Cuestionario librero 136: Juan Carlos Márquez

Las novelas y cuentos de Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) siempre tienen filo, autoexigencia y una “crueldad” literaria extraña que sin embargo está nítidamente emparentada con cierta vulnerabilidad. Él nunca lo diría, porque siempre ha llevado doble mascarilla para protegerse de cualquier mínimo resabio de sensiblería, pero en el fondo su narrativa está construida sobre […]

Por en Entrevista

Las novelas y cuentos de Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) siempre tienen filo, autoexigencia y una “crueldad” literaria extraña que sin embargo está nítidamente emparentada con cierta vulnerabilidad. Él nunca lo diría, porque siempre ha llevado doble mascarilla para protegerse de cualquier mínimo resabio de sensiblería, pero en el fondo su narrativa está construida sobre la rabia que le produce que no podamos ser mejores, que las cosas funcionen mal, que no sólo existan la estupidez y la violencia sino que a menudo parezca que son éstas las que no sólo predominan, sino las que condicionan todo lo demás. Sus personajes de Tangram ganaron en 2012 el Premio Euskadi, y ahora regresa con una nueva batería de cuentos, Autoficción, irónica desde el título. El primer cuento del conjunto, que da título a todos, es especialmente magistral, y en él un personaje algo desorientado, analista informático, se apunta a clases de escritura creativa y da con un profesor bastante incisivo… Juan Carlos Márquez es zurdo, y su literatura un poco también, no por ser de izquierdas sino por la leve, extraña distorsión que hay invariablemente en su modo de afrontar la realidad. Sin complejos a la hora de hacer incursiones claras en la fantasía, brilla sobre todo cuando sus cuentos son verosímiles, “posibles”, pero siempre al límite de las posibilidades del mundo. Quedamos con él por los bares de la calle Ibiza, que dice frecuentar, y nos acercamos al Retiro para entregarle un cuestionario librero rematado hoy con una pregunta de Alberto Sánchez, de la Librería Taiga (Toledo), y Presidente de CEGAL.

[Fotografía: Juan Carlos Márquez, en Madrid, 14 de septiembre de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Hay dos que recuerdo con especial cariño de mis comienzos lectores: El camino, de Miguel Delibes, y Las aventuras de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe. Antes me había entretenido con las novelas del Oeste de Marcial Lafuente Estefanía que iba a cambiar al quiosco para mi padre y las joyas literarias de Bruguera.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Parecerme no, pero sí me gustaría experimentar qué se siente siendo Drácula durante unas vacaciones en la playa o el tercer hermano de Claus y Lucas en “El gran cuaderno“, de Agota Kristof. Por probar el lado oscuro y amoral, que el otro lo tengo más frecuentado.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Por lo general, me fío de mi experiencia y de lo que me recomiendan mis amigos escritores en persona o en las redes sociales, pero soy permeable también al runrún de la crítica y a las opiniones de los libreros especializados. Se articula un conjunto de señales que termina guiándome hacia un libro.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

En busca del tiempo perdido.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Extranjero es, pero escrito en español por un argentino. Se trata de Plop, de Rafael Pinedo. Salto de Página lo editó hace unos años, junto a los otros dos que componen la trilogía (Frío y Subte), pero no tuvo, creo yo, la repercusión que merece. Es una novela de aventuras apocalípticas maravillosa. Plop debería ser un clásico y tener ya juego de rol y serie en Netflix.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Lo cierto es que no tengo tics muy apreciables, subrayar subrayo y también hago anotaciones. Me desprendo de los libros que no me entusiasman para hacer hueco sin muchos aspavientos ni duelos, donándolos a las bibliotecas. Quizá soy demasiado confiado, eso sí, los presto un poco a lo loco y a veces no me los devuelven y no sé ni a quiénes reclamárselos.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Me gustan los libreros tímidos que, a la postre, resultan ser unos sabelotodo, y me gusta que en las librerías me dejen mirar sin agobiarme, como cuando voy a comprar ropa.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Esa tranquilidad de las bibliotecas, esa pausa y ese ritmillo, que no parezca un avispero. Un buen fondo, no sólo de novedades vive el lector. Pero no sólo valoro lo que hay, sino también lo que no hay. Una librería sin libros zafios u oportunistas, cuya baza principal es lo famoso que es quien lo ha escrito (eso si lo ha escrito), me ofrece mucha confianza.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios) y un libro reciente.

Me gustan mucho las novelas cortas y creo que todo el mundo debería leer La metamorfosis, de Kafka, La perla, de Steinbeck, y El extranjero, de Camus. Como libro reciente, creo que Basilisco, de Jon Bilbao, es un libro distinto, por su estructura, planteamiento y riesgo, merece la pena leerlo.

[Y la pregunta 10 la lanza hoy Alberto Sánchez, de la Librería Taiga (Toledo), y Presidente de CEGAL:]

“Buenas tardes, Juan Carlos, tengo una curiosidad, un poco autoficticia. ¿Tú crees que a ese profesor de escritura creativa llamado Juan Carlos Márquez le complacerían plenamente los cuentos de ese escritor bilbaíno llamado Juan Carlos Márquez ? ¿No les sacaría ninguna objeción, ningún matiz?…”

Es muy posible que el profesor pusiera pegas, es un tiquismiquis, pero al escritor Juan Carlos Márquez le daría un poco igual porque él no sigue ni cumple siempre los preceptos del profesor Juan Carlos Márquez. De hecho, el escritor disfruta contraviniendo al aguafiestas del profesor. ¿De qué serviría conocer la técnica si no se la pudiera uno saltar de vez en cuando?