Cuestionario librero nº 33: Juan Gracia Armendáriz

“Hay libreros que conocen mis gustos mejor que yo”, afirma Juan Gracia Armendáriz (Pamplona, 1965), quien, de regreso a su Navarra natal tras treinta años en Madrid, va encontrando en las nuevas y viejas librerías de allá una prolongación del hogar, una familia auxiliar. Con nuevo libro a punto, en ‘Las Librerías Recomiendan’ nos gustó […]

Por en Entrevista

“Hay libreros que conocen mis gustos mejor que yo”, afirma Juan Gracia Armendáriz (Pamplona, 1965), quien, de regreso a su Navarra natal tras treinta años en Madrid, va encontrando en las nuevas y viejas librerías de allá una prolongación del hogar, una familia auxiliar. Con nuevo libro a punto, en ‘Las Librerías Recomiendan’ nos gustó mucho su Guía de extraviados, título con el que Gracia Armendáriz regresó a la ficción plena tras sus exitosas excursiones por lo confesional, en aquel díptico extraordinario que formaron Diario del hombre pálido y Piel roja (alabadas por Fernando Aramburu en sendos textos que hoy pueden leerse recogidos en Las letras entornadas: sobre el segundo libro dice que es “entre otras cosas de no menor relevancia, el diario de un hombre que poco a poco se salva”). Quedamos con él en la Librería Walden para hablar de libros, y de lecturas, y de librerías…, y Dani Rosino aprovecha para deslizar la última pregunta de hoy.

[Fotografía: Juan Gracia Armendáriz, con su fiel escudero “Sancho”, en la Librería Walden de Pamplona, 24 de agosto de 2020. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

A los once años leía con devoción a Emilio Salgari y Sven Hassel. Mi padre me regaló dos libros: Chacal, de Frederick Forsyth –el autor de bestsellers de los setenta– y uno muy delgado: La metamorfosis, de un tal Franz Kafka. Lo dejé para el final. Al terminar de leerlo me quedé perplejo. Recuerdo que Kafka, que me miraba con rostro de murciélago centroeuropeo desde la contraportada, me dejó un hueco aquí dentro. Ahí empezó todo.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Todos los personajes de la literatura que me interesa acaban mal. Habrá que buscar una salida redentora… Me quedo con Andreas Kartak, el personaje de La leyenda del santo bebedor, de Joseph Roth.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Soy promiscuo en mis lecturas, tanto en el género como en la temática. Un libro me lleva a otro, no soy metódico. Me dejo llevar por intuiciones, pero estoy abierto a recomendaciones. Otra cosa es que luego el libro recomendado acabe en la sección del olvido. Hay libreros que conocen mis gustos mejor que yo. Recuerdo a un librero joven y altivo que trabajaba en una librería mítica de Madrid ya desaparecida. Pues bien, un día en el que andaba yo despistado me tendió un libro y me dijo: “Ten, te va a gustar”. Era Desgracia, de Coetzee. El tipo había hecho la ficha de mis preferencias sin cruzar palabra.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Ana Karenina. Me da una pereza irracional, aun a sabiendas de que Tolstói me ha demostrado ser un K2 de la literatura, tanto en Guerra y paz como en La muerte de Ivan Ilich, que es una de mis novelas favoritas.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Los reportajes que escribió Ramón J. Sender sobre la matanza de Casas Viejas. Sospecho que escocerían mucho… Reeditaría El grafógrafo, de Salvador Elizondo. Tengo una edición mexicana de 1972. Y ya puestos, me haría ilusión reeditar mi novela La línea Plimsoll, cuya primera edición en Castalia era un horror, pero que años después fue traducida al inglés. Es raro que sea mucho mejor la edición inglesa que la española. No desespero…

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Todos los vicios. Si el libro me interesa mucho mantengo un diálogo con el texto: subrayo, señalo párrafos, interrogo, exclamo… Mi primera lectura de El Quijote fue producto de un robo en una gran superficie en 1987. Cuando llegué a la pensión donde vivía me di cuenta de que era el volumen de la primera parte… Tuve que volver al lugar del crimen y llevarme la segunda. No he vuelto a hacerlo. Otra cosa: jamás me salto un prólogo. A veces, son mejores que el libro. Y otra: jamás tiro un libro, por malo que sea. No padezco el vicio del bibliófilo, pero comprendo a los buscadores de libros raros y primeras ediciones.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Mi librero ideal es hablador, pero sin abrumar. Que no sea un lector “solapado” (es decir que se haya leído todas las solapas de las novedades); sino que sea un lector de verdad, que haya recorrido muchos kilómetros de papel. A poder ser que conozca mis gustos, que me deje merodear o abrir un libro sólo para sentir cómo huele. La última recomendación que me hizo una librera de Cervantes y Compañía fue luminosa.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

La selección del fondo, el silencio, me abruma el exceso. Que esté bien iluminada. Que no se limite a vender libros de ficción. Que no me quede muy lejos de casa.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios), y un libro reciente.

La Odisea, sin duda. Su modernidad es asombrosa. Otra: los fragmentos de los presocráticos que compiló Gredos. En cuanto a las novedades, si La piel de Sergio del Molino sigue siendo una novedad, entonces La piel. Tengo a la espera La claridad, de Marcelo Luján.

[Y la pregunta 10 la lanza Dani Rosino, de la Librería Walden (Pamplona):]

Juan, casi siempre colocas a los personajes de tus novelas en situaciones límite, no debe de ser fácil trabajar desde ese punto de vista, ¿cómo te lo planteas?

Es cierto, muchos de mis personajes parten de una situación extrema, lo cual suele acarrear serios problemas si eres principiante. Me pasó con mi primera novela. Si a un personaje lo colocas en medio de un manglar, rodeado de cocodrilos y con un yunque atado a los pies, resulta muy difícil buscar una continuidad narrativa. Lo lógico es que el personaje se hunda de inmediato y no haya novela. Voy encontrado soluciones a estos personajes liminares y sometidos a muchas atmósferas de presión. En todo caso, suelen ser personajes a los que se les ha olvidado nadar, pero a los que les gusta bucear a pulmón.

[Los libros de Juan Gracia Armendáriz te esperan en estas librerías]