Cuestionario librero nº 24: Marcelo Luján

“Creo que alguna vez la ciencia debería poder probar la importancia social de un buen librero”, afirma Marcelo Luján, el hombre de moda tras haber ganado la semana pasada el VI Premio Ribera del Duero, uno de los mejor dotados del mundo para la categoría de cuento. El libro con el que lo ha obtenido, La […]

“Creo que alguna vez la ciencia debería poder probar la importancia social de un buen librero”, afirma Marcelo Luján, el hombre de moda tras haber ganado la semana pasada el VI Premio Ribera del Duero, uno de los mejor dotados del mundo para la categoría de cuento. El libro con el que lo ha obtenido, La claridad, ya está en nuestras librerías, y, publicado por Páginas de Espuma, consta de seis relatos adictivos, deslenguados, hábiles, poéticos y violentos, basados en la prolepsis (ya saben: adelantar información) y con incursiones decididas en el terror. El autor de uno de los previsibles libros del verano se enfrenta hoy al cuestionario librero, con pregunta final de Alberto Sánchez, librero en Taiga (Toledo) y presidente de CEGAL:

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Fueron dos: La Isla misteriosa, de Julio Verne, y Corazón, de Edmundo De Amicis. Son los libros que me trajeron los Reyes cuando tenía yo nueve años. A los Reyes les había pedido un patinete (que también me trajeron).

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

La verdad es que Philip Marlowe me generaba bastante envidia en mis años de adolescencia, me refiero al espacio en el que se movía y la habilidad que mostraba en sus interacciones. Me crié en un barrio porteño de inmigrantes, por supuesto obrero, y aquellos paisajes me resultaban alucinantes, soñaba con estar allí.

¿Cómo eliges tu próxima lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Me gusta leer lo que sacan mis amigos pero también hago mucho caso a lo que me recomiendan esos libreros en los que confío. Un buen librero, un librero que ‘te vende’ un libro contándote sus propias sensaciones de lectura, es un lujo impagable. Y, desde luego, influyen en mis decisiones, cómo no.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Esos cuentos de Lucia Berlin: Una noche en el paraíso. Y también tengo que leer la última novela de mi compatriota Mariana Enríquez: Nuestra parte de noche. Y no los quiero pedir por internet, quiero tener el tiempo para ir a una de las librerías que es como mi casa, una librería que adoro porque sus dueños son unos grandes lectores: Burma, en Lavapiés.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Ya están recuperados pero pasó demasiado tiempo sin que los lectores tuviesen acceso a El chal, de Cynthia Ozick, y a esa otra maravilla que el El Gran cuaderno, de Agota Kristof. Pero me gustaría tener más acceso como lector, en librerías españolas, a libros de autores y autoras de Latinoamérica. Sé que no es fácil, que es como una asignatura pendiente que tiene el mercado editorial. Algunos libreros amigos también lo sufren.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Sí, todos los que mencionáis. Pero considero al libro como una pieza irremplazable, algo que si entra en mi casa y toma su sitio en mi biblioteca, ya nunca más tendrá opciones de escapar. No me gusta prestar libros, ni siquiera soporto que las visitas los cojan y, enseguida, no sepan dónde volver a colocarlos. He visto esta hermosa paranoia en algunos libreros. Y los apoyo.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Amo a los libreros que leen las novedades y que tienen una capacidad casi sobrehumana de recordar las historias, los personajes, qué hizo ese autor o autora antes y hasta que hará o está haciendo. Ése es mi librero ideal. Creo que alguna vez la ciencia debería poder probar la importancia social de un buen librero.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Amor. Que el amor por la lectura sea el primer y principal elemento que se respire al entrar en el local. Los lectores lo notan mucho. La librería que vive la lectura es más que un espacio donde se exponen libros.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios), y un libro reciente.

Rayuela (Julio Cortázar) y Un hombre bueno es difícil de encontrar (Flannery O’Connor). En este último caso me refiero al libro de cuentos de la maravillosa autora estadounidense.

[Y la pregunta 10 de hoy la lanza Alberto Sánchez, librero en Taiga (Toledo) y presidente de CEGAL:]

“Quiero preguntarte por el título de tu nuevo libro, Marcelo, La claridad. Si yo hubiese leído estos cuentos sin saber el título hubiera intuido que iba a ser algo así, amable, reconfortante, pues tus cuentos son violentos, duros, a menudo dolorosos, lesivos, con fragmentos exigentes para el lector… y sin embargo se adivina en ellos una redención. Emily Dickinson decía que a la verdad hay que llegar no en línea recta, sino dando rodeos. ¿Sucede lo mismo con la bondad, con la nobleza, con el bien?”
Es una de las claves que intenté plasmar en el libro (que comienza con la oración ‘Puede que haya sido la belleza’): la yuxtaposición entre luz y oscuridad, entre el bien y el mal. Creo que el dolor o las situaciones desgraciadas se potencian al rodearlas de claridad (se potencian y podemos observarlas mejor). Por esta razón el libro lleva ese título, y también porque quería destacar que es fundamental saber detectar lo bueno, incluso en las situaciones más extremas.