Cuestionario librero nº 25: Belén Rubiano

“Yo tenía una librería en Sevilla”: así, con esos ecos dinesenianos, arrancaba Belén Rubiano su primer libro, el sorprendente, sereno y conmovedor, más que nostálgico, Rialto, 11, una memoir de su agridulce experiencia como librera independiente (y hasta solitaria) en su ciudad. A veces los libros y los albaranes se llevan mal, es difícil compaginar […]

Por en Entrevista

“Yo tenía una librería en Sevilla”: así, con esos ecos dinesenianos, arrancaba Belén Rubiano su primer libro, el sorprendente, sereno y conmovedor, más que nostálgico, Rialto, 11, una memoir de su agridulce experiencia como librera independiente (y hasta solitaria) en su ciudad. A veces los libros y los albaranes se llevan mal, es difícil compaginar el amor a la literatura y la habilidad en la gestión, es más fácil enfrentarse a los personajes de las novelas que trabajar de cara al público… Y no es en “su” Sevilla, sino en la real, donde Rubiano nos ha recibido para responder a las nueve preguntas de las librerías (más una última de Luis Gallego, de La Fuga).

[Fotografía: Belén Rubiano, en Sevilla, 9 de julio de 2020. Fotografía de Juan Marqués]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Si mencionara sólo uno, estaría mintiendo. A mí me envenenó el descubrimiento, muy temprano, de que leer nos aumenta la vida y (ya el colmo de los colmos) que si lees mucho y sólo a quienes siempre serán mejores que tú, puedes llegar a aprender a escribir medianamente bien.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Hoy por hoy, y porque tengo recién leída y disfrutada esa obra maestra que es Lo que el viento se llevó, a Rhett Butler. Porque, si tenía miedo, lo disimulaba muy bien. Corren malos tiempos y habría que ser un idiota (en la acepción más feliz y envidiable de la palabra) para no tener mucho miedo. De modo que quisiera ser él o, cuanto menos, tenerlo cerca.

¿Cómo eliges tu próxima lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Ningún peso. Ni las mesas de novedades, ni las redes sociales, ni la crítica literaria profesional. Nada. Son los libros los que vienen a mí. Siempre ha sido así, ellos han trazado su ruta y nunca se han equivocado. Apenas una salvedad: tengo un amigo que, cuando me dice que cree que me gustaría leer tal cosa, suele acertar.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Yo no creo en las lecturas insoslayables. Comparto (más para leer que para vivir) aquello que decía Pessoa: Prisões, nem de amor as quero. Como personas, todos tenemos servidumbres. Como lectora, pues es mi única libertad, no tolero un ladrido.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

La edición es necesaria, pero no es una urgencia. Los siglos han demostrado que, en parte, gracias a los buenos libros hemos podido ser algo más competentes que una mosca (y tengo mis dudas) pero no tanto como un gato. Pienso, por ejemplo, en un clásico de finales del XIX absolutamente maravilloso, que desde la colección “Libro Amigo” de Bruguera anda sin edición. Pero no pienso nombrarlo porque tengo la infantil ilusión de que igual cualquier día lo edito yo.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Por épocas subrayo y por épocas no. Ahora estoy en una que sí. Tengo hasta un sistema nuevo: en realidad, no subrayo las líneas sino que recojo el párrafo en el margen más ancho. Luego, en la última página anoto el número de la página en la que he destacado ese párrafo. Y me gusta que un libro tenga colofón, sobre todo si este ofrece un relato añadido: este libro se acabó de imprimir a los veinte años y tres días de que... Eso.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Me da igual. Con que, si tiene empleados, los respete y conozca el “Convenio colectivo nacional del ciclo del papel y artes gráficas” en vigor, ya le hago la ola.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Es tan sencillo como inexplicable: algo así como que imaginar que podría no volver, me suponga un dolor.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios), y un libro reciente.

Un clásico: cualquiera de las mejores obras de Dickens: David CopperfieldGrandes esperanzasLa casa lúgubre o Nuestro común amigo; cualquiera de ellas. Un libro reciente: Otra vida por vivir, de Theodor Kallifatides, en Galaxia Gutenberg. Este último por casi las mismas razones que la obra de Dickens: creo que no nos queda mucho tiempo para seguir ignorando que estamos atados por los intereses de los menos honrados y capaces de nuestra especie, y que sin sabiduría y belleza este mundo no tiene el menor interés.

[Y la pregunta 10 la lanza Luis Gallego, librero en La Fuga (Sevilla):]

“¿Qué música, canción, artista, crees que puede ser la banda sonora de Rialto, 11?”

Experimento la sinestesia de música a color, pero no de léxico a música. Ni siquiera puedo leer con música de fondo; la escritura musical me impide leer o escribir. Así que, en mi caso, “Silencio 4′ 33”” de John Cage. Respecto al mundo del libro, me gustaría decir que algo muy alegre de Vivaldi pero, ahora mismo, quien me viene a la mente es Bernard Herrmann, el compositor que escribió muchas (las mejores) de las bandas sonoras del cine de Hitchcock.