“Cuando el silencio miente” de Mario Alonso

Cuando el silencio miente

Cuando el silencio miente

Alonso Ayala, Mario

ISBN

978-84-17954-68-0

Editorial

Almuzara

Donde comprarlo

Fue Rosa Pastor, la atentísima librera de Libros 28 (San Vicente del Raspeig, Alicante), la que hace un año, en un recorrido temático sobre literatura dedicada a los marginados, nos puso sobre aviso de la existencia de una curiosa y notable novela que se atrevía a acercarse al poco explorado mundo de los indigentes, No esperes que el tigre se vuelva vegetariano. Eso nos llevó a muchos a leer a Mario Alonso (Badajoz, 1960), y, en efecto, nos encontramos con un autor singular, distinto, muy libre, no sólo en el sentido al de no pertenecer a ninguna “familia” literaria rastreable sino al del puro disfrute con el que, es evidente, afronta la escritura. Cualquier lector un poco experimentado o perspicaz sabe cuándo un libro está escrito con “alegría” (aunque trate de temas graves, como era el caso), cuándo el escritor se lo ha pasado bien escribiendo, cuándo lo ha hecho por puro gusto, por el puro placer de haber encontrado una historia que contar y saber contarla bien, con gracia y con emoción y con ritmo…

Poco más de un año después el autor pacense regresa a las librerías, de la mano de la editorial cordobesa Almuzara, con una novela de campo que es también una novela negra. Resulta que la famosa “España vacía” estaba llena de secretos, de asuntos por resolver, de enigmas familiares que, por sepultados, ni siquiera habían llegado a la categoría de misterios, aunque cuando el resto del elenco de personajes comienza a compartir sus dudas, se encuentran con un entramado de silencios y mentiras difícil de cruzar y deshacer. Y de hecho es el lector el que tiene una posición más privilegiada, pues es el único que, poco a poco, gracias a la magnífica gestión de las informaciones de la que alardea Mario Alonso, va acumulando todos los testimonios, todos los datos, todos los hechos. O casi todos, porque… Pero no, no podemos desvelar ni el marco general.

Digamos simplemente que se trata de una novela familiar, una de esas apasionantes narraciones que, muy al modo inglés, se articulan a través de una reunión de varios días, un reencuentro de hermanos que tienen muchas cosas que decidir, discutir y resolver. Lo que no saben es que el asunto más importante con el que se van a encontrar no estaba, al menos explícitamente, en el orden del día… En fin, que la contracubierta del libro da en el clavo al afirmar que estamos ante algo que queda a medio camino entre Agatha Christie y Miguel Delibes, y que el lector que se acerque hasta este Cuando el silencio miente tiene garantizadas dos o tres horas de inmersión lectora, en forma de excursión al campo extremeño, y al pasado, y a un silencio insondable, sólo roto por el disparo de los cazadores, cuya onda expansiva dura décadas. Es también, en ese sentido, una novela de fantasmas. Son personajes que, por parafrasear un poema recién publicado de Lorenzo Oliván, tienen todo su pasado por delante… y lo que leemos es casi como el final de una saga familiar. Los trapos sucios, como todo el mundo sabe, se lavan en casa. Pero si esa casa está en el campo, y hay lobos acechando, entonces esos trapos nos interesan y nos atrapan y casi nos salpican a todos.

[P.D.: Una curiosidad, que no es un ‘spoiler’, pero sí contiene, tal vez, algo misterioso, una pista indeliberada, no sé si un homenaje o por lo menos un guiño…: la imagen de la cubierta es, muy atinadamente, uno de los reconocibles, inquietantes y metafísicos paisaje del excelente pintor extremeño Godofredo Ortega Muñoz (cuya fundación, por cierto, publica libros estupendos). En 1981, la cubierta de la primera edición de Los santos inocentes también lucía en su cubierta un Ortega Muñoz, más verde pero igual de duro.]