Cuestionario librero 138: Mariano Peyrou

Lo de Mariano Peyrou, más que una literatura, comienza a ser todo un idioma, y un idioma, además, que se caracteriza principalmente por su declarada desconfianza ante el lenguaje. Pero no es ésta una desconfianza que se exprese de un modo grave, pedante, solemne, o “intenso” (es decir, de un modo equivocado), sino de un […]

Lo de Mariano Peyrou, más que una literatura, comienza a ser todo un idioma, y un idioma, además, que se caracteriza principalmente por su declarada desconfianza ante el lenguaje. Pero no es ésta una desconfianza que se exprese de un modo grave, pedante, solemne, o “intenso” (es decir, de un modo equivocado), sino de un modo esencialmente lúdico, divertidísimo, “inocente”, muy creativo. Quien lo leyó lo sabe: tanto en sus poemarios como en su narrativa, pasando por Tensión y sentido, su formidable “introducción a la poesía contemporánea”, Peyrou va levantando ante el lector un decorado lingüístico, un pequeño sistema de referencias, repeticiones y guiños que acaban, literalmente, encandilando, y desde luego convenciendo. El buen humor y la inteligencia rebosan también por todos lados en su nueva novela, Lo de dentro fuera, que ya recomendamos aquí y en la que una estudiante de teatro hace una suerte de terapia a través de conversaciones con un profesor y un novio, y reflexiona sobre su infancia, sobre su identidad, sobre sus verdaderos deseos, sobre su vocación… Peyrou es un escritor mayoritario en lo minoritario: queremos decir que le leemos todos los que buscamos en España una literatura culta pero sin pompa, ambigua sin arbitrariedades, estimulante sin estridencias, graciosa sin vulgaridad, lúcida sin afectación, autoexigente sin agobios. Quedamos con el poeta, narrador, ensayista y traductor Mariano Peyrou en la Feria del Libro de Madrid, y allí, bajo una lluvia tan fina y tan constante como su humor, le entregamos un cuestionario rematado por Ana Corroto, de la Librería Rafael Alberti (Madrid).

[Fotografía: Mariano Peyrou, en Madrid, 14 de septiembre de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

No soy capaz de mencionar uno, y no porque haya unos cuantos, sino porque no se me ocurre ninguno. Ya había leído bastante para entonces, pero quizá cuando me regalaron El guardián entre el centeno, a los quince años aprox., y descubrí un personaje tan ambiguo y un narrador tan poco fiable como Holden Caulfield, el entusiasmo lector aumentara de categoría.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Tampoco se me ocurre, pero si se me ocurriera, creo que no lo diría; creo que esa idealización se habría producido sería por motivos muy íntimos y estoy a favor de mantener claramente separadas las actividades íntimas y las públicas.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Por lo general, tengo la sensación de que ese proceso es medio azaroso. Muchas veces me llama la atención un libro en la librería y acabo comprándomelo, y algunas veces hago caso de las recomendaciones de libreros o amigos, pero casi siempre son los libros los que me llevan a otros libros.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

No sólo soy cobarde, sino que me declaro cobarde sin ningún temor. Y no creo que haya lecturas “insoslayables”. Intento reivindicar la lectura por placer. Incluso desde el punto de vista de la formación de un escritor, creo que las enseñanzas de unos autores nos pueden llegar a través de otros. La “insoslayabilidad” tiende a generar actitudes competitivas y a crear un discurso en el que la erudición funciona como sucedáneo del talento y la creatividad.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Sí, los ensayos sobre poesía de Marjorie Perloff. La conocí hace unos años, cuando traduje El momento futurista (Pre-Textos, 2010), y me parece que sus ideas vendrían muy bien en España. También hay un par de libros de artículos y ensayos de John Barth que me encantaría traducir algún día.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

¡Creo que no! Pero claro, subrayarlos o tirarlos a la basura no me parecen vicios inconfesables. Quizá que sobrevaloro las apariencias. Cuando las cubiertas son muy feas o los diseños son muy malos, me molesta más de la cuenta.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

¡Siempre tímida! ¡Siempre tímido! Y la gente del ordenador en la cabeza me da un poco de pena: con todas las cosas mejores que podrían meter ahí. Para eso han inventado el ordenador que está fuera de la cabeza. Dentro, prefiero desorden y flujo incesante. Sólo es de fiar quien no se fía de sí mismo.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Timidez en el personal, mucha poesía, libros que no haya en otros sitios. Y que dé la sensación de que quienes piden los libros lo hacen siguiendo su gusto y no el supuesto gusto del público.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios) y un libro reciente.

Tristram Shandy, de Laurence Sterne, ideal para constatar que la experimentación radical no es un capricho moderno. Y Mi paese salvaje, de Ángela Segovia, para ver qué se puede hacer hoy en día con ese impulso de libertad y renovación.

[Y la pregunta 10 la lanza hoy Ana Corroto, de la Librería Rafael Alberti (Madrid):]

“Al terminar de leer Lo de dentro fuera, me queda la sensación de haber leído también teatro, de estar constantemente ante algo que está pasando. La coreógrafa Luz Arcas (La Phármaco), dice que sus partituras coreográficas se escriben en el interior de su cuerpo. En tu novela se lee: “El baile es la voz del cuerpo”, “Bailaban la incomodidad de sentirse deseada y la naturalidad de sentirse deseada”, “El baile en cambio nos lleva al futuro”… ¿Qué lugar ocupa el cuerpo en esta propuesta narrativa? ¿Cómo y desde dónde nace la novela? ¿Cómo conseguiste dar voz a esta joven actriz?”

La primera frase del libro dice “Cantar y bailar son la misma cosa”, y se menciona después a esas culturas en las que no se puede separar la danza y la canción: si algo se canta, también ha de bailarse. También hay contextos en que la gente no puede cantar una melodía sin la letra; esa distinción, tan evidente para nosotros, no existe en otras culturas. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes, claro. Nosotros distinguimos radicalmente cuerpo y alma (o espíritu, o identidad, o como queramos llamarlo), o al menos tendemos a concebir el cuerpo como algo relativamente independiente y también relativamente ajeno. Pero el cuerpo es un espacio de conflicto, o así se plantea en esta novela, así lo vive la protagonista. No sólo por el vaciado del cuerpo que supone muchas veces la mirada ajena / masculina, sino también porque todo empieza en el cuerpo: los cambios de la adolescencia, el deseo, los bloqueos, lo rítmico de la vida. Creo que precisamente éste es el punto de partida del libro. La dificultad de darle un lugar al cuerpo, al hecho de volverse una mujer por fuera (el cuerpo parece estar fuera) mientras una no ha dejado de ser niña por dentro. La voz de ella es algo que escuché desde el principio; lo más interesante fue, cómo no, darle cuerpo. Se me ocurre ahora que rastreando en la voz se acaba encontrando el cuerpo.