Cuestionario librero nº 8: Antonio Pau

“Decía Laín Entralgo que los tímidos son mejores amigos. Probablemente son también mejores libreros”, afirma el polifacético ensayista y pensador Antonio Pau, uno de los hombres de cultura más singulares, fecundos y brillantes que tenemos en España. Biógrafo de poetas, historiador de la música, experto en Madrid, editor secreto…, sus responsabilidades en el Consejo de […]

Por en Entrevista

“Decía Laín Entralgo que los tímidos son mejores amigos. Probablemente son también mejores libreros”, afirma el polifacético ensayista y pensador Antonio Pau, uno de los hombres de cultura más singulares, fecundos y brillantes que tenemos en España. Biógrafo de poetas, historiador de la música, experto en Madrid, editor secreto…, sus responsabilidades en el Consejo de Estado y en otras mil y una altas instancias le dejan tiempo para su principal vocación (y de hecho durante esta cuarentena ha escrito ya dos libros…) y, hasta ahora, para añorar las librerías, aunque anhela “que, más que una librería, parezca una biblioteca”. El año pasado publicó un espectacular catálogo de fugas, un inventario de formas de largarse titulado Manual de Escapología. Teoría y práctica de la huida del mundo [reseñado en ‘Las Librerías Recomiendan], y hoy responde a las 9 preguntas llegadas de las librerías (más una específica lanzada por Daniel Rosino, de la Librería Walden, de Pamplona):

  • ¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?
  • Uno de Azorín. No recuerdo cuál, porque a los trece años ya los había leído todos. Cuando estuve con él la tarde del 28 de enero de 1967 conocía su obra perfectamente.

 

  • ¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?
  • Cualquier joven enamorado en las buenas novelas: quizá Fabrizio del Dongo, o Alekséi Vronski, o el protagonista de Helena o el mar del verano, la deliciosa novelita de Julián Ayesta. Pero que no se atormente, en ningún caso Werther.

 

  • ¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?
  • Las lecturas vienen siempre –en mi caso– por dos caminos: por el tema del que yo mismo estoy escribiendo o por la visita a una librería, y muchas veces por su escaparate. Alguna vez por la reseña de un suplemento cultural, y nunca por la lista de los libros más vendidos. Claro que atendería a una recomendación del librero/ra, si la encuentro sensata, que normalmente lo es.

 

  • Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?
  • Todas las historias y novelitas incrustadas en la primera parte del Quijote, porque sólo he leído alguna. Me habéis pedido que sea valiente: quizá no sea políticamente correcto decir que no he leído el Quijote entero. A cambio, la segunda parte, la he leído incontables veces. Para empezar, siempre que he querido pasar un buen rato. Las traducciones alemanas del Quijote, que son las que conozco, suelen prescindir de esas novelitas, y eso, en vez de desanimarme, hace que me interesen más.

 

  • ¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?
  • No sé si llegaría a tanto como producir un bien en el mundo. Pero reeditaría la Vida del espíritu, de Antonio de Rojas, del que hay un único ejemplar en España, que fue de Pedro Sáinz Rodríguez y ahora está en la biblioteca de la Fundación Universitaria Española. Es, probablemente, la primera antología de poesía mística española, hecha cuando algunos de sus autores estaban todavía vivos o acababan de morir. Por los comentarios del autor, el libro fue condenado por la Inquisición española, por lo que aquí no se reeditó y se destruyeron los ejemplares existentes. Sí se editó en el extranjero, porque se tradujo a muchos idiomas, incluso al árabe.

 

  • Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)
  • En otro tiempo, robar. Ahora sólo subrayar. Y será un disparate, pero con bolígrafo de tinta. Pero subrayar todo tipo de libros, también los poemarios y las novelas. No puedo dejar de subrayar lo que me parece un acierto, para poder volver a él con facilidad.

 

  • Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…
  • El que me deja merodear mucho tiempo entre los estantes y tocar todos los libros sin impacientarse. Y luego, cuando le haga una pregunta, me resulte un buen asesor, o simplemente un buen conversador, porque lo sabe todo. En cuanto al perfil psicológico del librero: prefiero al tímido al parlanchín. Pero eso lo prefiero también en un amigo. Decía Laín Entralgo que los tímidos son mejores amigos. Probablemente son también mejores libreros.

 

  • ¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?
  • Que no sea visiblemente comercial (que simplemente lo sea no puede ser más lógico), que no tenga los bestseller a la vista. Que más que una librería, parezca una biblioteca.

 

  • Por último, recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios), y un libro reciente.
  • Entre los clásicos antiguos, La Iliada en la traducción de García Calvo. Entre los clásicos modernos, el Retrato del artista adolescente en la traducción de Dámaso Alonso. De los actuales, la autobiografía de Joan Margarit, Para tener casa hay que ganar la guerra. Y no porque le hayan dado el Premio Cervantes. Ya la había leído antes. Me la regaló él. Y más reciente aún: el Madrid de Andrés Trapiello, que todavía no ha salido [llegará a nuestras librerías el 6 de septiembre]. Sólo por el título y el autor puede adivinarse que será un libro para disfrutar de esta ciudad en la que estamos confinados, y por la que tenemos tantas ganas de volver a pasear.

 

  • Y la pregunta número 10 la lanza un librero muy admirador de Pau: Daniel Rosino, de la Librería Walden (Pamplona):
  • “Antonio, en tu condición de “experto en fugas”, ¿en qué lugar situarías el confinamiento en el contexto del Manual de Escapología? Y un poco más: ahora que se habla de falta de libertad, crees que es posible aunque sólo sea acariciar la libertad bajo este confinamiento tan extraño?, ¿podemos ser libres a pesar de estas inéditas circunstancias?”
  • La verdad es que al escribir el libro no pensé en una situación de la que uno querría huir, pero físicamente no puede huir porque una ley lo prohíbe y la conservación de la salud no lo aconseja. De todos modos, en el libro hablo de un tipo de huidas que no requiere alejamiento físico. Se puede uno alejar de un entorno hostil sin salir de casa. Repasando ahora, para contestar a vuestra pregunta, las treinta huidas que propongo, veo que trece de ellas podríamos decir –con terminología de hoy– que son compatibles con el confinamiento. Voy a citar sólo dos: una es la huida hacia el reducto íntimo; disfrutar de lo que se tiene alrededor, los libros que uno ha comprado y por prisa no ha leído, los cuadros que uno ha colgado en la pared y luego no ha tenido la calma de fijarse en su belleza y en cada detalle, las muchas cosas que probablemente ha ido uno acumulando en compras apresuradas y no ha llegado a disfrutar. Hay que recordar que una gran novela, El viaje alrededor de mi cuarto, es apasionante, y el protagonista no hace más que mirar en torno suyo.La otra huida es la huida a dos. Digo en el libro que es la más bella huida. Es una huida de madurez. No tiene nada que ver con la huida de las parejas jóvenes que escapan de la incomprensión de las familias, ni con esos viajes inacabables que emprenden los amantes en las novelas bizantinas. Ésta es la huida a un refugio compartido. Dos personas que se quieren se dan a sí mismas como refugio. Son las dos las que se dan como refugio, pero lo que resulta es un único refugio. Ellas mismas lo sienten como uno. Es curioso que no haya palabra española para designar esta huida. Sí la hay francesa, es la retraite amoureuse, y también alemana, es la Zweisamkeit.

Antonio Pau, en Madrid, 17 de mayo de 2020, (Fotografías de Juan Marqués)