Cuestionario librero 111: Sebastián Taberna

Quien haya visto alguna vez a Sebastián Taberna cocinando entenderá tal vez más fácilmente por qué ha tardado quince años en escribir Causa errante, un libro cuyo proceso de redacción (lo hemos visto) ha dado lugar a estanterías enteras llenas de carpetas, archivadores, versiones y variantes, y que al final se ha publicado hace unas […]

Por en Entrevista

Quien haya visto alguna vez a Sebastián Taberna cocinando entenderá tal vez más fácilmente por qué ha tardado quince años en escribir Causa errante, un libro cuyo proceso de redacción (lo hemos visto) ha dado lugar a estanterías enteras llenas de carpetas, archivadores, versiones y variantes, y que al final se ha publicado hace unas pocas semanas con apenas cuarenta páginas de extensión. Cincuenta páginas, eso sí, magistrales, maravillosas, ejemplares en su contención y en su poder expresivo, en el pudor con el que puede alguien desnudarse sin exhibirse, logrando un libro “Infinito”: “La fuente, / el cielo, / el río o el mar. / Tus manos”. En absoluto se nota el detallismo obsesivo, angustioso, de su escritura, una autoexigencia que le ha hecho, al final, merecedor de la sencillez real, de la naturalidad no forzada. Ya lo recomendamos por aquí tratando de explicar su contenido, intentando razonar la importancia verdadera que le atribuimos, pero es que es, simplemente, un caso paradigmático de ese tipo de poesía por el que sabemos que merece la pena dar la batalla, y la daremos siempre que haga falta, aunque por otro lado es un tipo de literatura que no necesita defensa, que se explica y se eleva por sí misma. Sebastián Taberna (Pamplona, 1971), que tiene un poco nombre de seudónimo, se acaba de mudar: tras muchos años en Madrid, desde antes de la pandemia pasa buena parte de su tiempo en su Pamplona natal, y ahora se ha instalado en una casa que, por una parte, es su casa de siempre, y, por otra, es una casa suya, totalmente nueva, rebosante de su curiosísima y poderosa personalidad. Es allí donde le entregamos el cuestionario librero, rematando una pequeña exploración pamplonesa que ya nos llevó a abordar a Juan Gracia Armendáriz y F.L. Chivite. Causa errante se presenta el próximo martes, 22 de junio, en la librería Cervantes y Compañía (Madrid).

[Fotografía: Sebastián Taberna (y Pía), en su casa de Pamplona, 4 de junio de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Hamlet. Recuerdo que el corazón me dio una voltereta cuya inercia sigue resonando en mis entrañas.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Muchos, pero por citar uno que llevé muy dentro: Cosimo Piovasco.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

De manera caótica, asociativa e instintiva, aunque tengo buenos amigos y amigas que me quieren bien y me recomiendan mejor, y a los que estoy siempre muy agradecido. Lo mismo que mi librero de confianza, que me saca de mis muchas dudas

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Ninguna y todas, porque son infinitas, entendiendo que la lectura es una pasión y en las pasiones no debería haber nada “insoslayable”. Pero confieso que pasé una temporada en la que me entró una prisa corrosiva por leer más de lo que podía asimilar, así que después de un ayuno saludable acepté el hecho de que cada uno debe de respetar sus propios ritmos para vivir y, por supuesto, para leer. Como decía Juan Ramón Jiménez: una prisa lenta.

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

Extraño más traducciones de autores que he leído con entusiasmo: Rachel Carson, John Burnside, Ana Blandiana o Stephen Dixon. Y un libro, y habrá muchos, que es una joya: Beneath the underdog de Charles Mingus.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Sólo me falta regarlos, sobre todo en los que me quedo a vivir.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Me gusta que sea fan de lo que hace.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Calma y silencio, para no perderme en los conflictos internos que tengo para elegir lo que me llevo.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios) y un libro reciente.

Emily Dickinson; siempre. Y tres libros que me siguen emocionando cada vez que vuelvo a ellos: Guerra y paz, Moby Dick y Memorias de Adriano.

Vamos con los más recientes: En tierra de Dioniso de María Belmonte; La ballena tatuada, de Darío Adanti; Me muero, de Isabel Bono; Jardines en tiempos de guerra, de Teodor Ceric; Wattebled, de Paco Gómez; Conexión, de Kate Tempest y El hombre que ordenaba bibliotecas, de Juan Marqués.

[Y la pregunta 10 la lanza hoy, precisamente, Juan Marqués, coordinador de ‘Las Librerías Recomiendan’:]

“El otro día decía Elvira Lindo que Philip Roth decía que es buena señal si sientes un poco de vergüenza al ver tu libro en la librería, entre todos los demás. Teniendo en cuenta que tu ópera prima aparece cuando casi has superado el medio siglo de vida, ¿te ha ocurrido a ti algo parecido?”.

Me ha ocurrido. Antes de Causa errante había publicado acompañado de otros autores o escondido bajo la sombra de otros nombres. Me da pudor, mucho, pero entiendo que el libro no está terminado del todo hasta que alguien lo lee y, a su vez, lo transforma en algo distinto que ya no te pertenece. Y eso es muy hermoso.