“Semilla del son. Crónica de un hechizo” de Santiago Auserón

SEMILLA DEL SON

SEMILLA DEL SON

Auserón, Santiago

ISBN

978-84-949383-7-5

Editorial

LIBROS DEL KULTRUM

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Mientras comenzamos a redactar estas líneas suenan y rebotan a nuestro alrededor los primeros compases de “A un perro flaco”, primera canción de Raíces al viento, el que a su vez fuera el primer disco de Juan Perro y que en 2020, aunque parezca mentira, cumplirá veinticinco alegres años. Ese LP de 1995, un hito en la música española, fue el primer y espectacular resultado de ciertas curiosidades e investigaciones que “el zaragozano universal” Santiago Auserón, celebérrimo ya por su liderazgo en Radio Futura, empezó a hacer al respecto de los orígenes reales de determinados ritmos y estilos musicales, en un camino indagador que para él ya no ha tenido vuelta atrás, y que lo llevó pronto al mar Caribe. En contra de lo que nos ha enseñado la mitología o la literatura de náufragos, una isla se caracteriza más bien por ser ese lugar en el que uno nunca está solo y, en efecto, Auserón encontró en Cuba a numerosos cómplices deseosos de ayudarle, de guiarle. Enamorado de lo que encontró, atrapado por Cuba y, desde ahí, remontándose en la corriente infinita de las melodías, llegando a los cantos africanos y a los ecos árabes (que llegarían a América en los barcos de los esclavos, y que en Andalucía fecundarían el flamenco), el tenaz Auserón se ha instalado en esas raíces, pero sin dejar de explorar, de aprender y de enseñar lo que descubre a través de nuevos discos como La huella sonora o el magistral Mr. Hambre, pero también a través de libros, artículos, conferencias o incluso de una tesis doctoral, dirigida por José Luis Pardo, pendiente de publicación. 

A las populares pero ya originalísimas y autoexigentes Canciones de Radio Futura, recopiladas para Pre-Textos en 1999, siguieron las Canciones de Juan Perro en Salto de Página. Y después llegó El ritmo perdido. Sobre el influjo negro en la canción española, una obra maestra del pensamiento musical que ha conocido reediciones pero que nos tememos que no leyó tanta gente como un estudio tan ejemplar merecía. No hay peores lectores que aquellos que desdeñan un libro dando por supuesto o consabido lo que contiene. Ellos se pierden la magia, la sorpresa, la maravillosa posibilidad de estar confundidos. Y en aquel libro la magia y el talento estaban por todas partes, especialmente en sus inicios, por lo mucho que ese ensayo tenía también de memorias personales de un muchacho que, a orillas del Ebro, escuchaba discos compulsivamente, leía poesía buena y comenzaba a soñar con las músicas que habría más allá, o que hubo mucho antes.

El título que Libros del Kultrum presenta ahora es una recopilación de magníficos textos dispersos hermanados por el tema cubano, desde una necrológica de Compay Segundo (“un músico de primera que ama el riesgo de la verdad” y que debió a Auserón bastante de su fama más allá de la isla) hasta una conferencia reciente en la que se luce como erudito, no sólo músico virtuoso sino musicólogo brillante, y en la que comprende, entre otras lecciones, que “sólo la lengua consiente el establecimiento de fronteras sonoras, apuntaladas por los programas de enseñanza y por la defensa militar del territorio. La música, por su parte, se complace en saltarse dichas fronteras y se alimenta con frecuencia de los cantos del enemigo”. 

No es habitual que los protagonistas de algo sean también cronistas superdotados de esa misma disciplina en la que han destacado. Está lo que Miguel Pardeza hizo con el fútbol y su infancia en el maravilloso Torneo (que, felizmente, tendrá pronto continuidad), pero no se nos ocurren, entre nosotros, muchos más ejemplos. Santiago Auserón es un escritor portentoso, dueño una prosa precisa y sabrosa que no decae ni fatiga a los profanos, muy al contrario, ni siquiera en las (pocas) ocasiones en las que ha de ponerse técnico y sumergirse en “la subdivisión del tiempo binario en corcheas regulares [que] facilita la polirritmia o superposición de cuentas binarias y ternarias, permitiendo la variación de acentos en torno a las claves de son y de rumba -entre otras-, dentro de la matriz más universal de la síncopa conocida como tango africano”… No querríamos que terminasen nunca sus divagaciones, sus recuerdos (con fotografías incluidas), sus semblanzas de viejos músicos. Y es de destacar la edición de Libros del Kultrum, impecable, detallista, audaz, tipográficamente noble. Esta Semilla del son es una verdadera delicia en todos sus detalles, que confirma a Auserón no sólo como un maestro de los acordes sino de las palabras, y no sólo por lo que respecta a sus celebradas letras para canciones, sino por estos artículos, opúsculos e intervenciones. “Pon tu huella en el escrito infinito“…: si a Bob Dylan le dieron el Nobel, que le den a ‘Juan Perro’ el Cervantes.

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