Cuestionario librero 68: José Ovejero

Ayer mismo, 20 de enero de 2021, llegó a todas nuestras librerías un buen golpe de Humo, la nueva novela de José Ovejero (Madrid, 1958), una hermosa y dura parábola sobre un conjetural retorno a lo salvaje en un futuro no lejano. No se sabe lo que ha sucedido en el mundo, no se sabe […]

Ayer mismo, 20 de enero de 2021, llegó a todas nuestras librerías un buen golpe de Humo, la nueva novela de José Ovejero (Madrid, 1958), una hermosa y dura parábola sobre un conjetural retorno a lo salvaje en un futuro no lejano. No se sabe lo que ha sucedido en el mundo, no se sabe lo que está ocurriendo en la ciudad, pero está claro que no ha sido nada bueno. Una mujer, un niño y, esporádicamente, un hombre que les visita (y que “únicamente es capaz de hablar si él quiere o necesita decir algo”) conviven en una cabaña comprobando que “la supervivencia se consigue día a día”. La novela es breve, pero da tiempo a que las cosas se compliquen mucho, y al final sobrevuela un lema sublime: “No hay nada más natural que la destrucción de lo que no lo es”. Para celebrar la aparición de la novela, quedamos con Ovejero en la Librería Pasajes, y allí le entregamos el “cuestionario librero”, con pregunta final de Cristina Sanmamed y Álvaro Muñoz Guillén, los libreros de La Puerta de Tannhäuser (Plasencia, Cáceres).

[Fotografía: José Ovejero, en la Librería Pasajes (Madrid), 7 de enero de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

No puedo hablar de un libro único que haya hecho de mí un lector. Leía muchos tebeos de niño –me recuerdo sentado en la terraza con un montón de tebeos a mi lado– y el paso a los libros fue algo natural; primero con aquellos de la editorial Molino en los que se intercalaban páginas donde la acción se contaba en viñetas, por ejemplo, Miguel Strogoff, después en colecciones con títulos como ‘Grandes obras maestras de la literatura’, y ahí sí recuerdo con mucha claridad la impresión que me causó La isla del tesoro. En fin, no es un principio lector particularmente intelectual: tebeos y libros de aventuras. Luego seguiría con los otros libros más difíciles de esas mismas colecciones, como La odisea.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

El destino de la mayoría de los personajes de ficción interesantes suele ser trágico o al menos triste, porque la literatura se alimenta sobre todo de la desgracia, del miedo, del malestar. Así que, en general, uno no quisiera estar en sus zapatos. Pero sí admiro el carácter –aunque brutal– de Ulises, el sentido del humor de Shandy, la inteligencia natural del Lazarillo y el idealismo –aunque ingenuo– de Dorothea Brooke.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

La verdad es que no acudo a la librería para que me recomienden un libro. Llevo tanto tiempo leyendo, y también leyendo sobre libros, que suelo saber lo siguiente que quiero leer. Pero, como entre mis amigos se encuentran escritores y libreros, a veces una recomendación inesperada de alguno me hace descubrir un libro interesante.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Muchas, pero, más que pendientes, hay lecturas “insoslayables” a las que he renunciado: nunca fui capaz de leer Guerra y Paz y mis intentos de leer a Foster Wallace se saldaron siempre con una decepción. Así que tengo que aceptar mi incapacidad para entrar en esos mundos. Sí he leído, por distintos motivos, partes del Ulises, pero nunca me he sentado a leerlo de un tirón y es algo que me gustaría hacer en algún momento.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

A menudo leo un libro en otro idioma y pienso: esto tendría que traducirse al español. Y cuando busco en el ISBN descubro que ya está traducido. Así que a menudo el problema es que grandes obras de otras culturas pasan absolutamente desapercibidas; si pienso, por ejemplo, en la literatura en alemán, me doy cuenta de que casi nadie habla de Hans Fallada, Arno Schmidt, Christa Wolf, Franz Werfel… autores interesantísimos y traducidos pero que no han llamado la atención en el mundo hispanoparlante, o demasiado poco para mi gusto. Así que a veces me parece más importante reeditar que traducir obras inéditas en español.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Nunca había considerado que hacer listas y estadísticas fuese un vicio…, pero si es así, lo confieso: desde 2005 voy anotando cada año qué libros leo, a qué genero pertenecen, en qué idioma los he leído y si están escritos por un hombre o una mujer. Es muy instructivo. Por otro lado, también confieso que doblo las esquinas de las hojas, subrayo o anoto con bolígrafo, dono los que considero prescindibles; en resumen, respeto muchísimo la literatura, pero, salvo excepciones, mi respeto por el objeto libro deja que desear.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

En realidad, lo principal para mí es notar que sienten entusiasmo por su trabajo. Esos libreros y libreras que están ahí porque de verdad les gusta, que hablan de los libros con afecto. De esas librerías salgo contento, comparta o no las preferencias con el librero.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Una selección personal de obras; es frustrante entrar en librerías con esa sensación que se puede tener en ferias del libro: que todos venden lo mismo. Esa selección personal es, además, lo que me permite a veces descubrir libros distintos e incluso editoriales que se han escapado de mi radar.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios), y un libro reciente.

Los clásicos, pongamos estos tres: Middlemarch, de George Eliot (Mary Ann Evans); La Regenta, de Clarín; Meditaciones, de Marco Aurelio. Libro reciente: Niña, mujer, otras, de Bernardine Evaristo. Otro: Centroeuropa, de Vicente Luis Mora.

[Y la pregunta 10 la lanzan Cristina Sanmamed y Álvaro Muñoz Guillén, de La Puerta de Tannhäuser (Plasencia, Cáceres):]

¡Hola José! El mundo de la protagonista de Humo se ha roto en mil pedazos, se ha vuelto hostil pero sigue siendo terriblemente hermoso. Su lectura invita a la reflexión y al debate. No sobrevive el más fuerte, sobrevive el que mejor se adapta a las circunstancias y al medio. Releemos uno de tus libros anteriores, La ética de la crueldad (Anagrama), y nos surge la siguiente pregunta: la situación actual en la que vivimos, el no saber qué va a pasar, la incertidumbre… ¿nos hace ser más crueles con la sociedad y con nosotros mismos? Gracias y un abrazo fuerte desde La Puerta de Tannhäuser”.

Primero quería deciros que me alegra que hayáis descubierto la belleza que se conserva en el mundo hostil de Humo. En cuanto a la pregunta concreta, creo que ya he escrito en algún sitio –y si no, lo he pensado– que las crisis tienden a sacar lo mejor de los individuos y lo peor de las sociedades. En medio de la catástrofe siempre hay respuestas solidarias, de asumir riesgos y sacrificios personales por ayudar a otros, y al mismo tiempo, ante la amenaza, una tendencia generalizada a atrincherarse, a blindarse. Llega una epidemia y nos olvidamos por completo, o casi, de la situación de los inmigrantes y de los más vulnerables; llega la incertidumbre y exigimos certezas, aunque haya que sacrificar a otros por el camino. Así que no, una situación como ésta no nos hace mejores, pero hace que se vuelvan más visibles los mejores entre nosotros.