Entrevistas

Cuestionario librero 73: Paula Díaz Altozano

Ya tiene preparadas las maletas para marcharse en cuanto se pueda a Harvard, donde le deben y le guardan una estancia que la pandemia ha postergado, y allí la poeta Paula Díaz Altozano (Madrid, 1990) continuará una investigación que parece realmente estimulante, sobre las similitudes entre las obras fotográficas de Brassaï, Newton y Woodman. Ya […]

Ya tiene preparadas las maletas para marcharse en cuanto se pueda a Harvard, donde le deben y le guardan una estancia que la pandemia ha postergado, y allí la poeta Paula Díaz Altozano (Madrid, 1990) continuará una investigación que parece realmente estimulante, sobre las similitudes entre las obras fotográficas de Brassaï, Newton y Woodman. Ya tuvo otras becas en París y Buenos Aires, aparte de en su propia ciudad, y de ambas se trajo poemas escritos (los últimos publicados en Unicornios, un libro entre lo visionario y lo comprometido, con un punto colorista y otro generacional: “rezo a las multinacionales para que no me contraten / rezo a las horas para que me esperen / rezo a las quimeras para que no se cumplan / rezo a los vuelos low cost porque puedo pagarlos”…). Aparte de poeta e historiadora de la fotografía, es escritora de cuentos, pintora aficionada, pianista y buceadora. Quedamos junto al Museo de América, en el camino que conduce a la Universidad Complutense, y le entregamos allí el “cuestionario librero”, con pregunta final de la poeta y aforista Azahara Alonso (a la que Paula leía y comentaba hace poco en un artículo):

[Fotografía: Paula Díaz Altozano, en Madrid, 19 de enero de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Cuando era pequeña me gustaban mucho los libros de aventura y los de fantasía. Por ejemplo, me encantaba la colección de ‘Los Cinco’ de Enyd Blyton. El primer cuento que leí fue “El fantasma de Canterville”, de Oscar Wilde, y a los diez años me gustaba leer los libros de Harry Potter de J. K. Rowling. Después empecé a leer clásicos que me recomendaban mis padres, mis abuelos y mi tía: Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, Éxodo de Leon Uris, Viento del este, viento del oeste, de Pearl S. Buck, La posada de Jamaica, de Daphne du Maurier, Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell o los relatos de Roald Dahl. El primer poeta al que leí fue Walt Whitman en Hojas de hierba.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Al leer una novela suele ocurrirme que me identifico con uno o varios de sus personajes, sean mejores o peores. Creo que eso es una de las cosas más bonitas de la literatura: poder reflejarte en los personajes y así darte cuenta de tus virtudes y defectos. Por ejemplo, cuando leí La montaña mágica, de Thomas Mann, me sentí en parte identificada con el protagonista, Hans Castorp. Leyendo a Ayn Rand, aunque es una autora con la que no comparto todas sus ideas, he querido parecerme o tener la voluntad de personajes como el arquitecto Howard Roark o la directora de ferrocarriles Dagny Taggart.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

A veces, por recomendaciones de amigos o familiares. Otras, de un modo aleatorio. Me gustan mucho las librerías, sobre todo las antiguas en las que puedes encontrarte desde clásicos de segunda mano a novedades. También me interesan las librerías-café donde puedes leer mientras tomas algo, pero este modelo no está tan extendido aquí.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

No he leído ningún libro de Proust. ¡Lo tengo pendiente!

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Habría que reeditar la colección de cuentos Fantasías a la manera de Callot de E.T.A. Hoffmann. Tiene cuentos extraordinarios.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Los prólogos siempre suelo leerlos (si los leo) al terminar el libro, y nunca subrayo ni anoto nada en los libros.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Que recomiende buenos libros y no sólo las últimas novedades. La buena literatura no entiende de modas.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Me gustan las librerías en las que, además de comprar libros, puedes hacer más cosas. El ejemplo más cercano que tengo es la librería ‘Shakespeare and Company’ de París. Viví en esta ciudad unos meses y cada semana me reunía en esta librería con personas del ambiente literario en una tertulia. La librería ideal para mí sería ese lugar donde no solo puedes comprar libros sino leerlos allí durante horas, reunirte, ir a lecturas de autores o a conciertos, ver exposiciones de arte, tomar un café o un vino, escribir…

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios), y un libro reciente.

Moby Dick de Herman Melville; de Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta; París era una fiesta de Hemingway, 84, Charing Cross Road de Helene Hanff, el poema “Un paseo por la literatura” de Roberto Bolaño, y un libro contemporáneo: Bariloche de Andrés Neuman.

[Y la pregunta 10 la lanza la poeta y aforista Azahara Alonso:]

En tu biografía lo académico y lo artístico se entretejen con una naturalidad poco habitual, sin impostura. En todo caso, es seguro que hay una influencia en ambos sentidos. ¿De qué manera repercute todo ese bagaje o método en tu poética?”

La mezcla de disciplinas o de ámbitos que están alejados me interesa mucho. Por ejemplo, la primera parte de mi libro ‘Unicornios’ está dedicada a Silicon Valley, tema que, a primera vista, parece poder abordarse de modo más fácil desde lo académico, pero decidí escribirlo mediante la poesía. También ocurre al revés: mi tesis doctoral, titulada ‘Eros en la imagen. Fotografías de Brassaï, Helmut Newton y Francesca Woodman’, trata temas bastante poéticos, sobre todo en el caso de Brassaï y Woodman, por lo que supone un reto escribir de estas cuestiones desde lo académico. Sin duda, es más divertido. Por otra parte, me interesan los autores (escritores, pintores…) que no estudiaron como carrera principal la disciplina en la que destacan sino otras aparentemente más alejadas como economía o ciencias. No siempre es así, pero de esta contradicción pueden surgir cosas muy interesantes.