Cuestionario librero 92: Marta Jiménez Serrano

Ya se va viendo que, cuando toque echar la vista atrás, 2021 va a ser, entre otras cosas destacables, el año de los debuts de Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990), que acaba de ver simultáneamente publicados sus dos primeros libros, ambos formidables. En la novela Los nombres propios no es que la autora se disfrace […]

Ya se va viendo que, cuando toque echar la vista atrás, 2021 va a ser, entre otras cosas destacables, el año de los debuts de Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990), que acaba de ver simultáneamente publicados sus dos primeros libros, ambos formidables. En la novela Los nombres propios no es que la autora se disfrace de sí misma para contarnos una infancia, una adolescencia, una juventud…, sino que cede la voz narrativa a su amiga invisible de los nueve años (y de los dieciséis, y de los veintipico…), técnica original que, además, le funciona a la perfección, logrando una novela no sólo incisiva en lo introspectivo sino poderosa en lo social (esto ha sido ser una niña lista y sana en una familia “normal” y “feliz” de la España de los últimos treinta años), no sólo válida como testimonio personal sino como crónica colectiva, aparte de resultar tierna cuando quiere y muy divertida y sorprendentemente sabia y exacta, repleta de hallazgos de todo tipo y con una estructura magistral. Y es también una novela escrita ya no con ritmo, sino casi con métrica: está llena de (buenos) endecasílabos emboscados, lo cual no es nada raro si leemos en paralelo La edad ligera, el primer libro de poemas de Jiménez. En este cuestionario (y aparte de mencionar El Quijote, o El guardián entre el centeno o Kika Superbruja, también aludidas en la novela) ya da cuenta la autora de su idilio con los versos de Garcilaso (el título del poemario sale de uno de ellos), y en su libro hay, en efecto, una valiente, eficaz y ya insólita actualización de la poesía clásica, con poemas que no son parodia sino reivindicación de algunas formas, y donde asistimos a ratos a una poesía de corte trovadoresco que la autora traviste muy oportunamente (“Poesía soy yo / porque soy la pluma”). Quedamos con Marta (con todas las Martas…) en la plaza de la Paja, donde el jardín (medio secreto) del Príncipe de Anglona, y allí le entregamos el “cuestionario librero”, con pregunta final de Francisco ‘Coco’ Izuzquiza, de la Librería Modesta (Madrid).

[Fotografía: Marta Jiménez Serrano, en Madrid, 9 de abril de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

El primer libro que recuerdo leer yo sola y que me gustara es Los habitantes de Llano Lejano, del Barco de Vapor. También las poesías de Gloria Fuertes. Y luego, los libros de Los Cinco y de Torres de Malory heredados de mi madre, La historia interminable, Momo, Manolito Gafotas, Kika Superbruja, Harry Potter… y los poemas de Antonio Machado, que no entendía, pero que me sonaban fenomenal.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

A todos los protagonistas de los libros de la pregunta anterior, claro. Y a Matilda, y a la Joe de Mujercitas… también quería decir palabrotas y hacer lo que quisiera con la soltura de Holden Caulfield.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Elijo mis lecturas por intuición, por recomendaciones de amigos, y leyendo sus primeras páginas en la librería. Si las primeras páginas no me convencen, no suelo llevármelo a casa. Los libreros tienen mucho peso en mis decisiones. Uno de los últimos libros que he leído es Tienes que mirar, de Anna Starobinets, y fue una recomendación muy atinada de Sara Valenzuela, de La Central.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Muchísimas. La montaña mágica, por ejemplo, o Dublineses. Nunca veo el momento.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

No estoy segura de esto, pero creo que algunos textos y artículos de Joan Didion no están editados en España. Y todo lo que ha escrito Joan Didion debería estar editado en todas partes.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Subrayo todos los libros sin pudor y hasta con boli, me gasto lo que no tengo, tiro siempre las fajas (menos las de mis libros, jajaja) y hay algunos que me duele mucho prestar. También, si no están publicados en España, los busco en Iberlibro y los pido a los confines del mundo antes de comprar el ebook. Soy muy analógica en la lectura.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Mi librero ideal es aquel que no es invasivo, que es amable si le preguntas y que interviene quizás si te ve dudar, pero no te aturulla con recomendaciones. También el que sabe escuchar tus gustos y recomendarte en función de ellos.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Espacio para curiosear y un ambiente agradable, que me dejen a mi aire, que cualquier pregunta o petición sea bien recibida…

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios) y un libro reciente.

El Quijote una y mil veces, las églogas de Garcilaso, Las flores del mal, Moby Dick. Un libro reciente que me ha encantado es Páradais, de Fernanda Melchor. Es un topicazo, pero tengo que recomendarlo fervorosamente.

[Y la pregunta 10 la lanza Francisco ‘Coco’ Izuzquiza, de la Librería Modesta (Madrid):]

¡Hola Marta! A ver… Te vamos a poner a prueba. Una prueba un poco rara… Te tendrás que mojar… Entras en una librería de barrio pequeña y desconocida. Te encuentras al librero hablando con una clienta. El librero le está enseñando tu libro Los nombres propios y escuchas que le ha encantado, que es muy especial, que ha alucinado con la novela. Todo muy entusiasta… Y tú desde la distancia sigues escuchando… Ella (la clienta) le dice al librero “Mira, estoy harta de la moda de las jóvenes autoras y sus autoficciones. ¿Por qué no se dan a la novela? A la auténtica novela”. El librero se da cuenta que hay otra clienta (tú), a la que saluda. Tú quieres hablar pero no te atreves… Al final decides intervenir. Ninguno de los dos sabe que eres Marta, la autora. Vas y dices lo siguiente:

Soy malísima para el proselitismo. Seguramente animaría a la clienta a dejar Los nombres propios y a llevarse a casa otros nombres propios: Anna Karenina, o Fortunata y Jacinta, o Madame Bovary… o no, bien pensado este último no, que Flaubert ya en el siglo XIX dijo aquello de “Madame Bovary soy yo”. Claro que él ni era autora ni era joven. Una vez la clienta hubiera salido por la puerta, creo que no me resistiría, revelaría mi identidad y agradecería al librero su entusiasmo.