Cuestionario librero 108: Rafael Trapiello

Desde el sábado pasado, 29 de mayo, y hasta el domingo 13 de junio, puede verse en la galería madrileña Arniches 26 la exposición Así fue, de Rafael Trapiello (Madrid, 1980), una serie de fotografías que constituyen la manifestación de una plenitud: él quiere narrar la personal, pero nosotros vemos, además, la artística. Trapiello no […]

Desde el sábado pasado, 29 de mayo, y hasta el domingo 13 de junio, puede verse en la galería madrileña Arniches 26 la exposición Así fue, de Rafael Trapiello (Madrid, 1980), una serie de fotografías que constituyen la manifestación de una plenitud: él quiere narrar la personal, pero nosotros vemos, además, la artística. Trapiello no es un fotógrafo-narrador, sino un fotógrafo-poeta, pero las imágenes de esta muestra sí construyen una historia muy consciente, obediente a la línea del tiempo, y agradecen los lugares queridos, el amor, la paternidad, el equilibrio de hoy…, envuelto todo en un misterio que se relaciona con la fragilidad (una grieta casi imperceptible en la pared) o aun con la debilidad (un pequeño faro impotente, casi invisible, en medio de la penumbra). Como sucedía en otras series anteriores suyas, como Miércoles de Misericordia o la serie tomada durante el confinamiento familiar en Elche en el Estado de alarma, la insinuación, las sugerencias, la observación sin obsesión, la delicadeza o el acertar a ver lo insólito en lo rutinario (a veces por casualidad, a veces por insistencia, pero siempre por predisposición) son las claves de una fotografía que busca la nitidez extrema y huye de la ironía (que es, como enseño Zagajewski, una débil forma de desesperación), que encuentra un orden formal que dé cuenta (sin presunciones, sin sobreactuaciones, con normalidad) de la armonía de su presente: se trata de cantar la perfección a través de la perfección. Trapiello, muy recientemente, se ha hecho además, editor, al asumir la dirección de Ediciones del Arrabal, otra iniciativa familiar, de modo que nos acercamos a la galería para hablar con él sobre fotografía y literatura, sobre momentos atrapados, sobre imágenes pasadas y palabras que quizá acaben llegando. Y el cuestionario librero de hoy viene rematado con dos preguntas de otro fotógrafo-editor, nuestro amigo Paco Gómez.

[Fotografía: Rafael Trapiello, en Madrid, 30 de mayo de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Sin duda fue Escuela de robinsones de Julio Verne. Yo debía de tener unos diez o doce años. Mi padre me regaló la colección completa de las novelas de Verne editadas por Bruguera. Muchos de ellos me encantaron, pero sin duda fue éste el que me atrapó. Debí de leerlo como unas diez veces en un par de veranos.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Creo que no hay ningún personaje con el que me haya identificado completamente, más aún cuando el tipo de personajes que me gustan suelen ser desdichados e infelices, así que claro, no tengo especiales ganas de parecerme a ellos. Por quedarme con uno al que no me molestaría parecerme diría Gabriel de Araceli, protagonista de la primera serie de ‘Episodios Nacionales’ de Galdós.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Suelo guiarme por recomendaciones de amigos fundamentalmente, ya que unos cuantos son no sólo buenos lectores sino escritores y editores, aunque tengo a un par de libreros de confianza de los que me fío completamente.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Ésta es fácil: La Odisea. Es el libro eternamente pendiente para mí, pero nunca encuentro el sosiego para empezarlo.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Aquí voy a tirar hacia la fotografía. Hay muchos libros de grandes maestros descatalogados o a un precio inasequible por tratarse de primeras ediciones. Por nombrar uno, A Night in London de Bill Brandt (1938), que es una delicia de libro y un trabajo maravilloso para aprender a editar una historia muy sencilla.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Soy de gastarme lo que no tengo, especialmente en libros de fotografía. Aunque en casa en general nunca escatimamos en libros, ya sean para nosotros o para nuestra hija Manuela.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

En casa somos bastante fieles en cuanto a nuestros libreros de referencia, por lo que se puede decir que son buenos amigos nuestros. Eso es lo que más me gusta. Nos conocen bien, conocen bien nuestros gustos y por tanto siempre nos recomiendan nuevas lecturas con acierto.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Me gustan las librerías en las que puedo encontrar de todo, desde narrativa hasta ensayo pasando por literatura infantil y libros de fotografía. No soy mucho de librería especializada.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios) y un libro reciente.

Un día en la vida de Iván Denísovich, de Alexandr Solzhenitsyn. El libro que destapó los horrores del gulag durante el estalinismo y una novela maravillosamente escrita que te atrapa desde la primera línea hasta la última. La novela que más me ha gustado el último año ha sido San, el libro de los milagros, de Manuel Astur. Un prodigio de novela que no quiero destripar porque lo mejor es llegar a ella sin saber casi nada sobre su argumento.

[Y la pregunta 10 (y la 11…) la lanza hoy el fotógrafo y editor Paco Gómez:]

¿En qué ha influido tu formación de ingeniero en tu obra fotográfica?

En muchas, muchísimas cosas. De entrada, en la vertiente más documental de mi trabajo, en aquella que atiende a contar las historias de otros. La carrera me ayudó a entender mejor el territorio, que es uno de los temas que suelen estar presentes en mis proyectos de esta naturaleza. Y en general, tanto en los trabajos documentales como en los más íntimos, creo que se nota mucho en la manera de componer. Creo que mi predilección por los encuadres limpios y ordenados, cartesianos a veces, tiene que ver con esa formación de ingeniero.

Viniendo de donde vienes y con las posibilidades narrativas de la fotografía, ¿contemplas en un futuro animarte a escribir? 

Ya lo hago, aunque siempre como complemento a la fotografía, ilustrándola de alguna manera, utilizando la palabra para contextualizar las fotos a las que acompañan. No descarto en algún momento publicar un libro que no tenga ni una sola foto, pero de momento me encuentro más que satisfecho utilizando la fotografía como lenguaje, ya que lo que más me interesa es la poesía y la fotografía para mí es una herramienta muy poderosa en ese sentido.