Entrevistas

Cuestionario librero nº 13: Sabina Urraca

Acaba de ejercer de “editora ocasional” de Panza de Burro, de Andrea Abreu, para la editorial Barrett y anda haciendo maletas para marcharse a Iowa a escribir, con una beca del prestigioso Iowa Writers’ Workshop. Sabina Urraca, la que fuera, gracias a su ópera prima, Las niñas prodigio, la primera Premio ‘Javier Morote’, responde hoy […]

Acaba de ejercer de “editora ocasional” de Panza de Burro, de Andrea Abreu, para la editorial Barrett y anda haciendo maletas para marcharse a Iowa a escribir, con una beca del prestigioso Iowa Writers’ Workshop. Sabina Urraca, la que fuera, gracias a su ópera prima, Las niñas prodigio, la primera Premio ‘Javier Morote’, responde hoy al “cuestionario librero”, con pregunta final de Miguel Iglesias, de Letras a la Taza (Tudela, Navarra). Y dice que “los libreros de las librerías a las que voy con frecuencia son un poco como amigos míos, o así los considero yo. Me gusta comentar con ellos lo que acabo de leer, el último libro que les compré”…

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Muchos. No sabría deciros todos. Recuerdo sentir una fiebre especial con El paquete parlante, de Gerald Durrell. Quería vivir en Grecia, quería encontrarme con un pájaro y una araña que hablaran. Recuerdo sentir, en contraste, que mi realidad era profundamente decepcionante. Eso me pasaba con casi todos los libros que me gustaban: me hacían disfrutar pero, una vez terminados, mi mundo me parecía espantoso de pura normalidad. Algunos de mis primeros libros siguen siendo mis libros favoritos: ¡Sécame los platos!, de Kurt Baumann o los libros de Celia, de Elena Fortún. También La increíble historia de Lavinia, que era una versión de la pequeña cerillera de Andersen en la que la cerillera, a punto de morir de frío, era abordada por un hada chiflada que le regalaba un anillo. Este anillo, al girarlo, convertía en caca lo que estuvieses mirando en ese momento. De esta forma, mediante extorsión y amenazas de convertir todo en caca, Lavinia iba consiguiendo salir de la miseria.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Así de primeras, recuerdo a Julie, de Julie y los lobos, de Jean Craighead. Julie era una niña esquimal que huía de un matrimonio concertado por la tundra helada de Alaska. Sobrevivía gracias a los lobos. Recuerdo ser pequeña, estar ante alguna situación difícil y decirme a mí misma la oración de agradecimiento de Julie a Amaroq, el lobo jefe de la manada: “Amaroq, amigo mío, / tú eres mi padre adoptivo, / mis pies corren gracias a ti, / mi corazón late gracias a ti / y puedo amar gracias a ti”. Recuerdo recitar esto en voz baja antes de un examen de Matemáticas.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Pocas veces pido consejo en la librería porque suelo tener claro a lo que voy. Mis lecturas van por obsesiones, y cada obsesión encadena con la siguiente de forma inevitable. Pero me gusta que me comenten algo acerca del libro que he escogido.

Sé valiente, por favor: ¿que lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Muchísimas. Y muchas me quedarán pendientes siempre. No creo del todo en las lecturas insoslayables. Hay tanto que leer, que por qué tendría que haberlas. Cada uno define lo que es insoslayable.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Los ensayos de Lydia Davis. Supongo y espero que alguna editorial española lo edite pronto.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…).

He robado libros a toneladas durante toda mi juventud, siempre en grandes superficies. No hay justificación posible para esto, salvo el no tener dinero y querer poseer libros que me fascinaban. Sé que está mal, pero algunas veces pienso que esos primeros años de robos constantes me permitieron la relectura obsesiva, que es algo que aún hoy está muy presente en mi vida. Para mí el libro es un objeto de uso, que debe ser subrayado, manoseado, transportado, prestado. No creo en el cuidado extremo hacia los libros, porque ése, el uso constante, es para mí el verdadero respeto hacia un libro.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

En general, los libreros de las librerías a las que voy con frecuencia son un poco como amigos míos, o así los considero yo. Me gusta comentar con ellos lo que acabo de leer, el último libro que les compré, algún libro maravilloso que veo que les acaba de llegar.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Ambiente agradable, que esté en mis lugares de paso habituales, que en ella se respire amor por los libros y cuidado hacia el cliente.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios), y un libro reciente.

Mashenka, de Nabokov, que considero su libro más elegante y pulido. Niños del domingo y Conversaciones íntimas de Ingmar Bergman, auténticas joyas en las que el autor ficciona escenas de su familia. Los ensayos de Natalia Ginzburg. El acontecimiento, de Annie Ernaux, que me parece de lectura obligada. Hace tiempo que vengo al taller y no sé a lo que vengo, de Jorge de Cascante, que supongo que podría contar como novedad, pero que para mí y para muchos es ya un clásico, un tesoro al que volver una y otra vez. Con respecto a novedades, me ha impresionado mucho Las madres no, de Katixa Agirre, y no me canso de recomendarlo.

Y la pregunta número 10 la lanza en esta ocasión Miguel Iglesias, de Letras a la Taza (Tudela, Navarra), que estuvo en el jurado que concedió a Urraca el primer Premio ‘Javier Morote’:

“¿En qué estás trabajando ahora? ¿Cuándo tendremos nuevo libro que recomendar? ¿Qué nos puedes adelantar sobre él?”.

Espero que en 2021. Admiro y envidio la capacidad de muchos escritores para sacar un libro al año o uno cada dos años. Para mí es un proceso largo, sufriente, en el que paso mucho tiempo escribiendo en mi cabeza, escribiendo fuera de mi cabeza, desechándolo todo, volviendo a empezar. Estoy con una novela larga, complicada, que me provoca muchos desencuentros conmigo misma. Hay momentos en los que contemplo mandar la escritura a la mierda y hacerme profesora de pilates, algo físico que sea todo lo contrario a esa antimeditación que es la escritura, ese vivir tanto tiempo en la propia cabeza. Luego de pronto escribo algo que me parece medio decente y me animo de nuevo. Iré tirando en este estado hasta que tenga algo. Prefiero no adelantar nada, porque ya lo he hecho en otras entrevistas, y luego la idea del libro ha cambiado tanto que me he arrepentido.

Sabina Urraca, en Madrid, 28 de mayo de 2020. (Fotografías de Juan Marqués).