Cuestionario librero 126: Karmele Jaio

La Asociación de Librerías Diego de Haro, que reúne a más de veinte librerías navarras, decidió el año pasado conceder su premio de narrativa a la novela Aitaren etxea, de Karmele Jaio, una historia “íntima y emotiva”, según el jurado, “contada con una particular manera de crear”. La novela ya había merecido meses atrás el […]

La Asociación de Librerías Diego de Haro, que reúne a más de veinte librerías navarras, decidió el año pasado conceder su premio de narrativa a la novela Aitaren etxea, de Karmele Jaio, una historia “íntima y emotiva”, según el jurado, “contada con una particular manera de crear”. La novela ya había merecido meses atrás el Premio Euskadi, y su traducción al castellano, La casa del padre, no ha hecho sino añadir lectores y multiplicar los aplausos. En la reseña que Rafael Calvache, de la Librería Nobel (Almería), escribió para Las Librerías Recomiendan, destacaba también que se trataba de una novela “dura y fluida en la que la literatura, el feminismo, la violencia de género y la familia dejan de ser temas tangenciales para convertirse en el núcleo de la novela”. Acudimos hace dos meses a la Feria del Libro de Navarra, en la plaza del Castillo de Pamplona, para asistir a la entrega de los premios, y allí pusimos en las manos de Karmele Jaio nuestro cuestionario librero, que en esta ocasión viene rematado por una pregunta de, precisamente, el librero Rafael Calvache.

[Fotografía: Karmele Jaio, en Pamplona, 4 de junio de 2021. Fotografía de Juan Marqués.]

¿Cuál fue el libro que inoculó en ti el veneno de la lectura?

Supongo que fueron muchos los que me fueron inoculando el veneno poco a poco. Recuerdo entre mis primeras lecturas a Agatha Christie y, un poco más tarde, recuerdo el descubrimiento que supusieron para mí los cuentos de Julio Cortázar y de Carson McCullers, entre otros grandes cuentistas. También tengo un recuerdo especial de Nubosidad variable de Carmen Martin Gaite, que creo que reafirmó mis ganas de escribir. Y más adelante, también releí muchas veces La lluvia amarilla de Julio Llamazares.

¿Hay algún personaje de novela al que te gustaría parecerte (o te hubiera gustado cuando lo leíste)?

Creo que no. No recuerdo haber sentido esas ganas de parecerme a ningún personaje, más bien he sentido muchas veces ganas de parecerme al autor o la autora de la obra, por su talento. He sentido ganas de parecerme, por ejemplo, a Alice Munro en muchas ocasiones.

¿Cómo eliges tu siguiente lectura? ¿Qué peso tiene la selección de la librería o la recomendación del librero / de la librera en tu decisión de compra?

Un primer criterio es, sin duda, la de autores o autoras que me gustan y que siempre leo cuando publican algo nuevo. Otra puede ser una buena crítica que haya leído. También el tema. Por ejemplo, me gusta leer libros que tengan que ver con la temática o el ambiente del libro que estoy escribiendo. Y, por supuesto, si una librera o librero que conoce mis gustos me recomienda algo, lo compro a ciegas.

Sé valiente, por favor: ¿qué lectura “insoslayable” tienes todavía pendiente?

Tengo muchas pendientes. Los clásicos rusos, por ejemplo: Guerra y paz de Tolstói, Crimen y castigo de Dostoievski…

¿Sabes de algún libro extranjero que habría que traducir con urgencia, o alguno descatalogado o muy desconocido que haya que reeditar para bien del mundo?

No me creo capaz de encontrar algo que las editoriales que se dedican a esto no hayan encontrado o valorado. Pero por decir alguno, he leído recientemente How male privilege hurts women de Manne Kate y me ha parecido interesante y no creo que esté traducido. Tiene otro anterior, Down girl: the logic of misogyny, que parece también muy interesante.

Algún vicio inconfesable sobre libros (subrayar, tirar a la basura, robar, gastarte lo que no tienes, esconder los libros que compras para que no te riñan en casa, hacer listas y hasta estadísticas con los libros que lees, leer hasta el ISBN y el colofón…)

Me gusta subrayar libros, pero sólo los ensayos, no los de ficción. Cuando encuentro algo subrayable en un libro de ficción, lo escribo en un cuaderno. Y al ordenar la librería, me gusta juntar físicamente libros que me han gustado mucho y que presiento que se parecen en algo, o tienen algo que decirse, como poniéndolos en conversación. Por ejemplo, cuando terminé Un amor de Sara Mesa lo puse pegado a Un corazón demasiado grande de Eider Rodríguez. Como si una obra tuviera mucho que decir a la otra.

Define tu perfil de librero/a ideal: tímido/a, parlanchín/a, con un ordenador en la cabeza, sabelotodo, a la última, clásico/a…

Mi librero/a ideal es quien, al verme entrar en la librería, se me acerca y me dice: “Ha llegado algo que te va a encantar”. Y me descubre un nuevo libro o un nuevo autor o autora.

¿Qué tiene que tener una librería para que te apetezca volver a ella?

Buenos libros y ordenados con criterio y gusto, además de, por supuesto, un librero o librera a la que, ante todo, le apasione la lectura.

Recomiéndanos, por favor, un clásico (o varios) y un libro reciente.

Los cuentos de Medardo Fraile y Carson McCullers, entre los clásicos, y un libro reciente que he disfrutado mucho ha sido Cuentos completos de Lorrie Moore. También disfruté mucho con La única historia de Julian Barnes.

[Y la pregunta 10 la lanza hoy Rafael Cavalche, de la Librería Nobel (Almería):]

“Karmele, una de las cosas (tantas en La casa del padre…) que me llamaron la atención, y que me comentan los clientes que acaban disfrutando tu libro, fue la voz que utilizas al narrar. Yo leo mucha literatura escrita por mujeres y nunca había leído nada parecido. ¿Cómo es posible que te metas tan dentro de un hombre? ¿Cómo es posible que sepas tanto de cómo pensamos, cómo sentimos, cómo nos convencemos de estar haciendo lo correcto cuando en realidad no lo es?”

Gracias, Rafa. Para mí entrar en la cabeza del protagonista e intentar escuchar su voz ha sido uno de los grandes retos de esta novela. Desde el principio, cuando me di cuenta de hacia dónde me estaba llevando la escritura, sentí que no se me iba a hacer fácil. Tenía miedo de hacer una caricatura de un hombre, de caer en tópicos. He escrito, en ese sentido, con mucha precaución, intentando comprender el origen de cada una de sus actitudes. Porque todo lo que hacemos en la vida, sea reprochable o merezca el aplauso, tiene un origen y está absolutamente marcado por cómo hemos sido socializados y por lo que nuestro entorno ha esperado siempre de nosotros. He intentado llegar a ese origen y comprobar allí que en el fondo todos los seres humanos nos parecemos mucho. Así como el protagonista comprende que no va a poder entrar en el personaje femenino del que quiere escribir hasta que reconozca en ella algo propio, algo que convierte a ambos en seres humanos iguales (aunque vivan distintas circunstancias), yo he intentado llegar ahí y sentir que soy ese hombre y que he vivido lo que vivió él desde niño. He intentado comprenderlo. Creo que he intentado comprender a todos los personajes. Todas las personas tenemos una razón para hacer lo que hacemos. He intentado encontrar la razón de cada uno de los personajes.