Entrevistas libreras: Ofelia Grande

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Pedro González (Librería Hipérbole de Ibiza), nuestro librero más dicharachero, entrevista a Ofelia Grande, editora de Ediciones Siruela y Alevosía sobre el momento del sector, la vocación y los libros.

Los Libreros Recomiendan: En estos últimos años han cerrado muchas librerías y el resto nos mantenemos en un difícil equilibrio. Por otro lado, hay una inercia que hace que las librerías de barrio, véase por ejemplo EE.UU, están aguantando mucho mejor que las grandes cadenas. Existe aún en parte del sector la idea de no creer que las librerías sean la solución a la crisis. ¿Cómo puedes explicar el trabajo que Siruela realiza con las librerías, esa colaboración mutua que algunos aún se resisten a admitir?

Ofelia Grande: Yo no creo que en el sector exista la idea de que las librerías no sean una parte fundamental del proceso de salir de la crisis, más bien al contrario. Lo que sí creo que pasa es que, dada la dimensión de la crisis de nuestro sector, estamos todos, editores y libreros, buscando soluciones rápidas que nos ayuden a ir sobreviviendo hasta que “pase algo”. Quizás no sea una buena política, sería probablemente mejor estar buscando soluciones y estrategia de futuro, pero los problemas son tan acuciantes y tan inmediatos que el solucionar problemas de ahora mismo nos impide muchas veces ver los problemas a medio plazo.

Por nuestra parte siempre hemos tratado de tener una relación cercana con los libreros y, aunque la relación económica viene intermediada por los distribuidores, sí que con muchas librerías tenemos una relación muy personal y organizamos actos, presentaciones, encuentros con autores, campañas temáticas o para un libro en concreto… Este trabajo es fundamental como también lo es para nosotros que el librero nos escuche, podamos presentarle y explicarle nuestros libros y pueda él también expresarnos su opinión sobre los libros, portadas, campañas, etc. Para nosotros es fundamental que el librero tenga presencia de nuestros libros y que haya una interlocución que nos pueda beneficiar a todos.

LLR: Un chico que tuve en prácticas en mi librería, me comentó que no leía demasiado. Un día le dije que abriese “El Barón Rampante” por la última página y leyese el final. No voy a poder olvidar aquel momento. El chico me miro y me dijo- ¿Cómo se puede publicar tanta basura existiendo un libro como este? Yo haría una librería donde solo se vendiese “El Barón Rampante”-. ¿Cuál es la política de Siruela a la hora de publicar un libro, que reflexión se hace?

O.G.: Son muchos los factores que tratamos de tener en cuenta antes de decidir publicar un libro. Por un lado, y dependiendo de la colección a la que vaya dirigido, si tiene encaje en la línea de esa colección en concreto. Después, por supuesto, que sea un libro que tenga calidad y “acompañe” bien a los otros libros del catálogo. El concepto de “calidad” no es fácil de definir, ni siquiera es igual para todos los lectores porque depende mucho de la exigencia y el nivel lector de cada uno ni tampoco responde necesariamente a esa opinión que algunos tienen de que lo difícil es bueno y lo fácil es malo. Los editores, en realidad, tampoco lo sabemos, hay una parte importante que tiene que ver con la experiencia y con el gusto personal y piensas que has acertado cuando tu elección es compartida por los lectores y por la crítica. Hay libros con los que se acierta más que con otros, con algunos aciertas con la crítica, con otros aciertas con las ventas, con otros, lamentablemente ni con la crítica ni con las ventas y, algunas veces, aciertas con la crítica y con las ventas. Este último es el sueño de cualquier editor. No es sólo vender mucho, es vender mucho de un libro que crees que merece la pena haber dado a conocer.

Hay un último factor que hay que tener en cuenta y, lamentablemente, en tiempos tan difíciles es cada vez un factor más importante y es el de las posibilidades comerciales de un libro en concreto. Esto no funciona igual en una editorial que en otra: en muchas editoriales vender 2.000 ejemplares lo podemos considerar un éxito mientras que otras necesitan vender 5.000 sólo para cubrir los costes que ese libro ha generado. Este factor no funciona tanto para publicar cosas que no te gustan sólo por el hecho de que creas que pueden vender sino más en el sentido contrario: para dejar de publicar cosas que, aunque te gusten, crees que no tienen posibilidad alguna de vender, al menos en este momento. Ahora mismo hay libros que tienen que esperar su momento… Y, si somos honestos con nosotros mismos, en realidad, cuando un libro ha vendido 387 ejemplares y no ha tenido una sólo crítica (ni positiva ni negativa), por mucho que te guste tienes que rendirte ante la evidencia de que es un libro que no ha gustado ni ha interesado a nadie. No quiere decir que sea malo o que tengas que lamentar haberlo publicado si es un libro que te entusiasma, sino que tienes que asumir que, en esta ocasión, tu elección no ha sido compartida y este es un lujo que no te puedes permitir demasiadas veces.

LLR: Tawni O’Dell y sus “Caminos Ocultos”, en mi opinión uno de los libros más importantes de los últimos años de Siruela. Quien no lo haya leído ya está tardando ¿Cómo fue su descubrimiento?

O.G.: Pues, como pasa en muchas ocasiones con hallazgos importantes, fue fruto de la casualidad. Fue una recomendación en una cena de una profesora americana de escritura creativa. Hizo una lista de los 10 libros que, en su opinión, eran novedades importantes, algunas muy poco conocidas, de ese año en Estados Unidos (era el año 2000). Bastantes años después apareció esa lista en una carpeta en Siruela. Algunos de esos libros ya se habían publicado en España por otras editoriales y todos ellos habían sido muy bien acogidos por la crítica y los lectores. Caminos Ocultos no había sido publicado y decidimos leerlo. Nos perturbó y nos entusiasmó a las tres personas de la editorial que lo leímos y decidimos publicarlo. A nosotros también nos parece un libro de esos que merece la pena, de los que te genera “orgullo de editor”, así como el siguiente de Tawni O ´Dell, La fiebre del carbón, que acabamos de publicar. Ojalá muchas más personas lo leyeran, es un libro extraordinario. Algo hemos hecho mal con él porque ha vendido muy poco y, sin embargo, todo el que lo ha leído coincide en que es uno de esos libros que dejan huella.

LLR: ¿Cómo describirías el panorama editorial actual? Son muchas las editoriales que están luchando por hacerse un hueco.

O.G.: Siempre ha habido muchas editoriales aunque, quizás, en los últimos años hay muchas editoriales pequeñas que están teniendo una relevancia especial: más presencia en los medios de comunicación, más presencia también en la librería, más visibilidad y mejor acogida entre los lectores. También en los últimos años el sector está cada vez más polarizado (si es que esta es la palabra), los grandes grupos son cada vez más grandes concentrando más sellos editoriales y, en el otro extremo siguen surgiendo nuevas editoriales pequeñas, muchas de ellas unipersonales. Es un fenómeno que nos acerca más a un modelo de sector editorial más anglosajón donde ya casi no existen editoriales medianas…

LLR: No sé si es una sensación mía, pero en este sentido, ¿no crees que el chico se está comiendo al grande? ¿Que en la actualidad las pequeñas editoriales realizan un trabajo de vital importancia para la salud del libro, recogiendo el testigo de editoriales como Siruela o Acantilado?

O.G.: Hay varias editoriales pequeñas y medianas haciendo un trabajo editorial extraordinario tanto en narrativa para adultos (como por ejemplo Asteroide o el resto de las editoriales del grupo Contexto) como infantil (Kókinos, por poner sólo un ejemplo). Todas ellas, efectivamente, hacen un trabajo importantísimo para la salud del libro, una apuesta cultural muy importante. Pero no se trata de que el chico se esté comiendo al grande, creo yo, sino de que están cumpliendo papeles diferentes y esto es muy sano en una industria como la nuestra porque garantiza la diversidad y da a lector, que, en definitiva es el “punto de mira” de todos nosotros, una capacidad para poder elegir entre una oferta más grande y más diversa.

LLR: Para terminar: ¿Un libro del catálogo de Siruela?

O.G.: Pues, ya que hemos hablado antes de él, no puedo dejar de recomendar “Caminos Ocultos” de Tawni O´Dell. Es un libro extraordinario, con personajes de esos que se recuerdan mucho tiempo.

LLR: ¿Un momento del día para leer?

O.G.: Como soy madrugadora, me gusta leer temprano, sobre todo en verano, antes de que se haya levantado el resto de la familia.

LLR: Un clásico y un moderno.

O.G.: Mi clásico preferido es Cumbres Borrascosas y, como moderno, no puedo perder la oportunidad de recomendar otro que hemos publicado recientemente y no querríamos que pasara inadvertido. Es la primera novela de un joven autor norteamericano, Wiley Cash, y se titula, Una tierra más amable que el hogar.

 LLR: Muchas gracias, Ofelia.

Autores para el verano

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Para estos meses de verano os proponemos descubrir (o redescubrir, según el caso) no a uno, sino a dos autores. Estilos literarios y vidas completamente distintas. Coinciden, no obstante, en mostrarnos una visión del mundo sumamente interesante, cada uno en su estilo. Uno en libros cargados de aventura, paisajes y situaciones exóticas, reflexiones sobre todos los lugares que él mismo visitó… un cronista de la historia y el sentir de los pueblos y las gentes; el otro, en libros que irradian frescura y humor, novelas que nos divierten con su tono irónico y que a la vez son una descarnada crítica de la sociedad actual…un cronista satírico de la vida moderna. Patrick Leigh Fermor y Arto Paasilinna.

Sir Patrick Michael Leigh Fermor (Londres, 11 de febrero de 1915 – Worcestershire, 10 de junio de 2011) fue escritor, historiador y soldado inglés. Un aventurero de vocación que jugó un papel decisivo tras las líneas en la Batalla de Creta durante la Segunda Guerra Mundial y que nos dejó bellos  e interesantísimas obras, fundamentalmente en el género de la literatura de viajes, en su faceta de escritor.
El padre de Leigh Fermor, Sir Lewis Leigh Fermor, fue un distinguido geólogo. Poco después de su nacimiento, su madre le dejó al cuidado de otra familia para reunirse con su padre en la India. De niño, Leigh Fermor tuvo problemas con las instituciones y la organización académica. Siendo enviado por ello a una escuela para niños difíciles en Canterbury, de la que fue expulsado por ir cogido de la mano de la hija de un tendero del lugar. Continuó su educación en forma autodidacta, leyendo obras en griego y latín, así como a Shakespeare y textos de Historia, teniendo en mente el ingreso en la Real Academia Militar de Sandhurst.
Pronto decidió, no obstante, sólo con 18 años, caminar a todo lo largo de Europa, desde Hoek van Holland hasta Constantinopla (hoy Estambul). Leigh Fermor inició su viaje el 8 de diciembre de 1933, cuando Hitler acababa de llegar al poder en Alemania, con unas pocas ropas, el Oxford Book of English Verse y un volumen de las Odas de Horacio. Durmió en refugios de pastores, graneros y cabañas, pero también en las casas de campo de la aristocracia y los principales de Europa Central. A lo largo de su viaje escuchó muchas historias y oyó muchos lenguajes. Dos de sus libros de viajes, El tiempo de los regalos y Entre los bosques y el agua, detallan este viaje y, dado que fueron escritos décadas después, se benefician de todo su aprendizaje cultural posterior, dándole una gran riqueza de información histórica, geográfica, lingüística y antropológica al transcurso de la narración.
Llegó a Constantinopla el 1 de enero de 1935 donde continuó su viaje a lo largo de Grecia. Se vio envuelto en una campaña monárquica en Macedonia contra los republicanos. Se enamoró de Grecia y de su idioma. En Atenas encontró a Balasha Cantacuzène, una noble rumana de la que se enamoró. Compartieron juntos un viejo molino fluvial en las afueras de la ciudad con vistas a Poros, donde se dedicaron a pintar y escribir. Luego se trasladaron a Băleni, la casa de la familia Cantacuzène en Moldavia, donde se hallaba Leigh Fermor cuando se declaró la Segunda Guerra Mundial.
Se unió a los Guardias Irlandeses, pero debido a su dominio del griego fue asignado al cuerpo de inteligencia donde fue destinado a Albania como oficial de enlace. Luchó en Grecia y en Creta. Durante la ocupación alemana de la isla volvió a ésta tres veces, una de ellas lanzado en paracaídas. Fue uno de los escasos oficiales asignados por el departamento de operaciones especiales para organizar la resistencia a la ocupación alemana. Disfrazado como pastor vivió por dos años en las montañas y lideró la patrulla que capturó y evacuó al comandante alemán de la isla, el General Heinrich Kreipe, en 1944. El episodio fue llevado al cine en la película “Emboscada nocturna” (Ill Met by Moonlight), en 1957, en la cual Leigh Fermor era interpretado por Dirk Bogarde. Fue galardonado con la Orden del Imperio Británico (OBE) y la Orden del Servicio Distinguido (DSO), así como nombrado ciudadano honorario de Heraklion y más tarde de Kardamyli y Gytheio.
En 1950 fue publicado el primer libro de Leigh Fermor, El árbol del viajero, acerca de sus viajes por el Caribe tras la guerra; visitó Guadalupe, Martinica, Dominica, Barbados, Trinidad y Tobago, Haití y Jamaica, entre otras islas. El libro ganó el premio de literatura de la fundación Heinemann, colocándolo en el panorama literario. Continuó escribiendo libros sobre sus viajes comoMani Roumeli acerca de sus viajes a pie y en mulo por remotas partes de Grecia. Para muchos críticos y lectores su libro de 1977, El tiempo de los regalos, es uno de los mejores libros de viajes en idioma inglés de todos los tiempos. Tradujo y publicó El mensajero cretense, escrito por uno de sus antiguos subordinados en Creta durante la guerra, el mensajero George Psychoundakis. También escribió una novela, Los Violines de Saint-Jacques, convertida en ópera por Malcolm Williamson.
Tras muchos años juntos, Leigh Fermor se casó en 1968 con Joan Elizabeth Rayner, hija del primer Vizconde Monsell, quien le acompañó en muchos de sus viajes hasta su muerte en Kardamyli en junio de 2003 a los 91. Repartían su tiempo entre su casa en un campo de olivos en la península de Mani, al sur de Peloponeso, y parte del año en Worcestershire.
Patrick Leigh Fermor fue nombrado caballero en febrero del 2004. En marzo del 2007 fue nombrado por el gobierno griego Caballero de la Orden del Fénix, su máximo honor. Al mismo tiempo se conoció que Leigh Fermor, a su avanzada edad estaba aprendiendo a escribir a máquina (ya que siempre había escrito a mano), para poder acabar el tercer y último volumen de la trilogía sobre su viaje por Europa en los años 30 del siglo XX.  Sin embargo, falleció en 2011 antes de finalizar dicho volumen.

Arto Paasilinna (Kittilä, Finlandia; 20 de abril de 1942) estudió en la Escuela Primaria General y en la Academia Popular, ambas en su Laponia natal. Posteriormente lo hizo en el Centro de Educación de Adultos. Trabajó como guardia forestal y se inició en el periodismo colaborando en diversos periódicos y siendo editor en uno de ellos y en una revista. Desde 1975, se dedica casi exclusivamente a la escritura.

Es un autor de extraordinario éxito en Finlandia, donde cada una de sus novelas vende más de cien mil ejemplares. Su prolífica producción literaria se extiende a más de treinta y cinco novelas, de las cuales siete han sido traducidas al español. Su libro más exitoso, El año de la liebre (Jäniksen vuosi), se ha traducido a dieciocho lenguas y cuenta con dos versiones cinematográficas.
Sus novelas, ambientadas en la vida finlandesa, tienen un estilo sencillo, rápido y humorístico, y generalmente plantean una sátira de la vida moderna.
Librería Lé (Madrid)

El último tramo

El último tramo

Leigh Fermor, Patrick

ISBN

978-84-9056-282-6

Editorial

RBA Libros

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Mani

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Leigh Fermor, Patrick

ISBN

978-84-92649-67-9

Editorial

Acantilado

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Roumeli

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Fermor, Patrick Leigh

ISBN

978-84-15277-25-5

Editorial

Acantilado

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El tiempo de los regalos-entre los bosqu

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Leigh Fermor, Patrick

ISBN

978-84-9006-015-5

Editorial

RBA Libros

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Delicioso suicidio en grupo

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Paasilinna, Arto

ISBN

978-84-339-2105-5

Editorial

Editorial Anagrama

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Prisioneros en el paraíso

Prisioneros en el paraíso

Paasilinna, Arto

ISBN

978-84-339-7851-6

Editorial

Anagrama

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Dulce envenenadora, La

Dulce envenenadora, La

Paasilinna, Arto

ISBN

978-84-339-7400-6

Editorial

Anagrama Editorial

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El molinero aullador

El molinero aullador

Paasilinna, Arto

ISBN

978-84-339-7327-6

Editorial

Editorial Anagrama

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Entrevista librera con Ignacio Martínez de Pisón

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La buena reputación

La buena reputación

Martínez de Pisón, Ignacio

ISBN

978-84-322-2253-5

Editorial

Seix Barral

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Quedamos enfrente de la librería, en el antiguo “El ángel azul”. Este café zaragozano acogía tertulias y conversaciones de escritores y era el lugar donde Ignacio Martínez de Pisón se reunía con sus amigos para charlar hasta la madrugada en los primeros años ochenta. Más de treinta años y diecinueve libros publicados después, nos sentamos a conversar acerca de La buena reputación, la novela más ambiciosa del autor.

Esta saga familiar empieza en Melilla y viaja en sus páginas a Málaga y a Zaragoza; a través de la familia formada por Samuel Caro y Mercedes Campillo, sus hijas Miriam y Sara y sus nietos Daniel y Elías, Ignacio Martínez de Pisón pasea por la vida en España en la segunda mitad del siglo XX a través de las vidas de unos personajes poderosos, complejos, llenos de luces y de sombras.

La buena reputación es una novela que habla de la comunidad judía que vivió en Melilla a mediados del siglo XX. Es un tema poco tratado en la literatura, ¿cómo surge la idea de escribir sobre ello?

Hace cuatro años me invitaron a asistir a la semana de cine de Melilla, no conocía la ciudad y me fascinó. En ese momento, tenía una idea en marcha para una novela acerca de una herencia y un testamento y vi que Melilla no sólo podía ser el escenario de la novela sino que también, de alguna manera, podía tener un papel protagonista.

Melilla es una ciudad tan especial… el hecho de que sea una ciudad europea en el norte de África, de que tenga una historia tan breve como ciudad, de que haya estado sometida a tantas tensiones y a tantas convulsiones en tan poco tiempo… Me pareció que el momento más interesante eran los años cincuenta, los últimos años del protectorado. Melilla era entonces la capital económica de ese territorio y había un clima de inestabilidad, de cambio. Con el fin del protectorado, muchos ciudadanos españoles volvían a la península y, en realidad, volvían a su país, aunque siempre habían vivido en el norte de África; los judíos del norte de África emigraban hacia el recién creado estado de Israel… ese espacio de inestabilidad, de incertidumbre hacia el futuro era ideal para colocar a una familia como la protagonista, un matrimonio mixto entre un judío y una católica, y someter sus conflictos conyugales a ese momento y a esa crisis.

Las guerras de España en Marruecos, el Rif y el Protectorado han aparecido antes en otros libros tuyos. ¿Por qué te interesa tanto?

Empecé a interesarme por el Protectorado mientras estudiaba la carrera, por cuestiones de simple afinidad literaria. Algunos de mis libros favoritos de la literatura española del siglo XX son libros que cuentan la guerra de África, como Imán de Ramón J. Sender o El blocao de José Díaz Fernández. Siempre me había atraído más la época anterior a la guerra civil y casi no había explorado esa historia posterior. Conocer la ciudad despertó mi curiosidad por saber cómo era la vida en aquella época y también, por otro lado, cómo era la administración española en este territorio.

Hay escenas muy cinematográficas, como las cenas en el Círculo Recreativo Israelita de Tetuán.

Aunque sólo sea desde el punto de vista de cierto pintoresquismo visual, esa mezcla de uniformes, de ropajes, de ceremonias, da un empaque a la historia casi de novela de Rudyard Kipling. La época tiene algo de esas películas como El hombre que pudo reinar, del ambiente de la Inglaterra colonial. Si ves las fotos de la época te quedas muy impresionado de ver cómo van vestidos los jefes de las cabilas y los altos mandatarios de sultán; todo eso mezclado también con la pompa militar de la España franquista… Visualmente, tiene una potencia especial.

¿Qué buscas en una ciudad cuando la eliges como escenario de tus novelas?

Ninguna novela es la misma en diferente ciudad. Las historias cambian porque cambian las ciudades y, en alguna medida, mientras cuentas la historia de unos personajes estás contando también la historia de la ciudad. Melilla no estaba vinculada en absoluto a mis recuerdos ni a mi biografía, pero conocerla me permitió adentrarme un poco en su historia. Muchos detalles de la ciudad los descubrí a través de Moisés Salama, un amigo judío a quién conocí allí. y que me contó cosas sobre Melilla que me llamaron mucho la atención. Su familia tiene una empresa que trabaja en el puerto y conoce bien cómo es el trabajo allí; por ejemplo, tiene un conocimiento bastante cercano de como funciona la economía sumergida, lo que allí llaman “comercio atípico”, que es el eufemismo que se utiliza para referirse al contrabando.

Ese tipo de actividades que están en el límite entre lo legal y lo ilegal son muy interesantes para un novelista. En otras novelas he investigado el mundo de los subasteros y en esta son los estibadores y los negocios portuarios. En La buena reputación, uno de los nietos de Samuel que es un cabecita loca, un poco tarambana, tiene que coger las riendas de un negocio en el puerto de Melilla y debe aprenderlo todo desde cero.

En El tiempo de las mujeres alternabas las voces de las tres hermanas y en El día de mañana la historia era narrada a través de las entrevistas a los personajes cercanos al protagonista. La buena reputación está dividida en cinco novelas, cada una de ellas está dedicada a un personaje.

Cuando acabé la primera parte, que tiene a Samuel como principal protagonista, me pareció que su historia tenía un final muy redondo y que merecía algo más que ser un simple final de capítulo. Aunque la historia de Samuel se prolonga más allá y la vamos a seguir a través de su mujer y a través de su hija Miriam, la imagen final de Samuel convertido en un pequeño Moisés que guía a unos pobres judíos del norte de Marruecos a través del Parque Hernández -el parque céntrico de Melilla- en dirección al puerto, para que embarquen hacia la península y salgan hacia el estado de Israel, me parecía que cerraba el principal cambio en la construcción del personaje, en su evolución, y eso encajaba perfectamente en esta estructura de cinco novelas diferenciadas.

Me gusta pensar que el lector es el único que tiene toda la información y que los personajes solo conocen a medias lo que está ocurriendo; el lector tiene esa visión digamos “aérea” de la historia, una visión completa. En La buena reputación» he recurrido al narrador omnisciente, el procedimiento más clásico de la novela decimonónica. Me voy metiendo en la cabeza de todos los personajes, voy mostrando lo que ellos ven pero a la vez también muestro lo que no ven, aquello que desconocen de la historia.

Esta es tu novela más ambiciosa y es mucho más extensa que el resto de tu obra. ¿Tenías previsto desde un principio que iba a ser así, o mientras escribías te diste cuenta de que la historia necesitaba ser más extensa que el resto de tus novelas?

Cuando terminé la primera de las cinco novelas, ya tenía previsto lo que iba a escribir después y cuáles eran los personajes que iban a protagonizar las otras cuatro. Por una de esas manías mías, también tenía una previsión de la extensión que ocuparía cada una de esas novelas, así que más o menos ya sabía entonces lo que iba a ocupar la novela en total.

En realidad, muchas de las cosas que ocurren antes del inicio de la historia, están en la novela en forma de recuerdos, de flash-backs o de reconstrucción biográfica de alguna etapa de la vida de los personajes, así que no me hizo falta empezar antes y que la novela creciera más.

El destino tiene una presencia importante en tu obra. La buena reputación tiene mucho en común con otra de tus novelas, El tiempo de las mujeres.

En El tiempo de las mujeres cuento la historia de una mujer y sus tres hijas que, tras la muerte del padre, se plantean cuál es la vida que les va a tocar vivir y en qué es diferente de la que les habría correspondido en caso de que el padre hubiera seguido vivo. En La buena reputación hay también un cambio en el destino de los personajes. Hay un cambio de escenario y no sólo se enfrentan a unas ciudades nuevas, a unas localizaciones nuevas, sino también a unas experiencias y a unos acontecimientos diferentes ante los cuales van a tener que reaccionar de una manera u otra, adoptar actitudes que no tenían previstas.

Para mí, uno de los grandes temas de la novela contemporánea es ese: las vidas posibles que hemos ido rechazando, que hemos ido dejando atrás en el camino. Esa bifurcación que aparece en nuestra vida cuando elegimos un camino y, por tanto, renunciamos a otro. O ese camino que rechazamos y que queda atrás como una posibilidad que en su momento lo fue y ahora ya no. Calvino dijo que “la literatura trata de lo que pudo ser“, y gran parte de las historias que cuento tienen muy presente esa posibilidad que existió y que uno desperdicia, a la que renuncia o que descarta obligado por el destino.

¿Cómo construyes una novela? ¿Qué es para ti lo prioritario, por dónde empiezas?

Lo principal en una novela de este tipo es la creación de personajes. Mucho más que la trama o más que la creación de un mundo, lo que importa es que esos personajes se sostengan por sí mismos y que uno los perciba como cercanos y reales. Al construirlos tienes que sentir que aunque no hayan existido el lector va a percibirlos como si fueran de carne y hueso.

Cuando empecé a trabajar en La buena reputación, primero definí a Samuel y Mercedes y a partir de ahí fui completando la familia. Los problemas del matrimonio con sus hijas ayudaban a construir los personajes de estas dos mujeres, a perfilarlos: sus vidas, sus amoríos, su relación posterior con sus propios hijos…

En otras novelas nos encontrábamos con Justo Gil o con Raffaele Cameroni. En La buena reputación es una mujer, Mercedes, quien cumple con el papel de “mala”.

El personaje de Mercedes se presenta en principio como víctima, como persona que no ha tenido la suerte o el privilegio de vivir la vida que a ella le habría gustado y se siente legitimada para exigir a los demás. Tiene una idea de la justicia un poco desequilibrada, lo que ella reclama para sí no es capaz de admitir que se le pueda conceder a los demás y eso quizás es lo que la vuelve más aviesa. En todo caso, creo que el personaje es interesante precisamente porque no es buena en el sentido machadiano; es un personaje lleno de contradicciones: con algunos miembros de su familia se comporta con generosidad, con nobleza, con simpatía y con cariño y con otros miembros es absolutamente despiadada.

Detrás de La buena reputación hay un gran trabajo de documentación y un cuidado equilibrio entre la ficción y los hechos reales.

Mezclar elementos extraídos de la realidad con la ficción es algo que acrecienta la verosimilitud de la historia. En esta novela hay cameos de personajes reales, como González Ruano o García Valiño, el militar que fue el último Alto Comisario de España en Marruecos y que tuvo el encargo de finiquitar el Protectorado. Son personas de las que existe una imagen perfectamente definida: González Ruano es un hombre sobre el que se ha escrito mucho, de quien se saben muchas cosas; lo mismo ocurre con García Valiño. Eso me ha permitido colocarlos ahí y aumentar el espesor de realidad de la historia. Junto a ellos he colocado a otros personajes producto de mi imaginación y, seguramente, el lector no muy informado no distinguirá cuáles son reales y cuáles no. El lector no tiene por qué saber si González Ruano viajó a Melilla en esa época o si lo hizo García Valiño, incluso si este existió: podría ser un personaje inventado como lo son los otros militares que aparecen en la novela con él.

Tus historias se caracterizan por estar escritas con una prosa limpia y cuidada. Este estilo tan directo es una muestra del trabajo de escritura tan intenso que hay detrás.

Cuando mi hijo Eduardo estaba estudiando periodismo y me daba sus artículos para que los leyera, yo siempre le decía que al escribir debes tener muy claras dos cosas: qué quieres decir y cuál es la forma óptima de hacerlo. Cualquier concesión a la retórica, cualquier ambigüedad probablemente esté desvirtuando tu verdadero propósito, que no es otro que contar lo que quieres contar. Un escritor tiene que trabajar las frases como un orfebre hasta encontrar esa manera óptima, encontrar las palabras precisas y sin adornos que te desvían del núcleo, del meollo del asunto. Y tiene que tener muy presente que hay un lector a quien le tienes que mandar el mensaje con claridad, que tiene que captar exactamente lo que tú le quieres transmitir. Si no lo hace, has fallado en el acto de la comunicación literaria.

Muchos escritores, cuando son preguntados por sus lecturas, confiesan leer únicamente novelas de los siglos XVIII y XIX. Tú lees a muchos autores contemporáneos.

Sí, yo leo a mis contemporáneos todo el rato, entre otras cosas porque me llevo bien con muchos de ellos… pero también porque me parecen interesantes. El estado de salud de la novela española de los últimos treinta años es bastante bueno, hay muy buenos escritores que han escrito sus mejores novelas en estas tres décadas y me gusta pensar que somos contemporáneos de novelas que seguirán siendo leídas por generaciones futuras. No podemos distraernos y dejar pasar esos libros, algunos de los cuales están llamados a convertirse seguramente en pequeños clásicos.

David Grossman, en su última visita a España dijo en una entrevista que “Contar una historia a un escritor es como abrazar a un carterista”. En La buena reputación haces que los personajes vivan historias que han sucedido realmente a familiares o amigos tuyos.

Un escritor tiene que ser un tipo que tenga siempre la curiosidad a punto, preparada, dispuesta. Tienes que estar listo para pescar cualquier historia que pase por tu lado. Tener interés por las cosas que les pasan a los demás forma parte de la condición de novelista, aunque es un interés interesado que juega con el doble sentido de la palabra, porque al final acabas utilizando algunos de esos materiales y convirtiéndolos en materia literaria del mismo modo que conviertes en material literario tus propios recuerdos. Muchos de mis libros están alimentados con recuerdos míos y también con recuerdos ajenos, de gente cercana a mí.

Para acabar, ¿qué podemos decir los libreros para recomendar tu novela?

La buena reputación es una novela que adopta formas tradicionales que estaban en vigor en el siglo XIX y que, por desgracia, los best-sellers han degradado en el siglo XX. Pero a mí me gusta pensar que la literatura y la novela clásica siguen siendo válidas, y me gusta pensar que la novela que sigue los cánones del siglo XIX sigue teniendo una nobleza que el lector es capaz de percibir. Esta es una novela de sentimientos y de personajes: podremos comprenderlos, podremos enfadarnos con ellos o podremos acabar disculpándolos, pero al menos los sentiremos como auténticos.

Eva Cosculluela, Librería Los Portadores de Sueños de Zaragoza..

Ignacio Martínez de Pisón enla librería Los Portadores de Sueños

Nos gustan los Cuentos

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Invitación a los cuentos.

Intentaba yo buscar la manera de convencer a un buen cliente y gran lector para que se iniciase en la lectura de cuentos y relatos. Le hablaba de autores renombrados, de cuentos famosos, del placer de la lectura breve… Sí, sí, decía, pero es que a mí un cuento no me dice nada, me sabe a poco. Entonces, di la batalla por perdida y supe que no le ganaría para la causa.

Porque entonces me acordé de cuando yo leía también novelas y nada más que novelas. Ni siquiera consideraba la posibilidad de llevarme un libro de relatos de la Biblioteca que frecuentaba o de una librería, antes de tener la mía. Es más, si rastreando entre las estanterías daba por casualidad con un volumen de narraciones breves, lo dejaba sin más, y creo que, como a mi cliente, nadie podría haberme convencido entonces de que aquello era una lectura de verdad, poco menos que entretenimiento sin demasiadas pretensiones, nada digno de ser realmente valorable.

Ahora casi me avergüenzo de reconocerlo.

Ahora que me he convertido en ávida lectora de cuentos y relatos; ahora que disfruto llenando esos escasos huecos de que dispongo con lecturas breves que tienen la singular capacidad de seguir bailando en mi cabeza durante el tiempo que luego dedico a las ineludibles tareas diarias; ahora que he descubierto (hace ya unos años) la intensidad que puede adquirir una historia con las palabras justas y bien dispuestas; la inquietud que puede provocar lo no escrito, lo no contado; y, por supuesto, lo que nos cuentan: detalles, momentos de una vida, un encuentro, un desencuentro, un pensamiento, un sueño, un deseo, un sufrimiento, una alegría, un temor, una anécdota… en fin, todo lo pequeño, lo episódico que conforma una vida, que no es otra cosa que una narración larga donde lo que cuenta al final es la suma de lo minúsculo que, a veces, ni siquiera consideramos digno de mención.

Es difícil persuadir a alguien con palabras para que se inicie en el placer de leer cuentos. Los placeres se descubren y se saborean y, para eso, hay que probar. Es la única manera; dejarse atrapar por una historia, y luego por otra, y por otra; y disfrutar una vez, y otra, y otra, así hasta que, sin darse cuenta, uno advierte que ya no puede vivir sin tener cerca un cuento que leer.

Sólo invito a probar. Lean un cuento y otro más, a este autor y a aquel otro. Hay muchos cuentos y muchos autores que los escriben.

Luego, ya me dirán

Olivia Lahoya, Librería Estudio (Miranda de Ebro)

Librería Estudio (Miranda de Ebro)

 

Entrevista a Vanesa Casanova, traductora de “¡Melisande! ¿qué son los sueños?”

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¡Melisande! ¿Qué son los sueños?

¡Melisande! ¿Qué son los sueños?

Halkin, Hillel

ISBN

978-84-15625-73-5

Editorial

Libros del Asteroide

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Uno de nuestros compañeros más activos en la web, Pedro González de Librería Hipérbole (Ibiza-Eivissa), nos regala esta interesantísima entrevista a Vanesa Casanova, traductora de nuestro Libro de la Semana “¡Melisande! ¿qué son los sueños?“.

Pedro González: Me he enamorado de un libro y tengo que repartir ese flechazo entre el autor y la traductora. ¿Qué significa para ti haber traducido una novela que está llamada a convertirse en una de las favoritas de los libreros en este año que acaba de empezar?

Vanesa Casanova: El mérito es del autor. “¡Melisande! ¿Qué son los sueños?” es una novela singular, tanto por su estructura como por el ingenio literario del autor para ir estableciendo conexiones, a veces muy sutiles, entre el plano intelectual y la narrativa de lo cotidiano. La escritura de Halkin es delicada, pausada cuando es necesario y muy sutil, con toques ácidos, humorísticos o de gran ternura según lo requiera la narración. Tiene diálogos estupendos, muy frescos; a veces son tiernos, otras veces llegan a cotas de altísima tensión emocional. Es una novela escrita por un autor que atesora un saber extraordinario. Nos ofrece pinceladas de episodios, personajes y obras de la filosofía y la literatura universal que van del Nuevo Testamento a la poesía de Keats, de la filosofía medieval árabe a los textos sagrados hindúes, de los últimos coletazos del macartismo a las protestas contra la guerra de Vietnam, y lo hace con una maestría extraordinaria, sin el más mínimo atisbo de pedantería.

«Halkin es muy generoso con el lector: no pontifica, no pretende aleccionar a nadie. Permite que seamos nosotros quienes vayamos descubriendo las luces y sombras de sus personajes. Melisande nos habla de los temas universales de la gran literatura: el amor, la compasión, el dolor que todos experimentamos ante la pérdida, la dificultad de perdonarnos por nuestros errores. Construye un universo narrativo en el que el mundo de las ideas permea la vida de sus protagonistas, les ayuda a entender sus acciones pasadas. Los personajes de la novela aprenden a vivir, a amar y a perdonarse, en buena medida, a través de la literatura: Hoo, el intelectual, el “lento”; Ricky, el genio incontenible que acaba consumido por su propia genialidad en una espiral de autodestrucción, pero al que seguimos reconociendo incluso atiborrado de pastillas en un sanatorio; y por último Mellie, el centro de todo, la Melisande de Trípoli, esa Mellie que pasa por un episodio terrible que Halkin retrata con una gran compasión. Son tres personajes en absoluto planos con los que cualquier lector puede identificarse. ¡Y qué final tan prodigioso! Es inevitable que se te forme un nudo en la garganta cuando, después de tanto dolor, se abre un resquicio para la esperanza. Es un final perfecto.

P. G. : ¿Cómo fue penetrar en el universo de Halkin? ¿Qué sentías al traducir esos párrafos que se graban en el lector?

V.C.: Lo primero que siento cuando tengo un libro que no conozco entre manos es una curiosa mezcla de nervios y miedo. “¿Estaré a la altura? ¿Sabré resolver los problemas?”. Melisande planteaba no pocas dificultades, que además eran importantes para el desarrollo de la novela y la construcción de los personajes. Abundaban los juegos de palabras y las bromas basadas en referentes culturales ajenos al lector español que obligaban a buscar soluciones creativas. Hillel Halkin fue muy generoso conmigo, señalando aquellos puntos en los que él consideraba que la traducción debía ir más allá (bien porque en mi traducción no había captado plenamente el sentido de lo que él quería decir, bien porque le parecía que mi interpretación era incorrecta o, en algunos casos, excesivamente libre). Para mí ha sido una experiencia muy enriquecedora.

Respecto a los sentimientos, creo que la traducción te obliga a adoptar una actitud un tanto “fría” hacia el texto. A veces debes pegarte al texto a nivel microscópico, otras debes alejarte para tener una visión de conjunto, para no perder de vista esa red de conexiones que une los diferentes elementos de la novela. No quiero decir con esto que no sintiera nada mientras traducía, al contrario, pero sí que la lectura del traductor no es comparable a la experiencia del lector. Incluso la primera lectura del original es diferente, porque constantemente vas en busca de las dificultades en potencia que puedes ir anticipando en el texto, tomando notas, preguntándote cómo vas a resolver esto o aquello. Normalmente no releo los libros una vez publicados, pero con Melisande he hecho una excepción. Quería ser capaz de volver a disfrutar de esta novela con ojos de lectora y debo decir que ha sido una experiencia muy gratificante.

P. G. : Ha recibido el premi Ángel Crespo de traducción, por “Rescate”, otra obra maestra. ¿Cómo es trabajar para libros del Asteroide, en mi opinión una de las editoriales más importantes del mundo? Se ha convertido en un clásico leer el nombre del traductor entre las dos franjas de color símbolo de la editorial.

V.C.: A mí, como lectora, me fascina la diversidad del catálogo de Libros del Asteroide. Puedo pasar de la vida de la Praga comunista con Heda Margolius-Kovaly a la América de Wallace Stegner, hurgar en la memoria de nuestra guerra civil con Chaves Nogales, darme un divertido paseo por un pueblecito inglés de la mano de John Mortimer o viajar a principios del siglo XX a Azerbaiyán con Alí y Nino. Es muy legítimo pensar que la literatura está ahí únicamente para entretenernos, pero a mí me gusta leer historias que me ayuden a cuestionarme mis convicciones, mi forma de ver el mundo, que me obliguen a plantearme preguntas incómodas. Eso sí, mi Asteroide favorito es El Pentateuco de Isaac, de Angel Wagenstein (en traducción de Liliana Tabákova). Es parte de una trilogía maravillosa y realmente emotiva, que no dejo de recomendar.

En cuanto a lo que supone trabajar con Libros del Asteroide, es muy fácil trabajar con gente a la que le apasiona lo que hace. Si un editor toma una decisión meditada y apuesta por poner un libro en manos de un traductor (no un libro cualquiera, no el siguiente en la cola, sino ese libro en concreto, porque considera que eres la persona más adecuada para hacerte cargo de ese trabajo), es muy importante entender y valorar el riesgo que asume. Quizás porque en este país estamos demasiado acostumbrados a hablar desde el rencor, creo que se habla muy poco de las buenas prácticas editoriales. Libros del Asteroide es una de esas editoriales que merecen un reconocimiento especial por su manera de valorar y tratar a todas las personas que participamos en la creación de un libro y que demuestran que se pueden hacer las cosas de otra manera.

P. G. : Hay ocasiones donde tengo la duda de si estoy leyendo al autor o al traductor. Son famosos los trabajos de Cortázar y su traducción de la obra de Poe, pero ¿Estoy leyendo verdaderamente a Poe? ¿Dónde está el límite para un traductor?

V.C.: El traductor se compromete a entregar al editor una traducción “ajustada fielmente al original”, según reza en muchos contratos. Sin embargo, no es el texto original el único que exige “fidelidad”; lo exigen también los editores, los lectores, incluso el propio autor, que puede haber cambiado de idea sobre lo escrito. Esta exigencia de “fidelidad” es problemática. David Paradela, traductor entre otros de Curzio Malaparte, dedicó un post extraordinario en su blog Malapartiana a comentar un texto de Susan Sontag (“La traducción según Susan Sontag”, http://malapartiana.wordpress.com/category/la-traduccion-segun/). Es un texto muy interesante cuya lectura me parece muy recomendable.

La traducción vive necesariamente a caballo entre esta exigencia de fidelidad y la creatividad. Sobre esta cuestión hay opiniones para todos los gustos, pero creo que hay un límite infranqueable que es el que marca el propio texto; hay traductores que prefieren apegarse más al texto original, mientras que otros optan por soluciones que pasan por un mayor o menor grado de naturalización. Ambas me parecen posturas legítimas, siempre que se sea consciente de por qué se hacen las cosas así y no de otra manera. Pondré un ejemplo sencillo: si traduzco fat sheep por “orondas ovejas”, ¿es reprochable? ¿Es un exceso creativo que denota una falta de respeto hacia el original? ¿Me he pasado? Honestamente, no tengo una respuesta definitiva ni en un sentido, ni en otro.

El momento en el que das por terminada una traducción se vive con muchos nervios, porque este es un trabajo en el que, si algo predomina, es la sensación de inseguridad y en el que, cuando se menciona la labor del traductor, suele ser para reprocharle sus errores, nunca para reconocer sus aciertos. No conozco a nadie a quien, una vez terminada una traducción, no se le ocurran nuevas posibilidades o que no haya descubierto matices diferentes, pero ya no hay tiempo ni oportunidad para hacer cambios. El primer error que descubres (o, peor aún, que otros te descubren) pesa mucho en el ánimo, para qué negarlo. Traducir exige tomar decisiones, asumir el riesgo de que cualquiera te reproche haber optado por una solución concreta. Me parece legítimo, ya que a fin de cuentas la versión del traductor no tiene por qué ser la única. En estos casos, siempre me acuerdo de aquella frase de Pessoa en su Libro del desasosiego: “el que es perfecto no se manifiesta” (Acantilado, trad. Perfecto Cuadrado). Traducir es manifestarse, con todo lo que ello conlleva. Tampoco la desidia de una inmensa mayoría de reseñistas nos beneficia. Muchos de ellos contribuyen a perpetuar la creencia de que los traductores somos una molestia prescindible. Desconozco si lo hacen por pereza, por desinterés o por falta de espacio. Cuando un reseñista alaba la elegancia de la prosa del autor X, la musicalidad de sus frases o la riqueza de su léxico, ¿de qué está hablando? Obviamente, de la traducción.

Hay quien cree la única traducción que puede considerarse “buena” es la traducción “invisible”. Ocurre muchas veces que, cuando un autor ya tiene voz en castellano, cualquier traductor posterior que le preste su voz será inmediatamente sospechoso y su traducción será inevitablemente “mala” o “peor” que la primera. Podríamos poner infinidad de ejemplos, desde las obras de Poe que mencionas a las traducciones de la obra de Proust, a quien yo no puedo leer en francés. Es una buena pregunta: ¿qué es lo que nos gusta exactamente? ¿Proust o esta o aquella traducción de Proust? La traducción es al mismo tiempo el texto original y algo más, siempre sujeto a variaciones e interpretaciones.

P. G. : ¿Qué podemos hacer para ayudaros? Creo que los libreros podemos ser uno de vuestros apoyos más importantes de cara a fortalecer vuestra posición en el mundo del libro.

V.C.: Los libreros sois quienes más cerca estáis del lector: conocéis de primera mano sus gustos, sabéis mejor que nadie si un libro puede llegar a emocionar a una persona con quien habéis construido una relación de confianza. Tenéis un instinto singular, un olfato especial que os convierte en actores imprescindibles para la supervivencia del libro. La traducción solo tiene sentido porque hay lectores. Yo soy, ante todo, lectora; en cada ciudad tengo una o más librerías de referencia, lugares a los que acudo a “pescar” libros y que siempre recomiendo a amigos y conocidos. Me gusta mucho conversar con los libreros, intercambiar opiniones… La competencia que sufrís los pequeños es feroz y por ello creo que es también responsabilidad nuestra, de todos los que de alguna manera participamos de la creación de un libro, educarnos en el funcionamiento de todos los procesos y las necesidades de todos los sectores y personas que hacen posible la existencia del libro.

P. G. : Muchas gracias por Melisande, por hacerme soñar, por darme otra razón para seguir luchando por los libros.

V.C.: Muchas gracias a vosotros.

Vanesa Casanova

Fotografía: Biblioteca de Alagón

Pequeñas editoriales, grandes libros

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Mujer sin hijo

Mujer sin hijo

Díaz, Jenn

ISBN

978-84-940939-9-9

Editorial

Jot Down Books

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«Son pocos los años que llevo como librero y muchas las emociones que vivo diariamente al descubrir obras que desconocía, así como el trabajo de varias editoriales a las que debo infinidad de momentos inolvidables. Hoy me he vuelto a enamorar de mi trabajo y ha sido gracias a Editorial Lupercalia y a Jot Down Books y a dos de sus últimas obras, “Mujer sin hijo” de Jenn Díaz y “Debo ser muy buena presa…” de Eduardo Izquierdo. Estas dos editoriales son pequeños refugios editoriales con un carácter muy especial, una personalidad que desborda los márgenes de sus títulos y te conmueve con el cariño con el que tratan sus publicaciones. Leyendo “Mujer sin hijo”, la primera sensación que uno tiene es la de salir corriendo a recomendar con ansiedad la historia de estas tres mujeres y la maternidad, sus miedos y angustias ante algo que les puede cambiar la vida y su soledad ante sus decisiones y la respuesta del mundo que les rodea, un tema de actualidad tratado con elegancia. Jenn Díaz es una autora que posee un universo de una suavidad en su forma de escribir que oculta toda una carga emotiva que estalla en el inconsciente del lector y se queda grabada. Ya consiguió algo similar con su anterior obra “Belfondo” y ahora, gracias a JDB constatamos que es una autora a la que no podemos dejar sola. Esperamos con ansiedad a marzo, cuando publicará su próxima novela, esta vez de la mano de Editorial Lumen,

Mujer sin hijo” ha descansado esta noche junto a mí, en el interior de la mesita de noche. Pero ha descansado solo unas horas, ya que hoy, alguien al que llamaban el cabrero, ha estallado en mi librería haciéndome pasar uno de los ratos más divertidos de estos últimos días. La vida de este cantaor “Debo ser muy buena presa…” merece un hueco importante estas navidades, una pequeña joya casi fronteriza. La cubierta de este título lleva impreso el polvo de toda una vida, la rebeldía y el carácter de alguien indomable contado de una manera ágil que te gustaría que durase mucho más. Nunca había tenido la sensación de saber a qué suena la voz de un personaje literario, pero con El Cabrero me ocurre que deseo saber cada entonación de su frases, cada gesto. Para esos lectores que buscan literatura independiente, les recomendaría que probasen con estos títulos y con el resto del catálogo de Lupercalia y JDB, una verdadera aventura literaria.»

Debo ser muy buena presa, cuando tengo tantas escopetas apuntándome” se basa en la vida de El Cabrero, un cantaor de flamenco singular, un tipo fuera de lo común; encarcelado, perseguido, vilipendiado, pero también admirado y querido, cuyo aspecto recordaba a las películas de Sergio Leone, al spaghetti western y La muerte tenía un precio. Inquebrantable, indomable, un hombre que se hizo a sí mismo en medio de la niebla de la transición democrática, en la que la libertad de expresión aún era solo una utopía. Eduardo Izquierdo (Barcelona, 1975) es periodista y redactor de revistas como Ruta 66, Mondosonoro o Efe Eme, exdirector del portal de rock Sonicwave magazine y director del programa de radio Sentido Común y Prefiero Una Jukebox.

Mujer sin hijo” se desarrolla en una sociedad distópica en la que se presiona desde las instituciones por cuestiones demográficas para que las mujeres tengan hijos, “Mujer sin hijo” narra las vivencias de tres chicas jóvenes conectadas por la sangre y por el destino, a las que la maternidad en potencia o en acto transforma sus vidas. Con un tono que se desplaza entre la melancolía y el desasosiego, y un estilo narrativo sencillo pero absorbente, la novela nos permite acompañar a las protagonistas más allá del miedo. Su voz, la voz de todas estas mujeres, opera en nuestras consciencias como ya lo hicieron “Vida y época de Michael K. de J.M. Coetzee o los chicos de “Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro. Jenn Díaz es una joven filóloga y escritora nacida en Barcelona en 1988. Es autora de dos novelas publicadas, “Belfondo” y “El duelo y la fiesta” (ambas en Principal de Los Libros) y ha sido recientemente fichada por Silvia Querini para Lumen, editorial en la que podremos encontrar su próxima novela “Es un decir“. Participa con un relato en “Última temporada: Nuevos narradores españoles 1980-1989“, la selección de nuevas voces que ha realizado Alberto Olmos para Lengua de Trapo. También aparece en “Bajo Treinta”, una antología de escritores de menos de treinta años publicada por Salto de Página. Desde hace algunos años publica el blog Fragmentos de interior donde podemos encontrar relatos, poesía y fotografía. Es subdirectora de la revista literaria Granite & Rainbow y colaboradora habitual de Jot Down Magazine donde escribe sobre mujeres.

Pedro González, Librería Hipérbole (Eivissa)

Un recuerdo a Stefan Zweig

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El austríaco Stefan Zweig, setenta y un años después de su muerte, sigue siendo uno de los autores más recomendados, más escogidos por los lectores para pasar unos momentos inolvidables ante un libro. Un autor muy prolífico, versátil y único, un mago de la ficción y un gran biógrafo; un certero analista político y un genial creador de conmovedoras historias de amor. Un escritor que nunca ha dejado de estar presente en las librerías gracias a las constantes reediciones de sus obras por parte de varias editoriales de nuestro país y que siempre ha de ser tenido en cuenta por un buen librero (de los de oficio) a la hora de realizar una buena recomendación.

Stefan Zweig nació a finales del Siglo XIX en Viena, en una familia judía acomodada. Tuvo la enorme suerte de poder recibir una buena educación y codearse con la vanguardia cultural de su ciudad y muy pronto dio muestras de sus ambiciones literarias: con apenas 20 años comenzó a publicar sus primeras novelas y a obtener un éxito notable.

Aunque tuvo que participar en la Gran Guerra con el ejército austríaco, fue un reconocido antibelicista y lo proclamó en varias de sus obras. Ya en su madurez, comenzó a sufrir la persecución del III Reich por ser judío (poco convencido, pero judío al fin) y en cierta ocasión fue defendido por Strauss, quien se negó a eliminar su nombre del libreto de la obra que por entonces estrenaba.

Tras la prohibición definitiva de sus obras, huyó a América junto a su esposa Lotte. Una vez instalados en Brasil, convencidos como estaban de que de las ideas expansionistas de Hitler terminarían por cuajar en la Europa sumisa y decadente que tanto amaban, Lotte y él decidieron quitarse la vida juntos.

En los 61 años que vivió, tuvo tiempo de escribir joyas que no envejecen, obras de todo tipo que aguantan, como pocos autores consiguen, una reedición tras otra. Vamos a recomendaros con verdadera pasión de libreros, unas poquitas de estas obras (aunque cualquiera de las que podáis encontrar en la librería os satisfará de igual modo):

De entre todos sus ensayos destacan dos por su acertado análisis y su magia:

Reeditado recientemente por la valiente editorial Capitán Swing, Brasil, un país de futuro”, un libro que no es que no haya envejecido, sino que parece escrito ayer, en el que retrata un enorme país fértil y hermoso que puede enseñar a Europa como no caer una y otra vez.

Momentos Estelares de la Humanidad”, recuperado como gran parte de la obra de Zweig, por Acantilado es una especie de Atlas Personal de Historia Universal, en la que el autor recorre los momentos que marcaron el devenir de la historia de un modo subjetivo. Una joya que puede invitarnos a realizar nuestro propio canon de esos momentos clave.

De entre las biografías (si bien son todas estupendas), recomendamos la de Joseph “Fouché”, (Acantilado y Juventud, entre otras), un político carente de escrúpulos y moral capaz de hacer cualquier cosa para satisfacer sus ansias de poder. Un personaje muy interesante, pero que nunca fue retratado por ningún otro biógrafo, lo que hace este libro más valioso si cabe.

Entre las novelas largas, os recomendamos “La Impaciencia del corazón”, una novela deliciosa que, como si se tratara de una tragedia griega, indaga en los límites de la compasión humana, en la delgada línea que lo separa del amor. Un libro que atrapa y sobrecoge desde la primera página.

Entre las novelas breves, las maravillosas “novelettes” de Zweig recuperadas a lo largo de estos últimos años por Acantilado, y que guardan entre sí una gran similitud en la estructura (en todas las ocasiones quien nos narra la historia la ha escuchado a su vez de algún personaje en apariencia anodino), nos resulta muy difícil escoger (deberían ustedes leerlas todas). Pero hay tres que realmente se tornan especiales:

Mendel el de los libros”, que narra la mágica y trágica historia de un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en un café vienés.

Novela de ajedrez”, en la que asistimos a la terrible partida de ajedrez que disputan dos personas antagónicas, que muestran una diferente capacidad de resistencia ante la presión más extrema.

La obra que para este humilde librero sin duda es la mejor de todas ellas: Carta de una desconocida”, en la que asistimos a un monólogo desgarrador sobre el amor no correspondido, sobre los rincones más oscuros del corazón humano.

Javier M., Librería Canaima (Las Palmas de G.C.)

Entrevista con Santiago Tobón. Editor de Sexto piso

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Sexto piso es de las editoriales que menos flaquea a la hora de editar por la “carga” que supone tener buenas ventas. Es decir, que la sensación es que se arriesgan a editar lo que creen que se acerca a su visión cultural y sus lectores se lo agradecemos. Por ello, quisimos hablar con Santiago Tobón, su representante en España, para que nos explicará un poco de esta editorial, que trabaja a caballo con México, y para ello elegimos algunos de sus últimos títulos:

Di su nombre de Francisco Goldman
El paseante de cadáveres de Liao Yiwu
Bajo el sol. Las cartas de Bruce Chatwin
El condor y las vacas de Christopher Isherwood
Dibujos y fragmentos póstumos de Charles Baudelaire
http://www.radioejido.com/files/Programas/Atrevetealeer/122512atrevetealeer.mp3

DI SU NOMBRE

DI SU NOMBRE

Goldman Francisco

ISBN

978-84-15601-15-9

Editorial

SEXTO PISO

Mas información

El paseante de cadáveres

El paseante de cadáveres

Yiwu, Liao

ISBN

978-84-15601-13-5

Editorial

Editorial Sexto Piso

Mas información

Bajo el sol

Bajo el sol

Chatwin, Bruce

ISBN

978-84-15601-16-6

Editorial

Editorial Sexto Piso

Mas información

DIBUJOS Y FRAGMENTOS POSTUMOS

DIBUJOS Y FRAGMENTOS POSTUMOS

Baudelaire Charles

ISBN

978-84-15601-08-1

Editorial

SEXTO PISO

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