Cuestionario librero 97: Víctor Colden

Víctor Colden (Madrid, 1967) lleva desde siempre vinculado al mundo del libro, ya no como lector, sino como profesional (trabajó muchos años en CEDRO y mantiene buenos amigos en “el sector”), pero nunca se había decidido a tirarse a la piscina de la publicación, a escenificar esa seria renuncia al silencio que implica siempre un […]

Víctor Colden (Madrid, 1967) lleva desde siempre vinculado al mundo del libro, ya no como lector, sino como profesional (trabajó muchos años en CEDRO y mantiene buenos amigos en “el sector”), pero nunca se había decidido a tirarse a la piscina de la publicación, a escenificar esa seria renuncia al silencio que implica siempre un primer libro. Para nuestra fortuna, una vez que lo ha hecho, lo ha hecho decididamente, y en tres años ha publicado tres títulos: la novela Inventario del paraíso, el libro de prosas literarias Gazeta de la melancolía y el que, francamente, nos ha arrebatado: Veinticinco de hace veinticinco, una miniatura que es también una obra maestra, un experimento muy curioso y muy bonito escrito en 2013, en el que el autor volvía la vista atrás un cuarto de siglo para rememorar hitos personales trascendentales (la muerte del padre…) o diminutos de aquel 1988. Y, una vez más, se demuestra que no hace falta saber una sola palabra del autor ni tener ninguna referencia previa para sentirse inmediatamente concernido e implicado en lo que en esas setenta páginas se recuerda, así que hemos querido saber más de él, indagar en sus lecturas por medio de este “cuestionario librero”. Desde hace tiempo Colden vive en Majadahonda, pero nos cita en su barrio de siempre, Argüelles, concretamente en la calle Andrés Mellado, 44: ahí tiene el Ayuntamiento de Madrid el “Espacio de Igualdad María Zambrano”, pero tiempo atrás esas mismas dependencias fueron el Colegio Benito Pérez Galdós, un centro de preescolar al que fue el autor entre los tres y los seis años, y donde, por tanto, aprendió a leer y escribir. 

[Fotografía: Víctor Colden, en Madrid, 22 de abril de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

¿Sólo uno? No puedo dejar de mencionar Zapatos de fuego y sandalias de viento, de Ursula Wölfel; La Biblia contada a los niños, de Anne de Vries: La isla negra, de Hergé, más todo lo de José Escobar y Francisco Ibáñez… Pero si me obligáis a escoger uno sólo: Los cinco y el tesoro de la isla, de Enid Blyton

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

¡Muchos! Entre ellos, Fabrizio del Dongo, protagonista de La cartuja de Parma, de Stendhal; Salvador Monsalud, personaje principal de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Galdós; o David Balfour, que protagoniza las novelas de Robert L. Stevenson Secuestrado y Catriona.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Voy alternando novedades que me interesan (novela, ensayo, poesía) con clásicos o libros antiguos que nunca he leído. Sin un orden o plan fijo, guiado por el interés y la búsqueda del placer de la lectura. Las ideas de libros que comprar me llegan de personas cuyo criterio y gusto respeto y me parecen afines, ya sean libreros, críticos literarios, escritores, amigos o contactos de las redes sociales.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Como cuento en Veinticinco de hace veinticinco, leyendo de joven la Divina Comedia me quedé en el Infierno. Tengo el proyecto de intentar algún día salir de él y alcanzar, como mínimo, el Purgatorio.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Así como la poesía del italiano Vincenzo Cardarelli (1887-1959) ha sido traducida al español y al catalán, sus magníficos libros en prosa nunca han sido editados en nuestro país, si no me equivoco, o están más que descatalogados. Entre ellos, el excepcional Solitario in Arcadia. (Si algún editor me está leyendo: ¡de nada!).

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

De joven fui muy maniático con los libros (que no se me mancharan, que no se me doblaran, que no me los manosearan), pero con el tiempo lo he ido siendo menos. Durante unos años hice listas de los libros que leía. Prefiero los ejemplares pequeños y de bolsillo a los volúmenes gruesos y pesados. A veces pongo juntos en mis estanterías los libros de dos autores que se caen mal: «Hala, a hacer las paces», les digo. Ah, y hay temporadas en las que me puede el tsundoku.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Me gustan todos los libreros (y no es coba), hasta los huraños, que también los hay. Mi perfil ideal es el que tienen Tamara Crespo (Primera Página, Urueña); Lola Larumbe, Miguel Ángel Martín, Iñaki Lucía, Laura Vila y Ana Corroto (Alberti, Madrid); Aldo García Arias, Marta Velasco y Rafa Gómez (Machado, Madrid); Charo de Pablo (Pasajes, Madrid); Santiago y Miguel Palacios (Sin Tarima, Madrid); Daniel Bolado (Dodó, Madrid: ¡no nos olvidemos de las librerías de segunda mano!) y muchos otros. Pero sobre todo, mi ideal lo representan mi abuelo, Juan Denis, que creó la Librería Denis de Málaga, ya desaparecida, y mis tíos Jorge Denis y Pepe Denis, que trabajaron en ella: los tres, un ejemplo de trabajo duro, sentido comercial, vocación de servicio, eficiencia y simpatía.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

¡Muchos libros! Una buena selección de títulos de editoriales pequeñas. Libros en otros idiomas, si es posible. Un poco de calma y silencio para mirar libros a gusto. Y un servicio profesional y a ser posible cordial.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios) y un libro reciente.

Tres clásicos: Viaje sentimental por Francia e Italia, de Laurence Sterne; El jardín de los Finzi-Contini, de Giorgio Bassani; y El cuento de nunca acabar: apuntes sobre la narración, el amor y la mentira, de Carmen Martín Gaite (¡para mí es un clásico!). Y tres libros recientes: el último de poemas de José Mateos, Primavera, año cero, publicado por Milenio; el que acaba de sacar Acantilado de Josep Maria Esquirol, Humano, más humano; y El punto sobre la y, una colección de aforismos a cuatro voces, las de Daniel Mocher, Jon Bengoetxea, Michel F. y Daniel Rivallo, recién publicado por la editorial Talón de Aquiles.

[Y la pregunta 10 la lanza Juan Marqués, coordinador de ‘Las Librerías Recomiendan‘:]

Llama mucho la atención la cronología de tus libros. No sólo has publicado de repente, en dos años, tres libros, cuando se adivina fácilmente que has escrito siempre… sino que la cronología de Veinticinco de hace veinticinco contiene algún misterio, me parece. De acuerdo que lo escribiste en 2013, rememorando 1988, un poco a lo Perec, pero ¿a qué se deben los otros ocho años que han pasado desde su escritura hasta su publicación? ¿Por qué ese doble salto?

He escrito siempre, sí, pero no siempre con la misma… convicción. Cuando escribí Veinticinco de hace veinticinco, en 2013, no creí que a ninguna editorial le fuera a interesar publicarlo, al ser el texto tan breve y yo un autor desconocido, y solo se lo di a leer a unos cuantos amigos. Una vez aparecidos Inventario del paraíso y Gazeta de la melancolía, pensé que a lo mejor el librito podía encontrar más lectores. Para entonces ya conocía la editorial Newcastle, de Javier Castro Flórez, especializada en memorias, libros de viajes y ensayos literarios, siempre muy breves. Decidí probar suerte… y la tuve.