Cuestionario librero 102: François-Henri Désérable

“Siempre que hay deseo de relectura, hay literatura”, afirma François-Henri Désérable (Amiens, 1987) al comienzo de su último libro, y nos parece una buena fórmula para empezar a entendernos. Ese libro se titula Un tal Sr. Piekielny, y se trata de la ‘quest’ de un personaje que, desde el mismo título, es alguien impreciso, borroso, […]

Por en Entrevista

“Siempre que hay deseo de relectura, hay literatura”, afirma François-Henri Désérable (Amiens, 1987) al comienzo de su último libro, y nos parece una buena fórmula para empezar a entendernos. Ese libro se titula Un tal Sr. Piekielny, y se trata de la ‘quest’ de un personaje que, desde el mismo título, es alguien impreciso, borroso, más anónimo que la mayoría, si es que eso de la anonimia admite gradación. “Hay que saber inclinarse ante la combinación de casualidades que gobierna nuestras vidas”, afirma el autor al final de la primera parte, tras explicar cómo fue el tema de este libro quien eligió al escritor, y no al revés, por una cadena de azares que comenzó con la lectura fascinada de La promesa del alba, las memorias de Romain Gary. Allí habla el autor de su gris vecino, un tal Piekielny, y de cómo éste le hizo prometer que, cuando se convirtiera en un hombre importante, hablaría de él por el mundo, les diría a todos que “en el número 16 de la calle Grande-Pohulanka, en Wilno (Bielorrusia), vivía el señor Piekielny”… El niño Gary (que aún no era Gary, “sólo” Kacew) no sólo se lo prometió sino que, al parecer, lo cumplió, y en las entrevistas de prensa, o ante Charles de Gaulle, o en los discursos, colaba esa breve y desconcertante digresión cada vez que hablaba de su infancia, de su ciudad de origen, de sus recuerdos: “por cierto que en el número 16 de la calle Grande-Pohulanka, en Wilno, vivía el señor Piekielny”, sin más. Désérable, pues, se lanza de cabeza a la intrahistoria en su cuarto libro, tras sumergirse en la Revolución Francesa en los dos primeros (Clic! Clac! Boum!, centrado en la figura de Danton, y Muestra mi cabeza al pueblo), y explorar la vida del matemático Évariste Galois en 2015. Quedamos con Désérable, que es también jugador de hockey, en las inmediaciones del Viaducto, y allí le entregamos nuestro cuestionario, con pregunta final de Alberto Sánchez, de Librería Taiga (Toledo) y Presidente de CEGAL.

[Fotografía: François-Henri Désérable, en Madrid, 21 de abril de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Primero fue El conde de Montecristo, de Alexandre Dumas. Luego, en un segundo momento, Bella del Señor, de Albert Cohen, que me hizo querer escribir.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

D’Artagnan, de Los tres mosqueteros. La encarnación del garbo francés.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

La mayoría de los consejos que recibo provienen de amigos que son escritores. Voy a las librerías para encontrar libros que no busco: paso el rato, miro lo que hay en las mesas, atiendo a las recomendaciones del librero, y compro.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Crimen y castigo, de Dostoievski. Que he empezado a leerlo durante este viaje a España. O Cervantes. Nunca he leído a Cervantes (y me avergüenzo de hacer esta confidencia a los libreros españoles).

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Hay un relato de viajes de Nicolas Bouvier, que es uno de mis libros favoritos. Se llama L’Usage du monde (Los Caminos del mundo, en español) y cuenta el viaje de Bouvier y su amigo Thierry Vernet entre Yugoslavia y la India, en los años 50. Maravilloso. Mi Biblia.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Los libros malos no los doy, los tiro. Hago una obra de higiene pública: no hay mejor destino para un mal libro que ver su papel reciclado para convertirse, un día, en un buen libro. Si no, otro vicio, pero que no es totalmente inconfesable: tengo la lista de los libros que leo desde la edad de veinte años.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

El librero ideal es el que te hace descubrir el libro que no habías planeado escoger cuando entraste en la librería. Y que lucha por una literatura exigente, alejada de las contingencias del mercado.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

¿En España? Los libros publicados por Cabaret Voltaire.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios) y un libro reciente.

Un clásico: hace poco releí El perfume, de Patrick Süskind, ¡y me pareció maravilloso! Un libro reciente: París no se acaba nunca, de Vila Matas, lo disfruté mucho.

[Y la pregunta 10 la lanza Alberto Sánchez, de Librería Taiga (Toledo) y Presidente de CEGAL:]

¿A qué tres o cuatro autores/as franceses/as jóvenes deberíamos leer en España?

  • Miguel Bonnefoy, Héritage
  • Maria Pourchet, Champion (no traducido aún al español)
  • Clément Bénech, Un amour d’espion (no traducido aún al español)
  • Nicolas Mathieu, Leurs enfants après eux   [Sus hijos después de ellos]