Cuestionario librero 34: Miguel Ángel Herranz [Miki Naranja]

En algunas solapas dice que nació en Madrid, y en otra que en Valladolid, y no le hemos pedido que nos lo aclare porque ese tipo de imprecisiones decora mucho la biografía de un poeta, o igual es que ese doble nacimiento es coherente en un poeta que tiene dos nombres: al debutante “Miki Naranja”, […]

Por en Entrevista

En algunas solapas dice que nació en Madrid, y en otra que en Valladolid, y no le hemos pedido que nos lo aclare porque ese tipo de imprecisiones decora mucho la biografía de un poeta, o igual es que ese doble nacimiento es coherente en un poeta que tiene dos nombres: al debutante “Miki Naranja”, que firmó así su ópera prima, Palabras de perdiz, y que sigue vivo en las redes sociales (y tan vivo, pues supera los setenta mil seguidores…), le ha sucedido Miguel Ángel Herranz, nombre con el que ha firmado sus dos últimos libros: Lírica de lo cotidiano y, ahora, el misceláneo Aquí estuvo Kilroy. Con un ojo en Bobin y en Miguel d’Ors, y el otro en Lucía y en sus hijos, el escritor Herranz, ante todo un lector, anda totalmente sumergido en las que son las dos grandes protagonistas de su presente: la belleza y la enfermedad. De la primera de ellas es amigo desde siempre, y la vida le ha obligado a hacerse cómplice de la segunda, tan indeseada, tan inoportuna…, pero Herranz sabe que, venga lo que venga, “la alegría no sabe / estarse quieta”. Aturdido por el amor, abrigado por los tratamientos, en sus poemas reivindica rotundamente los sueños, la fantasía (y hasta las fantasías), es decir, la literatura: “Tu avión de papel / tiene más de avión / que de papel”. Hoy responde al cuestionario librero, con carta-pregunta final de Esther Gómez, librera en Moito Conto (La Coruña). “Qué gusto caminar / por caminar: // dejando la vida / caer, // dejando la lluvia / pasar”:

[Fotografía: Miguel Ángel Herranz, cerca de Madrid, 28 de agosto de 2020. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Me resulta absolutamente imposible escoger sólo uno, ni siquiera hacer un listado de «números clausus» (pues, con seguridad pecaría por defecto), pero como he de contestar, de lo contrario el cuestionario no tendría sentido, elegiré dos: en prosa, La historia interminable (o todo el universo de Ende). Y en poesía, aunque realmente entré por las canciones de Aute y Silvio, el libro que me “enseñó” a amarla fue Palabras para Julia de José Agustín Goytisolo.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Al cabo Lituma, a Rubén Bevilacqua y a Jim Botón (aunque no sé si Jim Botón y Lucas el maquinista cabría dentro del canon novelístico).

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Tengo varios métodos. El primordial es que siempre suelo ir acompañado de libretas donde voy apuntando lecturas pendientes y que saco de los lugares más variopintos: recomendaciones (pocas, pero selectas), redes sociales, reseñas, blogs, prensa (cada vez menos) o “saltos” de otros libros y autores. Luego me gusta huronear por los estantes y abrir al azar. En ocasiones una sola frase basta para decidirme a comprar (este método o funciona muy bien o fracasa estrepitosamente; no tiene término medio). Si, y sólo si, voy a ciertas (y queridas) librerías atiendo la selección, a la mesa de novedades suelo prestarle poca atención. Por último, las recomendaciones del librero/a resultan casi regalos porque me conocen. Cuando alguien dedica su tiempo en pensar una lectura para ti, es un crimen despreciar su esfuerzo.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Soy valiente, lo prometo. He dejado muchos libros (canónicos e imprescindibles) por leer porque me aburren o no los entiendo; no se me caen los anillos por reconocerlo. No concibo la lectura como un cometido insoslayable. Como decía Goytisolo y me recordó hace no mucho Antonio Aguilar, uno lee (o debería leer) por puro gozo, para aprender y, sobre todo para tratar de ser mejor persona. Si un libro no me da eso no tengo reparo alguno en, con perdón, mandarlo a freír puñetas. Me apetece mucho, por ejemplo, el que ha escrito Cristina Morales sobre santa Teresa de Jesús. De momento no puedo leerlo porque mis “empalizadas físicas” sí son insoslayables. Pero tengo la esperanza de derribarlas más pronto que tarde.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

No soy ningún experto bibliófilo. No obstante, creo que Sharon Olds y Maya Angelou (por ejemplo) tienen mucha obra que todavía no ha visto la luz en castellano. Y ambas cuentan con una inmensa minoría de “amantes”.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Me ha hecho reír esta pregunta porque menos lo del ISBN y robar, el resto lo hice todo en mayor o menor medida. Querría matizar que, al menos en mi caso, subrayar es un verbo que no expresa lo que suelo hacer con los libros (sobre todo con los poemarios) porque literalmente los destrozo. Y el colofón…; el colofón debería ser obligatorio, de hecho los libros sin colofón son “menos libros”. Algunos prólogos son prescindibles (otros no), pero hay dedicatorias y colofones que, si me apuras, son mejores que el resto del libro (y no exagero una “mica”, los he tenido en las manos).

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Sereno, discreto y que conozca su oficio. Nací en Valladolid así que tiendo, por cuna y ósmosis, a relacionarme muy lentamente con desconocidos. Pocas veces voy a librerías donde no se haya producido esa interacción, así que saben cómo soy y qué me gusta. Si estoy “fuera de lugar”, con topar con una persona amable sería más que suficiente.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Un buen catálogo de poesía y una “geografía” acogedora.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios), y un libro reciente.

No sé si Una pena en observación, de C.S. Lewis, entra en la categoría de clásico, pero lo leo una vez cada dos años. Y un poemario magnífico que acaba de salir en Hiperión: Hijos de la bonanza, de Rocío Acebal Doval [que responderá en pocas semanas el “cuestionario librero”]. Y, si se me permite alterar el cuestionario, me gustaría recomendar tres libros que no han salido aún, pero estoy convencido de que saldrán al cabo del tiempo, aunque yo ya no esté: el de Lucía (mi compañera de vida), que tiene un don narrativo no explotado lo suficiente. El de mi amigo Carlos Izquierdo en Pre-Textos y el de Daniela García Tabares en Inédita. Los tres son, en mi opinión, escritores de raza, oficio y valía. Y verán sus manuscritos convertidos en libro (soy consciente de que aquí pesa el corazón, pero sin perder el poco criterio que me queda).

[Y la pregunta 10 la lanza Esther Gómez, de la librería Moito Conto (La Coruña):]

Vaya por delante mi gran admiración por Miguel Ángel y la emoción que me provoca pensar en una pregunta para él. Aprendo, y no es palabrería, de todas sus tentativas con las palabras y con la vida. Hace años que sigo su cuenta y creo que es la gran cuenta de Instagram, su elegancia en las interacciones resulta tan admirable como sus haikus y poemas. Pero allá voy con la pregunta:

Esas maravillosas “cotidianas”, generoso regalo para los miles de lectores que te seguimos, esas dosis de poesía diaria o semanal que llega a tantos lugares en el mundo, despertando el interés hacia otros poetas que mencionas…, ¿surgen en espacios de silencio? ¿mientras lees a otros y anotas en los márgenes, o en un trozo de papel? ¿Las grabas en notas de voz o vas con un cuaderno de bolsillo estés donde estés? ¿Cuánto influye tu relación con la naturaleza en ellas?

Gracias, Miki. Un fuerte abrazo,

Gracias a ti, Esther. Sabes que la admiración y consideración es mutua, y aunque nos conocemos personalmente no tengo el gusto —todavía— de haber pisado Moito Conto; algo que espero y deseo hacer algún día, duren cuanto duren los adverbios de tiempo.
Respondo por partes, y empiezo por el final. Mi relación entre poética y naturaleza es (siempre lo ha sido) profunda y enérgica porque el entorno natural, en cualquiera de sus formas, ha estado siempre presente en mi vida ordinaria. Y toda mi escritura se sustenta en lo ordinario de ahí que, elíptica o evidentemente, las “biologías” siempre están presentes.
En cuanto a los soportes y las rutinas siempre son las mismas. La imagen del poema —en ocasiones algún verso, en otras simplemente un esbozo en bruto— me asalta en cualquier momento y uso lo que tengo a mano para tratar de “atraparla”: libretas, servilletas, el móvil e incluso lugares tan poco prácticos como el capó del coche, la palma de la mano…
Después llega la construcción y el desbaste. Casi siempre leo y escribo por la noche o en los momentos “muertos”: salas de espera, entretiempos, almuerzos… Pero sobre todo por la noche, y después de leer. Los epigramas o aforismos (que mencionas) son señuelos; ocurrencias, más o menos lúcidas, con los que trato de atraer al lector al pie. Ahí suelo situar un poema (mío o de otras voces) y que realmente constituye el fin y propósito de la cuenta: acercar y compartir poesía. Cierta poesía, lo reconozco: una poesía que mantenga al menos algún indicio de hondura, ritmo e imagen.
Haikus no escribo tantos, es difícil levantar un buen haiku. Mi próximo sueño literario sería un libro de haikus —ilustrado por Jorge Bayo— recogidos de la naturaleza.
Un abrazo sincero, Esther.