“El día del perro” de Caroline Lamarche

El día del perro

El día del perro

Caroline Lamarche

ISBN

978-84-18067-18-1

Editorial

Nórdica Libros

Donde comprarlo

Me acerco a El día del perro porque el título me resulta enigmático, porque la foto de portada (Elliot Erwitt / Magnum Photos) me obliga a pararme cada vez que paso por delante, porque acabo de leer un libro de la traductora (Blanca Gago, Autoras de culto, en Miopías) que me ha interesado muchísimo, porque leí La memoria del aire (también de Caroline Lamarche, editado por Tránsito y altamente recomendable), porque la editorial Nórdica tuvo la generosidad de enviarme el libro antes de sacarlo a la calle.

Me acerco, entonces, a El día del perro, con muchas expectativas y bastante miedo: no puedo evitar sentir que el título encierra algo dramático. Leo en la contraportada la sinopsis y una cita (también figura en la faja, que he quitado) de Patrick Kéchichian que establece una conexión entre el texto y Chéjov. Crecen las expectativas. Y el miedo.

Leo en la solapa una breve biografía de la autora y le echo un vistazo rápido al libro que me permite olerlo, fijarme en el tamaño de la letra y el contraste con la página y hacerme una idea de la extensión de los capítulos. Me paro en el índice: seis capítulos con título propio, ¿seis relatos?

Por fin me lanzo a una primera lectura de la novela. Ya en el primer capítulo, “Historia de una camionero”, mis expectativas quedan satisfechas: palabras precisas como bisturíes, expresiones poéticas que remiten a sensaciones conocidas como “beber de esa luz todos los días”, tiempos diversos, mentiras necesarias, diálogos certeros. Sigo leyendo sin parar hasta terminar la novela. La cierro con la sensación de haber leído un texto de enorme calidad y, también, con un sentimiento amargo, como de tristeza vieja.

El día del perro es una novela corta y compleja que parte de la anécdota de un perro que corre de noche por una autopista para hilar seis historias de vida que están profundamente conectadas por el abandono que han sufrido sus protagonistas. Los abandonos. No se trata de seis voces contando la misma anécdota. Se trata realmente de seis puntos de vista, de seis personas que se encontraban en la autopista el día que el perro la cruzó y que nos cuentan, no lo que ocurrió, sino quiénes son. Y lo cuentan en distintos tiempos (verbales y cronológicos), en distintos tonos, con distintos ritmos. Sin embargo, en una segunda lectura descubro que no solo el perro hila la historia, que las seis historias constituyen una novela porque algunas personas que cuentan tienen relaciones entre ellas (anteriores, en el momento del suceso, posteriores) y porque todas llevan dentro una herida que la parada obligatoria en la autopista ha reabierto o abierto como en el caso del ciclista.

El día del perro es una novela de las que se queda dentro. Porque hurga en sentimientos escondidos, porque obliga a la parada y el reconocimiento de la herida, porque los personajes que narran son personas en toda su complejidad, porque las voces se hacen cuerpos, porque está llena de vida, porque nos interpela y nos obliga a plantearnos si, efectivamente, no hay “nada que hacer”.

Izaskun Legarza Negrín, Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife)

Be the first to write a comment.

Deja un comentario