Cuestionario librero 119: Txani Rodríguez

Para terminar nuestro pequeño periplo vasco (que tendrá en otoño, esperemos, una segunda parte donostiarra), tomamos en la estación de Abando un cercanías que nos lleva a Llodio, donde hemos quedado con la periodista Txani Rodríguez, autora de Los últimos románticos, una de las novelas más amables, mágicas y especiales de las últimas temporadas. La […]

Por en Entrevista

Para terminar nuestro pequeño periplo vasco (que tendrá en otoño, esperemos, una segunda parte donostiarra), tomamos en la estación de Abando un cercanías que nos lleva a Llodio, donde hemos quedado con la periodista Txani Rodríguez, autora de Los últimos románticos, una de las novelas más amables, mágicas y especiales de las últimas temporadas. La novela, de hecho, viene dedicada “a todas las personas que fueron amables conmigo alguna vez”, toda una declaración de intenciones, y cuenta cómo Irune, una mujer bastante invisible por discreta, sigilosa por insegura, acaba tomando parte activa en una de las habituales huelgas obreras del lugar, y lo hace no tanto por convicciones ideológicas como por una curiosa y emocionante forma de entender la relación con los demás y con el mundo. Con digresiones estupendas, por graciosas o interesantes, Rodríguez va creando una trama que, a su vez, perfila muy bien el corazón industrial de su pueblo, su dependencia de las fábricas, esa relación de amor-odio que en ese tipo de sitios se tiene con el trabajo, unas empresas a las que todo un pueblo entrega lo mejor de su vida y que de vez en cuando responden con una agresiva reducción de personal. Txani Rodríguez podría ser algo así como la cronista oficial de Llodio, y pasear con ella por sus calles es toda una lección magistral, aparte de un placer. No hay detalle, ya sea decisivo o diminuto, que se le escape, saluda a cuatro de cada cinco personas con las que nos cruzamos, o improvisa una poderosa teoría sobre cómo distinguir una ciudad de un pueblo: un pueblo es el lugar donde “la chiquillada”, grupos de niños y niñas de unos nueve años, camina a sus anchas, sin que nadie sepa de dónde vienen ni a dónde van, pero con seguridad, sintiéndose protegidos… Incisiva como la protagonista de su novela (“Siempre me ha entristecido observar a grupos humanos que tratan de pasárselo bien”…), Txani Rodríguez, que habla en Radio Euskadi, escribe el El Correo y da clases de escritura creativa para el Ateneu Barcelonès (una institución de historia fascinante), ve estos días cómo ese último libro suyo está siendo transformado en cine: veremos si la pantalla consigue retener la delicadeza elemental de la novela, la fuerza de esas flores de papel… La última pregunta del cuestionario de hoy es de Adolfo López Chocarro, de la librería Troa-Zubieta (San Sebastián).

[Fotografía: Txani Rodríguez, en Llodio (Álava), 5 de junio de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Creo que leo desde que aprendí a leer, pero me sentí fascinada con Rojo y Negro, sentí que el libro me sumergía en otro mundo y que me arrastraba con fuerza hacia una nueva experiencia lectora que fue el preludio de otras muchas lecturas.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Me resultó seductor el personaje de Edward Bloom, de Un pez gordo, de Daniel Wallace. Es un ser imaginativo, sin duda. Me gustaría ser ese al que accedemos a través de la mirada de su hijo.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

La verdad es que durante el curso leo condicionada por mi trabajo como periodista cultural, con lo que las novedades editoriales asaltan mi tiempo; sin embargo, sí que tienen peso las recomendaciones de los libreros y también las recomendaciones de cualquier persona que me hable con entusiasmo de un libro. Tomo nota para los periodos vacacionales en los que suelo leer, al menos, dos clásicos y varias novedades.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Solo he leído dos tomos de En busca del tiempo perdido, me gustaría completarlo porque tengo varios amigos que han disfrutado mucho con la lectura total, tanto que sé que no tardaré en leerlos, movida por la envidia.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Durante años pensé que Philip Larkin estaba poco traducido, más recientemente me he preguntado por la narrativa de Anna Starobinets a quien los lectores en castellano le perdimos la pista, pero, por fortuna, ambos están siendo traducidos. Yo sólo leo en castellano y en euskera, por lo que sí que me gustaría ver traducidos al castellano a algunos autores y autoras euskaldunes como, por ejemplo, Ana Malagón, que es una cuentista fabulosa.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Decía Cortázar que subrayar es hacerse un autorretrato, y estoy de acuerdo con ese aforismo, por eso me da apuro prestar determinados libros que he subrayado, tengo la impresión de que se me ve demasiado.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Una persona entusiasta que sepa transmitir amor por los libros.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Libros de fondo, catálogo de editoriales independientes, buenas traducciones, novedades literarias y una buena atención al cliente.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios) y un libro reciente.

Recomiendo La Regenta, ese prodigio de Clarín y de entre las novedades destacaría muchas pero, bueno, creo que merece la pena disfrutar de los relatos de Un corazón demasiado grande, de Eider Rodríguez.

[Y la pregunta 10 la lanza hoy Adolfo López Chocarro, de la Librería Troa-Zubieta (San Sebastián):]

“¿Qué caminos le quedan a la literatura, a la novela, al contar lento, que convive tan de cerca con la presión de otras fórmulas de arte y ocio, como las series, de fórmula directa, disparo rápido y a la siguiente? ¿Crees que la masificación de la adaptación rápida de las plataformas digitales va a influir (más) en las decisiones editoriales o en los autores? Y ya puestos, ¿cómo vives tu propia adaptación de Los últimos románticos?

Imagino que le queda el camino de seguir configurando una narrativa propia, capaz de profundizar en el mundo de las ideas y de proporcionar una experiencia estética e intelectual insustituible. No creo que debamos escribir con la mirada puesta en el cine o en la series, debemos atender a nuestra voz narrativa y a nuestro ruido interior. No somos guionistas, no debiéramos serlo, al menos. Hay guionistas impresionantes, pero son dos oficios distintos. ambos maravillosos, que responden a búsquedas distintas.
 
Estoy viviendo la adaptación de Los últimos románticos con mucha ilusión porque el proyecto está en las mejores manos y también lo estoy viviendo “desde la barrera” porque, aunque me informan de todo, yo no voy a participar de forma activa en el proceso.