“Isolina. La mujer descuartizada”, de Dacia Maraini

Isolina

Isolina

Maraini, Dacia

ISBN

978-84-121103-3-3

Editorial

Altamarea Ediciones

Donde comprarlo

Triste historia la de Isolina. Ya el prólogo de Paula Bonet estremece, por lo poético y por lo visual. El hatillo de trozos de Isolina abriéndose paso por la corriente del río Adigio. Una pierna, un brazo, la placenta que protegía a un feto, una cabeza encontrada un año después aún con una trenza castaña agarrada a ella.

Terrible visualizar esto, pero más espantoso ha sido después imaginar lo que le hicieron a Isolina cuatro militares del cuerpo de los Alpini en aquella habitación escondida en aquel bar de Verona. Isolina quizá era ya para ellos lo que había en ese saco, un trozo de carne del que disponer y que se podía volver muy molesto al albergar un embarazo. ¿Por qué no torturar y jugar con aquel cuerpo chepudo y frágil?, ¿a quién iban a creer?, ¿a una joven fea, pobre e inmoral como la tachaban los testimonios de la época o al honorable y noble ejército?

Dacia Maraini recompone la historia de Isolina y Trivulzio a través de los periódicos de la época y de otros pocos documentos, ya que hasta el sumario del caso está desaparecido. Los familiares que consigue encontrar de Isolina tienen poco que contar, ya que estaba prohibido hablar de ello en la familia. Una mancha negra en el árbol genealógico de esa envergadura debía esconderse. Ni nombrarse. La vergüenza para la víctima y los familiares; tal vez ella lo buscó “porque tenía muchos amantes. El testigo Sterza declara que considera a Isolina una pelandusca.”

Rocambolesco cómo en la sentencia tergiversan los hechos y se da la vuelta a la tortilla para que al final todo trate de devolver el honor a los Alpini. Ya poco importa que haya una joven de 19 años embarazada descuartizada. Lo que es inconcebible para los jueces es manchar la imagen de los militares; ahí está el debate.

Tras leer esta historia, el consuelo que nos queda es que Dacia Maraini escuchara la voz de los muertos e investigara esta historia hasta llegar hoy a nuestras manos. Que al menos Isolina tenga lo más parecido a otro juicio justo, y que su historia no siga escondida en el pasado. Que podamos imaginarla también como la joven alegre y con ganas de enamorarse y alcanzar una vida mejor que seguramente fue. Por Isolina y por todas las Isolinas que más de cien años después siguen apareciendo en los periódicos víctimas de la sociedad patriarcal en la que continuamos.

Maria José Graciá, Librería El Puerto (Sagunto, Valencia)

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