“Hiperbóreas. Antología de poetisas nórdicas”, de Francisco J. Uriz

Hiperbóreas

Hiperbóreas

AA.VV.

ISBN

978-84-948649-5-7

Editorial

Erial Ediciones

Donde comprarlo

El poeta, dramaturgo, memorialista y, ante todo, traductor zaragozano Francisco J. Uriz es algo así como el embajador de la literatura escandinava en España (y viceversa), y sería difícil explicar la importancia de la ya veteranísima carrera literaria de Uriz a no-lectores de poesía, porque no sólo se trata del abrumador volumen de páginas que ha vertido desde el sueco, el noruego, el finlandés y el danés al español (para el islandés siempre ha recurrido a ayudantes), sino de la importancia decisiva de muchos de esos textos. Hemos leído en sus versiones, y entre otras decenas de posibles ejemplos, el teatro y los ensayos de August Strindberg o las novelas de Per Olov Enquist, pero ha sido la poesía lo que más le ha ocupado. Listar aquí los apellidos de todas/os las/os poetas nórdicas/os que ha traducido sobrepasaría ya la extensión estipulada para esta reseña, pero insisto en que, más que el impresionante caudal de producción, importa que entre ese trabajo está la poesía de Nordbrandt, Tranströmer, Espmark, Christensen, Martinson, Forssell, Ekelöf, Andersson… Gracias a Uriz llevan décadas siendo leídos en España, y sería posible rastrear cómo esa literatura llegada del frío ha condicionado en parte la poesía escrita por algunos de los mejores poetas de las últimas generaciones españolas.

Ya en su crucial volumen de Poesía nórdica (Premio Nacional de Traduccción) Uriz recogió, naturalmente, a muchas poetas, y después ha publicado libros completos de Sonia Akesson, la ya citada Inger Christensen (cuyo Alfabeto, no nos cansaremos de repetirlo, es uno de los libros más hermosos y logrados que conocemos), Marta Tikkanen, Maria Wine o Lina Ekdahl. Y todas ellas están ahora en Hiperbóreas, la nueva antología poética que Uriz nos ofrece, y en la que convoca sólo a mujeres de todos aquellos países y de los últimos ciento treinta años, desde Edith Södergran (ya bien conocida en España gracias a Encontraste un alma) hasta autoras como Jenny Wrangborg, nacida en 1984.

Uriz divide el libro en secciones temáticas y, como hace siempre, enfatiza la poesía que en los años sesenta se consagró a denunciar determinadas averías de la realidad: la guerra de Vietnam, diversoso colonialismos o el hecho de que Suecia fuese una potencia en la fabricación y venta de armas. Uriz siempre ha declarado una enorme afinidad (que se comprueba en su propia poesía) hacia esa literatura comprometida, a veces de pancarta, muy involucrada en lo social. También las mujeres, desde luego, participaron muy activamente de aquello, pero Uriz sabe encontrar los poemas en los que late, además, una denuncia tácita y doméstica bajo la denuncia más obvia y colectiva, y en las que algunas autoras, como la finlandesa Anita Wikman, desliza una protesta de signo feminista en un poema principalmente pacifista: “Eso es lo que he oído contar, hermana, / y el desprecio del hombre y la inquietud en estos tiempos / son como gritos de socorro dirigidos a mí, y tengo que salir, / tengo que dejar los suelos menos brillantes / porque tengo que salir a buscar la verdad / porque en parte somos responsables, hermana, / de todo lo que ocurre en el mundo”.

La islandesa Ingibjörg Haraldsdóttir es más ácida y directa: “Cuando todo está dicho / cuando los problemas del mundo han sido / pesados, medidos y resueltos / cuando los ojos se han mirado / y estrechado las manos / en momentos solemnes // llega siempre una mujer / que recoge la mesa / barre el suelo y abre las ventanas / para ahuyentar el humo de los cigarrillos. // No falla”.

Con todo, no son sólo temas específicamente femeninos o feministas los que aquí comparecen, pues la poesía no entiende bien de esas cosas, no distingue: el amor, el paso del tiempo, la muerte, el paisaje o la memoria, teñido todo frecuentemente de ese particularísimo humor nórdico que nos encanta a tantos, son temas principales del libro por ser temas comunes y universales, inevitables. Pero claro que lo que más impresiona son algunos poemas sobre la violencia contra la mujer, sobre el sometimiento, la anulación, la opresión, los condicionamientos profundos… e impresionan incluso cuando estos últimos son formulados desde la aceptación por parte de la implicada, como en un poema de la finlandesa Eeva Kilpi: “Dime si molesto, / dijo él al entrar, / porque me marcharía inmediatamente. // No sólo molestas, / contesté, / pones patas arriba toda mi existencia. / Bienvenido”.

Juan Marques, para ‘Las Librerías Recomiendan

Be the first to write a comment.

Deja un comentario