y a adquirir hábitos o tomar decisiones que escandalizan levemente a los círculos más rancios entre los ambientes mejor acomodados de Madrid. Nos cae bien por ello, por ser tan independiente como su creadora, pero esa simpatía viene matizada por su exceso de señoritismo, por su pulcritud despectiva, por sus amaneramientos (DRAE: “Amaneramiento: Falta de naturalidad, espontaneidad o variedad en el estilo artístico, el lenguaje, los gestos o los modales”).

No podemos destripar nada, porque aquí hay mucho de novela de tesis, sí, pero sobre todo es una novela de trama, aunque sí avisamos de que, como el título anuncia, el argumento se va deslizando capítulo a capítulo hacia zonas escabrosas, medio tétricas y hasta un poco sobrenaturales (aunque todo tiene una explicación psicológica). Acierta la contracubierta al avisar de que en esta novela, publicada en 1908, Emilia Pardo Bazán se desprende bastante del naturalismo y se entrega a lo simbólico. En su leidísimo, reeditadísimo e influyente Novelistas buenos y malos, el jesuita Ladrón de Guevara desdeñaba a doña Emilia por “caer en el realismo deshonesto y, en alguna novela, hasta en el determinismo”: en La sirena negra hay posiblemente más de lo segundo que de lo primero, a no ser que las excitaciones psicológicas, las crisis anímicas y espirituales, las obsesiones de uno u otro signo o las alucinaciones y los sueños sean también materia prima del “realismo”, como sin duda lo creía Pardo Bazán. Lo que básicamente se viene a defender es que la realidad es muy compleja, y, como por esas fechas defendía ya Freud, lo que sucede por dentro de nosotros no sólo es perfectamente real, sino que tiene evidentes consecuencias constantes en la realidad superficial y exterior.

Creíamos que conocíamos bien la obra de Emilia Pardo Bazán y de repente Nocturna nos devuelve esta novela poco difundida, extraña, incómoda y epilogal, no sólo, relativamente, en la bibliografía de la autora sino en sí misma, por su tema y su tono. Sin duda hay que añadir La sirena negra a la lista de numerosas novelas europeas que expresaban el inmenso aturdimiento ante la modernidad, los conflictos provocados por los contrastes sociales (pero no conflictos colectivos, sino conflictos privadísimos), el desconcierto ante un mundo nuevo que estallaría cinco años después de su aparición.

Juan Marqués, ‘Las Librerías Recomiendan‘.

“Sub Luce Maligna” de Gonzalo Fontana Elboj

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SUB LUCE MALIGNA

SUB LUCE MALIGNA

Fontana Elboj, Gonzalo

ISBN

978-84-121551-6-7

Editorial

EDITORIAL CONTRASEÑA

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Malos tiempos para el ‘memento mori’. Sobre todo, si son veraniegos, como los presentes. Que en plena explosión de luz y vida, las mesas de novedades de las librerías alberguen un libro de ultratumbas y misterios constituye una auténtica provocación. A uno le gusta el barro literario y entra al trapo. Es imposible resistirse a no tomarlo entre las manos y observar perplejos la terca calavera que, coronada con el laurel que los antiguos reservaban a los mejores, ilustra su portada. Sub luce maligna. ¿Cómo demonios –nunca mejor traída la expresión– se le ha ocurrido a alguien un
título tan bueno?
El autor, que por dedicación académica frecuenta al inmortal Virgilio y a otros próceres de las letras latinas, cuenta que el héroe de la Eneida, al asomarse a las puertas del infierno, caminaba bajo una luz malvada y misteriosa, presagio de un nuevo orden de realidad al que nosotros, para entendernos, llamamos el “más allá” o el mundo de “lo sobrenatural”. Estos conceptos, nos advierte el profesor Fontana en el prólogo –imprescindible–, forman parte de nuestra cosmovisión ilustrada y “desencantada” (en la estela del sociólogo Max Weber), pero son por completo ajenos a los romanos, a los ciudadanos de eso que hemos dado en llamar “el mundo antiguo”.
Porque es de esos romanos de carne y hueso, de los hombres y mujeres del ayer, de los que habla este libro. De sus miedos y temores, pero también de sus sentires y deseos, quizás no tan diversos de los nuestros. Y de cómo convivían con naturalidad con espectros, casas encantadas, licántropos o muertos vivientes. De esa sorprendente complicidad entre vivos y muertos dan cuenta las más de trescientas páginas de este libro. En ellas, el autor ha seleccionado y traducido –con un estilo erudito y elegantísimo que se agradece– una batería de textos de diversos géneros y épocas de la literatura latina que, salpicados con introducciones y notas aclaratorias, ofrecen al lector un conjunto tan enjundioso como entretenido.
Éste no es un libro de terror, aunque aborde asuntos terroríficos, porque el mundo antiguo desconocía la literatura de este género. Las consideraciones por parte del autor acerca de la etiología de la literatura de terror en época reciente, así como el sentido de las prácticas mortuorias, encantamientos y otros fenómenos similares, ampliamente descritos en los textos traducidos, constituyen un acercamiento al mundo antiguo que, paradójicamente, revela aspectos ocultos e inquietantes de nuestro hoy. Y así, tras leer esta “antología de textos de la antigua Roma sobre criaturas y hechos sobrenaturales” y el impagable prólogo –que por sí solo merecería una publicación independiente–, uno no puede dejar de preguntarse si acaso la Modernidad haya arrumbado con demasiada ligereza aquel mundo de fantasmas, brujas y monstruos. Porque, como Gonzalo Fontana nos recuerda, “hay en la condición humana un malestar primordial, el enemigo de la propia vida, en el que habita una angustia sin nombre ni dimensión, un monstruo antiguo que es el maestro y el señor de todas las cosas y que es, de hecho, más terrible que el propio miedo” (p. 29). Que la lectura es un ritual con el que conjuramos los miedos es sabido de sobra por quienes frecuentamos los templos de tinta. Así que la lectura de Sub Luce Maligna, que contempla los miedos de los antiguos con rigor y respetuosa ironía –también hay que decirlo–, se nos brinda desde luego como un ritual aún más eficaz, incluso en el verano. No duden en acercarse, bajo la guía protectora de una prosa lúcida, inteligente y divertida, al encuentro de licántropos, zombies y demás congéneres. No saldrán espantados, se lo aseguro.

Juan Francisco Comendador, Librería Ars (Zaragoza)

“Facsímil”, de Alejandro Zambra

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Facsímil

Facsímil

Zambra, Alejandro

ISBN

978-84-339-9912-2

Editorial

Editorial Anagrama

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Escribir un libro sorprendente, “original”, distinto… es relativamente fácil. Lo dificilísimo y meritorio es que siga siendo asombroso varios años después de su publicación, que retenga toda la potencia de su aparición, que no se pierda o se disuelva en la anécdota de su forma, que su apuesta siga vigente, que no caduque pronto, que no se olvide, que al cabo de poco tiempo no dé exactamente igual.

El año pasado se publicó Poeta chileno, de Alejandro Zambra, y fuimos varios los que defendimos que se trataba de la mejor novela en español editada en 2020, una preciosa bomba de ternura y malicia, de inteligencia y sentimentalidad de la buena, de gracia y de talento. Aquella novela venía a confirmar, por si hiciera falta, la adicción que muchos tenemos ya a la literatura de Zambra, casi un género literario en sí mismo, reconocible siempre a pesar de la diversidad de sus planteamientos. Alguien que debutara con el arriesgadísimo Bonsái (un salto mortal de setenta páginas), o que dio verdaderas lecciones de literatura en Tema libre (pero en todas sus novelas hay buena teoría literaria, y en todos sus ensayos se agazapan audacias, toqueteos con la ficción…), nos lanzaba en Poeta chileno un libro de mayor aliento, una primera obra maestra que pudiera dinamitar los recelos de los dubitativos, de los inseguros, de los exigentes que se pasan de lentos, de los tibios del “sí, se defiende en las formas breves pero habría que verlo en una novela larga”… Bueno, pues lo vimos, y fue deslumbrante.

Ahora Anagrama ha recuperado Facsímil, un libro de 2014 que pudimos leer en Sexto Piso, y por eso decíamos, al releerlo, lo primero que hemos dicho allá arriba. La estructura del libro es, según se nos explica, la que tuvo durante décadas lo que fue, para entendernos, “la Selectividad chilena”, el extraño examen al que cientos de miles de jóvenes tuvieron que enfrentarse si querían pasar a la Universidad. Y como suele suceder con los exámenes, este libro va de menos a más: al principio se va tanteando al examinando, al lector…, para poco a poco ir aumentando la intensidad e ir entrando en terrenos más frondosos. Las tres primeras partes del libro pueden llegar a impacientar a quien lo lea, pues el ingenio de Zambra, siendo inmenso, no es tan sobrehumano como para que todos entremos en el juego o nos sintamos cómplices de un modo de literatura que, por su dependencia de la forma del examen, adquiere más bien la forma de pasatiempo, de curiosidad divertida pero también insuficiente. Tanto al ayudar a Zambra en el “Término excluido” (lo que por aquí llamábamos el “Táchese lo que no proceda”), tanto el “Plan de redacción” (ordenar acontecimientos para que adquieran su mejor sentido) como en el “Uso de ilativos (completar huecos son palabras), nos entretenemos y sonreímos, pero también intuimos que sólo se nos está “calentando” o preparando para poder pasar a zonas más nutritivas, a “preguntas” que nos darán más puntos. Y así sucede, exactamente: la parte cuarta (“Eliminación de oraciones”) y, sobre todo, la quinta, “Comprensión de lectura”, son las que justifican más que plenamente este libro: en la primera hay verdaderos cuentos, o al menos microcuentos, sólo que amoldados a una forma insólita (el 65 es, por ejemplo, magistral), pero es en la última donde Zambra publica tres cuentos geniales, con el añadido del apéndice de “Ejercicios”, los cuales son imprescindibles para culminar el juego de unos cuentos que ya podrían haber funcionado independientemente sin ningún problema. En el caso del cuento titulado (o, mejor, no-titulado) “Texto nº 2”, estamos ante una maravilla, un cuento magnífico (sobre el retraso de la ley del divorcio en Chile) que, sin embargo, queda no complementado sino efectivamente completado con el cuestionario, que multiplica la gracia y las posibilidades de lo leído. En el último cuento del libro el cuestionario llega aún más lejos, y es casi más importante y mejor que el texto sobre el que indaga, y donde el poder humorístico de Facsímil llega a lo más alto. Con lo extraordinariamente difícil que es el humor en la literatura, qué fuerza cómica logra Zambra, qué capacidad para hacer reír sin descuidar en ningún detalle la calidad (y sin que los temas que trata -la dictadura de Pinochet, la paternidad negligente o herida…- pierdan la gravedad).

Como sucede, pues, en los exámenes, quien persevera sale premiado. Que nadie abandone en los primeros compases, pues se perderá la gloria de la segunda parte, esos dos tercios del libro que comienzan en la página 43 y que nos devuelven al Zambra más inspirado, ese con el que congeniamos automáticamente, ese del que es imposible no sentirse afín, ese del que siempre querremos leerlo todo.

Juan Marqués, ‘Las Librerías Recomiendan

“Tengo miedo torero” de Pedro Lemebel

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Tengo miedo torero

Tengo miedo torero

Lemebel Pedro

ISBN

978-84-122440-9-0

Editorial

EDITORIAL LAS AFUERAS

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Es imposible fijar la imagen de Pedro Lemebel, siempre en los límites y del lado de la marginalidad. Artista, activista y escritor, siempre luchó con su voz y su cuerpo para hacer una fuerte denuncia política y social. En Tengo miedo torero nos situamos en el 86, cuando las calles de todo Chile ardían de rabia por las continuas desapariciones bajo la dictadura de Pinochet y las aún más continuas cargas y represiones policiales. Con una prosa que nace de los lugares más recónditos del sufrimiento humano, Lemebel narra la historia de la Loca del Frente revistiéndola con flores, oropel y encajes, así como de Carlos, militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, con el que entabla una relación. En el otro lado están Pinochet y su mujer Lucía, cuya intimidad pinta Lemebel llena de ironía, riquezas y banalidades.

El verso de la canción de Sara Montiel que da título a la novela es toda una declaración de intenciones para unas páginas que se sumergen en lo popular usándolo como arma de combate de la disidencia, afirmando una identidad que va en contra de lo establecido. No nos queda más que celebrar una vez más esta nueva edición que, con suerte, devolverá a Pedro Lemebel el importante papel que merece en la literatura latinoamericana.

Nacho, Gonzalo y AlfonsoTipos Infames (Madrid)

[si preferís ver y escuchar la vídeo-reseña, pinchad aquí]

“Revelaciones de la maestra del arco” de Javier Vela

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Revelaciones de la maestra del arco

Revelaciones de la maestra del arco

Vela, Javier

ISBN

978-84-18178-79-5

Editorial

Editorial Pre-Textos

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Pues a nosotras este libro no nos ha parecido un experimento, sino un resultado; no un divertimento, sino una exploración, una obra que, por su misma existencia, puede que implique un manifiesto contra la literatura convencional, contra lo consabido y lo anodino, pero que lo hace, en principio, sin ninguna intención combativa: simplemente quiere contar una historia y, por encima, ofrecer una sensación, seguir un proceso de formación deportiva y espiritual, conjeturar cómo puede o cómo pudo vivirse una vida tan distinta a las nuestras, en un contexto tan lejano y opaco para nosotros. Queremos decir que no vemos en este libro una rebeldía contra los géneros, o una subversión de lo habitual, o… No: simplemente vemos coherencia y eficacia, un relato que se despliega a su modo, que tiene algo que decir y logra decirlo de un modo original (no en el sentido, tan sospechoso, de “innovador”, sino en el otro, tan superior, de “genuino”, de texto con raíces, con alma, con corazón). Y es un libro fragmentario, desde luego, pero redondo; es parcial, pero está completo.

“Cada vez que rompemos la mesura herimos el cosmos entero”, dice aquí Javier Vela con un temperamento zen que, en nuestra opinión, empapa y fecunda todo el libro. No hay alteraciones en estas páginas, no hay violencia, hay contemplación: asistimos al despliegue de un buen libro que desarrolla con tiempo y con libertad una curiosa historia, la de la aprendiz de arco Hitomi con sus sucesivos maestros, y en especial con su maestra Naoko. Por medio de relatos mínimos, de “estampas”, de excursos, digresiones, citas, ilustraciones, poemas y hasta listas, el madrileño-gaditano Javier Vela, insistimos, nos ofrece, más que una novela, una sugerencia: de su mano nos asomamos respetuosamente a una cultura francamente extraña, con unos códigos con los que estamos relativamente familiarizados, pero cuyo sentido profundo se nos pierde, no por oscuro sino, al contrario, por deslumbrante, por exceso de claridad.

Siempre que nos acercamos a Japón (que alguien nos acerca a Japón, queremos decir), vemos que es una cultura hecha de introspección y preguntas, de meditación y curiosidad, de búsqueda constante de verdades. Todas las respuestas son ambiguas, cada uno ha de encontrar su propio camino, su propio modo de llegar a las cosas y hacer que se cumpla su destino individual para enaltecer así su propia vida y, con ella, la vida entera. El silencio o incluso las contradicciones son baldosas fundamentales en esa senda, y la duda continua es imprescindible para avanzar. Se diría que la estructura de estas Revelaciones de la maestra del arco ha tenido eso muy en cuenta, y hace del titubeo una conquista: la historia se construye sobre pequeñas situaciones, anécdotas, intercambios de información, referencias a otros casos, “postales” históricas, probablemente bromas apócrifas, pistas falsas: todo ello son aproximaciones, tentativas, tanteos para intentar insinuar algo desconocido, algo impreciso, una “novela de formación” en un ámbito irrecuperable. Y hay que entender que la patria de una flecha no es tanto la diana como el aire, no se trata tanto de acertar en el blanco como de volar decididamente en una dirección: también estaría bien tener eso en cuenta al leer.

Los lectores de Javier Vela estamos acostumbrados a verle flirtear con las fronteras. Son varios libros ya “jugando” con las formas de decir, pero insistimos en que, más que espíritu lúdico, vemos en ello la simple certeza de que cada historia, cada idea, ha de buscar y encontrar su modo mejor de desarrollarse y culminar, su propia forma. Ningún libro de prosa del autor ha llegado hasta hoy tan lejos como éste, que implica, en sí mismo, un estimulante ejercicio de literatura comparada. Se trata de buscar una literatura con perspectiva, una literatura no plana, una literatura de conglomerado, llena de vida y cultura. Habiendo talento, la calidad vendrá por añadidura, y es lo que aquí sucede, en un libro muy especial, ligero pero frondoso, breve pero lleno de tiempo.

Juan Marqués, ‘Las Librerías Recomiendan

“El Evangelio” de Elisa Victoria

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El Evangelio

El Evangelio

Victoria, Elisa

ISBN

978-84-18187-80-3

Editorial

Blackie Books

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Leer la extraordinaria Vozdevieja de Elisa Victoria [recomendada en su día aquí]  nos dejó pendientes de cuál sería su futuro literario. ¿Se convertiría El Evangelio en la novela que la consagrara como el gran talento literario de su generación? Su nueva novela nos ha permitido resolver este interrogante. La protagonista de Vozdevieja era una niña de nueve años que narraba en primera persona. Ahora, en El Evangelio, nos encontramos con la que parece la evolución natural de la voz de esa niña que se ha hecho mayor. Y no especialmente por similitudes argumentales entre ambas novelas, que apenas guardan relación, sino más bien por el estilo propio con el que Elisa Victoria escribe, de manera fresca y espontánea, la historia de su generación.

Lali se convertirá para vosotros, lectores, en un personaje inolvidable, retratado de esa forma tan maravillosa con la que su autora retrata personajes. Una joven de veinte años con una vida desastrosa, que se olvida de solicitar las prácticas de la facultad y acaba de manera azarosa en un colegio católico con el que no comulga, que tiene un empleo basura por horas en una franquicia de pizzerías, que mantiene una convivencia problemática con su madre y su tío enfermo y que tiene una relación con un chico más por inercia y necesidad sexual que por verdadero entusiasmo.

Estas sagradas escrituras conquistan desde la portada, sin haber leído ni siquiera la primera página, una de las muchas con las que Blackie Books ha ido creando su enseña gráfica. ¿Será la mejor portada del año? Pero dejando de lado las apreciaciones estéticas, lo más importante, sin duda, está en su interior. Mucha reflexión y mucha crítica social a ese sistema que ha vendido a la generación de Elisa el cuento de la igualdad de oportunidades. Una igualdad que ya sabemos que es una fábula tan increíble como las de Esopo o como las que se cuentan en el colegio que a Lali le ha caído en gracia. Además, las críticas al sistema educativo se diseminan a lo largo de toda la novela. Y es que Elisa propone una educación que se aleje precisamente de la que describe en su novela, una educación no maniquea, que no manipule, que enseñe a pensar por una o uno mismo.

En resumen, Elisa Victoria nos habla de la vida precaria, del valor de la amistad, de la juventud salvaje, del sexo sin tapujos, de la seguridad que se encuentra más entre las patas de un perro que debajo de un crucifijo, con una narrativa que brota desde las entrañas, sincera y visceral. Así que sí, hemos resuelto la duda que tanto nos inquietaba. Elisa Victoria ha llegado para quedarse y su evangelio debería estar esperándoos en vuestra mesilla de noche.

Bea Fernández, Sputnik, librería café (León)

“Tres de ellos” de Arthur Conan Doyle

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Tres de ellos

Tres de ellos

Doyle, Arthur Conan

ISBN

978-84-18153-34-1

Editorial

Ediciones Espuela de Plata

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Cómo echamos de menos la inocencia y qué poco lo advertimos, qué poco reconocemos cuánto nos reconocemos al vernos en contacto con la ilusión y la curiosidad y el candor de los primeros años… Hablo, por supuesto, de literatura: cuando Fernando Savater tituló La infancia recuperada su ensayo sobre las primeras lecturas utilizó una expresión exacta, como comprobamos siempre que, cada vez con menos frecuencia, ojeamos libros de piratas, de naufragios, de aventuras, de exploraciones, de descubrimientos, de casas encantadas… Quien juega con un niño vuelve a ser un niño, pero quien relee La isla del tesoro o El mundo perdido vuelve a ser ese mismo niño que él fue. Es la magia de la (buena) literatura infantil y juvenil, una magia que ya no nos proporciona la música que nos gustaba por entonces, ni el humor de los payasos, ni los trucos de los magos… Pero las buenas historias bien escritas mantienen su poder, con la ventaja de que han preservado además la ingenuidad maravillosa con las que las leímos las primeras veces. No sólo es la famosa “suspensión de la incredulidad”, vigente cuando leemos fantasía para adultos: es más bien la suspensión de la madurez. Retrocedemos décadas al leer esas páginas y volvemos a ser niños fascinados, encandilados, felices.

Ya he aludido a las aventuras del profesor Challenger, y es que escribo esto pensando en Arthur Conan Doyle, uno de los seres vivos que más horas de alegría en estado puro han proporcionado a quien esto escribe. Como en otros aspectos de la vida, es ocioso tratar de explicar el gozo que produce su literatura: simplemente hay que vivirla, sin más, sin degradarla por el camino de la explicación, del comentario… de la crítica. Quien lo probó lo sabe, y punto. Es un secreto sagrado compartido por decenas de millones de personas.

Ahora Renacimiento publica un libro de Doyle (¡bibliotecarios/as del mundo!: ¡con sir Arthur sucede lo mismo que con Poe y con Fitzgerald! ¡dejad, por favor, de colocarlos respectivamente en la C, la A y la S!…) en el que no sólo recuperamos desde la primera línea ese idioma tan propio del autor, tan automáticamente rejuvenecedor (pues para ello no hace falta que se hable de dinosaurios o detectives, basta con un tono, un estilo, una actitud, un “aire”…), sino que de hecho esta vez habla de niños. Tres de ellos, en efecto, reúne siete cuentos sobre tres hermanos escritos y publicados en revistas entre 1918 y 1923. En este último año se editaron por segunda vez en forma de libro, y fue entonces cuando el autor puso una breve introducción en la que, por si no había quedado claro, explica que la intención de esos relatos era “atrapar algunos fugaces momentos de la infancia, esos momentos que son tan infinitamente sutiles y tienen un raro encanto. No hay imaginación que pueda inventarlos […] No hay una frase en estos diálogos que no esté sacada de la vida. Si se objetase que no hay aquí nada notable, y que tres protagonistas presentan las mismas características generales de toda la niñez, el escritor no discutiría la justicia de la crítica, sino que deduciría que había tenido éxito en su intento”.

Son palabras que harán correr a las librerías a determinados lectores, que buscan en los libros exactamente eso: vida directa bien contada, con la ventaja de que la que aquí se recoge es además una vida suave, confortable, tierna, simpática, ocurrente y protegida. Nada extraordinario, ni falta que hace, pero expuesto con una sencillez difícil de obtener, esa que se perdió para este tipo de narrativa hacia, digamos, el final de la Primera Guerra Mundial, y que hasta entonces había sido la predominante y desde luego la más popular. Tras lo que leemos aquí se están literaturizando anécdotas probablemente “reales”: Laddie, Dimples y Baby son trasuntos de tres de los hijos de Doyle, quien por tanto sería ese padre ya maduro, comprensivo, acomodado, fumador, medio escritor, aficionado al boxeo y tendente a contar algunas batallitas sobre sus viajes del pasado. Las anécdotas son mínimas, y cualquier padre podrá identificarse: preguntas difíciles, trampas dialécticas, aprietos para explicar si en el Cielo se juega o no al criquet, reclamación de juegos y de cuentos, cuanto más salvajes e “inadecuados” mejor, vigilancia amorosa de la madre, coscorrones episódicos, niños sin sueño por exceso de sueños…

Juan Eduardo Cirlot, citando a alguien, decía en algún sitio que la diferencia entre un estilo y un ismo es que el primero es inconsciente. Está bien, pero no acabo de estar seguro de la inconsciencia absoluta de determinados tonos: Doyle, por ejemplo, sabía muy bien lo que hacía al escribir así, con enorme autoexigencia pero con desnudez, con enormes habilidades literarias pero con aparente ligereza, con tramas a veces enrevesadas o complejas o difíciles pero con una deliberada claridad. No conozco ninguna prosa superior a ésta.

Juan Marqués, para ‘Las Librerías Recomiendan‘.